Paradoja
Me senté a morir, pero en la inacción me di cuenta que no dependía de mi.
No había un botón interruptor de vida en mi interior, al cual yo pudiera accionar y ponerle fin. Que broma más macabra, querer abandonar esta vida, sin utilizar ningún elemento de mi exterior qué me rodea, no se si por necedad o por cobardia. Entonces comprendí que esta vida no es mía no tengo poder sobre mi existencia, ni sobre mis padecimientos producidos por mis enfermedades.
Por más que cierre con fuerzas mis ojos y me deje morir al abrirlos sigo vivo. No consigo encontrar o recordar el contrato que firme, el día que acepte participar en esta realidad o no fui consensuado sino impuesto sin mi consentimiento, me invade la duda.
Tengo asumido que fui uno más en esto de vivir, me iré con penas y sin gloria, como algo que paso y no dejo rastro. Divago y vuelvo de nuevo al punto de partida quiero que mi vida se apague ya, pero no depende de mi esa elección. Quiero morir pero no me quiero matar, estoy evadiendo esa responsabilidad.
Ya se hizo de día nuevamente y yo sin dormir. A vivir otro día con la esperanza de que sea el último, que paradoja, la motivación que me da fuerzas todos los días para seguir, es que la muerte por fin me corresponda uno de estos días.








