el enfrentamiento
Era abril de 1995, en este tiempo tenía 14 años, un compañero del salón que me jodía, me hacia bulling, era un pesado conmigo, lo odiaba, hasta que lo enfrente porque me tenía harto, pero no resulto, en lugar de alejarlo, sucedió lo contrario, nos conocimos más, en la intimidad, antes, que en la amistad o enemistad, luego se convirtió en una rutina, porque tirábamos más frecuente y hasta que durmamos juntos toda la noche, en varias ocasiones dejamos de ir al cole o llegar tarde por estar juntos. Este compañero era jodido en el salón conmigo, todo el tiempo me jodía de cabro, me metía la mano, me paraba molestando, me insultaba.
Nuestra “relación de sexo y placer”, duro como 4 meses y medio, fue tan intenso lo que vivimos que cuando se terminó me dolió demasiado, me deprimió, me había acostumbrado tanto a él, a su pinga, a su culo, a besarlo, acariciarlo, a sus locuras, me dolió además porque se fue a cachar con otro, un gigantón guapo, un repitente de año, mayor que nosotros, dicen las malas lenguas, que la tenía enorme y cachaba rico.
Estamos en el segundo recreo, estaba realmente aburrido ese día, al costado de Pepe Cedamanos, un amigo de mi aula, con uno de los pocos con los que conversábamos, en este momento me estaba hablando, pero no le prestaba atención, quería irme a mi casa o que me pase algo interesante, emocionante, divertido, alucinante, pero tampoco que me metan la mano al culo como lo hace Castro. Además, estaba fastidiado conmigo mismo porque no había hecho bien el ejercicio de la clase de matemáticas.
De pronto vemos, que se acercaba Castro, comenzó a joder.
— <<Lolo, que rico papi, que haces tan solo>> — expreso el pendejo de Castro.
— <<No ves que estoy con Pepe o ¿que eres ciego?>> — le contesté fastidiado.
— <<El ciego es él, no ves que para con esos lentasos de poto de botella, ¿me ves normal, Pepe, o doble?>> — dijo el pesado de Castro, quitándole los lentes a Pepe.
— << ¿Por qué jodes Castro?, no te hace nada, déjalo en paz a Pepe quieres>>
— <<Lolo vamos mejor, este un pesado, me tiene cansado>> — dijo Pepe.
— << Primero que me tus lentes>> — le conteste.
— <<ay que pesado!!! No los voy a robar, toma papi, tus lentes>> — dijo Castro, y le puso los lentes a Pepe.
— <<Me voy Lolo, te espero en el quiosco>> — me dijo Pepe.
— <<Ahora voy>> — respondí.
Nos quedamos Castro y yo, lo miraba con cólera, tenía ganas de cogerlo del cuello, en pleno patio del colegio.
— << ¿por qué te molestas pingón, ¿porque lo serás no?, solo es una broma>> — me dijo Castro, cogiéndome la pinga.
No le conteste nada y me fuí a ver a Pepe al quiosco, mientras caminaba pensaba — Lolo, querías tu mañana entretenida, la tuviste, peleando con el imbécil que te jode y defendiendo a tu mejor amigo, que cólera que me da este Castro, recién me doy cuenta que me cogió el huevo, ¿será gay?, pero no es amanerado, por su actitud y otras que he visto, es fijo que desea que me lo coma, y ¿si me lo cacho?, no está mal, es simpático, tiene sus labios carnositos y buen culo, bien redondito —lo que más me excita es que no usa correa.
Será imposible que me lo coma, más puede mi colera y fastidio hacia él, que mi arrechura.
Esa noche soñé con él, estábamos un salón vacío y abandonado, enorme, solo los dos, yo sentado en una silla de madera, totalmente calato, Castro se me acerca, estaba calato también, mirándome a los ojos, abierto de piernas, se sienta en mi pene erecto, sus piernas suavecitas, de pronto desperté, cuando vi mi pijama estaba lleno de leche. Con ese sueño cargado de excitación, me llene de valor para ver si podía hacer la lucha entre mi irá y mi arrechura hacia él, y hacer mi sueño realidad.
Comienza un nuevo día en el colegio, en el salón de tercer año de secundaria, estábamos, ya, en recreo, estaba caminando por el patio con Pepe, era de los pocos amigos con los que me juntaba.
— << ¿Vamos a comprar algo para comer, mano?>> — me pregunto Pepe.
— <<Si vamos>>— le respondí.
De pronto, se aparece Castro por detrás nuestro, nos mete la mano a mí y a Pepe.
— <<Ayyy que rico dos bebitas>> — dijo Castro con voz de cabro.
— <<Pepe avanza, ahora voy, tengo que hablar con este csm>>
Pepe no dijo nada, y se fue a paso acelerado, detestaba a Castro tanto como yo.
— << Mira, concha tu mare, si quieres que te cache, vamos pues, terminemos con todo esto, porque me muero por meterte mi pene en tu culo tragón”
Me salió de repente eso, no quise decirlo — ¿qué me contestará? — la verdad que me estaba arrepintiendo de haberle dicho eso.
— << por fin!!! ¿A dónde?>> — contesto Castro.
Me dejo huevon, pensé que me sacaría la mierda — este es fácil — pensé.
—<<no sé, ¿tú sabrás?>> — le respondí con un nudo en la garganta.
Porque yo, si sabía dónde nos íbamos a tirar con mis otros compañeros, pero me hice como que desconocía del tema.
—<< bien que sabes y te haces el huevon, vamos no más>> — me dijo Castro.
¡me sonreí!
Yo estaba mudo mientras íbamos al sitio de cache.
—<< Parece que estas palteado, ahora se te quita toda esa huevada, espero no sea muy grande no más concha tu mare>> — me dijo el imbécil.
—<<ah así! con insultos, pendejo de mierda…>> — con voz de fastidio le respondí.
—<<Somos hombres, así nos hablamos bro, ¿cuánto te mide pues?>> — dijo Castro.
—<<no sé, tendrías que medirla tú mismo>> — le respondí.
Caminábamos con dirección donde estaban el coliseo, la sala de karate y la piscina, mientras tanto pensaba:
— <<no parece gay, todo lo que hace es por joda no más!!, o ¿quién sabe solo es cacanero?, fácil me da vuelta el a mí — me va a reventar — ¿y si es gruesa su pichula? ¿besará o no? — muchas preguntas me estoy haciendo — porque, la verdad, si quiero hacerlo, recién me doy cuenta que me gusta él, sus labios gruesos, cuando los mueve para insultarme me excita más, que masoquista que soy, su trasero redondito, formadito>>.
…seguimos caminando hasta que llegamos por la puerta del salón donde practican karate, un callejoncito diminuto que con las justas entraban dos personas, estaba junto al coliseo.
Castro iba adelante, dió la vuelta, mirándome a los ojos y cogió la pichula — encima del pantalón gris clásico de colegio.
— <<mi ano, la quiere adentro>> — me dijo Castro muy cerca a mis labios.
Me beso con una pasión, me comía mis labios, tenía unas labios espectaculares, gruesos y suavecitos, mientras chapábamos me iba empujando a la puerta de este salón, le puso seguro.
Seguíamos chapando de lo rico, mientras tanto, mi mente se imaginaba al arrechito de mi compañero chupándome mi pene con esos labios carnosos.
— <<Cógeme el culo, cómeme>> — susurro a mi oído.
Le metía la mano por debajo del pantalón, sus nalgas redonditas, carnosas, duritas, metía mis dedos a su ano, estaba húmedo, olía a culito rico, el huevon se alocaba, hasta que la arrechura le gano, se dio vuelta, se bajó el pantalón, estaba con una trusa que le formaba su trasero, tenía un olorcito a sudor— ¡que rico! — mientras observaba su culo, era formadito, grande y durito.
— <<Cáchame, Lolo, méteme toda tu pinga de burro, quiero medirla con mi culito, métela métela>> — con una voz de arrechura, me decía el compañero.
Yo, estaba con el pene paradaso, duro como piedra, mojado total con la lubricación que bote, se la metí a su culazo, no fue necesario de saliva porque resbalada bien, poco a poco, primero la cabecita, luego el resto de mi pene, sentía húmedo y calientito dentro su culo, nos besábamos alocadamente mientras sentía como iba deslizándose, mientras Castro movía suave su culo hacia mi pene, estábamos parados, gritaba como una loca desquiciada, él estaba feliz, excitadísimo, nos sacamos la camisa, sentía su espalda fría en mi pecho, comencé a moverme mas fuerte, toda mi pinga estaba en dentro de él.
— <<Suavecito, que es mi primera vez>>
Con eso me fregó, me arrecho tanto que bote rápido en el acto, él también estaba súper excitado, se apoyó en unas bancas que había en este sitio, yo seguía metiéndole, metiéndole, a lo maridazo, mientras eso.
— <<porque te has demorado tanto en meterme tu pinga, me gustabas desde antes el año pasado y quiera que me caches, que rica pinga, grandota>> — me decía con su voz de arrechura y delicada, sus labios rosaban los míos mientras me hablaba.
— <<Ya eyaculé>> —le dije.
— <<Sigue no pares, aun sigo de hambre>> — me respondió Castro.
Luego nos sacamos los pantalones, yo me senté en una banca, ambos calatitos, Castro se sentó encima mío, se levantaba y sentaba, como en mi sueño, veía como se chorreaba el semen que había botado hace un momento en su trasero, se deslizaba cada vez que metía mi pene, me besaba con locura, de pronto escuchamos que alguien forzaba la puerta, con desesperación y amargura.
— <<puta madre, abran la puerta>> — decía una voz sexy de macho.
—<<deja, no jodas, seguro que están cachando, ya nos ganaron el sitio, vamos pitear por la piscina>> — otra persona expreso.
— <<y no gimas mucho perra>> — dijeron entre risas.
Nos asustamos, pensamos que se bajarían la puerta de un patadon.
— <<no pasa nada, sigue cachándome y gimeré más fuerte>> — me dijo Castro.
Y siguió sentándose, dándome la espalda— sus piernas suavecitas y sin vellos, se las acariciaba, eso me excitaba más aún— cada vez que se sentaba podía ver como entraba y salía toda mi verga, lucía blanca porque estaba embarrada de mi semen, estaba haciendo un batido en el culo de Castro, creo que bote por segunda vez, porque sentí bastante sensibilidad en mi glande, luego se puso en 4, lo cogía de los pelos, de las orejas, mientras mi pene entraba y salía de su ano, el gemía cada vez más duro.
— <<sigue, que rica pinga, ¡oh, mi amor, dale con todo ay mi culo, me duele!>>
Nos quedamos en el salón de karate hasta la hora de salida, es decir hasta la 1pm, desde el segundo recreo que habíamos ingresado, después de este polvo, nos sentamos en las bancas, cansados, sudados y oliendo a puro sexo, Castro a semen y yo a culo.
— <<Que rica pinga tienes, no pensé que la tenías tan grande y gruesa, me has dejado con el culo abierto, ¿estas bien? No has dicho nada desde hace rato>> — me dijo Castro, apoyando su cabeza en hombro.
— <<Si, estoy, como que aún no lo puedo creer, que me molestabas tanto y ahora hemos tenido sexo acalorado, hemos rozado nuestros cuerpos que se odiaban y ahora se aman>> — le respondí.
Se carcajeo, no paraba de hacerlo.
—<<No te pongas, poético mano. ¿me odiabas acaso?>> — me preguntaba Castro.
—<<La verdad que sí, no sé en qué momento te hiciste tan pesado>> — respondí.
—<<Soy así, jodido, en mi casa soy igual, mi hermana me quiere matar, pero a ti te jodía porque me gustabas>> — dijo Castro.
—<<ah, ósea, tiempo pasado, ya no te gusto>> — respondí.
—<<No me gustas, me encantas>> — dijo Castro, metiéndome un chape.
Luego, bajo a mi pinga mojada por la lubricación de su culo y de mi semen, me la chupo, lo hacía riquísimo, luego me besaba un rato y nuevamente me la chupaba.
—<<a la mierda pero que rico la chupas, no pares>> — exprese con mi cara de morbo y mordiéndome los labios.
Castro se sentó en mi pene, esta vez mirándome, apoyo sus pies en las bancas, y se impulsaba hacia arriba y hacia abajo — estábamos totalmente desnudos, no teníamos ni zapatos, ni medias — nos besábamos como desesperados, mientras todo mi pene entrada y salía de su culito tragón, lo llene de semen nuevamente.
Estuve tan distraído, extasiado que me olvidé de ir a ver a Pepe al quiosco, Castro era incansable en el sexo, nos cambiamos, mi camisa se había caído al piso, estaba llena de polvo.
Para salir del salón de karate, fue todo un dilema, abrimos la puerta despacito para asegurarnos que no haya nadie, al fondo, por la piscina, habían dos compañeros de otra aula, fumando su marihuana, salimos uno por uno y corriendo hasta llegar al patio, nos encontramos en los baños, para darnos una lavada de cara, mi pene y pelvis estaban todo mojado, me seque con papel higiénico.
Estábamos tan emocionados, que estábamos saliendo del colegio, entre la multitud de alumnos y nos olvidábamos nuestros cuadernos con las mochilas y demás útiles.
—<< ¿crees que pueda almorzar en tu casa?, no traje mi llave y en mi casa mis tíos no están.>> — me pregunta Castro.
—<< Si normal creo, oye y nuestras mochilas están en el salón>> — le contesté.
Nos carcajeamos, y fuimos al salón, a sacarlas, estábamos ya fuera del colegio, regresamos por nuestras cosas.
—<<Somos unos huevones, tan excitados que nos olvidamos de todo, y yo con mi culo lleno de tu semen>> — dijo Castro.
—<<Estará que te chorrea por las piernas, como para pasar mi lengua por ahí>>
continúa....Capitulo II: el enamoramiento








