Capítulo 1

La casa llena y el corazón vacío
Alora siempre había sido un misterio para quienes la conocían, una mezcla entre ángel bondadoso y huracán con tacones. Con apenas 23 años, era el tipo de mujer que, a simple vista, parecía tenerlo todo; con su cabello castaño que siempre brillaba como si un rayo de sol la persiguiera, y unos ojos de un verde intenso que parecían reflejar la calma de un bosque en primavera, una sonrisa tan dulce que podría disolver cualquier berrinche infantil, y una inteligencia afilada que había hecho que su tío la colocara al frente de importantes proyectos en su empresa de marketing. No era difícil imaginar que el mundo a sus pies siempre había sido color de rosa. . O al menos eso pensaba la gente. Pero, como suele suceder, la belleza exterior no siempre refleja la complejidad de lo que hay en el interior.
Desde niña, Alora había aprendido a contener sus emociones, a construir murallas invisibles que protegieran su vulnerabilidad del mundo. Su padre, un hombre severo y de reglas inquebrantables, la había educado bajo un estricto código de fortaleza emocional, como si llorar o mostrar debilidad fueran lujos que no podían permitirse. La pérdida de su madre, cuando aún era una niña, marcó una línea irreversible entre ellos; mientras su padre endurecía aún más su carácter, Alora se refugió en el silencio, viendo el mundo con ojos diferentes, más solitarios y cautelosos. Sin embargo, aquella fortaleza cuidadosamente construida comenzó a resquebrajarse el día que, a los 16 años, recibió la noticia que cambiaría su vida para siempre.
No podría tener hijos propios.
El golpe fue brutal, como si el destino le arrancara un sueño que aún no había tenido tiempo de formar del todo. Desde entonces, su mundo, que para muchos parecía perfecto y privilegiado, estuvo constantemente bajo la sombra de esa pérdida. Una nube oscura que flotaba sobre ella, recordándole que incluso los corazones más fuertes y las vidas más envidiables no eran inmunes al dolor más profundo.
Pero en su corazón, algo seguía latiendo con fuerza; su instinto de maternidad. Esa necesidad de cuidar, de proteger, de dar amor. Por eso, a pesar de tener una vida llena de éxitos, encontró la manera de ser voluntaria en un orfanato el cual fue una especie de refugio. Ayudar a aquellos niños que la vida había despojado de lo esencial “un hogar lleno de cariño, la seguridad de unos brazos cálidos” le otorgaba un propósito que ni el lujo ni los halagos de otros podían igualar. Aunque sabía que nunca podría tener hijos propios, se aferraba a la esperanza de que su amor, desbordante y genuino, pudiera sanar las heridas invisibles de esos pequeños corazones. Quizá, en el fondo, también intentaba llenar los vacíos que la familia Dagger y Edevane había dejado en su propia alma, un legado de ausencias que ella estaba decidida a romper.
Aquella tarde, el gran salón de su casa se había transformado en un pequeño caos encantador, típico de un día en el que los niños llenaban su hogar con risas y desorden. El sol de la tarde se colaba por los ventanales, dibujando destellos dorados sobre el suelo mientras una pequeña de cabello rubio y rizado, que parecía una muñeca de porcelana animada, insistía en lanzar pelotitas de colores al gato del vecino. El felino, fiel a su naturaleza indiferente, observaba el espectáculo con la altivez de quien se sabe dueño del lugar, ignorando por completo los intentos de atención de la niña.
Desde el sofá, Alora contemplaba la escena con una sonrisa serena, como si esos momentos desordenados fueran pequeñas islas de paz en su vida. La alegría despreocupada de los niños tenía un efecto calmante sobre ella, llenándola de una calidez que siempre buscaba capturar. Perdida en sus pensamientos, casi no notó la pequeña mano que de repente se levantó frente a su rostro, sacándola de su ensimismamiento.
- ¡Tía Alora! ¡Tía Alora! -la vocecita de Thomás, un niño travieso de apenas seis años, rompió la calma.
- ¿Sí, Thomás? -respondió Alora, inclinándose hacia él mientras se le escapaba una sonrisa divertida-. ¿Qué pasa? ¿Se quedaron sin ideas para molestar al gato?
- ¡No! ¡Es que quiero hacer una torre gigante con las almohadas! -gritó, saltando de un lado a otro-. ¡Ayúdame!
Alora, levantándose con agilidad, lo miró con una expresión juguetona.
- Claro, pero me vas a tener que prometer que después no vas a intentar usarla como cama improvisada, como la última vez. ¿Recuerdas lo que pasó con los cojines, Thomás?
Él la miró con una mirada llena de inocencia fingida y se rio a carcajadas.
- ¡Prometido! -dijo él, dándole la mano como si fuera un contrato formal.
Con risas cómplices, ambos comenzaron a construir una torre improvisada con las almohadas del salón, sus manos pequeñas y torpes tratando de equilibrar lo imposible. Mientras tanto, la niña de cabello rubio y rizado, agotada después de su infructuosa misión de molestar al gato, dormía plácidamente en el sofá, su respiración suave marcando el ritmo de una inocencia que parecía eterna. Alora, absorta en la tarea, apenas se dio cuenta de cómo el tiempo se deslizaba entre risas y gritos de alegría. Había algo mágico en ese caos infantil, una energía que la llenaba de vida.
En esos momentos, rodeada de aquellos pequeños que dependían de ella, Alora sentía que su vacío se desvanecía, como si su alma se llenara de luz por unos instantes; esa sensación de ser necesaria, de estar en el centro de su mundo, le brindaba una felicidad que, aunque fugaz, era poderosa. Pero esa dicha tenía un precio, y Alora lo sabía. Era una felicidad prestada, un reflejo de algo que nunca podría llamar completamente suyo. Y cuando la realidad volvía a tocarla, lo hacía con una fuerza devastadora.

Al final de la tarde, cuando los encargados del orfanato “Guardas de Asele” llegaron para llevarse a los niños, lo hicieron con su acostumbrada gratitud. Le dedicaron palabras amables, agradeciéndole por el cuidado y el amor incondicional que siempre les brindaba, como si ella fuera un refugio en medio de sus tormentas. Una vez que la puerta se cerró tras ellos, la casa se sumió en un silencio casi palpable, un contraste abrumador con las risas y el bullicio que habían llenado cada rincón solo unas horas antes.
Alora se dejó caer en el sofá, su mirada posándose en la torre de almohadas que, como siempre, había sucumbido a la implacable “gravedad infantil”. Aquel caos desordenado le arrancó una leve sonrisa melancólica, un recordatorio del efímero calor que esos pequeños dejaban tras de sí. Con una taza de té entre las manos, se giró hacia la gran ventana que ofrecía una vista serena del jardín, ahora bañado por los últimos rayos de la tarde; mientras contemplaba el paisaje, sintió cómo su corazón se apretaba con ese dolor familiar, un peso que no lograba disipar. Había sido otro día en el que había entregado todo. Pero el vacío seguía ahí, inmutable, esperándola en la quietud de la noche, como una sombra que nunca la abandonaba.
Alora se esforzaba por no aceptar la cruda realidad que la atormentaba. A pesar de su vida privilegiada, llena de logros que muchos solo podían soñar, la sensación de incompletitud se aferraba a su alma como una sombra persistente. Desde que tenía memoria, había soñado con ser madre, con sostener a su propio hijo en brazos y verlo crecer bajo su cuidado amoroso. Pero la vida, en su cruel ironía, le había arrebatado esa posibilidad antes de que siquiera pudiera intentarlo. Y aunque dedicaba su corazón entero a cuidar a esos niños, amándolos como si fueran suyos, las dudas seguían acechándola en los momentos de soledad.
“¿Algún día encontraré algo que llene este vacío? ¿Habrá alguna forma de sentirme completa?“, se preguntaba una y otra vez, como si su mente buscara desesperadamente una respuesta que nunca llegaba.
De pronto, el sonido de su teléfono rompió el silencio, arrancándola de sus pensamientos. Alora reconoció el nombre que aparecía en la pantalla. “tía Filizzia”
-Alora, querida, ¿cómo estás? -La voz de su tía Filizzia llegaba a través del teléfono como un cálido abrazo, aunque no podía ocultar un leve matiz de preocupación-. Me han contado que estás muy ocupada con los niños... ¿Cómo te sientes?
Alora se recostó lentamente en el sofá, dejando que su cabeza descansara contra el respaldo mientras su mirada se perdía en el techo. Tomó un largo suspiro, como si con él intentara reunir el valor para poner en palabras lo que sentía.
-Estoy bien... muy bien, de verdad. -Su tono comenzaba firme, pero luego se quebró ligeramente, dejando entrever lo que realmente llevaba dentro-. Es solo que, a veces, me pregunto si esto es suficiente. Ayudar a los niños me hace sentir completa, por momentos... pero no puedo evitar pensar que tal vez... que tal vez lo que más quiero es algo más.
Su voz temblaba apenas, mostrando una vulnerabilidad que rara vez dejaba salir. Sin embargo, con Filizzia, siempre se sentía lo suficientemente segura como para bajar la guardia.
Del otro lado de la línea, su tía permaneció en silencio por un momento. No hacía falta que dijera nada; Filizzia conocía cada rincón del corazón de Alora. Sabía lo duro que había sido para ella aceptar la noticia de que no podría ser madre. Y para ellos una vergüenza reprimida al no tener un heredero en la familia Edevane....
El silencio se rompió de pronto con un refunfuño en segundo plano. Era la inconfundible voz de Antony, el esposo de Filizzia y el tío de Alora, resonando con un cómico tono de frustración.
-¡Querida, por Dios, estamos en Bangkok! Son cinco horas de diferencia con Lituania. Necesito descansar, y estoy seguro de que ella aún no ha cenado. ¡Alora, no te olvides de cenar temprano!
Unas risas suaves escaparon tanto de Alora como de su tía. La familiaridad en ese pequeño regaño, aunque dicho a kilómetros de distancia, tenía un efecto reconfortante. Por un instante, las preocupaciones de Alora se disiparon, reemplazadas por el calor de saberse querida y protegida, aunque fuera a través de una pantalla y un océano de distancia.
-Bueno, te dejo, querida -dijo Filizzia, con una ternura que se teñía de una ligera desilusión por no hablar un poco mas con su única sobrina favorita-. Tu tío tiene negocios importantes que atender mañana, así que me toca hacer de intermediaria. Pero, por favor, no te olvides de ti misma. No te saltes las comidas, aunque sea por orgullo. Me he dado cuenta de que solo comes bien cuando esos niños te lo recuerdan. Besitos, y nos vemos en una semana.
-Igualmente, manda saludos a mi tío, que no se preocupe demasiado. Todo saldrá bien, lo sé. Descansen, los quiero mucho -respondió Alora, sonriendo de manera tranquila, pero con el alma un tanto apesadumbrada.
Tras colgar, Alora se quedó en silencio, la sensación de calma que dejó la conversación con su tía fue apenas un alivio temporal. No podía evitar sentir el vacío que residía en su interior, una presencia constante que nunca terminaba de irse. Sin embargo, esa fragilidad no la dejaría ver nadie más. Estaba convencida de que su vida y sus sentimientos estaban bajo control, que el equilibrio que había logrado mantener no se vería alterado por esa insatisfacción interna.
Lo que Alora no podía saber era que el destino ya había comenzado a trazar su camino. Un joven problemático, uno de esos que suelen entrar en las vidas ajenas con la fuerza de una tormenta, se acercaba a ella sin previo aviso.
Se quedó allí, quieta en el sofá, con la taza de té entre sus manos, ajena a lo que el futuro le tenía reservado. Ese vacío que tan bien conocía iba a enfrentarse, en poco tiempo, a algo mucho más complejo, mucho más desafiante de lo que jamás imagino.
📑⚠️📑
Holiii está es mi primera vez enfocada en escribir un libro, ya que antes solo eran fanfics 😮💨 SIGUEME EN WATTPAD QUE AHI SUBO MAS ANTES LOS CAPITULOS @TISHINY
Espero que está historia sea de su agrado, cualquier personaje, o situación que consideren cuestionable no se asusten porque:
° ESTO ES FICCIÓN, NO TRATO DE NORMALIZAR NADA NI JUSTIFICAR NADA, LA HISTORIA LA CREÉ PENSANDO EN UN DUO QUE TENGA DEMASIADAS DIFERENCIAS, CON LA INTENCIÓN DE VER A UNA CHICA JOVEN, PERO MADURA, INTELIGENTECREYENDOSE INVENCIBLE Y A UN CHICO INMADURO, SARCÁSTICO, REBELDE, EN PLENA PUBERTAD CON APEGO ANSIOSO”JAJAJDJAJS
° LA HISTORIA SE MANEJARA CON LA MEJOR INTENCIÓN, SERIEDAD Y DESARROLLO POSIBLE PARA EVITAR MALENTENDIDOS Y FUNAS
SIN MAS POR FAVOR DISFRUTA DE ESTE DUO INCOMPRENDIDO ❤️