Prólogo
Louis ni si quiera sabía cómo es que había terminado en el interior de su auto con su saco arrugado, su camisa abierta a la par sobre su pecho, su corbata deshecha en su cuello y sus pantalones hasta la altura de sus tobillos, y sobre todo, tampoco sabía cómo es que tenía a aquel lindo chico de ojos verdes y rizos color chocolate gimiendo de placer y brincando sobre su polla como todo un profesional, solo sabía que se sentía en el mismo jardín del Eden, donde ese mismo ángel de ojos esmeraldas se había encargado de llevarlo al hacerlo sucumbir ante sus encantos, los cuales aún no terminaba de poder descifrar cómo lo habían envuelto tan rápido.
El ojiazul se sentía en una fina línea entre el cielo y el infierno, donde él placer era el intermediario y era lo único que inundaba a ambos febriles cuerpos que ya ardían y eran consumidos por las llamas de la lujuria las cuáles provocaban que sus respiraciones se volvieran agitadas y sus cuerpos se perlaran a base de todo el sudor que producían al estar tan sumidos en todo aquel placer que los llenaba a la perfección.
Lo ultimo que recordaba antes de caer ante los efectos de esos bonitos ojos verdes y esa pequeña boquita rosada, era a su amigo y socio diciéndole que debía divertirse un poco más para relajarse –y vaya que se estaba divirtiendo– y a un hermoso chico rizado con ojos de ensueño, carita perfecta, piel pálida y cuerpo de infarto cantando sobre el escenario una canción que justo ahora no recordaba pero que se veía jodidamente bien con su falda plisada con estampado de cuadros a la altura de la mitad de sus muslos, unos converse de color blanco y un abrigo de lana del mismo color que los zapatos que llevaba.
El chico era sumamente hermoso y caliente al mismo tiempo, era la combinación perfecta y Louis tenía la satisfacción de tener a quel muchacho brincando con ímpetu sobre sus piernas.
—Ahh, Papi, sii— gritaba el rizado alargando las últimas letras sin dejar de saltar sobre la dura erección del hombre que lo tenía sostenido fuertemente de su cintura sobre la tela de la falda que ya se le había subido un poco arriba de sus caderas—Más fuerte— rogó en un gemido con voz rota.
El miembro del castaño entraba y salía de la estrechez del rizado en un ritmo lento pero rudo, que lograba golpear en el punto dulce del menor quien solo podía articular gemidos bajos y ruegos por más, rogaba por algo que Louis estaba dispuesto a darle justo ahora.
—Mierda, sí, sigue brincando— gimió afianzando más al agarre de sus manos a la estrecha cintura del chico para ayudarlo a subir y a bajar aún más rápido sobre toda la extensión de su polla.
Las manos del ojiazul sobre la cintura del rizado hicieron que el nombre del magnate saliera una y otra vez como una frágil plegaria de los labios color cereza del más joven.
—Ya no voy a aguantar más— se quejó entre lágrimas por todo el placer proporcionado a su menudo cuerpo.
El chico unió sus labios instintivamente, convirtiendo el desenfrenado y descordinado beso en una pelea de lenguas que buscaban dominar a la otra para tomar el control total del beso y choques de dientes mientras el ojiverde daba unos cuantos brincos más antes de que se corriese sobre el estómago de ambos, no sin antes dejar unos rasguños sobre la piel blanca del pecho del hombre que lo estaba tomando tan bien a su parecer.
El rizado no era virgen, ya había estado con otros chicos de su misma edad, pero hasta ahora, ninguno de ellos lo había logrado satisfacer tanto como lo estaba haciendo el hombre de ojos azules, sin duda era una de las mejores cogida que le habían dado, y en su cumpleaños.
Era el mejor cumpleaños que podría haber tenido, agradecía haberle hecho caso a sus mejores amigos de ir a ese bar a festejar.
El ojiazul al darse cuenta de que el chico ya se había corrido sobre su estómago quedando totalmente exhausto, aumentó el ritmo y fuerza de sus embestidas para obtener su propio y bien merecido orgasmo.
—Tan necesitado de una polla estabas que te corriste sin si quiera haberte tocado ni un poco, ¿Mmh?— preguntó en un ronco gemido el ojiazul sobre el oído del rizado sin detener sus embestidas mientras deslizaba sus manos al trasero del menor.
Louis apretaba y le daba un par de nalgadas al menor, dejando unas marcas rojas con las formas de sus manos sobre la nívea piel que hacían delirar al ojiverde por la satisfacción que le daba recibir esos golpes en su trasero.
Harry asintió frenéticamente sin poder hablar por la infinidad de sentimientos que llenaban su delgada anatomía. —Otra vez— pidió suspirando. Y Louis al parecer le había entendido, ya que volvió a darle un par de nalgadas más que lo dejaron casi al borde de la locura.
El chico gimió, se encontraba tan sensible por el fuerte orgasmo que recibió y Louis hablándole al oído, el sonido de sus pieles chocando y resonando fuertemente en el interior del vehículo mientras tenía sus manos apretando su trasero y proporcionádole fuertes nalgadas, era una imagen obscena que no ayudaba en nada a todo el montón de sensaciones que lo acaparaban.
Louis sentía como su cuerpo estaba llegando al límite con cada embestida que le propinaba al menor, quién ya solo se estaba dejando usar para el propio placer del castaño.
—Mm, sí, más fuerte— balbuseo bajito con su voz rota por haber estado gimiendo fuerte y por el leve dolor que sentía en su garganta gracias a la mamada que le había hecho al ojiazul dentro del bar, con su cabeza recostada en la curvatura del cuello del contrario.
Louis al escuchar su pedido sacó la cabeza del rizado de sobre su cuello, y lo posicionó recto para alzar su lindo suéter blanco de lana y poder llevar sus labios a los erectos pezones de color rosita del chico.
Louis abrió los ojos sorprendido cuando notó que en ambos pezones habían unos bonitos piercings que hacían ver de un color más rosa ambas protuberancias y sintió cómo la boca se le hacía agua al querer chuparlos y tirar de ellos con sus dientes, el castaño no tardó más de unos cuantos segundos en comenzar a chuparlos, dejando leves lamidas y mordidas sobre estos y marcas violaceas a lo largo de la extensión de su lampiño pecho sin detener el ritmo ni la fuerza de las arremetidas que le estaba dando al chico.
—Mmh, si— era lo único que podía soltar entre suspiros entrecortados, la boca y la lengua húmeda del hombre más grande se sentía muy bien sobre uno de sus delicados pezones mientras que en el otro estaban los dedos de Louis apretando y jalando el diminuto arete de la sensible zona.
Unos minutos y unas embestidas más fueron suficientes para que el hombre de ojos azules dejara salir todo su semen en el calido interior del más joven, obteniendo así su tan deseada liberación que venía buscando desde hace ya un rato.
Después de que se corrió se sintió como si estuviese flotando en una nube de placer, Louis dejó de chupar los pezones de Harry, y el mencionado dejó caer nuevamente todo su cuerpo sobre el pecho del ojiazul escuchando cómo respiraba entrecortadamente y los rápidos latidos de su corazón.
El cerebro de Louis aún estaba dando vueltas, sintiendose envuelto por la excitación y el placer que le causaba el haberse corrido dentro del ojiverde.
Después de unos minutos, cuando se recuperó de su orgasmo, volvió a la realidad y sacó su pene del interior del chico que estaba desplomado sobre su cuerpo, aún tratando se recobrar sus fuerzas, quién a pesar de todo, soltó un pequeño gemido en protesta al dejar de sentir el miembro de Louis en su interior.
—¿Obtuviste lo que querías, mmh?— tarareó en tono bajo el castaño.
Harry solo pudo asentir lento con la cabeza.
—Estoy muy lleno de ti, papi— dijo bajito con voz entrecortada.
—¿Si?—preguntó en tono suave al lindo chico.
—Si— respondió el rizado tomando una de las manos de Louis que estaban sobre su cintura para llevarla a su lastimada entrada para que sintiese como el semen escurría entre sus piernas.
Louis tomó un poco del semen que escurría entre las pálidas piernas del ojiverde con sus dedos y los llevó a la boca del mencionado, quién tenía su cabeza recostada sobre su firme pecho aún soltando leves suspiros.
—Chupa, amor— pidió con voz dulce.
Harry aceptó, abrió la boca aceptando los dedos de Louis en ella, y chupó todo el semen que había en ellos sin dejar rastro alguno de la sustancia blanquecina.
—Mmh— tarareó en satisfacción el de rulos provando por segunda vez, durante toda la noche, el rico sabor del semen de Louis.
—Bien, voy a tratar de limpiarte y te llevaré a tu casa, ya es muy tarde cómo para que te deje ir solo— avisó al rizado.
—No quiero que me lleves a mi casa, quiero que me lleves contigo— pidió bajito mientras se pasaba el dorso de su mano sobre sus ojos.
—¿Estás seguro que eso es lo que quieres?— preguntó bajo para que solo el ojiverde lo escuchara sin importar qué no hubiese nadie ahí con ellos, ya que, por alguna extraña razón, no podía negarse al pedido del dulce chico.
—Si, muy seguro, papi— Respondió con una enorme pero cansada sonrisa adornada por unos hermosos hoyuelos a los lados de sus mejillas.
—De acuerdo, niño desobediente, te llevaré conmigo, pero debes avisarle a tus padres— pidió aceptando los deseos del más joven.
Y Harry amplió más su sonrisa al obtener nuevamente lo que quería.