Mi pequeña princesa
AU: Vida familiar, Boys Love, No drama.
OS basado en la escena de la iglesia donde Gwan-Sik entrega a su hija para casarse (sino han visto "Sí la vida te da mandarinas" véanla es muy bonita) así como un video de tiktok que vi créditos a la user Marise 🩷
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Hamda Verstappen Pérez era la menor de cinco hermanos y la única mujer de la familia. Desde que era una niña, sus hermanos habían sido extremadamente protectores con ella, pero ninguno podía competir con los celos de su papá Max. Para él, Hamda siempre sería su pequeña, aquella bebé que había llegado a sus vidas un 8 de agosto y que, sin darse cuenta, se había convertido en el centro de su mundo.
Durante su infancia y adolescencia, más de una vez Hamda había terminado refugiándose junto a su papá Checo cuando sus hermanos o Max se ponían demasiado protectores.
-Papá, diles algo -protestaba Hamda mientras se escondía detrás de Checo.
-¡Hamda no puede salir así vestida! -decía alguno de sus hermanos.
Checo soltaba una carcajada y miraba a sus hijos.
-Déjenla respirar, muchachos. Su hermana ya no es una niña.
-Para nosotros sí lo es -respondían ellos casi al mismo tiempo.
Ahora, a sus veintisiete años, aquella niña estaba a punto de casarse.
En una habitación, acompañada por Doraine, su mejor amiga desde la infancia, Hamda terminaba de colocarse el vestido. Doraine acomodó con cuidado los últimos detalles y después le entregó el ramo.
-Estás preciosa -le dijo con una sonrisa emocionada.
Hamda se miró una última vez al espejo. Respiró profundamente, intentando contener las lágrimas.
-No puedo creer que realmente esté pasando.
-Pues créelo, porque en unos minutos vas a caminar hacia el altar.
Hamda sonrió y, después de tomar el ramo, miró hacia la puerta. Sabía que su familia estaba esperando al otro lado.
-¿Están todos ahí?
Doraine soltó una pequeña risa.
-Todos. Y te advierto que algunos llevan rato intentando entrar.
Hamda negó con la cabeza, divertida.
-Déjalos pasar.
Doraine abrió la puerta y, al mismo tiempo, Hamda hizo una pequeña seña para que entraran.
La puerta se abrió lentamente.
Ahí estaban Checo, Max y sus hermanos: Pato, Yuki, Franco, Santiago y Noel.
Por un instante, ninguno dijo nada.
Los hermanos fueron los primeros en reaccionar. Al verla, se acercaron casi al mismo tiempo, mirándola con una mezcla de orgullo, emoción y esa nostalgia que solamente podía provocar verla vestida de novia.
-Hamda... -murmuró Pato, sonriendo-. Estás hermosa.
-Nuestra pequeña ya se va a casar -añadió Yuki, intentando bromear para disimular la emoción.
-No estoy llorando -dijo Franco rápidamente.
Santiago lo miró de reojo.
-Pues yo te veo lagrimas en tus ojos, hermano.
-Es que me cayó algo en el ojo.
Noel soltó una carcajada y finalmente todos rodearon a Hamda en un abrazo.
Checo se acercó después. Sus ojos se llenaron de emoción al contemplar a su hija.
-Mi niña...
Hamda sonrió y se lanzó a sus brazos.
-Papá.
Checo la abrazó con fuerza, besándole la frente.
-Parece que fue ayer cuando te tenía así de pequeñita entre mis brazos.
-Papá, vas a hacerme llorar.
-No me importa -respondió Checo con una sonrisa emocionada-. Hoy tengo derecho.
Mientras todos estaban alrededor de Hamda, Max permanecía unos pasos atrás.
No decía nada.
Simplemente la contemplaba.
Para él no estaba viendo a una mujer de veintisiete años a punto de casarse. Por un instante, volvió a ver a aquella pequeña bebé que había nacido un 8 de agosto, la niña que había protegido durante toda su vida y que tantas veces había cargado entre sus brazos.
Finalmente, Max se acercó.
Hamda lo miró y sonrió.
-Papá...
Max no respondió. Solamente abrió los brazos y ella caminó hacia él.
La abrazó con profunda ternura, cerrando los ojos por un momento mientras la estrechaba contra su pecho.
-Mi bebé -susurró.
Hamda apoyó la cabeza sobre su hombro.
-Siempre voy a ser tu bebé, ¿verdad?
Max sonrió entre lágrimas.
-Siempre. No importa que tengas veintisiete, treinta o cincuenta años. Para mí siempre vas a ser aquella pequeña que llegó a nuestras vidas un 8 de agosto.
Hamda lo abrazó con más fuerza.
-Te quiero, papá.
-Y yo te quiero más de lo que puedas imaginar.
Checo observó la escena con una sonrisa, mientras los hermanos se quedaron en silencio. Incluso ellos parecían haber olvidado por unos segundos todas las veces que habían intentado protegerla.
Porque aquella tarde todos comprendieron lo mismo: la pequeña Hamda había crecido.
Y aunque para ellos siempre sería la niña de la familia, había llegado el momento de dejarla caminar hacia su propia vida.
Checo se acercó a su hija, le dio un tierno beso en la frente y, después de dedicarle una última sonrisa, caminó junto a sus hijos para tomar asiento.
Entonces llegó el momento que Max había estado intentando evitar.
El momento de entregar a su hija.
Max sabía perfectamente lo que significaba. Hamda ya no era aquella pequeña que él cargaba en brazos, ni la niña que corría a esconderse detrás de Checo cuando sus hermanos comenzaban a sobreprotegerla.
Ahora estaba ahí, frente a él, convertida en una hermosa mujer a punto de comenzar su propia vida.
Los ojos de Max se volvieron vidriosos.
Hamda lo notó inmediatamente.
-No llores, papi -susurró con una pequeña sonrisa-. Siempre voy a estar aquí. Los voy a visitar, te lo prometo.
Max intentó contener las lágrimas.
-No es eso, pequeña...
-Sí es eso -respondió ella con ternura-. Y si tú lloras, no quiero casarme.
Max soltó una pequeña risa entre lágrimas.
-¿Ah, no?
-No. Me regreso contigo a casa.
Max negó con la cabeza, divertido, y tomó delicadamente el rostro de su hija entre sus manos.
-Escúchame, Hamda. Recuerda que, si algún día las cosas no salen como esperas, tienes tu casa. Tienes a tus padres y tienes a tus hermanos. Todos te amamos con todo el corazón y siempre vamos a estar aquí para ti.
Hamda sonrió emocionada.
Max hizo una pausa y añadió con absoluta seriedad:
-Y si ese Logan te hace llorar, iremos a golpearlo.
Hamda abrió los ojos sorprendida y después soltó una carcajada.
-¡Papi!
-¿Qué? Estoy hablando en serio.
-No puedes ir a golpear a mi esposo.
-Entonces tendrá que portarse muy bien.
Hamda volvió a reír mientras algunas lágrimas comenzaban a aparecer en sus ojos.
-Eres imposible.
Max sonrió y acarició suavemente su mejilla.
-Solo quiero que seas feliz.
Hamda tomó sus manos y las apretó entre las suyas.
-Lo sé, papi. Y voy a estar bien.
Max respiró profundamente.
-¿Lista?
Hamda asintió.
-Contigo, sí.
Max le ofreció el brazo.
-Entonces vamos, mi niña.
Hamda se sujetó de él y comenzaron a caminar lentamente por el pasillo.
Y entonces ocurrió.
Mientras avanzaba, las emociones de Max fueron tan intensas que su mente comenzó a llenarse de recuerdos.
Por un instante, volvió a verla recién nacida, pequeña y dormida entre sus brazos.
Después la vio dando sus primeros pasos.
Luego corriendo por la casa detrás de sus hermanos.
La vio con las rodillas raspadas, riendo mientras jugaba.
La vio crecer.
Una niña que poco a poco se transformaba en una adolescente.
Una adolescente que comenzaba a descubrir quién era y que, con el paso de los años, se convertía en la mujer que ahora caminaba a su lado.
Los recuerdos pasaban frente a sus ojos como pequeñas escenas de una película.
-Qué hermosa está...
-Mira a Hamda.
-Parece una princesa.
Los murmullos de los invitados llegaron hasta él.
Max tragó saliva.
Sí.
Su pequeña estaba preciosa.
Finalmente llegaron al altar.
Logan esperaba al frente. Al ver a Hamda acercarse, sus ojos también se llenaron de lágrimas.
Max se volvió hacia él.
Por unos segundos, ambos hombres se miraron en silencio.
Entonces Max habló con absoluta seriedad.
-Cuida a mi hija, Logan.
Logan asintió.
-Lo haré.
Max dio un paso hacia él.
-Y si alguna vez la haces llorar, créeme que te buscaría hasta el fin del mundo.
Hamda bajó la mirada, intentando contener una sonrisa.
Max continuó:
-Porque no te estoy entregando solamente a una mujer. Te estoy entregando a mi niña. Mi tesoro.
Logan tenía los ojos completamente vidriosos.
-Lo sé, suegro -respondió con voz emocionada-. Y te prometo que voy a cuidarla. Voy a amarla y respetarla todos los días de mi vida.
Max lo observó unos segundos y finalmente asintió.
-Entonces cuídala bien.
Después se acercó a Hamda y besó su frente.
-Te amo, pequeña.
-Yo también te amo, papi.
Max le dedicó una última sonrisa antes de soltar lentamente su mano.
Hamda tomó la mano de Logan y Max regresó a su asiento.
Al sentarse junto a Checo y sus hijos, volvió la mirada hacia el altar.
La pequeña de la familia.
La niña que durante años había sido protegida por todos.
La primera hija en casarse.
La primera en abandonar el hogar para construir el suyo propio.
La primera en volar del nido.
Y aunque Max sabía que una parte de él siempre querría volver a protegerla como cuando era una niña, aquel día entendió que amar a su hija también significaba dejarla caminar hacia su propia felicidad.
Pero una cosa sí tenía clara.
Ella siempre tendría un hogar al cual regresar.
Cuando terminó la ceremonia religiosa, los invitados comenzaron a dirigirse al lugar donde se llevaría a cabo la recepción. La música, las luces cálidas y las mesas decoradas esperaban a los recién casados.
Todos querían festejar a Hamda y Logan.
Había risas, abrazos, fotografías y brindis por todas partes. Los hermanos de Hamda no tardaron en rodear a la pareja, haciendo bromas y recordando anécdotas de cuando eran niños.
Checo observaba todo desde una de las mesas, sonriendo mientras sostenía su copa.
Max, en cambio, permanecía un poco más apartado.
Tenía los ojos puestos en su hija.
Hamda llevaba su vestido de novia y sonreía mientras conversaba con algunos familiares. De vez en cuando miraba hacia donde estaban sus padres y les dedicaba una sonrisa.
Entonces comenzó una canción lenta.
Hamda estaba hablando con Logan cuando sintió que alguien tomaba suavemente su mano.
Se giró.
Era Max.
-¿Bailas conmigo? -preguntó él.
Hamda sonrió inmediatamente.
-Claro que sí, papi.
Max la llevó hasta la pista.
Poco a poco, los invitados comenzaron a apartarse para dejarlos solos.
La música empezó a llenar el salón.
Max colocó una mano sobre la espalda de su hija y tomó la otra entre las suyas. Hamda apoyó delicadamente una mano sobre su hombro.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
Simplemente comenzaron a bailar.
Hamda sonrió.
-Estás muy serio.
-Estoy tratando de no llorar otra vez.
Ella soltó una pequeña risa.
-Pensé que ya habías gastado todas tus lágrimas en la ceremonia.
-No. Parece que todavía me quedan algunas.
Hamda apoyó la cabeza sobre su pecho.
-Entonces déjalas salir.
Max bajó la mirada hacia ella.
-No quiero que termine este momento.
-No tiene que terminar.
-Sí, pero... -hizo una pausa-. Hoy te vi caminar hacia el altar y por un segundo dejaste de ser la mujer que estaba frente a mí. Volviste a ser aquella bebé que cargué por primera vez.
Hamda levantó la cabeza para mirarlo.
-¿Te acuerdas?
Max sonrió.
-Me acuerdo de todo.
-¿Incluso de cuando era insoportable?
-Especialmente de eso.
Hamda soltó una carcajada.
-¡Papi!
-Era una niña muy complicada.
-Tenía cinco hermanos que me molestaban todo el tiempo.
-Y cinco hermanos que estaban convencidos de que tenían que protegerte de absolutamente todo.
-Incluyéndote a ti.
Max levantó una ceja.
-Yo tenía mis razones.
-¿Ah, sí?
-Claro. Eras mi única niña.
Hamda volvió a apoyar la cabeza sobre su hombro.
-Y siempre lo seré.
Max cerró los ojos durante un instante.
-Eso espero.
La canción continuó mientras ambos se movían lentamente por la pista.
Desde una de las mesas, Checo los observaba en silencio. A su lado, sus hijos también miraban la escena.
Pato sonrió.
-Miren a papá.
Yuki soltó una pequeña risa.
-Está intentando no llorar.
-Ya perdió esa batalla hace rato -bromeó Franco.
Checo negó con la cabeza mientras sonreía.
-Déjenlo. Este momento es de ellos.
En la pista, Hamda levantó la mirada.
-Papi.
-¿Sí?
-Gracias.
Max frunció ligeramente el ceño.
-¿Por qué?
-Por todo.
Ella respiró profundamente.
-Por protegerme cuando era pequeña. Por escucharme cuando estaba triste. Por estar ahí cuando mis hermanos me hacían enojar. Por hacerme sentir que siempre podía regresar a casa.
Max acarició suavemente su cabello.
-Siempre podrás regresar a casa.
-Lo sé.
-No importa dónde estés ni cuántos años tengas.
Hamda sonrió.
-¿Incluso ahora que estoy casada?
-Especialmente ahora que estás casada.
Ella soltó una pequeña carcajada.
-Pobre Logan.
Max sonrió.
-Logan sabe dónde se está metiendo.
Hamda negó divertida con la cabeza.
-Eres terrible.
-Soy tu padre. Es mi trabajo.
La música comenzó a acercarse a su final.
Hamda abrazó a Max con fuerza.
-Te quiero muchísimo, papi.
Max la rodeó con ambos brazos.
-Yo también te quiero, pequeña.
Permanecieron así durante unos segundos, olvidándose por completo de los invitados, de la fiesta y de todo lo que ocurría alrededor.
Max respiró profundamente.
-¿Sabes qué es lo más extraño?
-¿Qué?
-Durante años pensé que este día iba a ser horrible.
Hamda levantó la cabeza.
-¿Y ahora?
Max la miró con una sonrisa llena de ternura.
-Ahora creo que simplemente necesitaba verte feliz para entender que todo está bien.
Los ojos de Hamda se llenaron de lágrimas.
-Estoy feliz.
-Entonces yo también.
La canción terminó.
Los invitados comenzaron a aplaudir y Hamda abrazó nuevamente a su padre antes de separarse.
Max besó su frente, igual que había hecho antes de caminar hacia el altar.
-Ve con tu esposo.
Hamda sonrió.
-¿Ya me estás corriendo?
-No. Solo estoy intentando aceptar que ahora tienes otro hombre al que abrazar.
-Siempre habrá un abrazo para ti.
Max sonrió.
-Eso quería escuchar.
Hamda le dio un último beso en la mejilla y regresó junto a Logan.
Max se quedó observándola mientras ella se alejaba.
Checo se acercó y colocó una mano sobre su hombro.
-Está feliz.
Max asintió.
-Sí.
Miró a Hamda una vez más.
-Y eso es todo lo que quería para ella.
Checo sonrió y le dio una palmada cariñosa en el hombro.
-Vamos, Max. Todavía queda fiesta.
Max soltó una pequeña risa.
-Está bien.
Y mientras la música volvía a sonar y todos regresaban a la pista, Max contempló a su hija bailar junto a Logan.
Su niña había volado del nido.
Pero para él, siempre tendría un lugar en sus brazos.
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No se que escribí amigos, pero lloré creo que estoy muy sensible disfrútenlo 😭❤️🩹🥹 en un rato más subo cap de mi fic Chestappen 🫣
Abril 💜
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