Único
Para ti, mi peonía inalcanzable.
La vida es como el océano. Al principio resulta vasta y desconocida. Llena de una variedad inmensa de criaturas exóticas y extrañas, aunque también bastante simpáticas. Con áreas conocidas y por conocer, como diría yo.
Resulta espeluznante y, a la vez, interesante. Y entonces, ahí es cuando nos resulta curioso. Empezamos a ver, sentir, oler, probar, experimentar desde lo más recóndito y pequeño hasta lo que menos nos imaginamos y, sin querer, terminamos amándolo. Aunque probablemente odiándolo de cierta forma.
Creo que no sé explicar y ya empecé a balbucear. Mírame, parezco una completa loca diciendo lo primero que se le viene a la cabeza, ¿no lo crees?
¡Bah!
Olvídalo.
Ya ni sé lo que digo.
Dejaré de divagar y me pondré seria.
Solo si puedo.
A que te hice reír. Vamos. Admítelo.
Me alegro bastante. Porque así te conocí, la primera vez que te vi.
El aeropuerto estaba repleto de personas yendo y viniendo con maletas pesadas, entre otras cosas. Realmente no presté atención. Nunca lo hago. De hecho, en lugares que resultan en tumultos a gran escala prefiero escabullirme hasta encontrar un lugar donde el silencio me alcanza.
Llevabas el cabello rubio en una cola algo alta, flequillo partido en dos y ropa como para jugar al golf, solo que, en vez de falda, era un pantalón blanco y una camisa celeste con rayas negras, finitas y verticales, y un maquillaje suave que casi ni se notaba que lo traías puesto. Parecías buscar a alguien. Aún recuerdo el modo en que veías el reloj en tu muñeca cada dos minutos, como un pequeño cervatillo que espera no ser comido mientras se alimenta.
Luego de media hora, cuando me di cuenta de que me había quedado dormida viéndote, resultó que ya te habías ido. Y yo ya había perdido mi vuelo. Al final, la cita que mi papá tenía programada con el médico se canceló y tuve que reprogramar otra. Así que no te vayas a sentir mal. Te lo digo solo por si algún día lees esto. Yo solo espero que no porque... me da mucha pena. No puedo evitarlo.
Esa fue la primera vez que te vi.
Luego pasaron un par de meses desde aquel incidente. Mi padre acababa de ser trasladado a otro hospital y yo buscaba un nuevo trabajo y un lugar cerca donde vivir para poder ir a visitarlo sin tener que perder demasiado tiempo. Entonces fue ahí cuando un aviso, que estaba pegado a un poste cerca al paradero, de que alquilaban una habitación a un buen precio, justo cerca de los lugares que comenzaría a frecuentar de ahora en más, logró que hiciera esa llamada.
De otro modo, no estaría aquí, sentada en esta silla, en esta habitación y, mucho menos, escribiendo esta carta que, sea que la tengas entre tus manos o no, y la estés leyendo o no, hizo posible esto: el conocerte. La maravillosa persona que eres y en la que te has de convertir.
Aunque inalcanzable, para mí.
Hace tres años que vivimos juntas y un año que ella se mudó con nosotras. La nueva inquilina. Nuestra roommate, Jisoo. Y también hace dos meses que mi padre falleció.
Al principio no sentí nada. Todo parecía llevarlo tan bien y, aparentemente, estaba más feliz que de costumbre. Mi ánimo había aumentado, comía bien y hacía ejercicio con regularidad después de levantarme y antes de irme a acostar. Trataba de hacer mi vida normal, aunque con un par de pequeños ajustes que creí podían resultar de utilidad. Mantener la mente ocupada fue mi prioridad durante las primeras semanas.
O, al menos, de momento.
Eso fue lo que pensé.
Hasta que me invitaron al karaoke.
Entonces, ahí fue que entendí que nada iba a estar bien.
No otra vez.
Tal vez no esté junto a ti para verte avanzar. Pero te observaré desde lejos. El sol te abrazará por mí, las estrellas te iluminarán el camino por mí, las nubes, la lluvia y el mal tiempo llorarán y te consolarán por mí.
Si no cargara con este peso, ¿Habría sido diferente?, ¿Hubiera cuidado mejor de ti?
Septiembre ha sido un mes frío.
Muy duro.
Tal vez no me tendrás junto a ti. Pero te veré enamorarte desde lo alto. Te veré tener hijos desde lo alto. Te veré envejecer desde lo alto.
Y cuando estés lista..., volvámonos a encontrar como la primera vez.
Deseo libertad.
Deseo...
Deseo renacer.
Lo prometo, esta vez haré las cosas bien.
Por ahora... Adiós.
Adiós a la persona que amé.








