Chapter 1: El accidente.
Jungkook odiaba que las cosas no salieran como él las planeaba.
No era que fuera un amargado, pero le gustaba el orden y que su espacio fuera suyo, que sus horarios se respetaran y que nadie invadiera su territorio sin pedir permiso. Por eso, cuando le preguntaban quién era su único amigo en todo el campus, respondía sin dudar que era Kim Seokjin, el único que había logrado sobrellevar su adicción con él orden.
Ni siquiera eso había sido elección suya, sino pura casualidad por ser compañeros de cuarto desde el primer año. Y desde el día uno, la habitación se mantuvo como a él le gustaba; ordenada. Sus cosas estaban a la izquierda y las de Seokjin, bastante más desordenadas, estaban a la derecha.
Era como una frontera invisible dividida por una cama vacía en el medio.
Esa tarde, Jungkook estaba sentado en su escritorio con los audífonos puestos, mientras editaba un video para su clase de producción audiovisual. La pantalla iluminaba su cara mientras el pelinegro cortaba tomas y ajustaba los colores una y otra vez para que quedara perfecto. Solía ser el mejor de su clase y así pensaba mantenerse hasta graduarse.
De repente, un estruendo sacudió todo el lugar.
Jungkook sintió como las paredes temblaron ligeramente, como si alguien hubiera golpeado fuerte la puerta, el suelo vibró y las patas del escritorio se movieron apenas unos centímetros. El pelinegro frunció el ceño, dejando los audífonos alrededor de su cuello y observó como el vaso de agua a un lado de su computadora aún se sacudía.
Se puso de pie mirando a su alrededor confundido y rápidamente un olor fuerte a quemado invadió sus fosas nasales. Fue hasta la ventana con pasos lentos y dudosos y se asomó apenas un poco para ver qué pasaba con todo ese bullicio. Desde el cuarto piso, donde quedaba su dormitorio, se veía claramente el ala este del edificio. Había humo negro saliendo de una de las ventanas del segundo piso y las luces rojas y azules de los bomberos parpadeaban abajo mientras estos intentaban extender más la manguera de agua.
Las voces de algunos estudiantes se escuchaban lejanas y había gente corriendo con cosas en las manos, lejos del edificio.
—Qué mierda… —murmuró y no pasó ni un minuto cuando la puerta se abrió de golpe.
—¡Jungkook! ¿Sentiste eso? —Seokjin entró casi sin aliento, con el cabello revuelto y los ojos bien abiertos—. Dicen que fue un incendio eléctrico. Algo con el sistema viejo del edificio —explicó, tratando de recuperar el aliento—. Hubo una explosión en el tablero principal y se sintió hasta en la biblioteca.
—¿Hay heridos? —cuestionó el pelinegro que seguía de pie junto a la ventana, mirando el humo.
—Parece que no —suspiró el mayor de cabellos castaños—. Pero evacuaron todo el ala este y están diciendo que los daños son graves… se tardarán semanas, tal vez meses para arreglarlo.
Seokjin se dejó caer sobre su cama todavía con el bolso puesta y dejó escapar un resoplido largo antes de mirar a Jungkook como si aún tuviera algo que decirle, pero sin saber cómo empezar.
—¿Y? —preguntó el menor de los dos, volteandose para mirarlo expectante.
—Y… que van a redistribuir a los estudiantes afectados —dijo en tono bajo, casi como un susurró—. Nuestro dormitorio es de los más grandes del ala oeste…
Jungkook sintió cómo su estómago se apretaba y rápidamente negó.
—No.
—Kook…—intentó decir Jin, pero el pelinegro lo interrumpió.
—No, ni de broma, hyung. Diles que no hay espacio —Jin suspiró y se incorporó sobre el colchón, por fin quitándose la mochila.
—Ya hablaron con el encargado del piso —confesó—. Nos toca uno más y llega esta misma noche o mañana temprano.
Jungkook se quedó callado unos segundos mientras su mente ya estaba calculando cómo reorganizar la habitación; desde cómo dividir los estantes, hasta cómo separar los productos del baño. Pero sobre todo, pensaba en lo peor que le podía pasar en la vida y es que, tenía que volver a compartir lugar con otro desconocido.
—¿Sabes quién es? —preguntó finalmente, con voz baja y Jin dudó un poco mientras ladeaba la cabeza, como si pensara en si debía decirlo o no— ¿Hyung? —insistió el pelinegro.
—Park Jimin —dijo resignado y Jungkook parpadeó completamente perplejo.
—¿Park Jimin? ¿El mismo Park Jimin que…?
—El campeón de boxeo —completó Jin, haciendo una mueca—. El que ganó el nacional el año pasado. El de Ciencias del Deporte y Salud. Ese Jimin. —reafirmó y Jungkook soltó una risa seca, sin gracia.
—Genial —musitó con sarcasmo, volviendo a su lugar en la silla frente a su escritorio—. Un deportista. Justo lo que necesitaba.
Podía imaginárselo perfectamente. Todo musculoso, seguro de sí mismo, probablemente desordenado, de esos que dejan las cosas tiradas por todos lados y que creen que el mundo les pertenece solo porque son buenos haciendo cardio y ganando masa muscular y un par de medallas.
—No quiero esto —volvió a decir, casi como un reproche—. No quiero a nadie más aquí. Mucho menos a alguien como él.
Seokjin se levantó de la cama y se acercó a él con pasos lentos, poniéndole una mano en el hombro.
—No seas tan dramático. Tal vez no sea tan malo —trató de consolarlo, pues sabía lo difícil que era para su compañero conocer gente nueva—. Dicen que es simpático.
—Simpático —repitió Jungkook con burla—. Sí, claro. Porque todos los deportistas agresivos son conocidos por ser tranquilos y respetuosos del espacio ajeno —volvió a decir con sarcasmo y Seokjin río por lo bajo.
—Solo dale una oportunidad —insistió el mayor—. Si es insoportable, nos quejamos y pedimos cambio. Pero por ahora… no hay mucho que hacer. El incendio fue grave y varios pisos están inhabitables.
Jungkook se quedó mirando como las luces de las sirenas de los bomberos se seguían reflejando en la pared de la habitación. En su cabeza se repetía la misma idea una y otra vez; que a pesar de lo que pueda pasar, ese era su espacio, su rutina y su paz.
Y ahora todo eso iba a ser invadido por Park Jimin.
No lo conocía personalmente, pero había visto suficiente de él en el campus de la universidad. Lo había visto caminar hacia su facultad rodeado de amigos como si fuera el dueño de todo, con esa forma de moverse tan segura y al mismo tiempo suave, con la mandíbula marcada, los brazos fuertes y esa sonrisa que parecía demasiado perfecta y amigable.
El tipo de persona que Jungkook evitaba a toda costa. Demasiado ruidoso y demasiado popular.
—¿A qué hora llega? —preguntó sin girarse a ver a su compañero.
—Le dijeron al encargado que vendría entre las ocho y las nueve. Traerá sus cosas y ya —aseguró y Jungkook miró el reloj.
Eran casi las siete y media, tenía menos de hora y media para mentalizarse de que su vida tranquila de dos se convertiría en tres. Y una de esas tres, era nada más y nada menos que el boxeador más famoso del campus y del país.
—Esto va a ser un desastre —gruñó antes de hundir su cabeza en el escritorio—. Lo presiento.
Jin sonrió con algo de lástima y diversión al mismo tiempo que volvía hacia su cama para sentarse.
—O tal vez no ¿Quién sabe? —se encogió de hombros y el pelinegro volvió a mirarlo—. A veces las cosas que más odiamos al principio terminan siendo…
—No lo digas —lo cortó Jungkook, levantando una mano y Seokjin volvió a reír.
—Está bien, está bien —suspiró, se colocó de pie para quitarse el suéter y caminó hacia la puerta como si nada—. Voy a bajar a ver si necesitan ayuda con algo ¿Quieres venir?
—No, prefiero quedarme aquí.
Cuando Seokjin salió de la habitación, Jungkook dejó caer su cabeza nuevamente en su escritorio. Ya no tenía ganas de seguir editando su tarea, así que abrió el navegador y, casi sin querer, escribió en el buscador: “Park Jimin, boxeo”.
Inmediatamente aparecieron fotos y noticias de Jimin levantando un trofeo, Jimin mordiendo una medalla de oro con la ceja ensangrentada y Jimin sudoroso con los guantes alrededor del cuello. Siempre estaba sonriente en las fotos y en las entrevistas aunque hubiese perdido, por lo que el pelinegro no pudo evitar pensar en lo falso que era .
Cerró la computadora con fastidio y se recargó en el espaldar de la silla.
—No me caes bien —murmuró hacia la laptop—. Y no pienso hacer esto fácil para ti.
Se levantó decidido y empezó a mover algunas de sus cosas más hacia el centro de la habitación, marcando territorio como si fuera un niño. Porque si Park Jimin iba a entrar en su zona de confort sin previo aviso, al menos lo haría sabiendo que ese espacio era de él y que era cero tolerante con la invasión.
Cuando al fin, abarcó más espacio del que tenía antes, se sentó en el borde de su cama, mirando la tercera cama vacía y con sábanas limpias en el medio. Respiró hondo y cerró los ojos.
—Bienvenido al infierno, Park Jimin —susurró.





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ya estoy aqui, vengo desde Wattpad para volver a leerme este belleza 😏