Reanudamos nuestra programación habitual

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Tengo este preciado recuerdo de mi infancia. En ese entonces bajaba a la sala de estar y en el silencio sepulcral del amanecer encendía la televisión y me sentaba emocionado ante la estática, pues a esa hora de las 5 de la mañana, justo antes de la salida del sol y mientras mis padres aún dormían, pasaban mi programa favorito.

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Reanudamos nuestra transmisión habitual

“Tengo este preciado recuerdo de mi infancia. En ese entonces bajaba a la sala de estar y en el silencio sepulcral del amanecer encendía la televisión y me sentaba emocionado ante la estática, pues a esa hora de las 5 de la mañana, justo antes de la salida del sol y mientras mis padres aún dormían, pasaban mi programa favorito.

Según lo que recuerdo duraba una media hora, es difícil precisar, creo haberlo visto entre los cuatro y los siete años más o menos; a esa edad yo bajaba desde mi cama, pasaba sigiloso por las escaleras con una confiable linterna en mi mano y me acomodaba en el enorme espacio del sofá que tenía para mi solo.

Encendía la pantalla cuidadoso, siempre bajando un poco el volumen para asegurarme de que no sonara de golpe y despertara a mis padres, me quedaba por minutos esperando en silencio hasta que de entre la estática aparecían paulatinamente imágenes coloridas, de a poco el sonido se definía, como cuando sintonízas una radio lentamente y una canción que en su momento debí memorizar de principio a fin tomaban lo que para mi era una circunstancia especial y ansiada.

No tenía hermanos que lo vieran conmigo; en algún punto se lo conté a mis amigos de la escuela pero no parecían poder verlo nunca, aunque estuvieran a la hora y en el canal correcto, luego de un tiempo y un par de intentos pensaron que sólo les intentaba hacer una mala broma para que tuvieran sueño por toda la tarde o para que sus padres los regañaran por despertar a la familia en el intento de llegar al televisor a esas horas.

Obviamente también se lo comenté a mis padres, sin embargo creo que eso nunca llegó a nada, es posible que jamás creyeran en mi historia pues debió parecerles una fantasía escasamente coherente, les bastaba con saber por qué me encontraban durmiendo en el sofá en las mañanas.

Debido a esto nunca tuve nadie con quien comentarlo, con quien conversar sobre lo que veía a esa hora, en ese canal.

Fue hace muy poco que caí en cuenta de que esta experiencia, aunque seguía siendo sólo mía, no era un borroso recuerdo de la infancia, ni era un recuerdo fabricado entre la realidad y el sueño.” Terminé la frase respirando profundamente, tratando de recuperar un poco el aliento, me había envolvido tanto en contar la historia que realmente no me di cuenta de si seguía respirando, mis dedos nerviosos jugaban entre ellos y yo llevaba todo este tiempo viendolos, intentando concentrarme en algo que no me pusiera tenso, carraspeé para poder retomar el hilo.

“Luego de haberme quedado con la televisión encendida hace unas semanas desperté a la hora justa, pues la estática de a poco comenzó a transformarse en una canción que me golpeo con nostalgia y logró sacarme del sueño. Al abrir lentamente mis ojos pensé haber estado soñando, la pantalla gris de a poco tomaba colores brillantes, enfocándose, generando el nombre del programa que a esas alturas de mi vida ya había olvidado.” Traté de reír, aunque más que sonar como un añadido natural, tenía un deje notoriamente nervioso.

“Me emocioné mucho, a pesar de que no recordaba demasiado del programa en sí, me recordó de inmediato todas las veces que iba silencioso en las madrugadas hacia el televisor sólo para poder verlo. Lo único que entendí apenas empezó es que muchas cosas habían cambiado y que incluso si mis recuerdos eran vagos algo no se encontraba del todo bien” Me desconcentré un poco de mi propia historia pensando en que tenía que hablar más lento, tenía que hacer mejores pausas.

“El programa a estas alturas parecía más una grabación casera que una producción de una cadena televisiva; los trajes de los personajes que alguna vez tanto amé se veían dañados por el paso del tiempo, el set era precario y la presentación de todo se veía sucia y torpe. Me dio una sensación inquietante ya que no estaba seguro de si siempre había sido así y yo lo idealicé en ese entonces o si algo extraño estaba pasando, hasta una parodia me hizo sentido en ese minuto… En especial” guardé silencio unos segundos que se me hicieron eternos mientras buscaba palabras que estuvieran dispuestas a salir de mi boca, sin embargo cada oración que intentaba armar parecía colapsar sobre sí misma a estas alturas “la sección del final del programa” dije sorprendiéndome a mí mismo, me felicité un poco por poder seguir hablando.

“¿Qué había en la sección final?” me preguntó una voz dulce, el sonido parecía no tener una fuente definida, sólo venía hacia mí en la oscuridad. A pesar de haberla escuchado sentía que no podía procesarla, me llenaba de pavor y quería ignorarla por el tiempo que me fuese posible.

“Con el nombre fresco en la pantalla lo busqué en internet” continué haciendo caso omiso “teniendo esa herramienta ahora pensaba que quizás encontraría algo: Imágenes que haya dejado la cadena televisiva, quizás alguien había subido el tema del programa, quizás quedaba alguna reseña, una sinopsis, algún comentario en un blog, pero nada, absolutamente nada aparecía. Me quería dar por vencido, pero la curiosidad fue más y comprobé que a pesar de que no existía registro alguno, este programa seguía transmitiéndose día tras día” con un escalofrío finalmente levanté la mirada de mis dedos, una luz potente chocaba con mis ojos y por entre los destellos yo trataba de ver quién más estaba conmigo.

“Revisé guías de programación antiguas que había en casa de mi madre un día que fui a visitarla, le pregunté a ella también, por supuesto, pero ella tampoco sabía de qué hablaba, nada de lo que decía le hacía sentido ni le traía recuerdos”.

“¿Que había en la sección final?” reiteraron desde las sombras con el mismo tono que antes, definitivamente detrás de la luz cegadora sólo había oscuridad impenetrable.

“La sección final era correo de los televidentes” tragué “de lo que recuerdo, cuando era pequeño había un personaje que vestido de conejo abría cartas de niños que los veían y los saludaba, algunos hacían preguntas, era divertido. Yo siempre quise enviar una cuando niño pero mis padres nunca me dejaron, bueno, ellos pensaban que nada de esto existía” dije tratando de buscar hacia mis lados discretamente, realmente me era imposible identificar la fuente de la voz, sentía como se me acaban las oportunidades, el tiempo.

“Esta vez no habían cartas en el correo de los televidentes, ahora lo anunciaban como “hablando con el televidente” y presentaban a personas en sillas; algunos eran adultos y se veían visiblemente asustados o confundidos, los que eran adolescentes usualmente hablaban como si pensaran que todo fuera una broma mala broma de sus amigos; los niños eran los únicos que disfrutaban hablando, usualmente hablaban de una de sus cosas favoritas o de cómo había estado su día, ellos solían estar en pijama y cansados, como si estuvieran recién salidos de la cama. Por días, seguí viendo cómo cambiaban las caras, como cambiaban las reacciones de los invitados” parecía irónico tener todas esas palabras saliendo de mi boca.

“Al final de la sección te invitaban a participar. No había direccion, ni numero de telefono, mucho menos un correo, sólo una frase que decía “para participar en este programa sólo debes escribirnos una carta”, y así fue” dije sin saber qué esperar ahora “Ni siquiera tuve que enviarla, sólo escribí dos líneas en un papel mientras pensaba en el concepto durante la madrugada” reí de nuevo de forma nerviosa, como si eso fuera a evitar que rompiera en llanto de un momento a otro “No tengo idea de cómo llegué aquí”.

Suspiré ahora, nervioso mientras la luz del reflector golpeaba mi rostro, no podía evitar mirar a las cámaras con ansiedad, vigilar los suaves movimientos de los micrófonos ambientales; no habían luces provenientes de estos aparatos, sólo parecían estar apuntandome mientras las luces brillaban sobre mi.

De pronto desde mi derecha ví un cartel, lo sostenía el conejo que solía leer el correo, me dio la señal para leerlo. “Esa es la historia que quería compartir esta noche, gracias a todos los televidentes que me han escuchado con atención, espero que sepan que los sueños pueden hacerse realidad, ya que hoy cumplí mi sueño de estar aquí con mis amigos.”

Empecé a escuchar, aunque algo distante, el sonido tema del programa, su tonada distintiva que sólo sonaba al comienzo y al final. La intensidad de la luz bajaba muy despacio, seguía sintiéndome observado por los posibles televidentes que quizás me habían escuchado de haber encendido la televisión en el momento oportuno. Tuve un terrible presentimiento.

“Así que” carraspeé nuevamente “Creo que eso sería de mi parte aunque tengo otras historias que puedo compartir, como se imaginarán, esa era la más fresca y larga que pude pensar cuando me pidieron que hablara pero”. De pronto la velocidad a la que se desvanecía la luz comenzó a aumentar “puedo contar otras cosas” no estaba seguro de si se me había agotado el tiempo, o si no tenía oportunidad de seguir alargando , como activado por resorte me levanté de la silla, “puedo contar otras cosas” insistí.

Respiré acelerado, no podía sacarme la idea de la cabeza de que apenas las cámaras dejaran de apuntarme, apenas las luces me dejaran en la oscuridad, esa sería la última vez que sería visto.

“Por favor” dije en un doloroso suspiro, casi podía sentir como la estática, al salir de sintonía, iba distorsionando mi voz, mi imagen, “Puedo hablar de otras cosas”.