Dark Wings by Sheila Books at Inkitt
Customize readability
Aa

Dark Wings

All Rights Reserved ©

Summary

De algún modo, era como entrar en medio de una guerra, en pleno siglo XXI, y hacerlo portando contigo las armas más obsoletas que existan... Podrás intentar sobrevivir, podrás emplear todas tus fuerzas en hacerlo, podrás enfrentarte directamente a la muerte y mirarla a los ojos desafiándola... No te faltarán las ganas por vivir un día más y lucharás hasta tu último aliento, hasta que tu vida te sea arrebatada... Pero tu último aliento llegará pronto, porque cuando tu enemigo te supera en todos los sentidos, pues no solo posee un gran poder sino que ha extralimitado a la máxima potencia los límites marcados por la propia naturaleza, de un modo que puede llegar a definirse como una «aberrante masacre», es cuando comienzas a comprender que las consecuencias, que se deriven de los actos enemigos, no tendrán solución alguna, porque él sabe que puede destruirte y, si quiere hacerlo, lo hará sin sentir la más mínima lástima o compasión. Y te destruirá, porque ese es su deseo, su anhelo, su máxima aspiración. Él sabe que tiene en sus manos el poder destructivo y lo desplegará sobre ti.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Me encontraba sumida en la negrura, en la oscuridad más densa y absoluta. Ahogada en un profundo océano tan negro como la más cerrada de las noches, una fría noche de invierno que llega a nosotros sin luna y sin estrellas. No podía ver, no podía escuchar, no podía sentir, no podía moverme... Me sentía enterrada en vida en el interior de algún lugar frío y oscuro, muy oscuro. Frío, sentía frío, era quizá lo único que físicamente lograba sentir en mi cuerpo... Demasiado frío... Un frío que me alcanzaba hasta los huesos, incluso en el olor del ambiente se percibía esa frialdad, esa sensación de ser capaz de oler el hielo.

No sabía si estaba viva, no sabía si estaba muerta... Creía sentir vida en mí, aunque no percibía nada en realidad... Y me sentía demasiado etérea, dentro de la negrura que me engullía, como para estar viva, más bien me sentía muerta... La cuestión principal era ¿qué es la vida? Tal vez, primero tengamos que entender lo que es la vida para llegar a comprender, algún día, qué es la muerte en realidad.

—Está despertando —informó una voz masculina la cual no fui capaz de identificar a quién pertenecía. De igual modo que tampoco sabría identificar desde dónde procedía la voz, pues parecía llegar a mi mente viajando desde algún lugar muy lejano. Era como si la voz viajara a través del tiempo y del espacio, y llegara a mis oídos revestida de un potente eco que retumbaba dentro de mi cabeza y provocaba que las palabras, que portaba consigo, se entremezclaran dentro de mi mente logrando que me sintiera incapaz de otorgarles un significado claro y correcto.

Deseaba abrir mis ojos para salir de la angustiosa oscuridad en la que me hallaba sumida. Deseaba abrir mis ojos para encontrarme de nuevo frente a la luz de la vida. Deseaba ver lo que había a mi alrededor, descubrir el lugar dónde me hallaba, pero mis párpados pesaban demasiado y no parecían mostrarse muy favorables a cumplir mis deseos.

Deseaba mover mis manos, mover mis brazos, sentir que aún había vida dentro de mi cuerpo. Pero mis brazos, al igual que mis manos, parecían ser tan pesados como si fueran de plomo y ni siquiera podía mover uno solo de mis dedos. Lo mismo ocurría con mis piernas, por mucho que deseara fervientemente poder moverlas, era como si éstas no recibieran orden alguna por parte de mi propio cerebro... ¿Y si jamás volvía a poder moverme? ¿Y si había sido víctima de algún grave accidente y esta iba a ser mi vida por el resto de tiempo que me restara?

A pesar de la presión en el pecho que sentí, nacida de un modo inminente y causada por la ansiedad que brotó en mí tras la falta de respuesta a los últimos interrogantes que se había formulado mi propia mente, no pude evitar formularme a mi misma una nueva tanda de interrogantes con el fin de averiguar cómo había llegado a este estado o a este lugar. ¿Dónde estaba? No lo sabía. ¿Cómo había llegado hasta aquí? Tampoco lo sabía. ¿A quién pertenecía la voz masculina que parecía llegar hasta a mí desde algún lugar muy lejano? Tampoco tenía respuesta para ese interrogante. ¿Qué era este lugar? No tenía la más mínima idea. ¿Un hospital, quizá? Tal vez lo fuera, visto el estado en el que parecía encontrarme, estado que no parecía demasiado saludable sino más bien de extrema gravedad. Pero, realmente, no encontraba una respuesta cierta a todos los interrogantes que se formulaba mi mente; a decir verdad, ni siquiera sabía quién era yo.

Inspiré con fuerza, necesitaba aire en mis pulmones para sentirme más viva. Me sentía como si llevara demasiado tiempo sin respirar, como si esta necesidad vital me hubiera sido privada de algún modo que no lograba comprender. El frío aire se introdujo a través de mis fosas nasales y viajó a través de mis conductos respiratorios para acabar inundando mis pulmones con fuerza... No sabría cómo explicarlo pero, por alguna extraña razón, sentía como si fuera la primera vez que respiraba en toda mi vida. La cuestión principal era ¿qué vida? ¿Cuál había sido mi vida? No podía recordar absolutamente nada de lo que me había ocurrido antes de despertar en este lugar, el cual aún no sabía qué era, tan solo me basaba en meras suposiciones centradas más en sensaciones, percepciones y presentimientos que en hechos ciertos.

—¿Puedes oírme? —preguntó la misma voz masculina que escuché hacía, tan solo, unos segundos atrás.

No obstante, ahora había una importante diferencia; en estos instantes, la voz llegaba a mi mente con una mayor claridad y nitidez al punto que podía descifrar y entender lo que me querían decir sus palabras sin problemas, aunque aún tenía que esforzar mi mente al máximo para comprender y razonar.

El eco, que anteriormente revestía esa voz, parecía haberse apagado por completo. Sin embargo, a pesar de la leve mejoría en la percepción del mundo que me rodeaba, yo seguía sintiéndome demasiado inmóvil como para poder hablar, como para emitir respuesta alguna... Aún me notada ahogada en una absoluta y angustiante oscuridad de la que quería salir pero, a pesar de todo, había una parte de mí que, ni siquiera sabría decir por qué, tenía miedo de salir de esa oscuridad en la que me sentía levemente protegida aunque ahogada. Oscuridad hermosa como el más embravecido mar en la noche más oscura y tormentosa... Te engulle, te envuelve, te devora con sus olas, te ahoga, te asfixia, te roba la vida... y sigue siendo hermoso... Le puedes temer... pero no podrás negar su hermosura...

Algo se posó sobre mi barbilla y me la agarró de un modo firme. Intenté mover mi cabeza para zafarme del agarre al que estaba siendo sometida, pero no lo logré porque ni siquiera encontré las fuerzas necesarias y suficientes como para mover mi propio cuello y girar mi rostro. Aún así pude identificar a qué se correspondía el tacto sobre mi barbilla. Era el tacto de una mano, una mano cálida que contrastaba notoriamente con el excesivo frío que habitaba en mi piel. Supuse que se trataba de la mano del mismo hombre que me hablaba.

—¿Puedes escucharme? —preguntó, la ya conocida voz masculina, manteniendo mi barbilla sujeta—. Responde moviendo tu cabeza, tan solo. Si puedes.

Tras escuchar sus imperativas palabras moví ligeramente mi cabeza en sentido afirmativo dándole a entender que podía escucharle y que entendía lo que me estaba diciendo. El mero hecho de mover levemente la cabeza, para responderle, me supuso tanto un enorme esfuerzo como un intenso alivio al ser consciente de que, poco a poco, mi cuerpo comenzaba a ser capaz de realizar ciertos movimientos.

—Perfecto —respondió la voz masculina tras ver el movimiento afirmativo de mi cabeza—. Soy el Doctor Krauster...

Nada más que se presentó, diciéndome su apellido, mi mente comenzó a trabajar rápidamente en busca de información sobre un tal Doctor Krauster que me resultara familiar. Pero en mi mente faltaba esa información, en mi mente faltaban datos...

No solo faltaba, en mi mente, información sobre el doctor que acababa de hablarme. En mi mente faltaba todo un pasado que, a medida que pasaban los segundos, no parecía llegar a mí... En mi mente no existía ningún tipo de información antigua, tan solo el presente era lo poco que tenía. El pasado, en cambio, para mí era como un agujero negro en el espacio infinito, como un océano oscuro que está ante ti, que lo estás viendo, pero en el que no puedes sumergirte porque sabes que morirás antes de lograr vislumbrar lo que buscas, lo que deseas conocer, lo que anhelas alcanzar.

No era solo que no conociera al Doctor Krauster, es que aún no sabía por qué me hallaba en un hospital, suponiendo que el lugar en que me encontrara, en estos momentos, realmente fuera un hospital; aunque el mero hecho de estar ante un Doctor parecía indicar que realmente así era.

Por muchos esfuerzos que, ahora, hacía mi mente intentando evocar al presente algún recuerdo del pasado, por pequeño, inconsistente, etéreo e insignificante que fuera el recuerdo, no lograba rememorar absolutamente nada. Ni siquiera un solo fragmento de algo que hubiera ocurrido en mi vida durante la etapa más temprana o durante la etapa más adulta... No podía recordar absolutamente nada, era como si acabara de nacer. Pero yo, de algún modo, sabía que no era así, puesto que podía comprender, podía razonar... Yo sabía que tenía un pasado, pero era como si toda mi vida anterior no fuera más que una existencia vacía en la más absoluta oscuridad... Era como si toda mi vida, anterior al despertar ocurrido hace unos minutos dentro de este lugar frío, se hubiera producido dentro de una absoluta oscuridad en la que, obviamente, no podía recordar nada que no fuera la negrura que me rodeaba, la angustiosa penumbra, la agonizante oscuridad.

—¡Algo va mal, Doctor Krauster! —exclamó una aguda voz femenina interrumpiendo las palabras que estaba diciéndome el propio Doctor.

No existía duda alguna, tan solo por el tono de su voz, que la mujer que acababa de hablar, se había percatado de algo extremadamente grave, algo que requería la inminente intervención del Doctor. Pero aún así no pude evitar sentir una profunda exasperación ante la interrupción por parte de aquella voz femenina puesto que, probablemente, el Doctor, tras su presentación, me explicaría las razones por las que me hallaba aquí, en lo que se suponía que era un hospital. Necesitaba respuestas de un mono inmediato, necesitaba saber qué me había sucedido, por qué estaba aquí, por qué no podía recordar nada, por qué mi pasado parecía no existir, por qué me sentía tan débil, por qué apenas podía moverme.

Inmediatamente, después de la exclamación de la mujer, una máquina electrónica comenzó a emitir pitidos extraños y totalmente descontrolados. Eran unos pitidos semejantes, aunque ligeramente diferentes, a los que produce una máquina, encargada de controlar la constantes vitales de una persona cuyo estado de salud es demasiado grave, cuando ésta comienza a fibrilar para posteriormente entrar en parada cardíaca.

El Doctor apartó su mano de mi barbilla, de un modo brusco, alertado tanto por las palabras de emergencia que la mujer acababa de señalar, como por el constante ruido que la máquina electrónica continuaba emitiendo como si estuviera absolutamente fuera de control. Escuché el ruido producido por los zapatos del Doctor, al pisar de forma rápida y contundente sobre el suelo, alejándose a grandes zancadas de mi posición.

Mis oídos se encontraban, ahora, absolutamente en alerta escuchando todo cuanto sucedía a mi alrededor. Deseaba, más que nunca, poder abrir los ojos, deseaba poder moverme, deseaba poder hacer algo, aunque ni siquiera sabía lo qué... Pero mi cuerpo simplemente no respondía, se mantenía inerte, como si fuera un cuerpo un vacío, un cuerpo sin alma en su interior. Lo único que ahora sabía y de lo que era realmente consciente es que, por alguna razón que en estos instantes no sabría cómo explicar, comenzaba a sentir miedo. Un intenso miedo se estaba apoderando de mí pero no sabría decir ante lo qué... Ni siquiera era un miedo realmente referido hacia la máquina que sonaba, ni a las palabras de la mujer... Era un miedo más profundo, más intenso, más irracional, tal vez... Un miedo nacido en el alma más profunda de mí misma, justamente en aquella que parecía haber abandonado mi cuerpo.

—¡Maldita sea! —exclamó el Doctor Krauster, en un tono de voz cargado de rabia y desesperación a partes iguales. Hablaba desde algún lugar lo suficientemente alejado de mi posición. Sus palabras fueron seguidas de un fuerte golpe cargado de cólera, de furia, de ira... Golpe que, estoy segura, fue proferido por su propia mano contra una superficie metálica. Supuse que él acaba de comprobar, por sí mismo, aquello que, fuera lo que fuera, la mujer acababa de informarle que iba mal—. Se está descontrolando totalmente —añadió notablemente alterado y desesperanzado—. Sus constantes se están desestabilizando. Maldita sea, ¿qué demonios ocurre? Todo iba bien ¿Dónde demonios está el error?

Ante esas palabras que mascullaba el Doctor, tan cabreado como irritado por la situación, yo no podía sentir otra cosa que no fuera un intenso miedo que crecía y crecía sin control en mi interior. Tenía miedo ante lo que pudiera pasar, ante lo que estuviera pasando, ante lo que me estuviera pasando a mí... Y, a todo eso, se sumaba la impotencia que sentía hacia mi total imposibilidad de poder mover un solo músculo de mi debilitado cuerpo, lo que únicamente generaba más angustia y ansiedad en mi interior. Angustia y ansiedad que me generaban unas intensas ganas de llorar, pero de eso tampoco me sentía capaz.

—Traiga, inmediatamente, una inyección de Virus C2 para evitar que empiece a mutar y una de somnífero, enfermero Wever —ordenó el Doctor Krauster, en un tono de voz que resonó absolutamente imperativo.

Sus palabras debieron de ser dirigidas a alguna persona, que se hallaba en el lugar en el que nos rescontrábamos, la cual, sin rechistar, debió de obedecer instantáneamente el mandato recibido puesto que, tras las palabras del Doctor, escuché el ruido de unos pasos apresurados seguidos por el sonido provocado por una puerta al ser cerrada.

No pude evitar percibir que las palabras del Doctor no eran una orden simple, sino el tipo de orden imperativa que va cargada, de un modo subliminal, con una cruel amenaza... Una amenaza que suena casi más letal que la propia consecuencia derivada del incumplimiento o de la "mala praxis" en la ejecución del mandato.

Por alguna extraña razón que no lograba comprender, el miedo irracional que anteriormente sentía se estaba transformando en una sensación de peligro. Sentía que mi vida estaba en un inminente peligro... Me sentía como si estuviera en el borde de un abismo, ante una imparable caída al vacío más mortal, mientras unas manos invisibles me empujaban cada vez de un modo más violento.

Pero me sentía en peligro, más que por mi propio estado de salud, porque algo dentro de mí temía que las personas, que conformaban lo que parecía, a priori, un equipo médico común, no tenían verdadera intención de salvarme la vida... Aunque ignoraba sus intenciones reales, dentro de mi corazón sentía que las manos invisibles que me estaban empujando al mortal abismo bajo mis pies, no eran las de mi propio cuerpo debilitado, sino las de ese equipo médico que me rodeaba.

Quise pensar, en aquel momento, que tan solo eran paranoias derivadas de mi mente, delirios derivados de un fuerte aturdimiento. Se suponía que estaba en un hospital, se suponía que estaba en manos de un Doctor acompañado de su equipo médico, se suponía que estaban salvando mi propia vida tras lo que debía de haber sido un horrible accidente el cual había acabado con mi movilidad y con todos mis recuerdos por el momento... Pero aún así, por más lógica que intentaba buscar y encontrar en todo lo que sucedía a mi alrededor, me sentía ante un importante peligro... Una sensación de peligro que no cesaba nunca por muchos esfuerzos que hiciera en tratar de autoconvencerme... Eso era lo único que sabía, que comprendía, que sentía... y ni siquiera sabría o podría decir el porqué tenía esa sensación que me alertaba, como si fuera una alarma, de que mi vida se hallaba en un constante riesgo y tenía que hacer algo para salir de la situación.

Mi corazón comenzó a latir salvajemente, parecía que estaba realizando un descomunal y desesperado esfuerzo para escaparse de mi pecho y poder huir al lugar dónde mis músculos inertes no me querían llevar o, simplemente, no me podían llevar porque estaban más muertos que vivos.

La sangre viajaba por cada una de mis venas y arterias a gran velocidad, como si fuera una manada de caballos salvajes y desbocados, y la sentía... podía sentirla... Mi respiración se había vuelto notablemente más rápida y agitada, sentía que había comenzado a hiperventilar a consecuencia de sentirme ante un peligro del cual, en mi estado, no podía defenderme. Horrible la sensación de sentirte ante un peligro inminente y no ser capaz de huir, ni siquiera de defenderte.

Intenté calmar mi respiración, tranquilizarme, basarme en la realidad presente y en la más pura lógica. Intenté alejar de mi mente presentimientos absurdos, basados más en sensaciones y presunciones que en hechos reales. Busqué el modo de concentrarme en mover un solo músculo de mi cuerpo... Necesitaba hacerlo, tenía que hacerlo... aunque fuera, tan solo por el momento, un único músculo.

Tras varios intentos frustrados y aunque, tal vez, fuera lo más sencillo y sin mérito alguno para una persona que se hallara en un estado normal, logré mover algunos músculos, logré abrir mis ojos bruscamente.

Pero nada más que mis ojos se abrieron al mundo que me rodeaba, el cual parecía recibirme con los brazos abiertos, casi deseé no haberlo hecho puesto que una intensa luz cegadora me deslumbró completamente dejándome ciega por unos instantes. Cerré mis ojos inmediatamente, tras el impacto luminoso y, posteriormente, parpadeé varias veces de un modo rápido mientras mis pupilas se acostumbraban lentamente a la potente luz que tenía ante mí.

Poco a poco, mis ojos se fueron acostumbrando a la potente luz blanca que incidía directamente sobre mis ojos, sobre mi propio rostro. Cuando mis ojos pudieron soportar el impacto luminoso, comencé a ser capaz de observar lo que me rodeaba, un alto techo, con una forma que parecía circular, al menos teniendo en cuenta lo que mi campo de visión abarcaba, y tan blanco como la más limpia y pura nieve; paredes igualmente blancas, grandes focos de luz blanca anclados al propio techo, un foco de pie dirigible, ubicado de un modo extremadamente próximo a mí, enfocándome directamente...

Intenté girar mi cabeza hacia los lados para observar lo que me rodeaba, pero no pude. No porque mis músculos no reaccionaran a la orden enviada por mi cerebro, sino porque, al intentarlo, sentí una fuerte presión sobre mi garganta; presión que no supe identificar, aunque parecía como si tuviera una especie de gruesa correa sujetándome del cuello y amarrándome a la camilla metálica sobre la que mi cuerpo estaba tumbado; correa cuyo fin no era otro que evitar el mero hecho de que pudiera moverme.

Intenté mover mis brazos y piernas, pero los músculos de mis extremidades seguían sin reaccionar. Aunque eso no impidió que pudiera sentir que mis tobillos y mis muñecas también estaban amarrados, por lo que parecían gruesas correas, a la camilla metálica sobre la que mi cuerpo descansaba.

—¡Dese prisa, Wever, maldita sea! —exclamó el Doctor Krauster en un tono de voz que arrastraba un profundo enfado hacia lo que parecía ser la lentitud e ineptitud de su equipo médico; o, al menos, la propia actitud del Doctor, tratándolos con prisas y órdenes cargadas de amenazas y tiranía, era lo que daba a entender respecto de aquellos que colaboraban con él—. ¡Está despertando y, en breve, estará fuera de control! —volvió a exclamar y pude percibir que no era solo enfado lo que arrastraba el tono de voz del Doctor, sino que arrastraba miedo...

Sí, miedo... ¿Pero miedo hacia qué? ¿O hacia quién? ¿Miedo hacia a mí? ¿Cómo podía sentir miedo hacia a mí si yo estaba totalmente inmóvil, débil y atada? ¿A qué tenía miedo el Doctor Krauster? Era cierto que yo estaba despertando, sí, pero ¿en breve iba a estar fuera de control? Parecía como si estuvieran hablando de otra persona más que de mí misma.

—Doctor Krauster —respondió la voz de Wever llamando al Doctor para responder a sus imperativas palabras. La voz de Wever sonaba ligeramente metalizada puesto que debía de estar respondiendo a las palabras del Doctor a través de algún aparato electrónico, algún micrófono o artefacto semejante. Lo que estaba claro es que Wever aún no había regresado a la sala en la que nos encontrábamos los demás—, no encuentro una sola dosis de somnífero. No quedan dosis, hemos agotado todas las existencias. Y no encuentro las vacunas de Virus C2. No están en la cámara frigorífica ni en ningún sitio —informó Wever al Doctor, quien acababa de exigirle presura en sus acciones.

Pude notar, claramente, que la voz de Wever estaba totalmente cargada de preocupación. Parecía como si la sola idea de que no hubiera una sola existencia, de lo que el Doctor había solicitado, supusiera un atentado contra el mundo y en aras de su destrucción.

—Doctor Krauster, ha comenzado a mutar. Su ritmo de mutación es de un cinco por ciento por minuto —intervino nuevamente la voz femenina informando al Doctor de lo que debía de estar sucediendo en estos instantes en la sala en la que nos hallábamos...

Las palabras, de la mujer que acababa de hablar, me resultaban extremadamente irónicas puesto que las entendía y, a la par, no las entendía. ¿Quién mutaba? ¿Yo? ¿Qué demonios me estaba pasando? La voz femenina que acababa de hablar portaba también una intensa preocupación y aún más miedo que el tono de voz anteriormente empleado por el Doctor Krauster cuando habló

—Si Wever no trae la inyección con el Virus C2, para detener su mutación inmediatamente, hay que eliminar a la chica antes de que acabe de mutar por completo y sea demasiado tarde —añadió la mujer, en un tono de voz que sonó de modo brusco y directo, un tono de voz que no admitía que su condición fuera refutada bajo ningún concepto.

Tras sus palabras escuché el ruido de una silla, al ser arrastrada de un modo brusco por el suelo, lo cual me hizo suponer que la mujer, que acababa de pronunciar lo que parecía ser una sentencia de carácter firme contra mí cuyo fallo consistía en mi ejecución, acababa de ponerse de pie.

—Ni se le ocurra, Doctora Mulroy —respondió el Doctor Krauster a las palabras de la mujer quien, ahora supe que, era la Doctora Mulroy. En las palabras del Doctor había un deje de ferviente amenaza revestida de rabia. Era como si el miedo que había inundado sus propias palabras segundos atrás, ante la idea de que el virus y el somnífero que había solicitado llegaran con excesiva tardanza, se hubiera esfumado y ahora solo quedara en su voz el vestido de la ira y la furia—. No pienso dejar que destruya años de investigación.

Tras escuchar estas palabras, mi corazón, el cual ya latía con excesiva violencia desde el preciso instante en que escuché las palabras de la Doctora Mulroy con las que se refería de mi ejecución sin el más mínimo reparo, ahora comenzó a latir desesperadamente debido a que el temor se intensificaba en mi interior de un modo exponencial...

No sabía lo que estaba ocurriendo, no sabía qué me pasaba, ni siquiera sabía por qué estaba allí, por qué no podía moverme, por qué me tenían amarrada como si de una fiera imposible de controlar se tratara, ni por qué no recordaba nada... Y ahora, al parecer, según las palabras de la Doctora Mulroy, yo estaba mutando... ¿Qué quería decir con que yo estaba mutando? Además, yo ni siquiera sentía nada en mi cuerpo... Yo no sentía que nada en mí cambiara... ¿Qué me estaba ocurriendo? ¿Qué querían decir con todo aquello?

La Doctora Mulroy me quería eliminar, me quería asesinar de un modo inminente, y sus palabras habían sido dichas sin ningún reparo, sin ninguna compasión, sin sentir la menor lástima. Era como si mi vida no tuviera el más mínimo e insignificante valor... Lo único que, en estos instantes, mi mente alcanzaba a comprender es que yo debía de ser eliminada, pero no tenía ni idea de por qué. Yo no había hecho nada malo, ¿o sí? No lo sabía, tampoco podía recordar nada de mi pasado... absolutamente nada. No sabía nada, lo único que sabía es que yo no quería morir, no recordaba haber hecho nada lo suficientemente dañino como para merecer la muerte, y la mujer que hablaba parecía referirse a mi muerte como si fuera necesario, como si no hubiera otra opción, como si mantenerme con vida fuera una letal idea porque yo era demasiado peligrosa...

Me sentía, tratada y analizada, del mismo modo que si fuera una rata de laboratorio víctima de un experimento fallido. En ningún instante, desde que desperté, sentí que me trataran como lo que yo suponía que era realmente, la víctima de un accidente... Yo no estaba lo suficientemente moribunda como para que me otorgaran la eutanasia, de un modo directo, sin haber luchado previamente por salvar mi vida... Aún había vida en mí, podía sentirla, incluso podía sentir cómo, poco a poco, las fuerzas iban llegando a mi cuerpo... ¿Por qué querían sacrificarme? ¿Era éste un procedimiento ético dentro de un hospital?

"¿Rata de laboratorio?" Me repetí, mentalmente, las palabras que a mí misma me acababa de decir. Observé atentamente el techo con los potentes focos de luz blanca que incidían sobre mí. Observé el foco de pie que estaba próximo a mí, y que me enfocaba de un modo directo. Sentí la fría camilla metálica, como si fuera de acero, sobre la que parecía estar tumbada...



Let Sheila Books know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Merry Christmas - Adventskalender 2025

Aelyn Raven: Wieder eine tolle Geschichte. Leider bin ich erst jetzt dazu gekommen sie zu lesen, aber das tut der Geschichte keinen Abbruch *g* ich freue mich schon auf den nächsten Adventskalender

Read Now
Mystic Wolf

Jessica: Tbh I wasn't expecting much from this app but God damn this book was excellent. The character build up was slow at times but really on point because of it. The actions of the characters made sense and added depth to them instead of just feeling like the plot needed to be moved forward. I also never ...

Read Now
My Blacksmith Savior

Martina partsch: Eine liebenswerte,nette Liebesgeschichte mit einem emotionalen Happy End,fast wie im Märchen.Danke für die schöne Geschichte .

Read Now
The Dating Deal

HockeyLover08: So amazing! Perfect fake dating story, it takes you through many deep emotions such as denial, heartbreak, love, etc. Love Nate’s character so much, it perfectly fits with Hannah’s! Good amount of spice without making it too much to handle. 10/10 would read again 🩷

Read Now
Broken Halos MC

cbell558: Writer is very good at balancing just enough descriptive information with moving the story along. Some writers go too far with describing motivations of the characters and their mindset. Their stories move agonizing along at a snails pace. This writer gets you hooked at the beginning and keeps you ...

Read Now
An Irish Match

JlD: Super love it! Funny and sassy and sweet and spicy! ♥️🔥

Read Now
The Alpha's Exiled Mate

Flicia Miller: Is a very good book so far... i like the style of the author

Read Now
Death's Shadow MC Book 1

SANDRA: WOW what a great story line. It lures you in like your in the story. Can't wait to read more in this series 🩷

Read Now