Potjera

Summary

Jimin es un chico liberal que siempre causa problemas a donde vaya. Jungkook es serio, únicamente enfocado en los videojuegos y el hockey. Los opuestos siempre se atraen, a pesar de no tener un buen comienzo. (Saga Briar U) Libro n°1 Pareja principal: Kookmin (Seunghoon y Jinwoo del libro n°4 de la saga Off-Campus) ESTA HISTORIA NO ES MÍA. Sin más que decir, empecemos.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Jedan

JIMIN

─ ¡¿Es una broma?! ─ vocifero a los cinco chicos que me están juzgando. Tienen cabello, ojos y pieles de diferentes tonos, y aun así no puedo diferenciarlos ya que sus expresiones los hace lucir idénticos. Hay mucha petulancia asomando a través del falso remordimiento que intentan transmitir, como si estuvieran realmente devastados por la noticia.

Están disfrutando esto.

─ Lo lamento, Jimin, pero esto es de verdad ─ Euijin me ofrece una sonrisa triste. ─ Como el Comité de Normas, tomamos la reputación de la fraternidad muy en serio. Recibimos noticias de las nacionales esta mañana…

─ Oh, ¿En serio? ¿Recibieron noticias? ¿Les enviaron un telegrama?

─ No, fue un correo ─ dice, completamente falto de sarcasmo y peinando su cabello hacia atrás ─ Le recordó al comité que cada miembro de esta fraternidad debe comportarse según el reglamento establecido, de lo contrario nuestro título perderá su reputación en las Nacionales.

─ Debemos mantener nuestra reputación ─ señala Seoho, rogándome con la mirada. De entre los cinco idiotas que están frente a mí, Seoho parece ser el más razonable.

─ Especialmente después de lo que le pasó a Woo Sunghyun ─ añade un chico del cual no recuerdo su nombre.

La curiosidad se apodera de mí.

─ ¿Qué le pasó a Woo Sunghyun?

─ Intoxicación por alcohol ─ El cuarto chico -creo que su nombre es Ronhyun- baja la voz y mira rápidamente a su alrededor, como si hubiera un insecto o dos escondidos en los muebles antiguos que llenan el salón de la mansión de la fraternidad.

─ Tuvieron que hacerle un lavado estomacal ─ explica alegremente el chico sin nombre, lo que me hace cuestionarme si realmente está feliz de que Woo Sunghyun casi se muere.

Euijin habla con voz cortante.

─ Suficiente sobre Sunghyun. Ni siquiera debiste sacar el tema, Myunsoo…

Myungsoo, exacto. Ese es su nombre. Y suena tan estúpido como sonó la primera vez que se presentó hace unos quince minutos.

─ No mencionamos el nombre de Sunghyun en esta casa ─ me explica Euijin.

Santo Dios. ¿Un simple lavado estomacal y Sunghyun se vuelve el Vordemolt de la hermandad? El reglamento de Kappa Alpha Psi de Briar es evidentemente mucho más estricto que el reglamento de Brown.

El caso es que me están echando ante de siquiera haberme mudado aquí.

─ No es personal ─ continúa Euijin, dándome otra falsa sonrisa lastimera. ─ Nuestra reputación es muy importante para nosotros, e incluso si eres un sucesor…

─ Sucesor presidencial ─ señalo. Así que, ¡en tu cara Euijin! Mi padre fue presidente de un fraternidad Kappa durante sus primeros y últimos años en la universidad, al igual que mi abuelo. Los Park-Kim y Kappa Alpha Psi van juntos como los abdominales y cualquier hombre Hemsworth.

─ Un sucesor ─ repite ─ Pero ya no nos adherimos tan estrictamente a los lazos ancestrales como años anteriores.

¿Lazos ancestrales? ¿Quién lo dice? ¿Acaso hizo un viaje en el tiempo?

─ Como ya dije, tenemos reglas y políticas, y no dejaste el título de Brown de la mejor manera.

─ No fui expulsado de Kappa ─ argumento ─ Fui expulsado de la universidad.

Euijin me mira con incredulidad.

─ ¿Es esto un orgullo para ti? ¿Ser expulsado de una de las mejores universidades del país?

Respondo con los dientes apretados.

─ No, no estoy orgulloso de ello. Sólo digo que, técnicamente hablando, aún soy miembro de la fraternidad.

─ Tal vez lo seas, pero eso no significa que debas vivir en esta casa ─ Euijin cruza los brazos encima de su suéter blanco.

─ Ya veo ─ Copio su pose, excepto que también cruzo las piernas.

La mirada de envidia de Euijin se posa en mis botas Prada de gamuza negra, un regalo de mi abuela para celebrar mi ingreso a Briar. Me reí mucho cuando abrí el paquete anoche; no estoy seguro que Nana entienda que solo voy a Briar porque me expulsaron de mi otra universidad. En realidad, apuesto que sí lo entiende y no le importa. Nana siempre encontrará una excusa para usar Prada. Es mi alma gemela.

─ ¿Y no pensaste en avisarme… ─ prosigo, un tono agudo colándose en mi voz ─ Antes de empacar mis cosas, conducir todo el camino desde Manhattan hasta aquí y cruzar la puerta?

Seoho es el único que tiene la decencia de lucir culpable.

─ Lo lamentamos mucho, Jimin. Pero tal y como mencionó Euijin, las Nacionales no nos informaron nada hasta esta mañana. Además, tuvimos que votar y… ─ encoge los hombros débilmente ─ Lo siento ─ repite.

─ Así que votaron y decidieron que no tengo permitido vivir aquí.

─ Sí ─ dice Euijin.

Miro a los demás.

─ ¿Ronhyun?

─ Rokhyun ─ Me corrige cortante. Oh, como sea. Es decir, ¿de verdad tengo que aprenderme sus nombre? Nos acabamos de conocer.

─ Rokhyun ─ Miro al siguiente chico ─ Myungsoo ─ Y luego al siguiente. Diablos, definitivamente no sé su nombre. ─ Sunghee?

─ Kwanghee ─ ladra. Oops.

─ Kwanghee ─ repito a forma de diculpa. ─ ¿Están seguros de esto?

Recibo tres asentimientos de cabeza

─ Genial. Gracias por hacerme perder el tiempo ─ Me paro, peino mi cabello hacia atrás y empiezo a envolverme mi bufanda roja alrededor de mi cuello. Quizá con demasiado vigor, porque parece molestar a Euijin.

─ Deja de ser tan dramático ─ ordena con voz sarcástica ─ Y no actúes como si tuviésemos la culpa de que quemarás tu antigua casa. Discúlpanos si no queremos vivir con un pirómano.

Se me dificulta mantener mi temperamento a raya.

─ Yo no quemé nada.

─ Eso no fue lo que nuestros hermanos de Brown nos dijeron ─ Aprieta los labios ─ Como sea, tenemos una junta en diez minutos. Es hora de que te vayas.

─ ¿Otra junta? ¡Mírate!, con una agenda tan ocupada.

─ Estamos organizando un evento de caridad de Año Nuevo para ganar dinero ─ Dice Euijin rígidamente.

Mi error.

─ ¿Para qué es el evento?

─ Oh ─ Seoho luce avergonzado ─ Estamos recaudando dinero para renovar el sótano de la mansión.

Oh, Dios mío. ¿La caridad es para ellos?

─ Pónganse a trabajar, entonces ─ Con una sonrisa burlona, muevo mis dedos con un gesto quitándole importancia y me marcho de la habitación.

En el salón, siento el primer atisbo de lágrimas en mis ojos.

A la mierda con ellos, no los necesito ni tampoco a su estúpida hermandad.

─ Jimin, espera.

Seoho me encuentra en la puerta. Pego rápidamente una sonrisa en mi rostro y parpadeo para deshacerme de las lágrimas que empiezan a querer caer. No los dejaré verme llorar, y estoy tan agradecido de haber dejado todas mis maletas en el auto y que solo vine con mi mochila gigante. ¿Cuán mortificante habría sido arrastrar mis maletas devuelta al auto? También habría tomado muchas idas y vueltas, porque nunca viajo ligero.

─ Escucha ─ Dice Seoho, su voz tan baja que se me dificulta escucharlo ─ Deberías considerarte afortunado.

Elevo mis cejas.

─ ¿Por volverme un sin hogar? Por supuesto, me siento bendecido.

Él me muestra una sonrisa.

─ Eres un Kim-Park. No eres, y nunca serás, un sin hogar.

Sonrío avergonzado. No puedo discutir eso.

─ Pero hablo en serio ─ susurra ─ No quieres vivir aquí ─ Sus ojos almendrados se dirigen hacia la puerta ─ Euijin es como un sargento. Es su primer año como presidente Kappa, y tiene ciertos delirios de poder.

─Pude notarlo ─ digo secamente.

─ ¡Debiste ver lo que le hizo a Sunghyun! Actuó como si hubiera sido el asunto del alcohol, pero en realidad fue porque Sunghyun se acostó con su ex, así que le hizo la vida miserable. Un fin de semana, cuando Sunghyun se fue de viaje, Euijin “accidentalmente” ─ hace comillas con las manos ─ Donó cada una de sus prendas a estudiantes de primer año que estaban recaudando cosas para la entrega anual de donaciones. Eventualmente, Sunghyun renunció a la hermandad y se mudó.

Empiezo a pensar que la intoxicación etílica fue lo mejor que pudo pasarle a Woo Sunghyun, si es que eso lo sacó de este infierno.

─ Como sea, no me importa vivir aquí o no. Como tú mismo lo dijiste, estaré bien ─ Uso un tono arrogante en plan “nada me afecta”, que perfeccioné con el paso de los años.

Es mi escudo. Pretendo que la vida es una hermosa casa victoriana y espero que nadie se asome lo suficiente como para ver las grietas de mi fachada.

Pero no importa cuán convincente sea frente a Seoho, no hay manera de parar la gran ola de ansiedad que me golpea al momento de entrar a mi auto cinco minutos después. Dificulta mi respiración y mi pulso se dispara, haciéndome difícil el pensar con claridad.

¿Qué se supone que haga?

¿A dónde se supone que iré?

Inhalo profundamente. Está bien, todo está bien. Tomo otra bocanada de aire. Sí, ya veré que hacer. Siempre lo hago, ¿no es así? Siempre arruino todo, y siempre encuentro una manera de solucionarlo. Solo tengo que abrocharme el cinturón y pensar que…

El ringtone de “Cheap Thrills” de Sia hace sonar mi celular. Gracias a Dios.

No tardo en responder la llamada.

─ Hola ─ saludo a mi hermano Namjoon, agradecido por la interrupción.

─ Hola, mocoso. Sólo quería comprobar si llegaste al campus en una pieza.

─ ¿Por qué no lo haría?

─ Dios, quién sabe. Puede que hayas huido a Miami con algún aspirante a rapero que recogiste en la interestatal, o lo que a mí me gustaría llamar una manera de convertirte en el traje de piel humana de un asesino en serie. ¡Oh, espera! Ya hiciste eso una jodida vez.

─ Oh, por favor. En primer lugar, Jiwoon era un aspirante a cantante de música country, no rapero. Segundo, estaba con otras dos personas y estábamos camino a la playa de Daytona, no Miami. Tercero, ni siquiera intento tocarme, mucho menos matarme. ─ suspiro ─ Aunque Jiwon se metió con él y el tipo le contagió herpes.

Un silencio incrédulo llega a mis oídos.

─ ¿Monie? ─ es el apodo que le di cuando éramos niños. Lo detesta ─ ¿Sigues ahí?

─ Estoy tratando de entender cómo es que tu versión de los hechos es de alguna manera más aceptable que la mía. ─ De repente maldice ─ Mierda, ¿no me acosté con Jiwon en tu cumpleaños número dieciocho? ─ Una pausa ─ ¡Maldición, Jimin! El viaje con herpes pudo haber pasado antes de la fiesta. O sea, usamos protección, ¡pero no habría estado de más una advertencia!

─ No, no te acostaste con Jiwon. Estás pensando en Jisun. Termina con “Sun” en lugar de “Won”. Dejé de ser su amigo después de eso.

─ ¿Cómo así?

─ Porque se acostó con mi hermano cuando se supone que debía estar divirtiéndose conmigo en una fiesta. Eso no estuvo bien.

─ Tienes razón. Eso fue egoísta.

─ Síp.

Se oye un repentino ruido en la línea. Algo así como viento, motores de coches y luego un montón de bocinazos.

─ Lo siento. ─ Dice Namjoon ─ Estamos saliendo del departamento. Mi Uber llegó.

─ ¿A dónde vas?

─ Recogeremos ropa de la lavandería. El lugar al que Hobi y yo vamos queda en Tribeca, pero son geniales, por lo que el viaje vale la pena. Altamente recomendable.

Namjoon y su novio, Hoseok, viven en la zona oeste de Manhattan. Hoseok me confesó que el área era mucho más elegante de lo que estaba acostumbrado, pero para mi hermano en realidad es un paso atrás; el penthouse de nuestra familia está en la zona este, en los tres últimos pisos de nuestro hotel, el Park Plaza. Pero el nuevo edificio de Namjoon está cerca de la escuela privada donde da clases, y como Hoseok tiene un papel principal en un programa de televisión que se filma por todo Manhattan, la ubicación es conveniente para ambos.

Debe ser agradable tener un lugar para vivir ellos solos y todo eso.

─ De todas maneras, ¿ya estás instalado y feliz en la casa Kappa?

─ No exactamente ─ confieso.

─ Jodida mierda, Jimin. ¿Qué hiciste?

Mi boca se abre con indignación. ¿Por qué mi familia siempre piensa que yo hice algo mal?

─ No hice nada ─ respondo tajantemente. Pero luego la derrota quiebra mi voz ─ No creen que alguien como yo sea bueno para la reputación de la fraternidad. Uno de ellos dijo que yo era un pirómano.

─ Bueno ─ Namjoon dice sin mucho tacto ─ De alguna manera lo eres.

─ Jódete, Monie. Fue un accidente. Los pirómanos lo hacen adrede.

─ Entonces eres un pirómano por accidente. Pirómano por accidente. Es buen título para un libro.

─ Impresionante. Ve, escríbelo. ─ No me importa sonar como un cretino. Estoy en modo sarcasmo y mis nervios están a flor de piel. ─ Como sea, me botaron y ahora tengo que ver donde mierda voy a vivir este semestre ─ Se crea un nudo en mi garganta de la nada y se me escapa en un casi sollozo ahogado.

─ ¿Estás bien? ─ pregunta inmediatamente.

─ No lo sé ─ trago con dificultad ─ Yo… Esto es ridículo. No sé por qué estoy tan triste. Esos chicos son horribles y no me habría gustado vivir con ellos. Es decir, es la Víspera de Año Nuevo y están en todo el campus. ¡Están haciendo una obra de caridad en lugar de estar de fiesta! Ese no es mi hábitat. ─ Las lágrimas que he estado aguantando se vuelven incontrolables. Dos gotas grandes se deslizan por mis mejillas. Estoy tan aliviado de que Namjoon no esté aquí para verlo. Ya es suficientemente malo que me escuche.

─ Lo lamento, mocoso.

Como sea. ─ Me limpio las lágrimas con furia. ─ No voy a llorar por unos pocos chicos malos y una casa llena. No dejaré que me afecte. ¿Acaso Sam Smith dejaría que algo así lo afecte? Por supuesto que no.

Escucho un tono de confusión.

─ ¿Sam Smith?

─ Sí ─ Saco mi barbilla ─ Es un símbolo de clase y pureza, y trato de tomarlo como ejemplo en cuanto a personalidad. En cuanto a moda, obviamente siempre me lucharé por ser Christian Dior, y siempre fallaré porque nadie logrará ser como Christian Dior.

─ Obviamente ─ Hace una pausa ─ ¿De qué era de Sam Smith estamos hablando? ¿Brandon Flynn o François Rocci?

Frunzo el ceño a mi celular.

─ ¿Hablas en serio?

─ ¿Qué?

─ Nadie puede reducirse en base a sus ex parejas. Se define por sus logros. Y sus zapatos.

Mi mirada recae en mis botas nuevas, cortesía de Nana. Al menos he tenido un éxito rotundo en las tiendas de zapatos. El resto, no tanto.

─ Supongo que podría pedirle a papá que llame a los de alojamiento a ver si hay algún dormitorio disponible. ─ Una vez más, me siento derrotado. ─ Pero no quiero hacer eso. Ya tuvo que usar sus influencias para meterme a Briar.

Y preferiría no quedarme en las residencias si pudiera. Compartir el baño con un montón de gente es mi peor pesadilla. Tuve que pasar por eso en la mansión Kappa en Brown, pero el cuarto privado hizo que lo del baño fuera más llevadero. No hay manera en que queden lugares a estas alturas del semestre.

Gimoteo suavemente.

─ ¿Qué se supone que haga?

Tengo dos hermanos mayores que nunca dejan pasar una oportunidad para fastidiarme o burlarse de mí, pero a veces les da breves destellos de compasión.

─ No llames a papa todavía. ─ Dice Namjoon en un gruñido ─ Primero déjame ver qué puedo hacer.

Mi frente se arruga en sorpresa.

─ Dudo que puedas hacer algo.

─ Solo borra la idea de llamarlo. Tengo una idea. ─ El chirrido de los frenos llena la línea ─ Un segundo. Gracias, amigo. Definitivamente un recorrido cinco estrellas. ─ La puerta del vehículo se cierra. ─ Jimin, tu llegarás esta noche de todas maneras, ¿verdad?

No planeaba hacerlo ─ admito ─ Pero supongo que no tengo opción. Tendré que buscar un hotel en Boston hasta que haga los arreglos de mi estadía.

No Boston, hablo de Nueva York. El semestre no empieza hasta dentro de unas semanas. Pensé que te quedarías en el penthouse hasta entonces.

─ No, quise desempacar y arreglar mi lugar. Toda esa mierda.

Bueno, eso no pasará hoy, y esta noche es Víspera de Año Nuevo, por lo que tal vez puedas venir y celebrarlo junto a Hoseok y yo. Algunos de mis compañeros de equipo también vendrán.

─ ¿Cómo quiénes? ─ pregunto con curiosidad.

Taehyung esta en la ciudad por un partido, así que estará aquí. Y el grupito de siempre de Briar vendrá. Conoces a algunos de ellos. Kwon Soonyoung, Song Mingi. En realidad, Mingi fue a la preparatoria Roselawn, creo que un año después de ti. Seungkwan y Yoshinori, pero creo que no los llegaste a conocer. Gukie…

Mi corazón se acelera.

─ Recuerdo a Gukie. ─ Digo con el tomo más casual que puedo -el cual no es casual en absoluto. Incluso yo puedo escuchar la emoción en mi voz.

Pero, ¿acaso alguien puede culparme? Gukie es el diminutivo de Jeon Jungkook y resulta que es “el unicornio”. El unicornio alto, sexy, tatuado y que juega al hockey, del cual podría estar un poquito enamorado.

Ya. Está bien.

Estoy enamorado hasta la mierda.

Es tan… mágico. Pero a la vez está fuera de mi alcance. Usualmente, los compañeros de hockey de Namjoon están sobre mí apenas me conocen, pero no Gguk. Lo conocí el año pasado, cuando visité a Namjoon en Briar, y el tipo ni siquiera me miró. Cuando lo volví a ver en el cumpleaños del amigo de Namjoon, Mingyu, me dirigió unas diez palabras, de las cuales estoy bastante seguro que la mitad de ellas fueron “Hola”, “¿Cómo estás?” y “Adiós”.

Es exasperante. No es que espere que cada hombre de mi entorno caiga rendido a mis pies, pero se que le atraigo. He notado la forma en que sus ojos marrones arden cuando me mira. Arden de verdad.

A menos que solo este viendo lo que quiero ver.

Mi padre tiene un refrán extremadamente pomposo: la percepción y la realidad son muy diferentes. La verdad suele encontrarse en algún punto intermedio. Mi padre usó esa frase en su alegato final en un juicio por asesinato, y ahora la saca a relucir cada vez que puede en alguna situación.

Si la verdad se encuentra en algún punto entre el distanciamiento de Jeon Jungkook hacia mí -me odia-, y el calor que veo en sus ojos -su ardiente pasión por mí-, entonces… ¿supongo que divido la diferencia y digo que me ve como un amigo?

Frunzo los labios.

No. Definitivamente no. Me niego a ser friendzoneado antes de siquiera intentar algo.

Será divertido ─ dice Namjoon ─ Además, han sido años desde que estuvimos en un mismo lugar en Año Nuevo. Así que trae tu trasero a Nueva York y mensajéame cuando llegues. Estoy en la lavandería. Tengo que irme. Te quiero.

Cuelga, y estoy sonriendo tanto que es difícil pensar que estaba llorando hace tan solo cinco minutos. Tal vez Namjoon sea un grano en el culo la mayoría del tiempo, pero es un buen hermano mayor. Siempre está ahí para mí cuando lo necesito, y eso es lo que realmente importa.

Miro la hora. Es la una de la tarde.

Rápidamente hago cálculos en mi cabeza. Briar está a una hora de Boston. Desde aquí es un camino de tres horas y media, casi cuatro, a Manhattan. Eso significa que no llegaré a la ciudad hasta el atardecer, lo que no me dejará mucho tiempo para alistarme. Si veré a mi unicornio esta noche, planeo arreglarme de pies a cabeza.

Ese chico no sabrá qué lo golpeó.