It Was My Idea… <<Vminkook>> by drippy at Inkitt
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it was my idea… <<VMINKOOK>>

Summary

La noche en que una fantasía terminó costándoles a Taehyung un novio, a Jimin un mejor amigo y a Jungkook cualquier posibilidad de volver atrás. —¿VMINKOOK?— Focus Jimin & Jungkook BOYPUSSY X BOYTITS - JIMIN & TAEHYUNG BOTTOM/JEONGGUK TOP - DIRTY TALK - ANGST? ! no recomiendo q se realicen ninguna d las conductas q se mostrarán aquí, se recomienda discreción. estas en todo tu derecho de que no te guste el boypussy asi que si esto no es de tu agrado t puedes retirar, SIN REPORTAR PORQUE HACER ESTO LLEVA MUCHÍSIMO TIEMPO, gracias.!! —CERIII

Genre
Erotica
Author
drippy
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter

Taehyung lo había pensado durante semanas.

No era celoso.

Bueno, sí lo era, pero de una forma distinta. 

Le gustaba ver a Jungkook deseado. Le gustaba saber que otros chicos lo miraban y que él solo tenía ojos para él. Esa sensación de posesión, de saber que aquel cuerpo musculoso, aquella mandíbula cuadrada y aquellos ojos de ciervo asustado le pertenecían solo a él era adictiva.

Pero últimamente su mente se había ido a un lugar más oscuro, más caliente.

Quería verlo con Jimin.

Su mejor amigo, el que siempre estaba ahí, con su sonrisa de zorrita, sus caderas redondas y esa forma de morderse el labio cuando algo le gustaba. 

Taehyung sabía que Jimin era bonito. Sabía que Jungkook lo había mirado más de una vez, aunque nunca lo admitiera.

Y en lugar de odiar eso, le excitaba.





Tres semanas antes.

Habían salido los tres a cenar. 

Jimin llevaba un vestido negro, corto, con un escote que dejaba ver sus clavículas perfectas. 

Jungkook no paraba de mirarlo. 

Taehyung lo veía todo desde su asiento: cómo sus ojos seguían el movimiento de las caderas de Jimin cuando se inclinaba a coger la servilleta, cómo tragaba saliva cuando Jimin se mordía el labio al probar el vino.

—¿Estás bien? —preguntó Jimin, notando la mirada fija de Jungkook.

—Sí —respondió él, con la voz un poco ronca. —Solo pensaba...

—¿En qué?

Jungkook no respondió. 

Pero Taehyung sabía exactamente en qué pensaba. 

Esa noche, cuando llegaron a casa, Taehyung lo montó en la cama y le preguntó: —¿Te gusta Jimin?

Jungkook abrió los ojos, sorprendido.

—Es mi amigo.

—No pregunté eso, pregunté si te gusta.

Hubo un silencio. Jungkook desvió la mirada.

—Es bonito —admitió al fin, en un susurro. —Y tiene algo... no sé, magnético. Pero no lo miraría si tú no estuvieras.

Taehyung sonrió. 

Esa noche, mientras Jungkook dormía a su lado, se quedó despierto, imaginando una imagen que lo quemaba por dentro: Jungkook y Jimin juntos enredados, mientras él veía.

Y en lugar de sentir celos, sintió un calor húmedo entre sus piernas.




Una semana después, Taehyung invitó a Jimin a tomar café. 

Solo ellos dos.

—Tengo que preguntarte algo —dijo Taehyung, jugando con su taza. —Y quiero que seas sincero.

Jimin arqueó una ceja.

—Dime.

—¿Alguna vez has pensado en Jungkook? ¿En tener algo con él?

Jimin soltó una risa nerviosa.

—¿Estás loco? Es tu novio.

—Lo sé, pero no respondiste.

Jimin bajó la mirada. Su silencio fue más elocuente que cualquier palabra.

—Una vez —admitió al fin, en voz baja. —Hace meses en una fiesta, él estaba borracho y me agarró la cintura para que no me cayera. Me sostuvo unos segundos de más. Y sentí algo.

—¿Qué sentiste?

—Calor, curiosidad. Pero se me pasó, porque es tuyo.

Taehyung sonrió, pero no era una sonrisa tranquila. Era una sonrisa peligrosa.

—¿Y si te dijera que quiero verte con él?

Jimin levantó la cabeza, confundido.

—¿Qué?

—Quiero verlo comértelo —susurró Taehyung, inclinándose hacia él. —Quiero ver cómo te penetra, cómo gimes, cómo te deshaces por él. Y quiero mirar.

Jimin se quedó sin aliento. Su corazón latía tan fuerte que podía oírlo en sus oídos.

—¿Estás seguro? —preguntó, con la voz temblorosa. —Porque esto no es un juego, Tae. Si yo me acuesto con Jungkook, no sé si podré verlo igual después.

—Por eso mismo quiero hacerlo —respondió Taehyung. —Para ver si es solo sexo... o hay algo más.

Jimin tragó saliva. 

Sabía que esa conversación cambiaría su amistad para siempre. Pero algo dentro de él le susurró que dijera que sí.

—De acuerdo —dijo, al fin. —Pero con reglas.

—Dime.

—Cuando uno de los tres diga "basta", se acaba. Sin preguntas.

—Hecho.

—Y tú no puedes intervenir, solo mirar.

—Hecho.

—Y si algo sale mal... no me eches la culpa a mí.

Taehyung alargó la mano y apretó la de Jimin.

—No lo haré. Tú solo confía en mí.




Llegó el día.

Jungkook no sabía nada hasta la noche anterior. 

Taehyung se lo había dicho mientras cenaban: —Mañana viene Jimin. Y quiero que te lo folles.

Jungkook casi se atraganta con el agua.

—¿Qué?

—Que quiero verte dentro de él. Quiero ver cómo le abres ese culito que siempre enseña con sus leggings. Quiero verlo gimiendo tu nombre mientras yo miro.

Jungkook se quedó mudo. Su cuerpo reaccionó antes que su mente; sintió una erección instantánea bajo la mesa.

—¿De verdad quieres hacer esto? —preguntó, con la voz ronca.

Taehyung se sentó a horcajadas sobre él y rozó su coño con la verga ya dura de Jungkook.

—Quiero verte comértelo —susurró contra su oreja. —Y sé que tú también quieres. ¿O me vas a decir que no has fantaseado con él?

Jungkook cerró los ojos, lo había hecho. Más de una vez. En la ducha, en la cama cuando Taehyung dormía. 

Se sentía culpable, pero era cierto.

—¿Y si luego te arrepientes? —preguntó Jungkook.

—No lo haré —dijo Taehyung, con una sonrisa peligrosa. —Confío en ti. Y además… —se inclinó y le mordió el lóbulo—, sé que al final siempre vuelves a mí.

Esa noche apenas durmieron. 

Jungkook dio vueltas en la cama, con el cuerpo ardiendo de anticipación. 

Taehyung, en cambio, dormía plácido, como si hubiera firmado un pacto con el diablo y estuviera en paz con ello.

Jimin llegó a las once de la noche, con un vestido corto color vino y el pelo suelto. Olía a flores y a algo dulce, quizá a vainilla o a cereza. Llevaba unos tacones que hacían que sus piernas se vieran interminables.

Cuando abrió la puerta y vio a Jungkook en pantalones de casa, sin camisa, con ese cuerpo marcado que parecía esculpido, no pudo evitar sonreír.

—¿Dónde está mi amigo? —preguntó con falsa inocencia.

—Aquí —respondió Taehyung, apareciendo desde la cocina con tres copas de vino tinto. —Pasa, pasa. Esto va a ser divertido.

Jimin entró y dejó su bolso en el sofá. Sabía a lo que venía, Taehyung se lo había dicho claro por mensaje esa misma tarde: “Quiero que te cojas a mi novio conmigo"

Y a Jimin no le molestó; al contrario, siempre había sentido curiosidad por Jungkook, por ese cuerpo musculoso, por esa mandíbula y esos ojos que parecían taladrar cuando miraban. Sabía que estaba cruzando una línea peligrosa, pero esa línea era precisamente lo que le excitaba.

Se sentaron en el sofá. 

Las copas chocaron. 

La música sonaba bajito, algo sensual de fondo con un ritmo que hacía mover las caderas sin querer.

Taehyung fue el primero en moverse. Se acercó a Jungkook y le dio un beso profundo, con lengua, mientras sus manos bajaban por su pecho hasta llegar a su pantalón. Lo desabrochó con lentitud, disfrutando de cada segundo, mientras Jimin observaba con las piernas cruzadas, mordiéndose el labio.

—Ven aquí —dijo Jungkook, con voz grave, ronca, mirando directamente a Jimin.

Jimin obedeció. Se levantó del sillón, caminó hacia ellos y se arrodilló frente a Jungkook, justo entre sus piernas. Sus ojos se encontraron con los de Taehyung, y este sonrió, satisfecho. Esto era lo que quería.

Jungkook bajó el cierre del vestido de Jimin y lo dejó caer hasta sus caderas. El rubio no llevaba sujetador; sus tetas eran pequeñas pero perfectas, con pezones duros que gritaban por ser chupados. 

Jungkook admiró el paisaje unos segundos antes de bajar la cabeza y tomar uno entre sus labios.

—Qué bonitas —murmuró contra su piel.

Jimin gimió suavemente, arqueando la espalda. Sentía la lengua caliente de Jungkook recorriendo su pezón, mordisqueándolo, chupándolo con fuerza, alternando entre suavidad y presión. Sus dedos se enredaron en el cabello negro de Jungkook mientras este seguía explorando su torso con besos húmedos que dejaban rastros brillantes.

Mientras tanto, Taehyung se había quitado la ropa y estaba recostado en el sofá, con los dedos jugueteando su propio coño, mirando la escena que él mismo había dirigido.

—Sigue —ordenó Taehyung. —Quiero ver más.

Jungkook soltó el pezón de Jimin y bajó sus labios por su estómago, dejando un rastro de besos y pequeños mordiscos que hacían temblar el cuerpo de Jimin. Sus manos le bajaron el vestido por completo. Jimin quedó en braguitas negras, transparentes, que apenas cubrían su coño, con un pequeño lazo en la cadera que Jungkook desató con los dientes.

Jungkook metió dos dedos por el borde de la tela y sintió el calor húmedo que emanaba de entre las piernas de Jimin.

—Estás mojado —dijo Jungkook, con una sonrisa pícara, los dedos ya resbalando sobre la entrada.

—Es culpa tuya —respondió Jimin, jadeando, con la voz entrecortada.

Jungkook no esperó más. Le quitó las braguitas de un tirón y separó sus piernas con las rodillas. Jimin cayó de espaldas sobre la alfombra, con las piernas abiertas, mostrando todo. Su coño estaba rosado, brillante y con los labios hinchados, el clítoris ya asomando, ansioso por ser tocado.

Jungkook se inclinó y metió la lengua entre los jugosos labios vaginales.

Jimin gritó. No esperaba que fuera tan directo. La lengua de Jungkook era gruesa, caliente y se movía rápido, dibujando círculos alrededor de su clítoris, chupando, mordiendo suavemente la piel sensible. Jimin agarró su cabeza con ambas manos y apretó sus muslos contra sus orejas, encerrándolo entre sus piernas.

—Así, así —gemía Jimin, con la voz rota, casi llorando de placer. —No pares, por favor no pares.

Jungkook se volvió más insistente. Su lengua entró dentro de Jimin, empujando, explorando, saboreándolo como si fuera la última cena. Sus dedos se unieron, introduciéndose lentamente mientras su boca seguía succionando el clítoris.

Jimin ya no podía articular palabras, solo sonidos agudos, ahogados, que llenaban toda la sala.

Taehyung veía todo desde el sofá. Sus dedos se movían más rápido en su coño, pero su sonrisa empezó a torcerse ligeramente. 

Jun­gkook estaba demasiado entregado. 

Demasiado entusiasmado. 

La forma en que su lengua se movía dentro de Jimin, la manera en que sus dedos se curvaban buscando ese punto exacto, la devoción con la que chupaba cada gota de humedad. Taehyung nunca lo había visto así. Ni siquiera con él.

—Basta —dijo Taehyung, con voz cortante.

Los dos se detuvieron por un segundo. Jimin giró la cabeza, confundido, con el pecho subiendo y bajando rápidamente. 

Jungkook también paró en seco, aunque su lengua seguía pegada a la piel de Jimin, como si no quisiera soltarla.

—¿Qué pasa? —preguntó Jungkook, levantando la cabeza, los labios brillantes y la barbilla mojada.

—Nada —respondió Taehyung, forzando una sonrisa. —Solo quería cambiar el ritmo. Ahora tú, Jimin, siéntate en su cara.

Jimin obedeció sin dudar. Se levantó y se puso a horcajadas sobre el rostro de Jungkook, bajando su coño directamente sobre su boca. Jungkook no necesitó instrucciones; empezó a lamer de nuevo, pero ahora con más desesperación, como si hubiera estado a punto de perder un premio y estuviera recuperando el tiempo perdido.

Jimin se movía sobre su boca, frotando su coño contra la lengua de Jungkook, gimiendo sin control. Sus manos se aferraban al respaldo del sofá mientras sus caderas trazaban círculos sobre el rostro de Jungkook.

Y Taehyung vio cómo los ojos de Jungkook se cerraban de placer, cómo sus manos agarraban el trasero de Jimin con fuerza, apretando la carne, separando las nalgas para tener mejor acceso.

—Ahora tú, Jungkook —dijo Taehyung, con una voz que ya no sonaba como la de un director, sino como la de alguien que está perdiendo el control. —Follalo por detrás.

Jungkook se levantó, dejando a Jimin jadeando, y se bajó los pantalones. Su polla era grande, gruesa, con venas marcadas y la punta roja, goteando un poco de líquido preseminal. 

Jimin abrió los ojos con sorpresa al verla.

—¿Va a caber? —preguntó con una risa nerviosa, aunque había un destello de lujuria en sus ojos.

—Vas a ver —respondió él, colocándose detrás.

Jimin se puso en cuatro patas sobre la alfombra, arqueando la espalda de manera que su culo quedó bien alto, abierto, ofrecido. Jungkook pasó su mano por la curva de su espalda, admirando la vista, antes de escupir sobre su mano y untar su propia polla.

—Prepárate —dijo Jungkook.

Puso la punta en el agujerito de Jimin y empujó.

—Agh —Jimin apretó los dientes, arrugando la alfombra con los dedos. —Está muy grande…

—Respira —dijo él, y empujó un poco más.

El primer centímetro fue difícil. El segundo también. Pero Jimin se obligó a relajar el ano, a abrirse, a recibirlo, y de repente la cabeza de la polla de Jungkook entró con un chasquido húmedo.

—¡Joder! —gritó Jimin con una mezcla de dolor y placer.

Jungkook se quedó quieto unos segundos, dejando que se acostumbrara, sintiendo cómo las paredes internas de Jimin se contraían y se relajaban alternativamente. 

Luego empezó a moverse. Primero lento, frotando su polla contra las paredes apretadas del culo de Jimin, sintiendo cada pliegue, cada contracción. Luego más rápido, más fuerte.

—Te gusta, ¿verdad? —preguntó Jungkook con una voz ronca, casi salvaje. —Te gusta sentirme ahí dentro.

—Sí —gimió Jimin, con la cara contra la alfombra, la boca abierta, los ojos entrecerrados. —Sí, dame más.

Jungkook agarró sus caderas con fuerza y empezó a embestir sin piedad. Sus golpes eran rudos, profundos, haciendo que el cuerpo de Jimin se moviera hacia adelante y hacia atrás como una muñeca de trapo. 

El sonido de las embestidas llenaba la sala, mezclado con los gemidos de Jimin, que ya no podía articular palabras.

—Así, así, así —gritaba Jimin, con la voz entrecortada. —Más duro, más duro, quiero sentirlo hasta mañana...

Y Jungkook se lo daba. Cada embestida era más profunda que la anterior, cada golpe hacía que las nalgas de Jimin temblaran. 

Jungkook se inclinó sobre él, pegando su pecho a su espalda, y le mordió el cuello con fuerza, dejando una marca roja que seguramente duraría días.

—Eres más suave que él —susurró Jungkook en la oreja de Jimin, sin pensar, sin filtrar, solo dejando salir lo que su mente caliente le dictaba.

—¿Mejor? —preguntó Jimin, girando la cabeza para verlo.

Jungkook no dijo que no.

Taehyung, desde el sofá, había dejado de tocarse. Sus dedos estaban quietos entre sus piernas y su mirada se había vuelto fría, vidriosa, perdida.

Algo no le gustaba.

No era que Jungkook se estuviera follando a Jimin. Eso él lo había querido. 

Había planeado cada detalle, había imaginado esa imagen cientos de veces en su cabeza, se había corrido pensando en ella.

Era cómo lo hacía.

Jungkook se movía con una voracidad que nunca había mostrado con él. Sus embestidas eran más profundas, sus manos más posesivas, sus gemidos más salvajes. Y sus ojos... sus ojos estaban perdidos en el cuerpo de Jimin, como si el rubio fuera un océano en el que quisiera ahogarse.

Taehyung nunca le había visto así, ni en sus mejores noches, ni cuando estaban solos, ni cuando él se esforzaba por ser perfecto. 

Jungkook nunca lo había mirado con esa hambre, con esa devoción casi animal.

—Oye —dijo Taehyung con voz cortante, y los dos se detuvieron por un segundo.

Jimin giró la cabeza, confundido. 

Jungkook también se paró en seco, aunque su polla seguía dentro de él, palpitando, caliente, como si su cuerpo no quisiera soltarlo.

—Tae… —balbuceó Jungkook, sudor cayendo por su frente, sus ojos todavía nublados de deseo.

—¿Te gusta mucho darle? —preguntó Taehyung, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —Dime. ¿Te gusta más su culo que el mío?

Jungkook parpadeó, como si acabara de despertar de un sueño.

—Taehyung, esto fue idea tuya…

—Lo sé. Pero no te pedí que te enamoraras de su culo, solo que te lo follaras. —La voz de Taehyung se quebró en la última palabra. —Te pedí que lo usaras, no que lo adoraras.

Jimin se sintió incómodo. Quería que Jungkook siguiera, quería sentir esas embestidas de nuevo, pero la tensión en el ambiente era demasiado densa. El coño de Jimin seguía mojado, su culo aún palpitaba vacío, pero el momento se había roto como un espejo.

—Chicos, podemos parar si… —empezó a decir Jimin, incorporándose un poco.

Jungkook lo interrumpió, agarró las caderas de Jimin con más fuerza y volvió a empujar su polla dentro de él.

—No pares —dijo Jungkook, con voz grave y autoritaria, clavándole una embestida que hizo gritar a Jimin. —Tú sigue.

Y empezó a embestir de nuevo, más duro, más rápido, con desesperación, como si el sexo fuera una forma de no enfrentar lo que acababa de pasar.

Jimin no pudo evitarlo. Su cuerpo se dejó llevar otra vez, traicionando su conciencia. Sus gemidos se hicieron más agudos, más desesperados. 

Jungkook lo agarró del cabello y lo levantó un poco, para que Taehyung viera claramente la cara de Jimin: la boca abierta, los ojos llorosos de placer, las mejillas sonrojadas.

—Mira, Tae —dijo Jungkook, con la voz entrecortada por el esfuerzo. —Míralo. Esto es lo que querías, ¿no? Pues míralo.

Taehyung apretó los puños, sus uñas se clavaron en las palmas de sus manos.

Jimin, sintiendo que Jungkook estaba cerca, giró la cabeza hacia él.

—Quiero que te vengas —dijo Jimin, con la voz temblorosa y rota. —Quiero que te vengas en mi boca.

Jungkook sacó su polla del culo de Jimin con un chasquido húmedo. El agujero quedó abierto, rojo, brillante de lubricante y saliva, palpitando vacío. Pero Jungkook no miró; en cambio, se puso de rodillas frente a Jimin, agarró su cabeza con ambas manos y metió su polla entre sus labios.

Jimin chupó con desesperación, movía su cabeza hacia adelante y hacia atrás, llevándose toda la polla hasta el fondo, casi hasta atragantarse. 

Jungkook metió los dedos en su cabello y lo empujó contra él, controlando el ritmo.

—Así —gruñó Jungkook, con los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás. —Así, así, así…

Y en tres embestidas más, Jungkook se corrió.

Su semen llenó la boca de Jimin con un chorro caliente y espeso. Jimin no se lo tragó al instante; lo mantuvo en la boca, con los labios cerrados, saboreándolo, sintiendo la textura en su lengua. Luego abrió la boca para mostrarlo, la leche blanca resbalando por sus labios y barbilla como un trofeo.

Jungkook jadeaba, con el pecho subiendo y bajando, el sudor resbalando por su abdomen marcado.

Y entonces pasó.

Taehyung se puso de pie, con movimientos lentos, casi mecánicos, agarró su vestido del sofá y empezó a vestirse sin mirar a nadie.

—¿Tae? —preguntó Jungkook, todavía sin aliento, la polla aún medio erecta y brillante.

—No, no me hables —dijo Taehyung con la voz rota, pero sin lágrimas.

Jimin se limpió la boca con el dorso de la mano y se levantó, tapándose el torso con la chaqueta que encontró en el respaldo.

—Tae, espera —dijo Jungkook, dando un paso hacia él. —Fue solo un juego, tú lo pediste…

Taehyung se giró y sus ojos estaban llorosos, pero no lloraba de tristeza. Lloraba de rabia, de humillación, de un dolor que no sabía cómo nombrar.

—Pedí que te lo follaras —dijo, apuntando a Jungkook con el dedo, el brazo tembloroso. —No que lo miraras como si fuera el único en el mundo. No que te perdieras en su culo como si el mío no existiera. No que le dijeras que es mejor que yo.

Jungkook se quedó callado, sabía que tenía razón. No podía negarlo. Había dicho eso. Lo había pensado en el momento, y ahora la verdad le ardía en la garganta.

—Te he visto correrte dentro de él y no has mirado ni una vez hacia mí —continuó Taehyung, su voz subiendo de tono, quebrándose en cada palabra. —Te he visto gemir como nunca gemiste conmigo. Te he visto perder la cabeza por él. ¡Y yo estaba ahí! ¡Yo estaba mirando!

—Tae, yo no quise…

—¡No me digas que no quisiste! —gritó Taehyung, y esta vez las lágrimas sí cayeron, rodando por sus mejillas como ríos de fuego. —¡Tú querías! ¡Y yo te lo di! ¡Te di todo! ¡Te di permiso para follarte a mi mejor amigo, y lo que hiciste fue mostrarme que nunca he sido suficiente para ti!

Jimin dio un paso adelante, con la mano extendida: —Tae, cálmate, podemos hablarlo…

—¡Cállate! —le gritó Taehyung, girándose hacia él con una furia que Jimin nunca había visto. —¡Tú también lo querías! ¡No me vengas con culpas ahora! Tú sabías que esto iba a pasar, sabías que él te deseaba y aun así viniste. ¡Vestido como una puta, oliendo a flores, moviendo el culo para que él te mirara!

Jimin se quedó helado, las palabras le dolieron más de lo que esperaba. 

Porque eran ciertas, él había ido sabiendo, había disfrutado cada segundo, se había sentido deseado, poderoso. Y ahora, al ver la cara destrozada de su mejor amigo, se dio cuenta de que había cruzado una línea.

Taehyung se puso los zapatos, sus manos temblaban tanto que casi no podía atarlos.

—Se acabó —dijo, con la voz más baja, pero más fría que nunca. —Se acabó entre nosotros. Ustedes dos pueden quedarse con su noche. Yo me voy.

—Taehyung, por favor —rogó Jungkook, agarrando su muñeca. —No hagas esto. Te quiero a ti, solo a ti. Esto fue un error, lo siento, no volverá a pasar…

Taehyung lo miró a los ojos; y por un segundo Jungkook creyó ver un destello de amor en ellos. Pero Taehyung se soltó con violencia.

—¿Sabes qué es lo peor? —susurró. —Que incluso ahora, mientras me dices que me quieres, tu polla sigue medio dura por él. Puedo verlo, ni siquiera puedes controlar tu cuerpo mientras me suplicas.

Jungkook bajó la mirada y vio que era cierto, su cuerpo lo traicionaba. 

Y ese silencio fue la peor respuesta de todas.

Taehyung negó con la cabeza y abrió la puerta: —Se acabó —repitió.

Salió por la puerta y la cerró con un portazo que hizo vibrar las paredes.

Jungkook y Jimin se quedaron en silencio, desnudos, con el olor a sexo impregnado en la habitación, los condones usados en el suelo, las copas de vino derramadas sobre la mesa.

Jungkook pasó su mano por su cara, frustrado, y se dejó caer en el sofá.

—La cagué —murmuró, con la voz hundida.

Jimin se sentó en el otro extremo y se cubrió con una manta. Su cuerpo aún temblaba, pero ya no era de placer.

—Sí, la cagaste —dijo. —Y yo también.

Nadie volvió a hablar esa noche.

Jungkook se fue al cuarto, se encerró y no salió. 

Jimin se quedó en el sofá, con el sabor a semen en la boca y el peso de haber perdido a su mejor amigo. No podía dormir. 

Cada vez que cerraba los ojos, veía la cara de Taehyung, su furia, sus lágrimas. Y también sentía las manos de Jungkook en su piel, la forma en que lo había poseído, la forma en que había dicho que era mejor.

Y esa última parte, esa era la peor.

Porque una parte de él, la más oscura, la más egoísta, había disfrutado oírlo.




UNA SEMANA DESPUÉS. 

Taehyung estaba solo en su apartamento.

Había borrado todas las fotos de Jungkook de su teléfono, había bloqueado su número, había llorado hasta que sus ojos se hincharon y su garganta ardió.

Pero no había borrado el video.

Esa noche, mientras ellos estaban en la alfombra, Taehyung había grabado unos segundos, sin que nadie lo viera. Un clip de Jungkook embistiendo a Jimin, de sus caras de placer, de la forma en que se perdían el uno en el otro.

Nunca lo vería nadie. Era su secreto, su forma de tener control sobre algo que se le había escapado de las manos.

—Eres un monstruo —se dijo a sí mismo en el espejo.

Pero no se sintió mal, se sintió vacío.

Sonó su teléfono. Era un mensaje de Jimin.

Jimin: “Tae, no puedo dormir. Sigo sintiendo sus manos; y no sé si extraño a Jungkook o si te extraño a ti. Por favor, respóndeme. Lo siento, lo siento tanto."

Taehyung leyó el mensaje tres veces, sus dedos temblaron sobre el teclado. 

Quería responder, quería gritarle, quería abrazarlo y querer matarlo al mismo tiempo.

En lugar de eso, abrió la conversación con Jungkook.

La última foto que había subido era de hace dos días. Jungkook estaba en un bar, con una chica rubia pegada a su costado, sonriendo como si nada hubiera pasado.

Como si Taehyung nunca hubiera existido.

Taehyung soltó una risa amarga y cerró el teléfono.

Luego, con movimientos lentos abrió su galería, encontró el video y lo guardó en una carpeta cifrada. 

Nunca lo vería nadie. 

Pero él sabía que estaba ahí. 

Su pequeño trofeo de la noche en que perdió a su novio y a su mejor amigo.

Su pequeño trofeo de la noche en que él mismo lo destruyó todo.

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