La Madrastra V2 by JeFenix at Inkitt
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La madrastra v2

Summary

¿Qué es lo mejor que podría pasarte al quedarte a vivir con tu madrastra y hermanastra? Bueno, mi historia es la respuesta a esa incógnita. Bienvenido.

Genre
Erotica
Author
JeFenix
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

¿Saben que es peor de los padrastros? Respuesta: Que a ese padrastro no le agrades y te trate de manera indiferente ¿Y saben que es lo peor de eso? Respuesta: Que tu madre fallezca y te quedes a cargo de ese padrastro, okey, eso te lo compro y también te compró que ese padrastro tenga una nueva pareja, que tampoco le agrades, eso puede pasar... todo “bien” hasta ahí... ¡¿Pero cómo mierda quieres que compré que mi padrastro que al que no le agrado se muera, y me deje a cargo de su nueva pareja a la cual tampoco le agrado?!

Bueno, ya sabes mi situación actual, un gusto conocerlos... no digo “conocerlas” porque dudo mucho que una chica vea esto... me desvió del tema, soy Izuku Midoriya... pero últimamente me han estado llamando “Pecas”, “Brócoli”, “Inutil”, “Virgen”, “Pequeñín”, “Esquizofrénico”, “Nerd”, “Friki” y... y me acabo de deprimir.

Pero ya, los dejo de molestar con mi vida. Ya pasado 2 días desde el funeral de mi padrastro, y ahora me encuentro en el Notario, esperando a que lean el testamento de mi padrastro junto a mi madrastra, mis dos hermanastras y otros miembros de la familia de mi padrastro que no conozco. Mi padrastro tenia mucho dinero, no era millonario, pero era una persona que supo hacer muy buenas inversiones y ganó mucho dinero, lastima que no llegó a disfrutarlo y ahora tendrá que repartirlo.

—Deja de estar mirando a la nada —me resondra mi madrastra entre susurros—, inutil.

Yo también te adoro madrastra de mi vida. Cierto, no los presente, desconocidos que leen esto, mi madrastra, Reika Kurashiki.

Lo sé, esta rica la maldita. Pero es pura apariencia, es una mujer de carácter fuerte y dominante, es segura de si misma, también llega a ser muy fría. Tiene 35 años (parece de menos), trabaja en una empresa de moda para mujeres llamada “T&S”. Sus pasatiempo son viajar, ir al gimnasio a hacer cardio, comprar ropa y maquillaje.

Pero como la maldad nunca viene sola, ella se metió a mi vida con dos hijas. Erika y Reina Kurashiki.

Ella es Erika Kurashiki, de las 3 Kurashikis, ella es la que mejor me agrada. Está en la universidad en la carrera de diseño de moda, tiene 21 años. Como dije, ella es la que más me agrada al ser muy sociable y ser la única en tratarme bien, hasta me dijo una vez que podía llamarla “hermana mayor”, pero no puedo hacerlo... es demasiado. Sus pasatiempos son el voleibol, el yoga, nadar, correr y viajar.

Pero por la otra cara de la moneda... está Reina Kurashiki.

Sí, también esta rica la maldita, pero es igual a su madre. Ella tiene mi edad y estudiamos juntos. Es la chica más deseada según la encuesta en el baño de los chicos (literalmente ella se llevó el 70% de los votos). A diferencia de las otras 2, a ella no le gusta hacer ejercicio porque no le gusta sudar. Sus pasatiempos son comprar y “superación personal” según ella, pero yo la veo igual desde que la conozco, lo único que cambio de ella fue el tamaño de sus atributos, también trabaja como modelo de lectura (no sé que significa eso), le gusta molestar/humillar a los que ella considera feo. Y tiene un novio universitario que estudia filosofía, puaj, que asco filosofía.

—Deja de estar mirando a la nada —me vuelve resondra mi madrastra entre susurros—, esquizofrénico.

—Perdón.

En realidad yo estoy aquí solo para rellenar espacio, dudo mucho que mi padrastro me fuera a dejar algo, pero algo que sí debo resaltar... ¡Es que el color negro me queda de maravilla!

Y este soy gente bonita. Izuku Midoriya de 16 años (y no me veo tan asombroso como en la foto, pero así es cómo yo me veo a mi mismo). Mido 166 cm (sigo en crecimiento no me juzguen), estoy estudiando, y estoy en el club de futbol como defensa.

Mi hermanastra Reina me da un codazo para que deje de disociar.

—¿Eh?

En el momento que regreso a prestar atención veo que el notario ya estaba abriendo el testamento de mi padrastro.

—¡El testamento! —bramó el notario al tener el papel en sus manos.

Genial, nos tenia que tocar al notario que le gusta el drama como en telenovela mexicana.

—Con fecha de certificación el 25 de mayo del presente año, procedo con la lectura —y se acomoda sus lentes para leer.Yo, Takeo Higuruma... —¿enserio tiene que hacer una pausa dramática?— es mi voluntad dejar mis respectivas herencias a gran parte de mi familia.

Pasaron varios minutos de herencia, tras herencia, hubo unos terrenos en una muy buena zona, un negocio de flores, unos departamentos que estaban bajo renta, una casa con piscina, relojes, autos, una que otra pintura que no sé donde las sacó si él hombre era más aburrido para el arte, pero bueno, no los aburro y los llevo al grano.

—A mi esposa Reika Kurashiki —siendo sincero esperaba una reacción más emocionada por parte de mi madrastra, pero ella simplemente alzó la mirada de manera fría—, le dejo mi joyería de oro valorizada en 4 millones de dólares.

¡Carajo, y con ese dinero Reina y yo estamos en una publica! ¡Pudimos haber estudiado en el extranjero, yo pude haber estudiado en el extranjero!

—A mi hijastra, Erika Kurashiki, le dejo toda su carrera pagada y también recibirá mensualmente 20 mil dólares al mes, para que no se sienta abajo de esa presumida de su compañera, tu ya sabes a quien me refiero, Erika —leyó el notario con neutralidad.

Bueno, por parte de Erika me lo esperaba, ella era la favorita de mi padrastro.

—A mi hijastra menor, Reina Kurashiki, le dejo mi descapotable rojo Mercedes-Benz —Reina salto gritando “¡yes!”—. Pero con la condición de mantenerlo en su estado actual, no quiero que le hagas ninguna modificación a no ser que sea necesaria, el hombre que se encargaba del mantenimiento de descapotable irá a verlo cada fin de mes y no creas poder engañarlo, que ese hombre para ser gay, es lo más macho que existe.

Ese ultimo si sonaba a mi padrastro, era tremendo homofóbico, pero supongo que le dejo el auto a Reina para mantener feliz a la familia... a su familia.

—Al finalizar —¿eh? para mi sorpresa el notario habia abierto otro sobre, uno más pequeño, una carta—. Hace 2 semanas atrás, el señor Higuruma Takeo me dejo esta sobre —todos vemos como procede a abrir el sobre... ¡por los dios, no haga tanto drama! ¡me quiero ir!—.Yo no tenia planeado hacer este otro testamento, pero algo paso el día de ayer y por eso declaro que... —ya me dan ganas de estrangularlo por sus pausas dramáticas, sigue tentándome, te reto maldito notario—. A mi hijastro... —¿espera tiene otro hijastro?— Izuku Midoriya —¡soy yo ese otro hijastro, mi madrastra y hermanastras se notaron sorprendidas ante esta noticia—, le dejo las siguientes propiedades citas a continuación: la finca de vino de 32 hectáreas —¡diablos!— un dúplex de lujo con terraza, jacuzzi, 10 habitaciones —¡diablos x2!—, mi motocicleta Harley-Davidson Sportster 2024, —ya este punto siento que en cualquier momento voy a despertar de este sueño— mi yate Princess Yachts Y85, todas mis acciones en las empresas en las que invertí estarán a tu nombre, pero serán administradas por un experto de mi confianza. También te he comprado es pc gamer que tanto te quedabas viendo en las revistas de tecnología, tendrás a tu cargo una tarjeta de crédito con un dinero que será vigilado para ver que hagas un buen uso.El notario guarda la carta.—Bueno, eso ha sido todo con el testamente de Takeo Higuruma.

Okey... esa no me la esperaba...

—¡El esquizofrénico se acaba de desmayar!

{...}

Voy a hacer un pequeño resumen, hace 2 años mi padrastro se volvió a casar. Mi padrastro me trataba de la misma forman de siempre, indiferente, pero mi madrastra nunca me ha tratado bien, a pesar de que nunca hice nada malo para molestarla o fastidiarla. Y ahora después de la muerte de mi padrastro y de la lectura de su testamento, su antipatía hacia mi no hizo más que aumentar.

Pasó una semana y mi madrastra, hermanastras y yo nos mudamos al dúplex... ¡que literalmente parecia una casa! ¿Recuerdan que les dije que mi padrastro no era millonario y solo hacia buenas inversiones... ¡pues tremenda mentira me habia tragado! ¡Resulta que mi padrastro era el rey de las apuestas y la mayoría de las cosas que heredó fueron ganadas en apuestas!

Pero yo seguía estudiando donde siempre, después de todo ya estaba por acabar ese año de estudio y seria ridículo cambiarme a este tiempo.

Un día, estaba regresando de clases, entró a mi casa y veo a mi madrastra recostada en el sofá viendo un desfile de modas. Cuando cierro la puerta ella centra la mirada en mi.

—¿Ha? —veo como alza la ceja y una un gesto despectivo—. ¿No estabas en casa? —dijo con tono sarcástico—. Que hijastro más inutil eres, Izuku.

—Oh, gracias —hablo con sarcasmo—. Yo pienso lo mismo de usted, madrastra.

Reika se burló de mi comentario sarcástico:

—Ha, ni siquiera me llames asi. Cómo si quisiera ser tu madre —ella mueve su cabello con arrogancia y voltea a ver su desfile de modas—. Sinceramente, no sé porque tu padrastro se quedó contigo después de todo, solo eres una carga —ella me mira de reojo con desdén—. Hazle un favor a todo el mundo y no te metas en mi camino, ¿entendido? No tengo tiempo para hijastros inútiles.

Y volvió a ignorarme. Pero yo solo paso de largo y me dirijo a la cocina.

—Menos mal no soy tu hijo —digo mientras tomo un poco de jugo de piña—, de lo contrario seria un cabeza hueca —perdóname Erika.

Los ojos de mi madrastra se entrecierran mientras tomo mi jugo, ella siempre que se molesta cruza sus piernas y apoya su mano derecha debajo de su barbilla.

—Cuida tus palabras si sabes lo que te conviene —ella alza ligeramente la voz de manera autoritaria, que en verdad sí llega a funcionar varias veces... mierda se levantó del sofá, carajo ella nunca hizo esto antes—. ¿Te crees muy inteligente con tus comentarios sarcásticos? —odio estar chaparro—. Yo ya me ocupaba de mocosos como tu antes que nacieras.

—¿Tan vieja eres?

Mi comentario me ganó un fuerte jalón de oreja ¿por que las mujeres se ponen esas uñas falsa? Cuando me soltó ella cruzó sus brazos y me lanzo una mirada de superioridad.

Despues ella se me acerca más y su voz baja peligrosamente para decirme:

—No te equivoques, soy yo quien tiene el control aquí ahora que tu padre se ha ido. Harías bien en no ponerme a prueba —ella sostiene la mirada por un momento tenso antes de dar media vuelta y salir de la cocina dando grandes zancadas, haciendo sonar los tacones con fuerza contra las baldosas. Su mensaje fue claro: si vuelves a desafiar su autoridad, habrá consecuencias.

Si bien mi padrastro me heredo muchas cosas, yo no podría disfrutarlas libremente hasta llegar a cierta edad, por eso si quiero hacer uso de algunas de mis herencias tendría que estar presente mi cuidador, que en mi caso es mi madrastra... pero la motocicleta sí puedo usarla cuando quiera, solo debo aprender a conducir.

—Okey —digo mientras terminó mi jugo de piña.

Ella me escuchó y a mitad del camino se detuvo y soltó un “Hmph” lleno de satisfacción al pensar ella que me estaba sometiendo. Con una última mirada gélida, sale de la habitación y el sonido de sus tacones se desvanece en el pasillo.

Pero oigan, hay que ver el vaso medio lleno. Les diré lo que sé de las Kurashikis, comenzando por la mayor... ¡Comienza ficha de personajes!

Reika Kurashiki:

-Edad: 35

-Altura: 175 centímetros

-Peso: 58 kg

-Medidas: 115 - 60 - 96

Erika Kurashiki:

-Edad: 21

-Altura: 173 centímetros

-Peso: 56 kg

-Medidas: 97 - 54 - 95

Reina Kurashiki:

-Edad: La misma que yo

-Altura: 171 centímetros

-Peso: 54 kg

-Medidas: 95 - 57 - 94

Okey, esto yo lo sé pero no por degenerado, literalmente en el baño ellas tienen un cuaderno donde anotan todo esto. Pero lo que sí me sorprendió fue que Reika tuviera a Erika a los 14.

Pero no me puedo quejar mucho de esto, tengo una PC gamer a nivel youtuber super famoso, hay que linda emoción, ahora puedo jugar Helldivers 2... ¡Por la democraciaaa!

-Dos meses después-

Okey, sí, oficialmente nos hemos mudado a una nueva casa más lujosa, que la verdad tiene el estilo que elegiría una mujer que parece casi una mansión.

Tiene dos pisos, lo normal de cada casa pero más lujoso... pero obviamente con una piscina.

Lo rescatable de mi actual vida fuera de lo económico, es que la primavera ya esta acabando y el calor del verano ya esta haciendo de las suyas, haciendo que Reika y Reina usen rompa más cortas, a Erika no la veo mucho debido a que pasa tiempo en la universidad y porque tiene una habitación en su campus.

Aunque... regresando a lo otro, la mayoría de ropa que tiene Reina es ropa apretada y corta. Sí, lo sé, debe ser un paraíso verla... pero siempre trato de ser discreto que lo contrario...

—¡¿Haa?! —ella me lanzó una mirada que le bajaría la autoestima a cualquiera—. Oye, friki virgen, no creas que no me he dado cuenta que me estas mirando —ella me lanzó una risa burlona—. Mira lo que puedas —ella giró en su lugar—, que será la única vez que podrás.

Lo peor de todo es esa situación fue cuando yo me estaba cepillando los dientes y ella entró al baño en ropa interior... ¡lo peor fue que ella terminó por sacarme del baño sin terminar mis necesidades!

Aunque otra vez resaltó lo bueno, y se llama Erika. Ella es todo lo bien que está en el mundo. Cuando llegaron a mi casa ella fue la primera y única en ser amable conmigo

—Si tienes alguna duda con tus tareas, no dudes en decírmelo y te ayudaré.

¡Erika Kurashiki es la mujer perfecta, tiene la belleza de Reika, pero con la personalidad de un ángel! Me encantaría que ella pasara más tiempo en casa, pero pasa mucho tiempo en la universidad... y tiene un novio... que el regio el maldito. Pero yo lo llamo “Granadilla”, porque tiene harta pepa, pero bien baboso.

Con Reika y Reina en mi contra mi vida se hace más complicada. Pero no puedo negar... que me encanta cuando Reina invita a sus dos amigas para una fiesta en la piscina.

También he escuchado a mi madrastra decir que planea contratar una sirvienta pues a ella no se le hace fácil los deberes domésticos... cocina horrible.

Pero la verdad dudo que alguien tenga la voluntad de soportar a mi madrastra con su carácter y con las exigencias ridículas que tiene Reina.

{...}

Mi madrastra toca bruscamente la puerta de mi cuarto.

—¡Deja de masturbarte y baja a cenar!

Cuando estoy bajando las escaleras, escucho unas voces que se alzan: mi madrastra y Reina estaban enzarzadas en una acalorada discusión. Sus palabras se escuchan claramente en el ambiente tenso (ya sueno como narrador de historias).

Dudo un momento en bajar, porque es literalmente lanzarme entre una pelea de gatas. Una parte de mi me decía que volviera a mi habitación... pero mi lado chismoso me susurraba a que me quedara y les contara a ustedes lectores sobre lo que llego a escuchar... creo que la elección es más que obvia.

—¡Por tu culpa mi novio terminó conmigo! —gritaba una Reina llena de rabia—. ¡Siempre tienes que meterte en mi vida, ¿no me puedes dejar en paz?!

Oh, asi que el novio que se parecia a Henry Cavill (Ufff, Henry Cavill, que papucho) terminó con Reina, vaya eso debió golpearle en el orgullo, porque todos sabían que era Reina quien rompía con sus novios.

La expresión de Reika se endurece y combinado con sus brazos cruzados debajo de su trama se vuelve más intimidante (esas sí son miradas que matan).

—Solo hago lo mejor para ti, ese chico no tenia futuro —bramó mi madrastra, con voz autoritaria y total cordura, que asco dan los que estudian filosofía.

—¡Eres una egoísta, siempre has sido así! ¡No puedo creer que seas mi madre! —seguía gritando Reina con rabia—. ¡Para ti ninguno de los chicos con los que son buenos!

—Estas actuando como una niña inmadura, como siempre —la respuesta de mi madrastra impacta en el orgullo, en el carácter y en la madurez de Reina.

Reina sigue atacando a Reika, el dolor y la traición en su voz son palpables. Por su parte, mi madrastra se muestra fría ante el arrebato de Reina, aunque se le nota un destello de irritación en los ojos ante las acusaciones. No hace ningún movimiento para detener o calmar la ira de su hija.

Sí, ese día me tuve que aguantar las ganas de comer, pues Reika terminó yéndose tambien con su bolso en manos... lo bueno es que pude ordenar algo de comida, pues lo que habia preparado Reika parecia... ¿respirar?

{...}

Al día siguiente después de terminar mis practicas de futbol con mi equipo regresé estando todo sudoroso y solo quería darme una ducha y tirarme a la cama.

Mi equipo de futbol no es el mejor, pero gracias a nuestro nuevo entrenador (que yo sospecho que es gay) en verdad sabe lo que hace, además de ser muy bueno dominando el balón, pero si parece más una princesa que un coach y... hay un auto que no conozco en la entrada de mi cochera.

La verdad no le doy importancia, pues solo debe ser el auto de un socio o socia de mi madrastra, esto tiene sentido pues como es verano y la empresa donde mi madrastra es CEO es de trajes de baño y ropa para mujeres delgadas, es normal que se junten para hacer reuniones fuera del trabajo para coordinar la próxima moda.

Ya adentro, subí las escaleras de dos en dos, con la camiseta pegada al cuerpo por el sudor. Apenas entré a mi habitación (todavía me costaba creer que tuviera una tan grande), me quité la camiseta húmeda y la tiré sobre la silla. El calor era insoportable. Me acerqué a la ventana, corrí las cortinas de un tirón para dejar entrar algo de brisa... y me quedé congelado.

Abajo, en el borde de la piscina, caminaba mi madrastra.

Reika llevaba un traje de baño slingshot rojo que prácticamente no existía. Las finas tiras apenas cubrían lo necesario, marcando sus curvas exageradas: esas caderas anchas, la cintura imposiblemente estrecha y ese culo firme y redondo que se movía con cada paso lento y seguro. Sus tetas grandes apenas contenidas por la tela, amenazando con salirse. El cabello suelto, húmedo, cayéndole sobre la espalda. Parecía una diosa salida de una revista prohibida.

Pero no estaba sola. Maldigo en voz baja, pues de seguro que trajo a uno de sus compañeros de trabajo para... no es un hombre.

A unos metros de ella, sentada en una tumbona, había otra mujer. Piel morena profunda, brillante por el bloqueador o el sudor, cabello negro largo y ondulado que caía en cascada sobre sus hombros. Llevaba un slingshot blanco que contrastaba brutalmente contra su tono de piel. La tela desaparecía entre unas nalgas gruesas y perfectas, y el triángulo frontal apenas cubría sus pezones. Era más voluptuosa que Reika en las caderas y muslos, con unas piernas largas, tonificadas y brillantes. Cuando se levantó, vi que era casi de la misma estatura que mi madrastra.

Reika llevaba dos copas con tragos coloridos en las manos. Le pasó una a la mujer morena y ambas brindaron, riendo. La desconocida dijo algo que no alcancé a oír y Reika echó la cabeza hacia atrás, riendo con esa arrogancia suya que tanto odiaba... y que tanto me ponía.

Me quedé ahí, petrificado, con la mano todavía en la cortina. El corazón me latía en la garganta. Sentí cómo se me secaba la boca y, al mismo tiempo, cómo mi pantalón corto de fútbol empezaba a apretar de forma vergonzosa. Ninguna parecia percatarse de mi presencia.

Las dos hablaban, pero no las podia oír... aunque la verdad, oírlas es lo ultimo que quiero ahora. Reika se acercó al borde de la piscina y se estiró con lentitud, arqueando la espalda de forma exagerada. Sus pechos subieron y la tela del slingshot rojo se tensó peligrosamente. La mujer morena la miró sin disimulo, mordiéndose el labio inferior mientras se aplicaba más bloqueador en los muslos.

No me habían visto. Mi habitación estaba lo suficientemente elevada y las ventanas reflejaban un poco la luz.

La mujer de piel morena se acercó con una lentitud felina a Reika por detrás. Sus cuerpos se pegaron sin prisa. La morena era ligeramente más alta, y sus curvas generosas se moldearon contra la espalda de mi madrastra. Vi cómo inclinaba la cabeza y le susurraba algo al oído. No podía escuchar nada desde aquí arriba, pero el gesto fue tan íntimo que se me secó la boca.

Reika inclinó ligeramente la cabeza hacia atrás, con esa sonrisa arrogante y satisfecha que tan bien conocía, y soltó una risa baja y ronca. Sus labios se movieron respondiendo algo, y por un segundo sus ojos se entrecerraron de puro placer.

Entonces las manos de la mujer morena empezaron a moverse.

Deslizó sus palmas por el abdomen plano y tonificado de Reika, subiendo con deliberada lentitud. Los dedos se extendieron, acariciando la piel brillante bajo el sol. Subieron más... y más... hasta que sus manos llenas cubrieron completamente esos grandes pechos que apenas contenía el slingshot rojo. Los apretó con suavidad al principio, luego con más confianza, amasándolos, sintiendo su peso y firmeza. Sus pulgares rozaron los pezones por encima de la fina tela, y vi cómo Reika arqueó la espalda, empujando sus tetas contra esas manos sin ninguna vergüenza.

Joder...

Mi respiración se volvió entrecortada. Sentía el pulso en las sienes y, peor aún, en la entrepierna. Estaba completamente empalmado, mirando cómo una desconocida le manoseaba las tetas a mi madrastra en medio del jardín.

Reika no se quedó atrás. Sus manos fueron hacia atrás y encontraron las nalgas gruesas y brillantes de la mujer morena. Las apretó con fuerza, clavando los dedos en esa carne suave y firme. Tiró de ella más contra su cuerpo, haciendo que sus caderas se rozaran. Los dedos de Reika se hundieron entre esas nalgas perfectas, acariciando y apretando con posesión, mientras la mujer morena seguía masajeando sus pechos y le besaba el cuello expuesto.

Las dos se separaron lentamente del borde de la piscina y caminaron hacia la tumbona más grande. Reika se sentó primero, con las piernas ligeramente abiertas, y la mujer morena se colocó justo detrás de ella, rodeándola con sus brazos y piernas. Sus cuerpos encajaron perfectamente: Reika adelante, la morena pegada a su espalda, sus pechos presionando contra ella.

Primero se dieron un beso corto. Solo un roce de labios... pero fue suficiente. Reika giró un poco la cabeza hacia atrás y sus bocas se encontraron con suavidad, un beso lento y cargado de intimidad. Ver los labios de mi madrastra —esos mismos labios que solo me habían dirigido desprecio— besando con deseo a otra mujer me golpeó fuerte. Sentí un calor intenso subir por mi estómago y mi polla dio un brinco dentro del short. Tragué saliva con dificultad.

Entonces la mujer morena levantó una mano y, con dos dedos, apartó lentamente las finas tiras rojas del slingshot de Reika. La tela se deslizó a los lados sin resistencia.

Y por primera vez en mi vida, vi las tetas desnudas de mi madrastra.

Eran grandes, pesadas y firmes, con una forma perfecta y pezones rosados que ya estaban duros por la excitación y el roce del aire. Brillaban ligeramente por el aceite y el sol. Se movieron con naturalidad cuando Reika respiró hondo, liberadas por completo.

Reika alzó la mirada hacia la mujer morena con una expresión que nunca le había visto: hambrienta, dominante y al mismo tiempo entregada. La mujer sonrió con suficiencia y, sin decir nada, movió sus propios tirantes blancos. Sus enormes tetas morenas quedaron completamente al descubierto. Pesadas, con pezones oscuros y erectos, temblaron ligeramente cuando se movió.

Las dos se miraron a los ojos durante un segundo eterno. Luego acercaron sus rostros.

Sus bocas se encontraron en un beso lento, profundo y cargado de pasión. No era un beso salvaje ni obsceno... era algo peor. Sus labios se movían con deliberada lentitud, saboreándose. Vi claramente cómo sus lenguas se encontraban, se rozaban y se enredaban en un baile húmedo y sensual. Reika levantó una mano y la colocó en la nuca de la morena, atrayéndola más cerca, mientras la otra mano de la desconocida bajaba por el abdomen de mi madrastra, acariciándola con posesión.

Se besaban como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Lengua contra lengua, respiraciones mezcladas, gemidos suaves que no podía escuchar pero que imaginaba perfectamente.

Yo estaba completamente hipnotizado. La verga me dolía de lo dura que estaba. Ver a Reika —mi madrastra fría y dominante— besándose así, con las tetas al aire, mientras otra mujer igual de espectacular la tocaba... era demasiado.

Se pusieron de pie con una naturalidad que solo tenían las mujeres que sabían exactamente lo deseables que eran. El sol de la tarde dibujaba sombras suaves sobre sus cuerpos brillantes por el aceite y el sudor. Esta vez fue Reika quien se colocó detrás.

Mi madrastra se pegó a la espalda de la mujer morena, una mano rodeándole la cintura mientras la otra subía con seguridad hasta su pecho derecho. Los dedos largos y elegantes de Reika se cerraron sobre esa teta grande y pesada, apretándola con posesión, amasándola lentamente. Vi cómo el pezón oscuro se endurecía entre sus dedos. Reika inclinó la cabeza, acercó los labios al oído de la otra mujer y murmuró algo. No pude oír ni una sola palabra desde la ventana, pero la expresión de su cara... esa sonrisa arrogante, casi depredadora, y el movimiento de sus labios me hicieron imaginar perfectamente lo que estaba diciendo:

“Pero qué rica teta...”

La mujer morena soltó una risa baja y cerró los ojos un momento, empujando el pecho contra la mano de Reika, disfrutando claramente del toque.

Entonces Reika bajó la otra mano.

Con un solo movimiento lento y deliberado, enganchó los dedos en lo poco que quedaba del slingshot blanco y lo tiró hacia abajo. La fina tela se deslizó por las caderas anchas, por esos muslos tonificados y firmes, hasta caer a los pies de la mujer.

Y quedó completamente desnuda. Frente a mí.

Su cuerpo caribeño, de piel morena profunda y brillante, se reveló sin nada que lo ocultara. Las caderas amplias, el vientre plano, las nalgas redondas y pesadas... y entre sus piernas, un coño perfectamente depilado, solo un pequeño triángulo de piel suave y limpia que se abría ligeramente con el calor.

Reika no dejó de acariciarle la teta. Al contrario, la apretó con más fuerza mientras la miraba por encima del hombro, como si estuviera evaluando un trofeo.

La mujer morena no necesitó que le digan nada. Con una sonrisa lenta y provocadora se apartó unos pasos, extendió una toalla blanca junto al borde de la piscina y se acostó bocabajo. Giró la cabeza por encima del hombro, mirando directamente a Reika... y empezó a sacudir suavemente las nalgas.

Era un movimiento deliberado, perezoso, casi insolente. Esas nalgas grandes, firmes y brillantes por el aceite se movían de un lado a otro, abriéndose y cerrándose apenas lo suficiente para dejar ver un destello de su coño depilado. El sol de la tarde hacía que la piel morena brillara como si estuviera cubierta de miel.

Reika no dudó ni un segundo.

Agarró el frasco de aceite que estaba sobre la mesa auxiliar, vertió una generosa cantidad sobre sus propias manos y se arrodilló junto a ella. Primero pasó las palmas por esas nalgas perfectas, extendiendo el aceite con caricias circulares y lentas. Luego bajó a los muslos, frotándolos de arriba abajo, subiendo de nuevo hasta volver a apretar con fuerza las nalgas. Sus dedos se hundieron en la carne suave, separándolas un poco, dejando que el aceite se deslizara entre ellas. La mujer morena soltó un suspiro visible y arqueó la espalda, empujando el culo hacia atrás contra las manos de mi madrastra.

Después de unos momentos, la morena se giró de golpe, quedando boca arriba. Su sonrisa era pura travesura. Los pechos grandes y pesados se acomodaron a los lados, los pezones oscuros ya duros. Reika no perdió el tiempo: bajó las manos aceitadas hasta esos pechos y empezó a jugar con ellos. Apretaba, pellizcaba suavemente los pezones entre el índice y el pulgar, dándoles tirones cortos y precisos. La mujer morena cerraba los ojos y mordía el labio inferior, disfrutando claramente del contacto.

Entonces Reika levantó una mano.

Acercó el dedo índice —todavía brillante por el aceite— a los labios de la otra mujer. La morena abrió la boca sin resistirse y lo recibió. Sus labios se cerraron alrededor del dedo de mi madrastra y empezó a lamerlo con lentitud, con la lengua envolviéndolo, chupándolo como si fuera algo mucho más grueso.

Las manos de Reika bajaron.

Ya no se limitaban a los pechos. Empezaron a recorrer todo el cuerpo de la mujer morena con una lentitud deliberada y posesiva. Las palmas aceitadas se deslizaron por el vientre plano, rozando el ombligo, bajando por las caderas anchas, subiendo de nuevo por los costados, acariciando la piel caliente y brillante. Reika exploraba cada curva como si estuviera reclamando ese cuerpo para ella sola. Cuando sus dedos pasaron cerca del coño depilado, la morena abrió un poco más las piernas, ofreciéndose sin vergüenza, pero Reika solo rozó el interior de los muslos y volvió a subir.

Cuando las manos regresaron a esos pechos grandes y pesados, las dos se miraron a los ojos un segundo... y se lanzaron una contra la otra.

Esta vez el beso no fue lento ni delicado.

Sus bocas se chocaron con hambre. Reika inclinó la cabeza y abrió la boca, empujando la lengua dentro de la de la otra mujer. La morena respondió con la misma urgencia, chupando, lamiendo, enredando su lengua con la de mi madrastra de forma húmeda y obscena. Se oían los sonidos de labios y lenguas, aunque yo no pudiera escucharlos desde aquí; solo los imaginaba. Reika apretaba y amasaba esas tetas morenas con fuerza, pellizcando los pezones duros entre los dedos mientras seguía besándola como si quisiera devorarla.

La mujer morena se arqueó, empujando el pecho contra las manos de Reika y abriendo más la boca para dejar que la lengua de mi madrastra entrara más profundo. El beso se volvió sucio, lujurioso, lleno de saliva y respiraciones entrecortadas. Una de las manos de Reika bajó de nuevo, esta vez más abajo, rozando el coño depilado con la yema de los dedos, sin entrar todavía, solo jugueteando con la abertura húmeda. La morena se retorció y soltó un gemido que, aunque no lo oía, vi perfectamente en la forma en que su boca se abrió contra la de Reika.

Yo estaba temblando.

Algo más intenso se estaba cocinando entre ellas. Lo sentía. La forma en que Reika ya no se contenía, la forma en que la morena abría las piernas cada vez más, la forma en que sus cuerpos se frotaban con desesperación.

Por un momento la racionalidad me golpeó como un balde de agua fría.

Esto está mal. Es tu madrastra. Deberías dejar de mirar.

Cerré las cortinas de un tirón, el corazón martilleándome en el pecho. Me quedé ahí, respirando agitado, con la polla dura y el cuerpo temblando. Conté hasta tres... hasta cinco...

Y volví a abrirlas.

Lo primero que vi fue el slingshot rojo de Reika flotando en el agua de la piscina, balanceándose suavemente. Ya no lo llevaba puesto.

Estaba completamente desnuda.

Mi madrastra se había quitado lo último que le quedaba. Cabello rubio suelto y húmedo cayéndole sobre los hombros, piel blanca y brillante bajo el sol, ojos azules que brillaban con deseo. Sus tetas grandes y firmes se movían libres, pezones rosados duros. El abdomen plano y marcado, la cintura imposible de delgada, las caderas anchas y ese culo perfecto, redondo y firme, que no parecía haber pasado por dos embarazos. Parecía una diosa de porcelana... y estaba completamente expuesta.

Junto a ella, la mujer morena también desnuda, ambas acostadas en la toalla al borde de la piscina.

Las dos se habían acomodado de lado, una frente a la otra. Sus piernas se enredaron. Vi cómo empujaban las caderas hacia adelante, acercando sus coños. El de Reika, rosado y limpio, contra el de la morena, más oscuro y brillante de excitación. Se frotaron lentamente al principio, labios contra labios, sintiendo el calor y la humedad de la otra. Luego la presión aumentó. Empezaron a mover las caderas en un vaivén sincrónico, empujando sus coños uno contra el otro con más fuerza, lista para hacer las famosas tijeras.

Reika arqueó la espalda, sus tetas grandes temblando con cada movimiento. La mujer morena soltó un gemido visible y clavó las uñas en el muslo blanco de mi madrastra, empujando más fuerte. Sus coños se frotaban sin vergüenza, húmedos, resbaladizos, abiertos el uno contra el otro bajo el sol de la tarde.

Yo me quedé congelado otra vez.

Las caderas de las dos empezaron a moverse de verdad.

Ya no era un roce suave. Ahora se empujaban con fuerza, coño contra coño, labios hinchados y húmedos frotándose sin piedad. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando llegó hasta mi ventana, claro y obsceno. Reika arqueó la espalda, sus tetas grandes y blancas temblando con cada embestida, mientras la mujer morena clavaba los dedos en el muslo de mi madrastra y empujaba más fuerte, abriendo más las piernas para sentirla mejor.

Los gemidos explotaron y por fin pude oír el nombre de la mujer morena por gemidos de mi madrastra:

—¡Valentina~!

Valentina gimió: un gemido largo, gutural, que se le escapó de la garganta. Luego Reika respondió con uno más bajo, más ronco, casi un gruñido de placer. Ya no se contenían. Cada vez que sus coños se frotaban con fuerza, soltaban sonidos cada vez más altos, más desesperados. Yo podía oírlos perfectamente desde el segundo piso: gemidos agudos, jadeos, el chapoteo húmedo de sus coños resbaladizos chocando una y otra vez.

Las dos cerraron los ojos con fuerza.

Reika apretaba los párpados, la boca abierta, la lengua asomando un poco mientras movía las caderas en círculos y embestidas cortas y precisas. Valentina hacía lo mismo, el rostro contraído de placer, los labios temblando cada vez que el clítoris de Reika rozaba el suyo. Sudor y aceite brillaban en sus cuerpos. El cabello rubio de mi madrastra se pegaba a su piel blanca y húmeda. Las nalgas de ambas se tensaban y se soltaban con cada movimiento.

El ritmo se volvió salvaje.

Se frotaban más rápido, más fuerte, casi con desesperación. Los gemidos se volvieron gritos ahogados. Reika soltó un “¡Ah... joder...!” que llegó claro hasta mí. Valentina respondió con un gemido largo y tembloroso, clavando las uñas en la carne blanca de mi madrastra.

Y entonces llegó.

Las dos se tensaron al mismo tiempo. Reika arqueó la espalda de forma violenta, las tetas subiendo, un grito agudo escapándosele de la garganta. Valentina se estremeció entera, las piernas temblando, un gemido profundo y roto saliendo de su pecho. Sus coños se apretaron uno contra el otro mientras se corrían juntas, el orgasmo recorriéndolas al unísono, los cuerpos sacudiéndose, los gemidos mezclándose en un solo sonido de placer puro.

Por unos segundos se quedaron así, temblando, respirando agitado, todavía pegadas.

Luego abrieron los ojos.

Se miraron. Azules contra ámbar. Una sonrisa lenta y satisfecha apareció en ambas. Mi madrastra inclinó la cabeza hacia adelante y Valentina hizo lo mismo. Sus bocas se encontraron otra vez en un beso profundo, húmedo y lento, todavía jadeando, todavía sintiendo los restos del orgasmo mientras se besaban con los coños todavía juntos.

Luego de un intercambio más de saliva, mi madrastra se paró primero con lentitud deliberada, desenganchó sus piernas de las de Valentina y se sentó un momento en la toalla, todavía jadeando, el pecho subiendo y bajando con fuerza.

Luego se puso de pie con esa elegancia natural que nunca perdía, incluso desnuda.

Valentina se quedó recostada en la toalla, las piernas todavía abiertas, el cuerpo moreno temblando ligeramente por los restos del orgasmo. Reika la miró desde arriba, se pasó una mano por el cabello rubio húmedo y le dijo algo en voz baja. No pude oír las palabras, pero el tono y el movimiento de sus labios fueron claros:

“No te tardes…”

Valentina solo sonrió con pereza y asintió, todavía sin moverse.

Reika caminó unos pasos hasta una silla cercana donde había dejado una bata negra de seda. Se la puso encima del cuerpo desnudo con calma, sin prisas. La tela se deslizó por sus hombros, cayendo sobre sus pechos y su vientre, pero no se la ató del todo. Quedó semiabierta, dejando ver todavía un generoso escote y el interior de sus muslos blancos cada vez que daba un paso. Se ajustó el cinturón de forma laxa y, sin mirar atrás, se dirigió hacia la puerta trasera de la casa.

Me quedé unos segundos más frente a la ventana, respirando agitado, con la polla todavía dura y el cuerpo tenso.

Si ella se entera de que vi todo…

La idea me recorrió la espalda como un escalofrío. Pero también nació otra, más oscura y tentadora. Reika siempre me trataba como basura. Me humillaba, me controlaba, me hacía sentir pequeño. Pero ahora yo sabía algo que ella no quería que nadie supiera. Había visto a mi madrastra completamente desnuda, follándose a otra mujer, corriéndose con los ojos cerrados y el coño empapado. Quizá… solo quizá… podía usar esto. No para chantajearla abiertamente, pero sí para que dejara de ser tan castrante conmigo. Para que me respetara un poco más.

Junté todo el valor que me quedaba.

Aunque la presencia de mi madrastra todavía me intimidaba, aunque su voz autoritaria y su mirada fría seguían pesando en mi pecho, bajé las escaleras. Cada peldaño sonaba demasiado fuerte. El corazón me latía con fuerza. Cuando llegué al primer piso, ella estaba justo en el pasillo que daba al jardín, todavía con la bata negra de seda semiabierta, el cabello rubio húmedo cayéndole sobre los hombros.

Cuando nos vimos sus ojos azules se abrieron de golpe. Por primera vez desde que la conocía, vi nerviosismo real en su rostro. Se tensó, llevó ambas manos al cinturón de la bata y se la ajustó con rapidez, cubriéndose mejor el escote y el cuerpo desnudo que todavía brillaba por el aceite y el sudor.

—¿I-Izuku? —dijo, y el hecho de que usara mi nombre real en lugar de “inútil” o “esquizofrénico” ya era extraño—. ¿Qué haces aquí? Yo… pensé que estabas en tu entrenamiento.

Se acomodó otra vez la bata, tirando de las solapas hacia adentro, como si quisiera esconder hasta el último centímetro de piel.

Tragué saliva. La voz me salió más firme de lo que esperaba.

—Regresé temprano.

Reika me miró fijamente, todavía con esa expresión de sorpresa mal disimulada. El silencio entre nosotros se volvió pesado. Ella sabía que acababa de salir del jardín. Yo sabía lo que había estado haciendo. Y por primera vez… parecía que el control no estaba completamente de su lado.

Ella nota mi mirada y tratando de mostrar que todo seguía normal solo procede a decirme que habia salido a tomar un poco de sol y que si tenemos piscina se debe de usar.

Asentí lentamente. Mi mirada se desvió hacia la gran puerta de cristal que daba al jardín. Allí, todavía recostada en la toalla, completamente desnuda y sin ninguna prisa por cubrirse, estaba la mujer morena.

—Es… solo una amiga —respondió, intentando sonar indiferente.

Me giré hacia ella. La miré directamente a los ojos, dejando que una sonrisa pequeña, casi inocente, se dibujara en mis labios.

—Vaya… qué buena amiga.

El golpe dio en el blanco. Mi madrastra se enderezó de inmediato, como si el comentario la hubiera pinchado. La inseguridad desapareció de su rostro y fue reemplazada por esa frialdad dominante que tanto conocía. No iba a dejarse ver débil. Ni siquiera ahora.

Y yo estaba dispuesto a usar esto a mi favor.

Fin de la nueva versión.

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Great Character

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okey nesecito una explicacion rapida, pq estas haciendo la historia denuevo y le vas a cambiar algo?

18 hours
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no es queja solo duda

18 hours

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