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El pequeño suburbio Haengboghan era uno de los más populares en Seúl, ya que todo su ambiente familiar parecía sacado de un cuento del Dr. Seuss.
Las casitas tenían formas convencionales y colores brillantes y alegres, era verdaderamente raro toparse con una casa de fachada blanca. El lugar no era precisamente extenso, apenas unas treinta familias vivían en él, todas relacionadas por una larga amistad de años.
Era usual nacer en aquel suburbio, crecer con un montón de niños de edades similares, comprar su propia casa una vez que se volvieran adultos, enamorarse, y que después sus hijos repitieran el ciclo. Nadie quería irse, era el lugar perfecto para formar y criar una familia.
Tan tranquilo era aquel conjunto de casitas, que los niños podían salir de casa a cualquier hora sin miedo, y los padres sabían perfectamente que su pequeño estaba jugando o que estaba en casa de alguno de sus amiguitos.
Fácilmente podía ser considerado el lugar más feliz, tranquilo e igualitario de la Tierra.
Porque sí, en este lugar todos los niños eran criados con el ideal de que todas las criaturas son iguales y tienen el mismo valor. También habían aprendido que sin importar el animal del que fueras híbrido, podías ser amigo o amar a alguien de una raza diferente a la tuya.
Una de las pruebas eran los papás de los hermanos Kim, su madre era una preciosa mujer híbrida de oso grizzli, y su padre era un hombre grande y fuerte, híbrido de caballo. Pero eso no les había impedido enamorarse, casarse y criar a sus tres bebés.
En este mundo las cosas funcionaban de un modo que a otros les podría parecer un tanto extraño. El animal del que eres híbrido no tiene nada que ver con la combinación de tus genes, bien tus padres podían ser dos híbridos de lobo y tú ser un pequeño conejito o una ardillita, como había pasado con los hermanos Jung.
El animal con el que estás fusionado viene más bien de los rasgos de tu personalidad, si eres alguien muy travieso podrías ser el híbrido de un monito, en cambio si eres alguien tranquilo y pacífico podrías ser el híbrido de un koala.
En esta historia nos enfocaremos en los siete niños más traviesos que han pisado este apacible lugar, todos amiguitos de diferentes edades que han estado juntos prácticamente desde el vientre materno, y que se embarcarán en la, tal vez, más emocionante aventura de sus cortas vidas.
–Recuerda pollito, no te separes de tu hermano en ningún momento, y cuando pidas tus dulces siempre di por favor y gracias. –El pequeño niño de 5 años disfrazado de Jack Skellington asintió ante las palabras de su madre.
–Y bolita de pelos, tú no sueltes la mano de tu hermanito ni intentes hacer que cargue tu calabaza por ti. –El niño dos años mayor disfrazado de Kumamon asintió también.
–No me digas bolita de pelos mamá, no suena bonito y ya estoy grande. –Dijo cruzado de brazos, fingiendo estar enojado.
–Los niños grandes no hacen pucheros. –La señora Min pellizcó las mejillas de sus dos bebés y los dejó correr al encuentro de sus amiguitos.
La verdad es que el grupo de tres mamás irían todo el tiempo detrás de ellos, pero les habían hecho creer que ya eran lo suficientemente grandes para ir a pedir dulces solos, y los siete niños habían creído la mentira demasiado fácil.
Sobre todo, el hermano mayor de los Kim, un híbrido de hámster que se sentía el líder a cargo de la operación.
SeokJin asentía solemnemente a todo lo que estaba diciendo su mamá, a pesar de que su mente de siete años no capturara muy bien toda la información, al menos había memorizado lo esencial, como no dejar que su hermanito TaeHyung, el híbrido de tigre, se llenara de dulces, ni dejar que su otro hermanito, NamJoon, mitad koala, se distrajera y perdiera alguna de sus posesiones.
Oh sí, una misión que podría ser dejada sólo en las manos de un niño grande, y ese niño grande era él.
Se encargó de reunir a sus amiguitos en un círculo mal formado y empezó a dar órdenes e indicaciones cual capitán de barco.
De hecho, tuvo una idea muy brillante, según el criterio de las tres madres. Los adultos que daban los dulces a veces solían darles menos cantidad a los más pequeños, o viceversa, no les daban dulces a los más grandes por ser muy “mayores” para salir a pedir dulces.
Así que su estrategia era simple, los siete niños recolectarían dulces por todo el suburbio, y al final irían a alguna de sus casitas a repartirlos en partes iguales para que todos disfrutaran la misma cantidad.
La idea sencillamente había dejado anonadados a los otros seis niños, llenando sus cabecitas con el pensamiento de que su hyung era muy sabio y genial.
–Vamos a ir en cadena para que ninguno se separe, porque si hacemos parejas uno quedaría solo y eso no es justo. –Todos asintieron ante las palabras de SeokJin. –Bien, como YoonGi y yo somos los más grandes iremos adelante y atrás para cuidarlos.
Los niños se formaron de acuerdo a como les indicó su líder, SeokJin naturalmente iría a la cabeza agarrado a la manita de HoSeok, luego iría NamJoon sosteniendo a su vez la manita de TaeHyung. Habían decidido poner a los dos niños más pequeños en el centro, ya que, bajo su criterio, ambos todavía eran unos bebés. Para un niño, aunque se lleven un año, es una diferencia abismal.
Por esta razón, el siguiente en la fila era JungKook, a causa de sus 3 añitos recién cumplidos, y la formación se cerraba con JiMin y YoonGi.
La cadena de niños era una de las cosas más tiernas que habían presenciado sus madres, así que no pararon de tomarles fotos desde que empezaron a planear, después les enseñarían todas a sus respectivos esposos, quienes se habían quedado en sus casas para repartir los dulces a quienes tocaran.
Desfilaron hacia la casa de la señora Lee, una amable viejecita que siempre tenía galletas horneadas para todos los niños del barrio, era tal la habilidad de la mujer que inclusos sabía de memoria el sabor preferido de cada uno de ellos.
SeokJin llamó con cuidado a la puerta y los siete gritaron “Dulce o truco”, una frase que no tenía mucho sentido ya que ni siquiera tenían bromas pensadas en caso de que les negaran los dulces, pero así era la costumbre.
La señora Lee salió lista con su bandeja de galletas y sonrió alegremente cuando distinguió de qué iba disfrazado cada niño. Eran disfraces pertenecientes a la cultura pop, y ningún otro anciano hubiera sabido distinguirlos muy bien, pero la señora Lee era una abuela en onda.
–Oh, que bonitos disfraces tienen todos, ¿de qué va cada uno? –Sin embargo, a pesar de saber la respuesta, la señora Lee sabía que a algunos niños les hacía ilusión explicar las cosas que elegían y por qué. Y no se equivocó, ya que el primero en hablar fue SeokJin.
–Mi mami me vistió de Mario, es el héroe de mi videojuego favorito, siempre vence al dragón que es muy malo y grande. –Habló orgulloso. –A mis hermanitos también los vistió ella.
TaeHyung asintió estando de acuerdo con su hermano mayor. –A mí me vistió de oso porque dice que soy su osito de miel.
–Yo soy Ryan porque me gusta mucho. –NamJoon le mostró sus hoyuelos a la abuela, quien no dudó en apretarle la mejilla con cariño y cuidado.
–Muy bien, ustedes se han ganado sus galletas.
Los hermanos Kim recibieron gustosos sus galletas recién hechas guardadas en una bolsita con un moño. La señora Lee incluso les había escrito sus nombres en un sticker.
HoSeok y JiMin al ver que les daban los dulces supusieron que tenían que contestar a la pregunta para recibir los suyos, algo así como un acertijo. Así que en menos de dos segundos ya estaban frente a la señora Lee gritándole sus respuestas.
– ¡A mí mi mami me vistió de flor porque dice que cuando sonrío brillo como una! –Gritó el mayor emocionado.
– ¡A mí me vistió de Jack porque me gusta mucho esa película! Él es el rey de Halloween Town.
La abuela se carcajeó por la emoción de los dos niños, claramente había anticipado sus reacciones, porque esos dos siempre eran los primeros en estar en su puerta cuando olían que estaba haciendo galletas. Muchas veces sus mamás habían tenido que sacar a la ardillita y al pollito de su cocina porque decían que iban a quedarse a vivir en la casa de galletas.
Los dos pequeños hicieron varias reverencias y le dieron las gracias cuando recibieron sus galletas.
Los dos niños restantes hubieran querido tener el mismo entusiasmo de sus cinco amiguitos, pero la verdad es que tanto YoonGi como JungKook eran muy tímidos, si por ellos fuera, hubieran esperado en casa con sus disfraces a que sus amigos llegaran con los dulces, pero no sería justo comer sin esforzarse por conseguirlos.
Así que, con todo el valor que pudo juntar el niño de 7 años, tomó la manita de su pequeño amigo y lo llevó frente a la abuela, que los veía del modo más amable que podía.
–Yo decidí vestirme de Kumamon porque es mi peluche favorito, y mis papás dijeron que iba a verme bonito. –YoonGi agachó sus orejitas de gato dentro de la capucha de Kumamon, tenía miedo de que la señora Lee le dijera que no se veía bonito.
–Tus papás tuvieron razón YoonGi, el disfraz te queda muy bonito. –YoonGi recibió su galleta y una caricia de la abuela sonriendo.
Ahora sólo faltaba JungKook, quien para ese momento ya se había escondido detrás de su hyung esperando el milagro de que alguien más explicara su disfraz.
– ¿Y tú Kookie? Veo que te vestiste de alguien muy fuerte. –Los ojos de JungKook brillaron, porque él pensaba que Iron-Man era el superhéroe más fuerte y genial de todos.
–Me vestí de Aidon-Ma. –Pronunció el nombre del modo que él pensaba que era el correcto, tenía tres años, ya aprendería a hablar con soltura más adelante. –Él pedea conta los malos y es muy muy muy vadiente.
–Ah, entonces es el disfraz perfecto para ti. –La señora Lee se agachó y le dio su galleta. –Porque tú eres un niño muy valiente, ¿verdad? –JungKook sonrió mostrando sus dientecitos y asintió rápido.
Los niños se despidieron de la abuela Lee y volvieron a formar su fila para desfilar a las siguientes casas. Todos los adultos los trataban de forma amable y les decían que se veían tiernos con sus disfraces. Hubo personas que incluso les daban dos dulces o más, así que después de unas cuantas casas sus calabazas ya estaban llenas.
Eso suponía una crisis a su operación, porque les faltaban al menos la mitad de casas y ya no tenían espacio. Sumando aparte que les estaba dando sed y algo de hambre.
–Podemos ir a casa. –Habló TaeHyung. –Papá dijo que haría mochis.
Todos asintieron y siguieron a los tres hermanos hasta su casa. Cuando llegaron fueron sorprendidos con que el señor Kim ya les había preparado una jarra de limonada y suficientes mochis como para que se llenaran y quedaran como uno.
Vaciaron sus calabazas en una bolsa grande que consiguió NamJoon, y se sentaron juntos en la sala para degustar los dulces. SeokJin prendió la televisión y buscó algún canal con caricaturas.
Comieron tranquilamente hasta que de repente escucharon la risa de JiMin, al voltear a verlo encontraron que la causa era JungKook tratando de morderle uno de sus cachetitos.
–Basta Koo, cómete tus mochis. –JiMin sostenía con cuidado al menor para alejarlo de él.
–Mimi padece uno, yo quiedo ve si sabe igual.
La situación se volvió todo un problema cuando TaeHyung se acercó a JiMin tratando de saciar la curiosidad que le había generado la situación. Naturalmente el niño de 5 años no pudo hacer nada contra los dos menores y terminó con ambas mejillas marcadas con dos pequeñas mordidas.
Los cuatro niños más grandes analizaron la situación y se dieron cuenta de que era cierto que el pequeño pollito parecía un mochi con sus mejillas rellenitas, pero no era el único, su hermano gatuno tenía la misma cualidad.
Así que, sin nadie que pudiera evitarlo, los siete amigos terminaron en una batalla de mordidas por ver quién tenía las mejillas más suaves, o quién lograba morder a sus seis contrincantes. Podría ser extraño que quien ganó la batalla fue el pequeño conejo, pero tomando en cuenta que era muy competitivo, y que sus hyungs tenían miedo de lastimarlo, su victoria cobraba sentido.
Todos decidieron donarle el resto de sus mochis como premio por su victoria.
Los niños lavaron sus manitas para quitar la sensación pegajosa de los dulces y tomaron sus calabazas para retomar su aventura. Enlazaron sus manitas y caminaron tranquilamente hasta la casa del dentista, el doctor Jae-sang.
Habían dejado su casa casi hasta el final porque necesitaban mentalizarse para su plática sobre el consumo de dulces. El doctor Jae les caía bien, era muy amable con ellos siempre que los veía, pero como la mayoría de los niños, no les gustaba que les dijeran que los dulces eran malos.
¿Cómo algo tan rico va a ser malo? Ilógico.
Cargaron entre todos a JungKook y este tocó el timbre. No pasó mucho para que el doctor vestido de araña les abriera la puerta.
–Hola niños, ¿cómo les ha ido en su recolección de dulces?
–Bien, todos llenamos ya nuestras calabazas, y aún nos faltan muchas casas. –Habló HoSeok entusiasmado.
–Y yo me gané eto. –Dijo JungKook alzando su manita con un mochi que envolvió cuidadosamente en una servilleta. –Pedo lo taje pada usted.
El dentista tomó el dulce agradeciéndole al pequeño y se lo metió completo a la boca, la realidad es que el odontólogo se la pasaba todos los días diciéndole a los niños que no comieran tantos dulces, pero él era fan de estos. Algo un poco irónico.
–A ver, déjenme adivinar. –El dentista saboreó el resto de dulce en su boca. – ¿Son del señor Kim? –Los niños asintieron sorprendidos, se les hacía alucinante que supiera reconocer de donde venían las cosas por su sabor, a ellos todo les sabía igual menos lo que cocinaban sus mamás. –Bueno, ahora sí, acomoden su fila, del más grande al más chiquito.
Los niños obedecieron con sus calabazas en alto para recibir sus dulces, sin embargo, se dieron cuenta de que no sería tan sencillo cuando vieron cómo SeokJin tuvo que abrir la boca para que el doctor Jae-Sang lo revisara con su linterna.
Así es, quien no se hubiera cuidado los dientes todo el año, no recibiría dulces. Un trato justo según el médico.
TaeHyung se agarró alarmado a la manga del traje de JiMin, entre los niños, él era el que más consumía dulces y postres, a pesar de que se lavaba los dientes tres veces al día y siempre tenía cuidado, eso no evitó que le diera cierto pánico que sus colmillitos estuvieran mal en realidad.
–Mimi, ¿puedes revisar mis dientes? –JiMin lo miró sin entender, pero asintió.
–Di ahhh.
TaeHyung abrió la boca, dejando ver perfectamente sus colmillitos de tigre, JiMin le movió la cabeza a todos lados buscando algo, pero sus ojitos no encontraron nada que él considerara anormal.
–No veo nada, pero la boca te huele a Cheetos y mochis. –El pequeño pollito rió, seguido del conejito que estaba junto a ellos y le resultó una combinación chistosa.
El tigrecito puso sus manos en su cabeza de forma dramática y entró en crisis cuando su turno llegó. En su pequeña cabecita ya estaba trazado su plan de huida a la casa de junto, aunque eso significara perder un dulce.
–Tae, no tengas miedo. –Dijo el doctor una vez que terminó de revisar a JiMin y le dio una bolsita, había preparado bolsitas con dulces caseros y un pequeño kit de higiene bucal. –Eres de los niños que más higiene tiene.
El pequeño lo miró dubitativo, pero terminó acercándose. No podía ser tan malo, y aunque los niños no lo supieran, el odontólogo aun así les daría su bolsita, sólo se llevarían una reprimenda por no cuidar sus dientes.
La revisión ni siquiera duró más de cinco minutos, y lo único que el doctor le dijo de broma fue lo mismo que JiMin: “Hueles a Cheetos y mochis”. Fuera de eso lo felicitó por mantener su boca sana y le dio su bolsita con el dibujo de un tigre.
Fue chistoso, a todos les había dado algo de pánico, pero no lo habían confesado, solamente TaeHyung fue capaz de expresarlo abiertamente, eso era un actitud valiente lo vieras por donde lo vieras.
El resto del recorrido fue demasiado sencillo, sólo tenían que repetir una y otra vez “Dulce o truco” y sus vecinos llenarían sus calabacitas con gusto. Sólo les faltaban unas dos casas y volverían a tener sus contenedores llenos, cada uno se sentía orgulloso de eso porque nunca habían logrado recolectar tanto.
Y lo habían logrado por su cuenta, como un equipo de aventuras.
Pero lamentablemente a veces no todo sale completamente bien, y los pequeños lo entendieron cuando se toparon con unos niños más grandes que ellos en edad y estatura. No los ubicaban de ningún lado, así que debían ser parientes de visita de alguno de sus vecinos, o el guardia del suburbio los había dejado entrar a pedir dulces porque solamente eran tres niños de 10 a 12 años.
Sin embargo, la maldad de una persona no es un factor dependiente de su edad, y los pequeños híbridos lo comprobaron cuando el más grande de esos niños empujó a SeokJin y le quitó su calabaza.
Sus madres habían regresado a su casa un momento, para ir a buscar agua para sus niños, así que ignoraban el problema que estaban pasando.
– ¡Oye! ¿Qué te pasa? Discúlpate con mi hermano y devuélvele sus dulces. –Habló NamJoon enojado.
El pequeño Nam no era partidario de la violencia, de hecho, era el primero en pedir que dialogaran cuando sus amigos discutían, pero haber visto como ese niño maltrataba a su hermano, lo había hecho enojar demasiado. No tendría ningún reparo en morder al niño o algo por el estilo.
– ¿Y tú qué vas a hacer, pulgoso enano? –Otro de los niños empujó a NamJoon hacia SeokJin, logrando que ambos quedaran en el suelo.
Los cinco chicos restantes vieron lo que les había pasado a sus amigos estupefactos, ambos eran los más altos de su grupo y los más fuertes, si aun así habían sido superados tan fácil, significaba que ellos tampoco tenían ninguna esperanza.
Sobre todo, porque aquellos tres niños eran híbridos de depredadores, y todo el mundo sabía que los híbridos de depredadores eran muchísimo más fuertes que los demás, los 7 amiguitos no tenían oportunidad porque él único depredador con el que contaban era con TaeHyung, pero Tae tenía sólo 5 añitos, y no era alguien agresivo, era un tigrecito mimado que le gustaba jugar con sus amiguitos no depredadores.
Y los 3 niños agresores habían notado esto.
– ¡Oye tú, tigre! ¿Qué haces escondido detrás de ese maldito gato? Deberías venir con nosotros, que vergüenza que un depredador se junte con híbridos de animales tan débiles.
TaeHyung frunció su ceño, no entendía la agresividad de aquellos niños, ni porqué le habían dicho una grosería a su hyung YoonGi. Él estaba muy satisfecho con sus amigos, eran los mejores niños que había conocido, y sus papis le habían enseñado a no ser prejuicioso.
No permitiría que esos niños se metieran con sus amigos, aunque ellos fueran más y mayores. Sus padres le habían explicado que siempre habría personas malas, que se metieran con sus hermanitos y sus amigos por ser más “débiles”, y que tal vez él tendría que defenderlos. En su momento no lo había entendido muy bien, pero ahora que se enfrentaba a esta situación, sabía que estaba frente a esas personas malas.
–Dejen a mis amigos en paz, ellos son mejores que ustedes y cualquier depredador. –Tae dio un paso adelante y los vio enojados.
Naturalmente YoonGi y sus hermanos mayores quisieron detenerlo, el niño de 5 años estaba muy loco o era muy inocente si pensaba que podría contra tres niños que le doblaban la edad.
HoSeok, JiMin y JungKook se encontraban muy asustados, y el más pequeño estaba a punto de llorar porque no entendía qué querían esos niños de ellos. También tenía miedo de que le hicieran algo a su hermano y a su amigo pollito, porque sus amiguitos más grandes estaban ocupados deteniendo a Tae.
–Yo los potejo hyungs. –JungKook se abrazó a HoSeok y a JiMin y trató de cubrirlos con su pequeño cuerpecito, naturalmente los dos mayores usaron esto como excusa y lo dejaron hecho bolita entre ellos dos, así si les hacían algo, a JungKook no le tocaría nada.
Los tres niños bravucones le quitaron también sus calabazas a YoonGi y a NamJoon, esa situación, sumado a ver cómo uno se dirigía hacia JiMin y HoSeok hizo que TaeHyung gruñera y le brincara a uno encima.
– ¡No, Tae!
Por suerte, sus madres habían llegado en ese momento y la señora Kim logró sacar a su hijo de encima del niño antes de que este lo lastimara. Las tres adultas analizaron rápido la situación, y se enojaron al ver cómo sus pequeños estaban llenos de pánico, ¿dónde estaban los padres de esos tres niños que les permitieron hacer esto?
–Devuelvan lo que tomaron, esos dulces no son suyos y a ellos les costó mucho trabajo juntarlos. –Dijo la señora Min, mientras tanto la señora Kim y la señora Jung estaban calmando a los pequeños
–No tenemos por qué hacerlo señora, usted no es nuestra madre para obedecerla. –Contestó el mayor de los tres niños, queriendo hacerse el intelectual.
–Oh, supongo que a tu madre le gustará saber sobre esta situación. –El niño la miró incrédulo.
–Usted no conoce a mi madre, no puede decirle nada.
– ¿Estás muy seguro de que no conozco a Bae JooHyun? –El niño abrió sus ojos con terror, ¿cómo está señora conocía a su madre. –Supongo que no hará mal llamarla por teléfono.
La señora Min no era una persona que se anduviera con juegos, así que ni siquiera esperó la protesta de los tres niños cuando ya estaba marcando el número de su amiga. Porque sí, JooHyun había sido su amiga en la preparatoria, y de vez en cuando coincidían y hablaban, era una lástima que su próxima reunión sería bajo estas circunstancias.
JooHyun no tardó mucho en llegar, estaba a unas calles platicando con algunos papás, y no había notado cuando los 3 niños se movieron de lugar. Claramente tampoco tenía conocimiento de los pensamientos y comportamiento de los niños, ella no los había educado así y no sabía de dónde habían obtenido esas ideas.
–Discúlpense y devuelvan lo que tomaron. –Ordenó una vez que la señora Min, la señora Jung y la señora Kim le contaron toda la situación.
–Pero mamá, son híbridos débiles…
–JiYong, yo no te enseñé a pensar de ese modo, ¿eso es lo que piensas de tu hermana menor? –El niño negó avergonzado. –Entonces discúlpate con los niños a los que molestaron, en casa hablaremos y me van a decir de dónde sacaron esos pensamientos.
JiYong y sus dos hermanos se aceraron con cuidado a los más pequeños y les devolvieron sus cosas, junto con una disculpa. Sabían que tal vez sus actos no tenían justificación, pero eran niños a final de cuentas, y se habían visto influenciados por los comentarios de sus compañeros de escuela y algunos de sus primos que les habían metido en la cabeza que ellos eran más fuertes, y por lo tanto debían aprovecharse de los que no lo eran.
JooHyun se disculpó por el altercado que causaron sus hijos y se los llevó para volver a casa, tal vez les daría un castigo sólo para que aprendieran, pero su prioridad ahora era alejar a sus niños de quien sea que les enseñara ese pensamiento tan idiota.
– ¿Ya están más calmados? –Preguntó la señora Jung mirando a los pequeños, se le había estrujado el corazón al verlos tan asustados.
–Sí mami, yo potegí a Mimi y a Hobi. –Habló JungKook abrazado a su mamá.
–Y Tae nos protegió a todos, él fue muy valiente porque es un tigre fuerte. –Habló JiMin emocionado.
–Nam, Jin y YoonGi también quisieron defenderme a mí. –Dijo TaeHyung.
–Bueno, entonces los siete van a recibir un regalo por ser tan valientes. –Dictó la señora Kim. –Vamos a casa para que vean cuál es.
Los siete niños corrieron emocionados a casa de la familia Kim, siendo seguidos de cerca por sus madres.
A pesar de que habían tenido un tropiezo en su aventura, habían aprendido una que otra cosa, y en el futuro la recordarían con mucho cariño y se la contarían a sus respectivos hijos.
JiMin hablaría de cómo su esposo, JungKook, dijo que lo protegería a él y su cuñado, y cómo su otro esposo, TaeHyung, había saltado enojado sobre uno de los niños.
Así como también HoSeok contaría cómo su querido SeokJin fue el primero en querer defenderlos y que fue un gran líder en su expedición.
Y finalmente, YoonGi no pararía de alardear de la primera vez que vio a su NamJoon a punto de mandar el diálogo al averno y ser agresivo.
Y nuestra historia termina como comenzó, con el suburbio Haengboghan siendo tan tranquilo como siempre, en espera de ser testigo de más aventuras de estos siete amiguitos.