El primer baile
Gulf Estaba mirándose en el espejo por tercera vez esa noche antes de salir con sus dos amigos, tal y como lo hacían cada jueves. Llevaba un año de soltería después de que lo Kao hubiese terminado. Tuvieron una relación de 2 años y medio. Desde hacía tres meses que salía cada jueves con sus amigos a la discoteca-bar gay más conocida de la ciudad: “Men For Men”. Preferían ir los jueves porque coincidía con la presentación de diversos números musicales que hacían el ambiente mucho más agradable.
Mild y First eran los amigos más cercanos de Gulf, se conocieron hace casi seis años en un viaje en un crucero que cambió sus vidas. Desde ahí, se convirtieron en inseparables. Por eso, ellos habían hecho hasta lo imposible por subir el ánimo de Gulf después de su ruptura con Kao.
Esa noche, llevaba mirándose al espero más tiempo de lo usual porque tres semanas atrás, justo la noche que empezó a acompañar a sus amigos, conoció a alguien especial en Men For Men. Bueno, a lo mejor utilizar el verbo conocer no es correcto, porque ni siquiera ha cruzado palabra con el tipo, de hecho, no habían bailado, solamente compartían miradas pecaminosas. Para Gulf era un juego muy interesante y divertido, las miradas del otro hombre eran profundas y obscenas, pero a la vez dulces y tiernas.
La razón por la que no se decidía frente a su espejo sobre cuál camisa llevar, era que se había convencido de que ese día lo invitaría a bailar. Porque llevaba tres semanas en las que llegaba con sus amigos cerca de las diez de la noche, se sentaban, en la misma mesa, pedían un par de cocteles y cerca de las doce Gulf miraba hacia la entrada en búsqueda de los ojos de halcón que lo cautivaron la primera vez. El otro sujeto, se sentaba siempre al otro lado de la gran sala, pedía un vaso de cerveza enorme y apenas lo tomaba, porque lo único que hacía era mirar a Gulf. Era un hombre misterioso. Siempre iba de negro, sus vaqueros semiajustados, sus camisas negras siempre mostrando piel de más en el cuello, su chaqueta negra de piel y sus zapatos tan varoniles, esa monocromía le quedaba perfecta pues hacía resplandecer su piel blanca. Todas estas características tuvieron que ver cuando sus amigos bautizaron al sujeto misterioso como el Edwar Cullen de Men For Men, parecía un vampiro y Gulf no sabía por qué aquello le atraía tanto.
Maldita sea, ¿para qué tardarse en escoger si de todas formas te la quitarás? – decía Mild exasperado mientras Gulf preguntaba por enésima vez sobre cuál camisa le quedaría mejor: si la negra con pequeñas pintas grises o la negra manga larga que tenía una raya blanca alrededor del cuello.
Bien… me llevaré esta- dijo señalando la primera.
Estupendo, tenemos que salir ya, hoy se presenta un DJ, probablemente no tengamos lugar en nuestro sitio habitual –
Lo sé, por eso envié a First, él nos guardará el sitio- respondió Gulf pasándose los dedos por el cabello para dar la impresión de que estuviera despeinado.
Lo tienes todo muy bien planeado ¿no? - dijo Mild en tono juguetón.
Ya me conoces…- respondió Gulf siguiendo el tono.
Oye Gulf… ¿te ha vuelto a llamar Kao? - preguntó a su amigo en un tono ahora de preocupación.
Hmmm, no- pero fue un si camuflado en un no poco convincente y Mild se dio cuenta, pero sabía que su amigo no quería tocar ese tema. Kao estaba volviendo a asomar sus narices en la vida de Gulf al darse cuenta de que su vida sin él no tiene ningún sentido, o al menos eso era lo que decía en los mensajes que le había compartido en todas sus redes sociales. Pero Gulf tenía muy claro que no volvería a involucrarse sentimentalmente con Kao, no obstante, parecía que, para ese último, la palabra “No”, no es algo que quiera como respuesta, por eso Mild estaba preocupado por Gulf, no confiaba en Kao, en realidad, nunca lo había hecho, y después de la ruptura con Gulf se había dado cuenta del por qué: Kao estaba teniendo una relación sentimental con otra persona y con Gulf a la vez.
Llegaron por fin a la discoteca, tal y como había dicho Mild había muchísima gente, tuvieron que hacer fila por unos minutos para poder entrar, por suerte encontraron a First ocupando la mesa de siempre, los esperaba acompañado por una pareja que Gulf había visto un par de veces, los dos eran tan tiernos que a veces empalagaban, pero no eran molestos, así que no había problema. First sonrió al ver a sus amigos llegar indicando con gesto disimulado al Edwar Cullen que los observaba desde la otra punta, Gulf se sonrojó cuando se encontró con esos ojos negros, el “vampiro” le sonrió de lado haciendo que un escalofrío placentero atravesara la espina dorsal de Gulf. Tuvo que tragar dos veces cuando se dio cuenta que estaba perdido en esa mirada, no sabía cuánto tiempo llevaba así hasta que sintió sed repentina, se mojó los labios con brusquedad y buscó un vaso de la mesa para beber lo primero que hubiera en su camino, necesitaba fuerzas para mirar de nuevo esos ojos e invitarlos a bailar.
Gulf necesitaba relajarse un poco más, no quería cometer errores, quería las cosas lentas, consideraba que eso era lo más sano. Pronto cumpliría 30 y no quería seguir teniendo romances cortos y sin víspera de futuro, necesitaba algo sólido, alguien con quien construir hombro a hombro un futuro. En los últimos años había podido levantar un negocio que, si todo salía muy bien, podría darle de comer toda su vida, pero no quería disfrutar eso solo, quería compartir con alguien sus logros. En algún momento pensó que esa persona era Kao, cuando lo conoció todo pasó tan rápido, que no supo cuándo habían empezado a vivir juntos, sin embargo, eso no fue un problema para Gulf pues la convivencia para él siempre fue tranquila, el verdadero caos se desató cuando Kao empezó a tomar actitudes que distanciaron a Gulf tanto que cuando Kao decidió finalizar la relación, Gulf esperó por varios días a que llegara el dolor de la pérdida y no llegó nunca. Esa era la prueba de que no había amado a Kao en los dos años y medio de relación. Nunca se lo diría.
¡ESA ES NUESTRA CANCIÓN! - gritó Mild poniéndose de pie y empujando a todos a la pista, Gulf lo miró dándole señales de que quería bailar con su “vampiro” – SOLO ESTA CANCIÓN ¿SÍ? –volvió a gritar Mild porque el sonido de la música era muy alto. Gulf siguió el camino con Mild que también había empujado a First, miró hacía la mesa y la parejita, de la que no recordaba el nombre se quedó a cuidar las bebidas, después buscó los ojos penetrantes y los encontró desnudándolo, sonrió y guiñó como tratando de decir, esta noche no te escapas.
¡PAIN! ¡YOU MADE ME A, YOU MADE ME A BELIEVER, BELIEVER! – era con que cantaba Mild a todo pulmón, se trataba de Believer de Imagine Dragons, sonaba muy fuerte tanto en los amplificadores como en la pista, las personas cantaban de corazón –¡PAIN! YOU BREAK ME DOWN, YOU BUILD ME UP, BELIEVER, BELIEVER- volvía a unirse la multitud en un grito. Para Mild, era el dolor (pain) lo que había construido la personalidad que ellos tres tenían, todos habían pasado por él y habían salido mejores.
La canción terminó, los tres regresaron a la mesa para tomar un poco de sus bebidas, hablaron por unos minutos más hasta que Gulf se decidió ir a por su baile especial de esa noche. Se giró para buscar a su vampiro y allí estaba de pie, con los brazos cruzados frente al pecho, en su rostro también se podía leer la decisión de dar el siguiente paso. Gulf se irguió mirándolo y después señalando la pista con la mano y una sonrisa traviesa en la cara, el vampiro asintió y los dos empezaron a caminar casi al centro de la pista, en la que había una multitud, moviéndose de un lado al otro.
We found Love de Rihanna era lo que sonaba de fondo, una canción que a Gulf le encantaba, un ritmo perfecto para un primer baile, la música no era suave por lo que lo mejor era bailar sin tocarse. Empezó a moverse lento frente a los ojos del otro hombre. Pensó que el vampiro sería más alto que él, pero la verdad era que estaban casi a la misma altura, los hombros anchos, una tentación de tomarse de ellos y atraer a ese hombre misterioso hacia su boca, pero no, esperaría, era divertido y además caliente. Bailaron sin tocarse, no lo necesitaban -por ahora- porque con sus miradas ya podían sentir las caricias. Tampoco dijeron nada, solamente se movían al ritmo de la música.
La canción de Rihanna terminó, empezó otra y luego otra y así, muchas canciones mientras esperaban que el DJ pusiera una melodía más suave para tener la excusa de acercarse más y tocarse, pero eso no pasó, al contrario, Gulf se dejó llevar en esas canciones llevando sus manos hacia arriba para mover mejor su cuerpo, llevando la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, sus movimientos sensuales hizo que varios ojos se posaran sobre él, sin embargo, el parecía no ser consiente. El vampiro lo miraba de la cabeza a los pies y de los pies a la cabeza, se movía más lentamente pero no podía dejar de mirar a Gulf, se mojaba sus labios, se limpiaba el sudor de los ojos y de pronto sintió mucho calor y decidió desabotonarse la camisa mostrando sus enormes pectorales y su abdomen un poco marcado, también dejaba ver un pequeño tatuaje en uno de sus costados, siguió moviéndose al ritmo de la música electrónica que acaba de poner el DJ.
Gulf bajó la cabeza, abrió los ojos y observó al hombre frente a él, que aún no lo había tocado, pero que no había necesitado hacerlo para ponerlo duro como una roca y, además, despertó en él un sentimiento absurdo de posesividad cuando a su alrededor varios ojos iban directo al pecho de su hombre misterioso. Se mordió la lengua para acallar el impulso de saltar sobre él y tapar su cuerpo para luego llevarlo al cuarto de baño y quitarle todo aquello. Jo.der.
No fue necesario que Gulf saltara sobre el hombre, después de un tiempo, él mismo había abotonado su camisa de nuevo, después buscó su mirada y en un doloroso moviendo indicó que ya debía marcharse. Gulf asintió lentamente pero no quería dejarlo ir así, si habían tenido un acercamiento esta noche, pero no quería dejar así, por lo que se acercó puso sus labios en la mejilla de su Edwar Cullen, después se movió rápidamente dándole la espalda y corriendo a la mesa de sus amigos.
Iban a dar las 4 de la mañana cuando Mew llegó a su casa. Era una casita pequeña pero acogedora, la había diseñado él mismo, tenía un par de habitaciones con baño privado, una sala que también hacía las veces de comedor, una cocina bien equipada y un garaje en el que guardaba su adorada motocicleta: una modelo Duke por la que había tenido que trabajar muy fuerte, pero que cada vez que la manejaba se convencía de que había valido la pena cada centavo. La casa también tenía una pequeña zona verde en la que estaba trabajando más recientemente para convertirla en un espacio para hacer barbacoa con sus amigos de toda la vida. Después de que llegó a la casa, estacionó su moto y se quitó el casco, se quedó mirando detenidamente hacia la nada pensando en el evento inesperado que vivió esa noche. Recordó el beso que recibió en su mejilla y sonrió al recordar el contacto y luego los ojos de aquel hombre que lo traía suspirando desde hace tres semanas.
Todas las sensaciones que estaba experimentando desde conoció a esa persona eran nuevas y por lo tanto no sabía cómo gestionarlas. Nunca se había interesado en un hombre, jamás se le había ocurrido ir a un bar gay, pero cuando hace tres semanas su mejor amigo lo llevó junto con su pandilla a “conocer” lo que hacían los “desviados” el aceptó sin que eso supusiera un problema. Aunque sus amigos fueron para burlarse de cualquier cosa que miraran, él se había encontrado con unos ojos color avellana que lo examinaban cuidadosamente. Por un momento se sintió culpable de haber acudido a aquel lugar bajo las consignas de sus amigos.
Para Mew todo lo que tiene que ver con el tercer género es una conducta contra natura, no podía concebir el hecho de que un hombre tuviera sexo con otro y lo disfrutara, además ¿por qué enamorarse de unas manos gruesas, una voz retumbante y una espalda ancha teniendo la posibilidad de escoger una mujer delgada, bien parecida, femenina y frágil? Eso era lo que normalmente pensaba y también sus amigos, pero después de haber ido a esa discoteca, haber visto a esa persona y ahora, después de bailar y ver bailar a ese HOMBRE estaba empezando a ahogarse en dudas y si sus amigos se enteraban también se metería en problemas. Por un momento miró su rostro en el espejo retrovisor y se dio cuenta que aun tocaba su mejilla besada y que además tenía una sonrisa en toda la cara.
No, no había nada que pudiera hacer con sus pensamientos. Ese hermoso “lobezno”, como lo había apodado debido a su sonrisa y mirada de cazador, había hecho un hueco en su cabeza, se había instalado ahí y no parecía querer salir. No sabía qué hacer. Estaba en la penumbra. Después de la visita al bar con sus amigos, había sentido la necesidad de regresar cada jueves a encontrarse con esa mirada, y al hacerlo sentía que su energía se recargaba. Probablemente se debía a que su “lobezno” transmitía tanta energía y vitalidad. Pero Mew ahora iba SOLO, sin amigos, a la discoteca y se encargaba de tener cuidado de que sus amigos no se enteraran, no sabía cómo actuar si alguien lo reconociera en aquel sitio. No sabía qué hacer porque lo que se despertaba en sus pantalones cuando lo imaginaba cerca no era lo que siempre había pensado que era lo correcto. Si, se sentía bien por un momento, pero el resto del tiempo se sentía culpable, sucio, pecador e impuro.
Se levantó por fin de su motocicleta, descargó su casco en el sillín y se dirigió a su cocina, necesitaba comer algo antes de acostarse y dormir un par de horas para volver a la oficina. Era lo que pasaba cada jueves, él se olvidaba de que todavía tenía un día laboral, sin embargo, ese día, probablemente no dormiría después de lo que había vivido. Esa había sido su primera experiencia con alguien del mismo sexo y la verdad que se sentía culpable porque le había gustado, cada maldito momento, tal y como lo recordaba, porque lo podía recordar como en cámara lenta, le había gustado y más. Estaba bebiendo agua recordando a su pequeño lobo con los ojos cerrados moviéndose al ritmo de la música, el sudor bajando por su cuello y perdiéndose en la tela. Pensó en su culo, no tan pronunciado pero adecuado para su contextura. Se sorprendió al darse cuenta de que aquel hombre era casi de su misma estatura. De pronto, su vaso cayó y se dio cuenta de que deseaba besarlo, tocarlo y más. Se sacudió con violencia, necesitaba una solución rápida. Tomó su teléfono y llamó a una persona que siempre estaba dispuesta a ayudarlo, después de confirmar su disponibilidad, subió a su habitación, se duchó y volvió a su motocicleta. Se curaría, al llegar la noche estaría curado. Eso creía.