Capítulo 1
El martes en que caía el día de San Valentín empezó a llover y, por supuesto, ChanYeol no llevaba paraguas. Se sentía traicionado por el clima soleado y bonito que prometía esa mañana, y estaba convencido de que su mala suerte había hecho trato con el diablo para arruinarle el plan de ese día.
Suspiró desganado y se cubrió la cabeza con el gorro de su chamarra, delicadamente para que al menos su peinado sobreviviera hasta que llegara al salón. No era de sorprender la cantidad de estudiantes refugiados bajo los techos sobresalientes de los pasillos, pues a pesar de que la lluvia no era intensa sí que era constante.
—Detesto esta lluvia —le dijo JongDae por saludo cuando se lo encontró a la entrada de su salón—. JunMyeon hyung se va a enfurecer cuando entre y vea el salón mojado.
—¿JunMyeon hyung? ¿Desde cuándo le dices así al profesor Kim? —preguntó. Por dentro se alegró de no haber traído su guitarra; los golpeteos en las ventanas se hacían cada vez más fuertes. Además, cada vez se convencía más de que solamente se vería ridículo enfrente de él.
—Desde la clase pasada —respondió, sus ojos brillantes—. Creo que le gusta que lo llame por su nombre.
—¿Y no te corrigió? Con lo estricto que es...
—Sí, pero no me interesa —murmuró y se encogió de hombros. Su amigo era incorregible—. Sé que le gustó que lo llamara así.
El salón se fue llenando poco a poco de estudiantes. La lluvia todavía no cedía, pero al menos ya no era tan escandalosa. ChanYeol tomó asiento en su pupitre y miró por la ventana; todavía no llegaba. Esperaba que su mala suerte no fuera tan terrible como para que no asistiera a clases ese día en particular.
—¿Vas a seguir con tu plan a pesar de que está destinado al fracaso? —preguntó JongDae en voz baja. El profesor Kim acababa de llegar y estaba colocando un trapo en el suelo para que los estudiantes se limpiaran los pies antes de entrar.
—Si es que viene a la escuela.
—Vendrá —respondió su amigo e hizo un movimiento con la mano, en un intento por darle confianza—. Tu BaekHyunie es un nerd de prime...
—¡Perdón! ¿Puedo pasar, profesor Kim?
La clase entera volteó hacia la puerta, donde Byun BaekHyun estaba recargado en el marco mientras jadeaba. Su mochila estaba resbalándose de uno de sus hombros, desacomodando la chamarra de mezclilla que tenía puesta junto con su playera blanca. La lluvia también había hecho estragos en su cabello, pero si le preguntaban a ChanYeol, el chico se veía adorable.
—Ya han pasado los diez minutos de tolerancia, señor Byun —dijo el profesor Kim y se acomodó los lentes. Si ChanYeol escuchó cómo JongDae prácticamente chilló, no dijo absolutamente nada.
—Sí... Bu-bueno, es que la lluvia... —trató de explicarse hasta que se quedó callado, un tono carmesí pintando sus mejillas.
La mirada seria del profesor Kim no había cambiado ni un poco, y ChanYeol no lo entendía. No comprendía por qué existían personas inmunes a Byun BaekHyun y su extraordinaria capacidad de estrujar su corazón de una forma que no podía ser sana.
Estaba contemplando la idea de ir a rogarle de rodillas al profesor para que lo dejara pasar cuando el hombre suspiró y se sobó la frente, luciendo visiblemente agotado. Y eso que la clase no había empezado todavía.
—De acuerdo, entre. Sólo porque es día de San Valentín.
Realmente ya no importaba si el sol no salía ese día. ChanYeol estaba convencido de que la sonrisa de BaekHyun era suficiente para iluminar la escuela entera, y en particular su propia existencia.
Decir que ChanYeol estaba enamorado de BaekHyun era lo que más se le acercaba a lo que realmente sentía por su compañero. No sabía realmente cómo describirlo, y JongDae siempre lo miraba con asco cada vez que se ponía a hablar del más pequeño.
BaekHyun no había estado con ellos desde el inicio de la carrera, y ChanYeol en parte lo agradecía. No estaba seguro de que su corazón hubiera soportado más vuelcos como los que lo atacaban con más frecuencia de la normal. Por eso hoy le daría fin a todo, a pesar de que el resultado no era favorable. Pero no le importaba (en realidad sí, pero nunca lo decía en voz alta).
Byun BaekHyun tenía pareja, y cada vez que recordaba eso le daba un no sé qué que apretaba su pecho y no lo dejaba respirar bien. Se trataba de un joven que no iba en la escuela y era mayor que ellos. Por la información que le había intercambiado a Oh SeHun, uno de los mejores amigos de BaekHyun, por comprarle su comida durante una semana, sabía que su novio se llamaba Lee Junki y trabajaba en una agencia de traductores.
Y, para agravar la situación, BaekHyun parecía realmente enamorado. Pocas veces había tenido la oportunidad de ver a Lee Junki porque no iba a recoger seguido a BaekHyun (cosa que ChanYeol jamás haría. El esperaría a BaekHyun así saliera a las cuatro de la mañana), y a pesar de que era bien parecido y tenía dinero, ChanYeol insistía en que BaekHyun merecía a alguien mejor, alguien como él. Aunque quizá era su corazón y no la razón la que hablaba por él.
Estaba consciente de que confesarse en el día de San Valentín era lo más cliché del universo, pero lo había pospuesto tantas veces por excusas sin sentido que necesitaba una fecha fija para actuar. Y qué mejor que el día de los enamorados. Intentaba no hacerse muchas ilusiones; fríamente hablando, no había razones para que tuviera esperanzas, pero pensar en la utopía de que BaekHyun le correspondiera ponía todo su cuerpo a temblar.
Ahí, sentado dos bancas adelante y a la derecha, estaba Byun BaekHyun organizando sus cosas en el pequeño espacio que ofrecía la paleta de su pupitre, luciendo aún más perfecto que todas las veces en las que había aparecido en los sueños de ChanYeol.
—El día de hoy trabajarán en parejas. Quiero que cada equipo lea el tema que les asignaré y lo presenten en clase. Si no alcanza el tiempo, continuaremos en la siguiente —habló el profesor y tomó la lista para empezar a asignar las parejas. Antes de que continuara, sin embargo, JongDae alzó la mano y ChanYeol casi se pega en la frente.
—¿Puedo trabajar con usted, profesor? —preguntó, una expresión seria en su rostro a pesar de los cuchicheos y risillas por aquí y por allá. Todo el mundo sabía que JongDae no era para nada cuidadoso al esconder su interés por el profesor Kim.
—Gracias al señor Byun, el día de hoy no faltó nadie. Lo que hace un total de... —dijo y miró rápidamente la lista— veintidós estudiantes. Once parejas exactas.
—Pero tengo dudas sobre el tema... —habló JongDae y recorrió las páginas de su libro con fingido interés.
—Todavía no les asigno el...
—Las tendré —se apresuró a decir. ChanYeol no sabía si reír, llorar o esconderse debajo del escritorio del profesor. No quería que lo relacionaran de ninguna forma con JongDae.
El profesor Kim suspiró largamente. A pesar de que era conocido en el campus entero por su seriedad y por ser uno de los profesores más rectos y estrictos, Kim JongDae era el único estudiante al que no le llevaba la contraria. ChanYeol estaba seguro de que era porque JongDae era tan fastidioso que el profesor prefería ahorrarse una discusión; ya había ocurrido lo mismo en repetidas ocasiones. Y, como casi todo en la vida de JongDae, salió ganando. Francamente, comprendía al profesor.
—Bien. Entonces tendremos un equipo de tres —dijo el profesor, más para él mismo que para el resto—. Conforme pase lista, iré asignando los equipos y los temas.
ChanYeol volteó a ver entonces a JongDae, y se empezó a reír más por incredulidad que por diversión. Su amigo tenía una sonrisa de satisfacción que ocupaba casi toda su cara.
—No puedo creer que lo hayas hecho —dijo y lo golpeó en el brazo—. Un día vas a hacer que te suspendan.
—El día que eso pasé, será porque le planté un beso a nuestro querido profesor de Gramática.
—Park ChanYeol —dijo el profesor, y ChanYeol iba a responder pero lo interrumpió—. Trabajarás con Byun BaekHyun.
ChanYeol se quedó en silencio los segundos suficientes para que el profesor Kim, BaekHyun y JongDae se le quedaran viendo fijamente. Él mismo estaba viendo sin realmente ver la mancha sospechosa al lado del pizarrón; francamente estaba sin palabras. ¿Él? ¿Con BaekHyun? ¿Y si decía una estupidez que arruinara la confesión que había planeado con tanto esfuerzo?
No, no podía dejar que eso pasara. De verdad que se había levantado con el pie izquierdo, no podía ser que un día tan importante estuviera cubierto de nubes grises de mala suerte. Literalmente. Fue entonces que el hámster corriendo en su cabeza reaccionó.
—¡No! —exclamó de repente, con voz fuerte y alguno que otro gallo, haciendo que el profesor Kim alzara una ceja y BaekHyun saltara en su asiento. JongDae lo pellizcó, pero decidió ignorarlo— Qui-quiero decir, ¿me puede a-asignar otro compañero, profesor?
El profesor Kim parpadeó varias veces, y luego dio un suspiro todavía más largo que los anteriores. ChanYeol no quiso voltear a ver a BaekHyun; por alguna razón, tenía un mal presentimiento.
—¿Alguien más piensa arruinar las parejas que ya tenía asignadas? ¿No? De acuerdo. Park ChanYeol, trabajarás con Do KyungSoo.
Contento, ChanYeol asintió y empezó a recoger sus cosas para cambiarse de lugar. Conocía a Do KyungSoo, era simpático y trabajador. Seguro harían un buen equipo. Antes de levantarse, JongDae jaló su manga y ChanYeol se dio cuenta de que lo estaba viendo con una cara que gritaba «ERES UN IMBÉCIL» con todo y mayúsculas.
—En estos cinco cuatrimestres que llevamos juntos, jamás habías hecho una estupidez tan grande, Park ChanYeol.
—No estoy de acuerdo —dijo y alzó el dedo índice, justo como le hacía el otro profesor Kim en la clase de Historia de China—. De hecho, acabo de evitar que BaekHyun me viera actuando como un idiota. Necesito que tenga una buena imagen mía cuando las clases terminen.
—¿Y de pura casualidad, digo, si es que no eres tan bestia, no consideraste que pudiste ofender a BaekHyun al no querer ser su compañero?
ChanYeol jaló aire para responder, pero se quedó atorado en su garganta. Sintió como si le hubieran echado un balde de agua fría en la cabeza porque de repente todo lo que decía JongDae tenía mucho sentido. Dejó de escuchar las palabras de su amigo; estaba más ocupado luchando con lo mucho que se odiaba a sí mismo en ese momento.
—Creo que ya me jodí —murmuró en voz baja, casi sólo para él, pero JongDae tenía oído biónico y asintió, efusivo. No quería que nadie más se enterara de su desgracia.
—Así es. Ahora sí tienes toda la razón.
Al término de la última clase, ChanYeol ya sufría de dolor de cabeza. Suponía que era porque desde su pobre desayuno —que consistió en un café y tres galletas— no había probado alimento, pero había una razón poderosa para ello: su nerviosismo.
Con el episodio vergonzoso de su primera clase, sus nervios se habían disparado hacia niveles inconcebibles, porque ya no sólo tendría que lidiar con el hecho de que BaekHyun lo rechazaría, sino que la probable amistad que podían formar estaba kilómetros lejos de su alcance. Pero en vez de que JongDae lo apoyara, estaba empujándolo con toda la fuerza que poseía hasta el pasillo donde se encontraba el casillero de BaekHyun.
—Me viene importando un calcetín si la cagaste hace rato, ChanYeol. Te le vas a declarar —dijo y tomó aire para empujar de nuevo la humanidad de ChanYeol que, al parecer, echó raíces en el suelo.
—No estoy listo para el rechazo —dijo; estaba a punto de ponerse a llorar—. Me va a mandar por un tubo.
—Oh, pero claro que lo va a hacer. ¿Y sabes qué? No me interesa— contestó JongDae y mejor optó por jalar su ropa. Cuando más gente empezó a mirarlos, fue que ChanYeol cooperó. Poquito. Al menos lo suficiente para que JongDae no llegara sudando hasta el pasillo.
Al dar vuelta, BaekHyun estaba cerrando su casillero mientras platicaba con Oh SeHun, que en cuanto los vio se irguió y le guiñó un ojo a ChanYeol. Por suerte, BaekHyun no lo vio; ChanYeol ya estaba teniendo muchos mini infartos en ese momento. Con manos temblorosas abrió su mochila y sacó una caja de chocolates que tenía un moño rojo en una esquina y una tarjeta pegada justo al lado.
De acuerdo a SeHun, esos eran los chocolates favoritos de BaekHyun; chocolate amargo relleno de menta. Cuando se enteró casi se pone a llorar, porque esos también eran sus favoritos, pero en ese momento el olor de los dulces lo estaba mareado.
—Esto no es buena idea —murmuró con voz ahogada, el corazón retumbando en sus oídos como un tambor—. Creo que voy a vomitar.
—Nop, no te conviene —respondió JongDae y ChanYeol rodó los ojos—. Vamos, eres Park ChanYeol. Lo único imposible para ti es pasar erguido bajo el marco de mi puerta.
—Eso es porque eres demasiado enano, JongDae.
—BaekHyun es tan bajo como yo y aun así andas tras de él como perro faldero —se quejó JongDae, indignado—. Ahora, ve a cazar a tu presa. ¡Te espero afuera!
Y con eso, JongDae lo dejó solo. Como si se tratara de un código entre él y SeHun, el chico se despidió de BaekHyun y huyó también, no sin antes mencionarle algo que hizo que se volteara y lo mirara directamente a los ojos.
Mierda.
ChanYeol estaba convencido de que todo iba a resultar en un desastre en cuanto vio a BaekHyun rodar los ojos, pero respiró profundamente y caminó hasta el chico. Realmente ya no tenía nada que perder, ya había jodido todo desde el principio así que ahora iba más que nada por sacarse un poco del amor que tenía en el pecho y que lo estaba asfixiando. Por suerte, BaekHyun no dio vuelta y se fue, sino que se quedó de pie con sus brazos cruzados.
—Ho-hola Baek... —murmuró y apretó los labios, forzando una sonrisa. Estaba tan nervioso que hasta sus dientes castañeaban.
—ChanYeol, ¿verdad? ¿El que no quiso hacer equipo conmigo? Te juro que no soy contagioso —dijo, y ChanYeol no pudo contener su risa. De su lista de «Cosas que adoro de Byun BaekHyun», su sentido del humor ocupaba los primeros lugares.
—Sí, bu-bueno. No fue mi intención ofenderte...
—Lo hiciste.
—Lo siento —dijo, y le mostró una sonrisa de disculpa, la misma que siempre funcionaba con su madre. Y parece que funcionó también con BaekHyun, pues su expresión se suavizó un poco.
—¿Qué necesitas?
ChanYeol se mordió los labios y miró a todos lados hasta que llegó a BaekHyun, quien tenía una ceja alzada y tamborileaba sus dedos en su brazo. Era tan pequeño, del tamaño exacto para que cupiera en sus brazos. Pero no era el momento de fantasear, ya lo haría en su tiempo libre.
—Feliz día de San Valentín —dijo, su voz tan pequeña que apenas fue audible. Le extendió la caja de chocolates con manos temblorosas, y sin dejar que BaekHyun respondiera, continuó—. No quise hacer equipo contigo porque soy muy estúpido y no quería que te llevaras una mala impresión, aunque después JongDae me dijo... El punto es —paró y tomó aire. Su corazón todavía no regresaba a su ritmo normal—, q-que quería decirte que me gustas. Mucho. Es todo.
BaekHyun alternó la mirada entre la cara nerviosa se ChanYeol y los chocolates rellenos de menta. Acarició la tapa con curiosidad, y ChanYeol sintió que lo atacaba otro mini infarto cuando sus finos dedos pasaron por el moño y la tarjeta. No quería decirle que se estaba muriendo por una respuesta, pero como por arte de magia, BaekHyun terminó pronto con su agonía.
—Gracias —dijo y le sonrió dulcemente. Ahora sí ChanYeol sintió que se moría tanto de felicidad como amargura—. Es un detalle muy lindo de tu parte, pero yo... yo no...
—Lo sé —dijo ChanYeol, sorprendiendo a BaekHyun—. No espero una respuesta, sólo quería decírtelo. Y por lo de hoy, tampoco espero una amistad, pero ojalá no me veas feo cuando te salude en los pasillos.
BaekHyun se soltó a reír; esa risa preciosa que curaba todos sus males y ahora mismo le estaba ayudando con el nudo que tenía en la garganta. A pesar de todo, sentía un peso menos en su pecho.
—De acuerdo —respondió y volvió a sonreír, esta vez más efusivo.
ChanYeol había soñado con que abrazaba a BaekHyun y le daba vueltas luego de besarlo en los labios, una vez que hubiera terminado su declaración de amor, pero sabía que era imposible. Así que sólo asintió y dio dos pasos hacia atrás, sintiéndose incómodo y tonto.
—Gracias, Baek. E-espero que te gusten los chocolates —murmuró, y con eso dio vuelta y partió hacia la salida, donde JongDae lo estaría esperando para que le diera todos los detalles. El bastardo no perdería la oportunidad de mofarse de su desgracia, aunque sentía que ya no le afectaría tanto como antes.
Ya no vio cómo los labios de BaekHyun formaban una línea mientras veía la caja con una adoración que había escondido todo el rato; después de todo, eran sus chocolates favoritos. Fue entonces que reparó en la tarjeta, y ya que ChanYeol no estaba por ningún lado, la arrancó y abrió, una sonrisa formándose inconscientemente en sus labios cuando leyó el contenido.
«¡Feliz día de San Valentín, BaekHyunie! Continúa siendo un rayito de sol :)»
—Lo que yo no entiendo —dijo BaekHyun y se metió otro chocolate a la boca— es cómo supo que estos eran mis chocolates favoritos de toda la vida. Solamente Junki lo sabía.
SeHun se encogió de hombros y trató de robarle un chocolate sin éxito alguno. En vez de comerse todos el día anterior, BaekHyun había guardado la mayoría para que su novio no los viera, junto con la tarjeta y el moño. Sabía que Junki enloquecería si se enterara que alguien le estaba haciendo regalitos en San Valentín.
—Quién sabe. A lo mejor fue una corazonada —argumentó SeHun. En su mente se estaba dando palmaditas en la espalda; quién sabe qué hubiera pasado si no hubiera adivinado correctamente los chocolates.
BaekHyun suspiró y se recargó en su casillero. Por alguna razón, no había dejado de pensar en la cara de empacho que traía ChanYeol el día anterior cuando se le confesó. El pobre parecía que iba a desmayarse mientras estaba hablando con él; incluso BaekHyun se contagió un poco de sus nervios.
A decir verdad, se veía lindo. Siendo tan alto y viéndose tan imponente, era un manojo de nervios frente a él. Y eso sin contar la tarjeta. BaekHyun ahora sentía curiosidad por saber qué tan nervioso se pondría si BaekHyun le siguiera el juego aunque sea por unos segundos.
—Estás sonriendo —dijo SeHun interrumpiendo sus pensamientos. BaekHyun parpadeó un par de veces y miró a SeHun con el ceño fruncido.
—No es cierto —dijo, indignado. Se comió otro chocolate para ver si podía bajar el súbito calor que había subido a su rostro.
—Sí. Y ahora te estás sonrojando. ¿Tanto te afectó Park ChanYeol?
BaekHyun abrió la boca para responder, evidentemente ofendido, pero se quedó en silencio cuando divisó a lo lejos la figura alta de ChanYeol entrando por la puerta principal junto al que debería ser su amigo, JongDae.
Por supuesto, ChanYeol volteó en su dirección y se le quedó viendo con ojos como platos, y de repente todo era demasiado estúpido porque BaekHyun volteó a la velocidad del rayo, avergonzado de verse descubierto. Sólo para encontrarse a SeHun viéndolo con expresión cómplice.
—Olvídalo, hyung. Acabas de responder a mi pregunta.
BaekHyun bufó y tomó su mochila mientras cerraba la caja de chocolates; sólo quedaban tres. Pensó que sería muy evidente que estaba huyendo de ChanYeol si se iba por el lado contrario, así que empezó a caminar en su dirección. Conforme avanzaba, el rostro de ChanYeol se iba haciendo cada vez más pálido, y por lo visto JongDae sólo se estaba burlando. Definitivamente él y SeHun serían muy buenos amigos.
—Hola —dijo, y ChanYeol sólo asintió. BaekHyun no podía encontrar esto más divertido—. ¿Cómo estás?
—Ah, bien. Sí —murmuró y después carraspeó, incómodo. BaekHyun podía decir que JongDae estaba teniendo uno de los mejores días de su vida, pero al final fue buen amigo y le dio un golpe a ChanYeol para que se espabilara—. ¿Y... Y tú?
—Estoy bien —dijo BaekHyun y se balanceó de un lado para otro—. Por cierto, gracias por los chocolates. Estaban deliciosos.
Por fin, ChanYeol le mostró una reacción diferente al nerviosismo, porque le sonrió enormemente. Incluso sus ojos se arrugaron de felicidad y un hoyuelo apareció en su mejilla izquierda; no que BaekHyun estuviera prestando especial atención a sus rasgos, claro.
—Me alegra mucho escuchar eso —sí, lo noté, pensó BaekHyun—. Los chocolates rellenos de menta siempre te alegran el día, por eso son mis favoritos.
BaekHyun sonrió, genuinamente contento. Quería decirle que también eran sus favoritos, que era la primera persona que conocía que amaba esos chocolates porque Junki los odiaba y los demás sólo los tenían por chocolates promedio. Pero se dio cuenta de que eso era bastante personal para alguien a quien sólo había conocido realmente el día anterior, y alguien que además le había confesado sus sentimientos. De repente, BaekHyun se asustó.
—Creo que debemos ir al salón —dijo, y no pudo contrarrestar la punzada de culpa que cruzó su pecho cuando ChanYeol mostró decepción—. Pasaré antes a la cafetería, ¿te veo allá?
—Seguro —dijo, y BaekHyun notó cómo sus dedos empezaron a jugar con la orilla de su sudadera antes de hablar—. Nos vemos después, BaekHyunie.
Y con eso, ChanYeol voló hasta su salón, con JongDae tratando de seguirle el ritmo entre quejas y gritos. BaekHyun se había quedado sin palabras.
—Entonces... –dijo SeHun una vez que se encaminaron a la cafetería. BaekHyun rodó los ojos cuando escuchó su tono pícaro—. Estaban deliciosos los chocolates, BaekHyunie...
—Cállate, SeHun.
—Yo sólo decía —murmuró—. Aunque si me das un chocolate, te dejaré en paz.
BaekHyun suspiró y abrió la caja para sacar solamente un chocolate. Se rio cuando vio la expresión sumisa de SeHun, esperando como un cachorro a que le diera un bocadillo. Una vez que lo tuvo en sus manos, literalmente lo engulló como aspiradora.
—A todo esto —habló SeHun y se chupó los dedos—. ¿Qué te regaló tu fantástico novio? Digo, ya que no estuvo contigo ayer, debió darte algo.
—Hoy estás demasiado hablador, SeHun. Cuando a mí no me interesa cada vez que abres el pico.
—¡Hey! —exclamó, indignado. La mancha de chocolate en la comisura de sus labios le quitaba tanta seriedad— No me puedes culpar, no soy el único al que no le agrada Junki. Tu madre, por ejemplo, lo detesta...
—Me dejó una carta, algo de ropa y un ramo de rosas. ¿Contento? —exasperado, BaekHyun sacó otro chocolate para calmar sus nervios. La nicotina se quedaba corta— Además, hoy vendrá por mí. Saldremos a comer y después al cine.
SeHun se encogió de hombros, y por fin cerró la boca cuando llegaron a la cafetería. Ahora que lo pensaba, no tenía idea de por qué había ido ahí si los chocolates le habían quitado toda el hambre. Suspiró una vez más y compró sólo una botella de agua. Después iría por más comida.
—Eres todo un pícaro —le dijo JongDae ya que estaban dentro del salón. ChanYeol todavía estaba jadeando de la carrera y de lo rápido que iba su corazón.
—¿Crees que se haya molestado? Quizá fue demasiado lo de la tarjeta... y lo de ahorita...
—Deja de pensar en eso —murmuró su amigo y palmeó su hombro—. Me sorprendes. Creo que después de todo, ayer no la cagaste tanto.
ChanYeol le mostró una media sonrisa y miró al frente, la profesora acababa de llegar. JongDae tenía razón, las cosas no habían salido tan catastróficas como él pensaba. BaekHyun había sido amable todo el tiempo, incluyendo por supuesto cuando se le declaró y le obsequió los chocolates.
A decir verdad, no lo sentía tanto como un rechazo. La oportunidad de entablar una amistad con BaekHyun estaba ahí en bandeja de plata, y eso era más de lo que podía desear. Su sonrisa se ensanchó cuando vio a BaekHyun llegar casi corriendo, y en vez de pedir permiso para pasar, se escabulló hasta su silla aprovechando que la profesora estaba volteada hacia el pizarrón.
—Ahora espero que pongas atención —susurró JongDae y le dio un codazo—. Si repruebas, te quedarás un cuatrimestre atrás de tu BaekHyunie.
—Claro —respondió—. Yo sí pongo atención, no como otros en la clase del profesor Kim...
—Del profesor Kim MinSeok, dirás. Porque yo le presto toda mi atención a mi JunMyeon hyung...
—Park, Kim, ¿algo que quieran compartir en la clase?
Todos sus compañeros, incluyendo BaekHyun, los voltearon a ver cuando la profesora Chung les habló. Por lo menos había hecho reír a BaekHyun, así que ChanYeol ya no se sintió tan mal porque le llamaron la atención.
—Tan solo le decía a mi compañero ChanYeol que pusiera atención en su maravillosa clase —dijo JongDae y ChanYeol casi se atraganta al ver a la profesora rodar los ojos—. Puede continuar.
La clase continuó y, con ello, se desvanecieron todas las miradas escrutadoras. ChanYeol alcanzó a hacer contacto visual con BaekHyun apenas unos segundos, pero fue suficiente para alegrar el resto de la clase.
Ese día todo fue bastante bien. Cruzó unas palabras más con BaekHyun en la cafetería, y tomó nota de que le gustaba comprar un muffin de chocolate como postre. Quizá él le compraría uno alguna vez. Separaron sus caminos al término de la última clase, donde BaekHyun se dirigió a la salida y él a la biblioteca, tenía que comenzar con la investigación para un ensayo. No tuvo oportunidad de despedirse pero no había problema; ChanYeol ya se sentía como si flotara.
JongDae se había ido temprano ese día, pues le tocaba trabajar con su padre en un restaurante que habían iniciado hace no mucho. Como su madre estaba enferma y no podía trabajar, JongDae y su padre estaban a la cabeza de la familia, y a pesar de que era cansado, JongDae casi nunca se quejaba. Eso admiraba de su amigo.
ChanYeol terminó de escoger los libros y sacó las copias que necesitaba cerca de media hora después de la salida. La ventaja era que su casa no estaba tan lejos, así que tendría oportunidad de jugar un rato antes de hacer su tarea.
Iba caminando hacia la salida cuando vio a BaekHyun sentado en una de las jardineras mientras escuchaba música. Por instinto se escondió detrás de la mitad de la puerta que ya estaba cerrada, pero se dio cuenta de que era muy estúpido considerando que BaekHyun no podía verlo.
«¿Por qué seguirá aquí?» se preguntó, y sonrió cuando lo vio balancear sus pies hacia delante y hacia atrás en la jardinera, pues no tenía la estatura suficiente para que sus pies alcanzaran el suelo. ChanYeol sintió de nuevo un calor familiar recorriendo su pecho hasta que alcanzó la punta de sus orejas; estaba tan enamorado que era ridículo.
Decidió que no perdía nada si se acercaba a saludar. Ya eran algo así como conocidos, ¿no? Además, ChanYeol sabía por experiencia propia que BaekHyun era un terroncito de azúcar y no le pondría mala cara. Con eso en mente, respiró profundamente y salió por completo de la escuela; BaekHyun estaba como a diez pasos de él.
Sus manos empezaron a sudar y, como todas las veces que se cruzaba con BaekHyun, sintió su corazón en sus oídos y su garganta. En su cuerpo sentía la adrenalina a flor de piel, pero le costaba un mundo caminar los escasos diez pasos y acercarse a él. Era increíble que una sola persona tuviera el poder de hacerlo flaquear sólo con su presencia.
Si sus pies estaban pegados al suelo, acabaron por echar raíces cuando vio un auto estacionándose cerca de donde estaba BaekHyun, y a éste poniéndose de pie. Del auto salió un hombre que ChanYeol había tenido la desgracia de conocer una sola vez, tiempo atrás, cuando todavía no se había decidido confesarle a BaekHyun sus sentimientos.
Ese mismo hombre, llamado Lee Junki, caminó hasta donde estaba BaekHyun y lo abrazó, lo levantó del suelo para darle un par de vueltas y lo besó en los labios.
ChanYeol no estaba seguro de qué fue lo que acabó por romperle en corazón en mil pedazos; si Junki literalmente viviendo su sueño más grande, o BaekHyun luciendo tan contento y enamorado. No se dio cuenta de que se había quedado como un idiota viendo toda la empalagosa escena hasta que enfocó su vista y vio a BaekHyun abrazando a Junki y, al mismo tiempo, viéndolo a los ojos con una expresión entre sorprendida y algo más que no supo descifrar.
Maldita sea. Esa era su señal para largarse, no quería seguir haciendo el ridículo. Sus pies cooperaron con él y caminó de prisa, acomodándose sus audífonos tan rápido como pudo para no escuchar a ninguno de los dos. Una vez fuera de su vista, ChanYeol se permitió derramar las lágrimas que tenía acumuladas, liberando un poco de la presión que se había aligerado estos días, pero que ahora llegaba con tal intensidad que ya no solo ahogaba, sino dolía.
BaekHyun no podía quitarse la espina de la curiosidad con respecto a ChanYeol. Curiosidad mezclada con algo de culpa, aunque no sabía exactamente por qué si desde un inicio él había dejado en claro las cosas, y ChanYeol las había aceptado. Por más que quisiera, le era imposible borrar la imagen del chico alto evidentemente herido al verlo a él con Junki.
Había pasado un total de cinco días desde eso, y ChanYeol no le había dirigido la palabra. BaekHyun sabía que de cierta forma era lo correcto, que para ChanYeol sería mucho mejor si cortaba todo contacto con él. Pero con BaekHyun era otra historia. No podía evitar que sus ojos se desviaran cada vez que escuchaba la voz grave de ChanYeol cerca de él, o se sentía tenso cuando al alto le tocaba responder alguna pregunta que le hacía el profesor.
Su situación era tal, que se encontraba pensando en ChanYeol más de lo que debería, en la sonrisa que le dirigió cuando mencionó el presente que le hizo días atrás, o en su cara pálida cuando se le confesó. Sobre todo, no dejaba de pensar en su expresión dolida, en sus ojos grandes y mandíbula tensa. Y con ello, venía una sensación de culpa que le amargaba la sangre.
—¿Estás bien? —preguntó Junki mientras se arreglaba la corbata. BaekHyun había terminado de vestirse y se estaba atando el tenis restante cuando volteó hacia Junki, sorprendido.
—Uhm, ¿sí? ¿No lo parezco? —preguntó y ladeó la cabeza. Junki dejó de ver el reflejo de BaekHyun por el espejo y volvió su atención al dobladillo de su camisa.
—Pareces distraído —señaló—. ¿Hay algo que te esté molestando últimamente?
—Sólo la escuela —mintió. No había forma en que dejara que Junki se inmiscuyera—. Todavía falta para que se termine el cuatrimestre pero ya tengo mucho trabajo.
Y apenas es lunes, quiso añadir. Un lunes más sin poderse quitar al gigante de su salón de la cabeza. ¿Qué rayos le estaba pasando?
—Bueno, ¿qué te parece si este fin de semana salimos a algún lado? Estoy seguro de que puedo terminar el trabajo rápido, así que hay que salir.
BaekHyun sonrió. Sabía lo muy ocupado que estaba su novio en la agencia, y el que se estuviera dando un tiempo para los dos era muy valioso. Asintió efusivo, y sintió que su rostro se calentaba cuando Junki se inclinó frente a él, tomó su rostro y lo besó largamente.
—Se me antoja ir a cenar juntos —murmuró sobre sus labios, antes de darle un beso inocente y separarse por completo. BaekHyun ya lo extrañaba.
—¿Hablas en serio? —preguntó BaekHyun, sus ojos iluminándose.
—Tan en serio como que te llamas «el amor de mi vida»— murmuró Junki, y pronto BaekHyun estaba abrazándolo con fuerza.
—¡Perfecto! Yo también me esforzaré para acabar todo a tiempo —dijo y tomó el rostro sonriente de Junki y le dio un sonoro beso—. ¡Gracias!
Junki rio y los apresuró a que terminaran de alistarse para salir y comenzar su día. Gracias a él, BaekHyun sentía que su corazón estaba más ligero y contento.
Desde que salió de casa hasta que llegó a la escuela se sentía especialmente feliz; desde su última cita por San Valentín no habían podido salir, pero ahora el fin de semana por fin tendrían un tiempo para ellos dos.
—¿Qué mosca te picó, hyung? —preguntó SeHun una vez que se encontraron en la escuela y empezaron a caminar hacia los casilleros. Tenían que apresurarse con sus cosas y llegar temprano para evitarse una posible falta.
—Buenos días para ti también, SeHun —saludó. Ni la molestia que podía llegar a ser SeHun le arruinaría el día—. No es nada que te interese, cosas entre Junki y yo.
SeHun hizo cara de asco y siguió caminando a su lado. Por supuesto, BaekHyun lo ignoró; prefirió buscar las llaves de su casillero. Estaba tan entretenido hurgando en su mochila que cuando miró hacia el frente casi saltó tres metros hacia atrás al ver a ChanYeol recargado en el casillero junto al suyo, audífonos puestos y perdido en su teléfono.
—Hyung —susurró SeHun en su oído, y BaeHyun literalmente vibró del susto—. Ha estado ahí desde antes de que llegara, a lo mejor te está esperando.
Cinco días completos sin hablarle hacían que BaekHyun se sintiera más tenso todavía. Iba a ser un encuentro incómodo por decir lo menos, dado que BaekHyun todavía se acordaba de su dolorosa expresión. Carraspeó un poco antes de caminar hacia el alto; actuaría como si nada hubiera pasado entre ellos. Él no tenía la culpa, además ChanYeol lo sabía. ¿Por qué entonces se sentía así?
—¡Oh, BaekHyun! —exclamó ChanYeol, se quitó los audífonos y guardó su teléfono. BaekHyun cerró la boca haciendo que sus dientes sonaran; le había ganado la palabra— ¿Cómo estás?
—Bien, ¿tú? —preguntó y sonrió, curioso. ChanYeol estaba rebuscando entre los libros de su mochila.
—Muy bien, gracias —contestó—. La profesora Jung me pidió que te diera esto... —continuó, y sacó de su mochila un folder—. Quiere que lo presentes en la siguiente clase.
BaekHyun sonrió de oreja a oreja cuando vio una calificación perfecta además de una nota de felicitación. Definitivamente ese día ya era el mejor de toda la semana.
—Gracias, ChanYeol —dijo y le sonrió, efusivo.
—No es nada —respondió y se colgó bien la mochila, una sonrisa intentando trepar a sus labios—. ¡Nos vemos en el salón!
Y con eso, ChanYeol se encaminó a su respectiva aula hasta que BaekHyun lo perdió de vista. No hubo ningún sonrojo, tartamudeo ni una palidez fantasmal. Y BaekHyun no podía evitar que la espinita de la “curiosidad” que lo estaba molestando en toda la semana resurgiera de repente.
—Wow —murmuró SeHun y se cruzó de brazos—. Y yo que juraba que estaba enamorado de ti.
—Silencio, SeHun. Ahora vámonos, que tampoco debes llegar tarde —murmuró y rodó los ojos, repentinamente molesto. Y para empeorar las cosas, no dejó de pensar en las palabras de SeHun hasta que las clases se terminaron.
En palabras de JongDae, la universidad era un bastardo que iba drenando la juventud de los estudiantes a una velocidad increíble. ChanYeol estaba de acuerdo. Era su quinto cuatrimestre y la carga de trabajo se iba haciendo más y más grande, sin contar que también iba subiendo de dificultad.
A pesar de que le encantaba estudiar Idiomas, había ocasiones en que quería lanzar todo por la ventana y renunciar, pero no podía hacer eso. Tendría que conformarse con café cargado y bolsas bajo los ojos, justo como ahora. El ensayo que debía escribir estaba tomando más tiempo del que debería, y ya se estaban juntando otros trabajos por entregar que ni siquiera había empezado.
Su mochila pesaba el doble por los libros que había sacado, y eso que no eran tantos porque internet hacía su magia y le daba diversas fuentes. Suspiró al entrar a la biblioteca; apenas eran las tres de la tarde ese jueves, pero ya se veía saliendo de ahí hasta que el sol se ocultara.
Por su propio bien, acabó por alejarse de BaekHyun unos días. Al inicio JongDae no estaba de acuerdo, porque según él tenía que actuar como una bola de demolición cuando se trataba del amor, pero ChanYeol no era así. Mucho menos después de la escena que vio fuera de la escuela, y de la felicidad que proyectaba BaekHyun.
Si era sincero, lo que menos quería era irrumpir en una relación estable. Más, siendo consciente de que no tenía oportunidad alguna. Pero aunque quisiera, no podía evitar desviar la mirada hacia donde BaekHyun estaba, ya sea en la cafetería, en la salida o recién llegando al salón. Incluso cuando hablaba, ChanYeol sentía una punzada en el pecho y estómago, punzada que lo intoxicaba y lo hacía ver como un total masoquista.
JongDae dejó de molestarlo cuando lo vio con cara de perro atropellado, y al contrario de lo que pensaba, apoyó su decisión.
«Tienes que dejar a BaekHyun con las ganas» fueron sus palabras exactas. Bueno, algo era algo, pensó.
Si ChanYeol dudaba de que su mala suerte podía ser más mala, se encontró a BaekHyun sentado en una de las mesas de la biblioteca, recorriendo las hojas de un par de libros mientras hacía anotaciones. ChanYeol supo de inmediato que estaba trabajando también en el ensayo, pues él tenía los mismos libros en sus manos.
Con un suspiro, tomó el camino más largo hacia los pasillos de libros, tirando incluso la mochila de una estudiante quien lo vio feo cuando se disculpó. ChanYeol rodó los ojos, nada bueno auguraba ese día. Al menos esperaba avanzar lo suficiente para tener tiempo de salir el fin de semana; ya se sentía como un león enjaulado.
Estaba buscando el pasillo donde dejaría el último libro cuando escucho voces cerca de él. No les prestó atención hasta que vio a BaekHyun dando vuelta en su pasillo, teléfono entre su hombro y cuello y ambas manos ocupadas en un libro y en su código.
—¿Viaje de negocios? —dijo. Para ese entonces, ChanYeol ya le había dado la espalda, más ocupado en revisar los libros hasta abajo—. ¿Cuándo regresarías?
Notó el tono de BaekHyun y volteó inmediatamente. El más bajo ya tenía el libro en una mano y el teléfono en la otra, y la expresión en su rostro daba a entender que ese día no era el rayito de sol que iluminaba la vida de ChanYeol. De repente, se enfureció. ¿Por qué alguien tendría la necesidad de hacerlo sentir mal?
—Una semana es mucho tiempo... —murmuró en voz baja, pero después agitó rápidamente la cabeza— ¡nada, nada! Ten mucho cuidado, por favor. ¡Nos vemos pronto!
Y con eso, la llamada terminó. ChanYeol se dio cuenta muy tarde de que había dejado libros recargados en sus muslos mientras estaba agachado, libros que hicieron ruido al levantarse y arruinaron su escapada silenciosa. Por supuesto, BaekHyun volteó y lo vio con ojos muy abiertos, casi parecía un cachorrito. ChanYeol estaba luchando contra las ganas que tenía de abrazarlo.
—Uh —BaekHyun carraspeó y se rascó la nuca, viendo a todos lados menos a ChanYeol—. ChanYeol, hola.
—Arriba y a la derecha —dijo ChanYeol, y BaekHyun lo miró todavía con más desconcierto. Eres un idiota, Park ChanYeol—. T-tu libro. Va hasta arriba y a la derecha.
La expresión de BaekHyun se suavizó en cuanto lo escuchó tartamudear, y luego miró el código. Era verdad, el libro iba hasta arriba, y BaekHyun hizo un puchero cuando se dio cuenta de que no había manera de que él alcanzara. Con razón SeHun no tuvo problema en llevárselo días atrás.
—Si quieres yo... —dijo ChanYeol, y luego se quedó callado. Era la primera vez que hablaba con BaekHyun en días, y por alguna razón se sentía como aquélla vez en San Valentín. Su corazón en la garganta, sus manos temblorosas. Era un auténtico infierno.
—Si eres tan amable —dijo BaekHyun y le extendió el libro, una suave sonrisa en los labios.
ChanYeol tomó el libro, y se sintió como en la secundaria cuando sus dedos se rozaron apenas. No tardó en colocarlo en el espacio señalado, sus pies ni siquiera se levantaron del suelo.
—Qué envidia —dijo BaekHyun—. Ni saltando llego hasta arriba.
—Las ventajas de ser alto —dijo con orgullo, y BaekHyun rodó los ojos, pero todavía estaba sonriendo.
—A todo esto, ¿cómo sabías dónde iba? —preguntó y alzó una ceja— No me estabas acosando, ¿verdad?
—¡No! –exclamó, sus ojos abiertos como platos y sus manos levantadas en señal de rendición— Es que yo acabo de dejar uno igual. De verdad. Te lo prometo.
—Ya, ya, no te mortifiques tanto —dijo BaekHyun, riendo cuando ChanYeol suspiró con alivio—. Mejor vamos a comparar la información de nuestros ensayos.
El trabajo tomó el doble de tiempo, pero ChanYeol no se quejó en absoluto. Baekhyun era divertido, ingenioso, brillante. Y no es por nada, pero sus personalidades se amoldaban magníficamente. ChanYeol estaba seguro de que esto no iba a ayudar en nada a que su plan para alejarse de BaekHyun funcionara, pero al diablo. Estaba feliz como hacía mucho no lo estaba.
Sin embargo, no podía decir lo mismo de BaekHyun. Esa llamada (seguramente de su pareja) lo había apagado un poco, y había veces en que, cuando estaban ocupados, ChanYeol desviaba la mirada y encontraba esa expresión triste que tanto le disgustaba. No estaba seguro de cómo arreglarlo, pero hacía su mejor esfuerzo para distraerlo con cualquier cosa. Por lo menos, la sonrisa de BaekHyun aparecía cuando bromeaba.
Terminaron todo cerca de las siete de la noche. BaekHyun bostezó mientras guardaba sus cosas, sus ojos levemente hinchados. ChanYeol no estaba en mejores condiciones cuando estiró sus brazos y suspiró aliviado al tronar su cuello y sentir cómo se destensaba casi de inmediato. Habían pasado un largo tiempo flojeando, pero la última hora trabajaron de verdad y el borrador estaba listo.
—¿Irás a tu casa? —preguntó ChanYeol mientras acomodaba el último libro en el estante correspondiente. BaekHyun asintió.
—Sí. Necesito darme un buen baño, estoy agotado.
Y con eso, BaekHyun volvió a bostezar, al mismo tiempo que estiraba sus brazos. ChanYeol no pudo detener la imagen que vino a su mente de un cachorrito. BaekHyun era definitivamente su versión humana.
En su camino hacia el autobús, ChanYeol no podía encontrar monedas y ya se estaba desesperando. BaekHyun se reía de él, pero acabó por sostener la mitad de cosas que traía ChanYeol en su mochila para ver si así encontraba el cambio que necesitaba.
—Puedo prestarte un poco si quieres —dijo el más bajo, tratando de acomodar la botella de agua de tal forma que no se fuera rodando sobre los cuadernos.
—Estoy seguro de que eché unas monedas hoy en la mañana —dijo ChanYeol y hundió su mano en una de las bolsas, encontrando algo que reconoció al momento y que hizo que su cara se iluminara como si el sol todavía estuviera en su mayor esplendor.
—¿Las encontraste? —preguntó BaekHyun, curioso. Habían llegado al fin a la parada de autobuses y pudo dejar las cosas en un asiento y desparramarse en el otro.
—¿Eh? No, creo que están en otra bolsa. ¡Aquí! —exclamó, y sacó un puñado de monedas de diversos valores—. Estaba seguro de que las puse en la bolsa de enfrente. Seguramente JongDae las cambió de lugar.
—¿JongDae hurga en tus cosas? —dijo BaekHyun, divertido. ChanYeol se sentó a su lado y entre los dos metieron las cosas a la mochila de ChanYeol. Gracias al cielo, no había nada que pudiera avergonzarlo frente a BaekHyun.
—JongDae siempre mete sus narices donde no le importa —dijo y se encogió de hombros—. Una vez encontré una prenda interior femenina. Al menos parecía limpia.
BaekHyun soltó una carcajada tan fuerte que la poca gente en la parada lo volteó a ver con cara de pocos amigos. ChanYeol les hubiera echado pleito de no ser porque estaba carcajeándose también, su nariz arrugándose y sus ojos casi cerrados. No se dio cuenta de que BaekHyun lo estaba viendo, todavía entre risas, pero pronto los dos prestaron atención al autobús que por fin había llegado.
El viaje fue bastante ameno. ChanYeol compartió más cosas de su querido amigo JongDae como suyas, historias graciosas que le sacaron una que otra carcajada a BaekHyun.
—Mi turno —dijo BaekHyun—. En el primer cuatrimestre, SeHun se quedó dormido en una de las mesas de la cafetería, y como buen amigo que soy, hice una obra de arte en su cara con uno de mis plumones. No se dio cuenta hasta el final de su primera clase.
—¿Y qué hizo? —preguntó ChanYeol una vez que dejó de reírse.
—Primero, lavarse la cara. Aunque el plumón era algo así como permanente —dijo BaekHyun, riéndose— y luego casi me saca de mi salón a golpes. Pero tuvo su venganza cuando tiró su refresco dentro de mi mochila “por accidente”. Tenía libros de la biblioteca, ya te imaginarás el problema en que me metió.
—JongDae y él serían muy buenos amigos, insisto —dijo ChanYeol y BaekHyun lo golpeó en el brazo, negando.
—¡Ni se te ocurra presentarlos! Tendremos el infierno en la escuela, te lo aseguro.
Ambos volvieron a reír, y ChanYeol se dio cuenta de que BaekHyun se veía mucho más animado que antes. Sin embargo, al ver las calles por donde estaban, se percató de que faltaba muy poco para su parada.
—Ya casi bajo —anunció, y BaekHyun asintió. ChanYeol podía ver con claridad cómo su expresión se había apagado.
—Nos vemos mañana entonces —dijo BaekHyun y sonrió—. Gracias por ayudarme hoy.
—De nada —respondió ChanYeol. Antes de levantarse, metió su mano en su mochila y sacó lo que había encontrado con anterioridad: un chocolate relleno de menta—. Toma.
BaekHyun jadeó sorprendido y tomó el chocolate, sus ojos brillantes.
—Para que sigas sonriendo, BaekHyunie.
ChanYeol estaba listo para huir, como todas las otras veces cuando se trataba de BaekHyun, pero el más bajo no lo dejó. Tomó su brazo antes de que se levantara, y por si fuera poca la cercanía, la mano de BaekHyun recorrió su brazo hasta que llegó a su mano y le dio un apretón.
—Muchas gracias por todo, Yeol.
ChanYeol le sonrió de oreja a oreja antes de levantarse y dejar el transporte. Todavía tenía que caminar un par de cuadras hasta su casa. Entonces BaekHyun había notado sus esfuerzos para animarlo, mismos que habían dado frutos. Y encima le había agradecido.
Llegó a casa tan feliz que casi le dolía la cara de sonreír. Esa tarde había mandado a volar todos los días malos que había tenido, además de que literalmente había bendecido todo su fin de semana. Incluso antes de dormir, todavía sentía la mano cálida de BaekHyun sobre la suya, la imagen de BaekHyun sonriéndole muy presente en su mente.
Durante los siguientes días, BaekHyun pudo comprobar que ChanYeol era muy divertido. Después de que la incomodidad entre ambos se esfumó luego de su reunión en la biblioteca, no había día en que no hablaran aunque fuera de las cosas más triviales.
BaekHyun había encontrado en ChanYeol la distracción perfecta durante esos días. Aunque no quiso mostrar la decepción que sentía cuando Junki canceló esa cena que tanto había esperado, ChanYeol había adivinado que seguía cabizbajo por eso, y de alguna u otra forma trataba de animarlo con su brillante humor.
La curiosidad que tenía por el muchacho alto estaba desapareciendo poco a poco, pues aprendía algo nuevo de él cada día. Además de los idiomas, ChanYeol era bueno con la música, pues sabía tocar diversos instrumentos y tenía buen oído para identificar las notas y acordes de las canciones. Le gustaba cocinar, jugar a los bolos y los videojuegos.
Incluso acordaron en jugar juntos en línea un fin de semana que no estuvieran hasta el cuello de trabajos escolares. BaekHyun recordaba con humor la cara de emoción que ChanYeol tenía al contarle algunas estrategias que podía aplicar en las partidas. Su energía era inagotable, pensaba BaekHyun, lo cual era un alivio a las materias estresantes que tenían.
No estaba de más mencionar que ChanYeol ya no estaba tan tenso y pálido con él. Su relación iba mejorando, y por ende ChanYeol se acostumbraba cada vez más a su presencia. Y esto daba pauta a que se soltara, que mostrara tal y como era sin miedo alguno de que BaekHyun se llevara una mala impresión. De hecho, era todo lo contrario.
Esa mañana, BaekHyun llegó al momento exacto para ver cómo la mitad de las cosas que ChanYeol tenía en su mochila acababan en el suelo, y cómo el alto prácticamente lloriqueaba cuando vio que el paquete de galletas que tenía estaba abierto y, por si fuera poco, todas las golosinas acabaron en un charco.
—¿Ya empezando con el pie izquierdo, Park ChanYeol? —saludó BaekHyun y se agachó para ayudarle a recoger sus cosas.
—Así es, BaekHyunie —contestó y suspiró largamente—. Por lo menos encontré mi credencial.
BaekHyun sonrió cuando el alto agitó la credencial en su mano, y después de que todas sus cosas ya estaban a salvo, partieron hacia la escuela. Todo excepto las pobres galletas, eso estaba claro.
Su relación se había vuelto de lo más juguetona. Si BaekHyun no lo estaba empujando, le estaba haciendo alguna broma sobre sus orejas, mientras que ChanYeol se burlaba de su diferencia de altura. Pero BaekHyun no era tonto; se daba cuenta de cómo ChanYeol no lo molestaba tanto ni lo empujaba tan fuerte, seguramente por miedo a ofenderlo o lastimarlo. Después de todo, el gigante era muy amable.
La anécdota que ChanYeol le estaba contando murió a la mitad cuando ambos llegaron hasta el casillero de BaekHyun y encontraron a JongDae y a SeHun platicando animadamente, como si se hubieran conocido de toda la vida. De repente, a ChanYeol le dieron escalofríos.
—Es el fin del mundo —anunció—. Fue un gusto conocerte y ser tu amigo, Byun BaekHyun.
—Lo mismo digo, ChanYeol —contestó y tomó aire antes de caminar hacia sus amigos—. Llegó la hora de mudarnos a Marte.
—Dios los hace y ustedes se juntan, ¿verdad? —dijo ChanYeol, y escuchó la risita de BaekHyun detrás de él cuando SeHun y JongDae lo voltearon a ver, indignados.
—Estábamos hablando de la tarea, inculto —dijo JongDae—. Que a ti no te preocupe el escaso conocimiento que tienes no es nuestro problema.
—Ni siquiera van en la misma carrera, JongDae. No seas ridículo —contestó. Estaba esperando a que BaekHyun hablara también pero el chico estaba ocupado atendiendo una llamada—. Ya confiesen que estaban planeando cómo arruinarme el día.
—En realidad, como es un magnífico viernes, estábamos pensando en salir todos juntos —comentó JongDae—. Pueden ir al restaurante de mi padre, yo invito. ¿Te parece bien, BaekHyun?
El más bajo había terminado la llamada y se unió a ellos, pero ChanYeol supo que algo no andaba bien cuando les mostró una sonrisa forzada.
—La verdad es que ya tengo planes —confesó—. Veré a... Es que, voy a salir esta noche. Lo lamento.
—No me digas que se trata de tu novio agrio, hyung —dijo SeHun y rodó los ojos. ChanYeol se puso tenso al momento; odiaba estas conversaciones.
—¿Y si es de él, qué? A ti no te incumbe, SeHunie.
—A mí no, pero le rompes el corazón a mi Yeol hyung y eso no te lo voy a permitir...
—Ya basta, SeHun —habló ChanYeol, y BaekHyun se sorprendió al escuchar su tono serio, pero tranquilo. No se parecía al ChanYeol con el que había platicado los días pasados, y eso no le gustaba—. Yo me apunto a la salida, BaekHyunie vendrá cuando pueda.
Quizá fue un error llamarle así a BaekHyun, porque ahora no sólo SeHun sino su querido amigo JongDae lo estaban viendo con una cara pícara. ChanYeol sintió cómo el calor le subía hasta las orejas, pero al menos BaekHyun, quien estaba en su mismo estado, habló para romper con la incomodidad.
—Sí, lo prometo. Ahora vamos a clase que se nos hace tarde.
La conversación murió ahí, y BaekHyun lo agradeció tanto a pesar de que SeHun lo siguió molestando, y estaba seguro que ChanYeol pasó por lo mismo. Aunque las clases fueron amenas, no pudo evitar acordarse de la última vez que ChanYeol lo vio junto a Junki. Esperaba que eso no se repitiera.
Al finalizar la última clase, BaekHyun se dio cuenta de que esa era la primera vez en mucho tiempo que ChanYeol y él no se irían juntos en el autobús. No supo descifrar por qué eso le hacía sentir algo decaído.
Al llegar a la cafetería, vio a ChanYeol comprando una bebida y dirigiéndose a la salida. Al parecer no lo había visto, y BaekHyun tomaría ventaja de eso. Corrió hasta la cafetería, compró unas galletas y volvió a correr hasta la salida, encontrando para su fortuna a ChanYeol peleándose con el cable de sus audífonos.
—Hey —saludó. ChanYeol alzó una ceja al verlo jadeando y recargándose en sus rodillas.
—Creí que ya te habías ido —dijo el alto y se acomodó los audífonos al fin desenredados.
—Lo mismo digo —contestó—. ¿No iban a salir juntos?
—Sí, pero los veré más tarde, tengo que hacer unas cosas antes. Y tú... —carraspeó. BaekHyun entendía la incomodidad—. ¿No han llegado por ti?
—Aún no... pero pronto, espero —dijo y sonrió—. Pero no vine a hablar de eso. Ten.
ChanYeol parpadeó varias veces al ver el paquete de galletas que BaekHyun le extendió. Eran de las mismas que se le habían caído en la mañana. Adivinando su pregunta, BaekHyun habló.
—Me acordé de tu millón de quejas por las galletas —dijo y se encogió de hombros—. Ojalá no te hayas comprado unas ya.
ChanYeol sonrió, pero BaekHyun conocía esa sonrisa. Le había puesto demasiada atención los últimos días para saber que no era del todo sincera, y eso en parte le dolía. Y creía saber la razón.
—No es necesario que hagas esto, Baek —dijo ChanYeol, pero aun así tomó las galletas—. Ser tu amigo es más que suficiente para mí.
—No lo hago por eso —contestó e hizo un puchero. Aunque no era del todo mentira que se sintiera un poco culpable—. Lo hago en agradecimiento. Y porque me agradas. Y también porque me da la gana.
Esta vez, ChanYeol soltó una risita que BaekHyun imitó después. La atmósfera tensa se había roto como una burbuja.
—De acuerdo —contestó el alto—. Muchas gracias. ¿Nos vemos el lunes?
—Claro —dijo BaekHyun—. Cuídate mucho.
Y con eso, ChanYeol asintió y dio vuelta, dejando la escuela después. BaekHyun lo vio hasta que su espalda desapareció de su vista, y se hubiera quedado perdido en sus pensamientos de no ser porque escuchó un claxon, y pronto la figura de Junki apareció frente a él.
No era de sorprender que el lunes ChanYeol llegara con ojeras a la escuela. El viernes se había quedado hasta tarde con sus amigos, y puede que haya tomado más de la cuenta y confesado sus sentimientos por Byun BaekHyun, nada que JongDae y SeHun no supieran. Francamente le sorprendió que SeHun se uniera porque realmente no eran tan cercanos, pero suponía que era cosa de JongDae. El sábado había amanecido con cruda, y el domingo se desveló para acabar todos los pendientes escolares que tenía para los siguientes días.
Le dolía la cabeza y los ojos, y no dejaba de bostezar. Temía quedarse dormido en su primera clase, aunque si lo sacaban del salón podría irse a dormir.
Llegó hasta el pasillo de su casillero, y en la pared de enfrente había personal escolar pegando un cartel. Curioso, se acercó y empezó a leer atentamente cada apartado; era algo que le interesaba.
—¿Te vas a inscribir?
ChanYeol dejó de leer el cartel y volteó, encontrándose a Do KyungSoo, el chico con el que había trabajado antes. Le estaba sonriendo, y con su índice apuntaba a dicho cartel.
—Todavía no sé —contestó—. No estoy seguro de qué canción cantaría. ¿Tú?
—Sí. Aunque me falta conseguir a alguien que toque el piano.
El cartel hablaba sobre un festival anual que se llevaba a cabo en la universidad. Como Música era una de las muchas carreras impartidas, cada año se hacía un evento donde los alumnos que quisieran, fueran de esa carrera o no, podían inscribirse para presentar alguna canción, fuera propia o un cover. Se suponía que el festival era por la entrada de la primavera, pero casi siempre se llevaba a cabo a principios de mayo para que los estudiantes tuvieran más tiempo para prepararse.
ChanYeol quiso entrar el año pasado, pero por la acumulación de trabajos no había podido. Se había prometido inscribirse el año siguiente, hacerse un tiempo para preparar la canción, y ahora que estaba ahí la oportunidad no la dejaría pasar aunque todavía no estaba seguro de qué interpretaría.
—No sabía que cantabas —dijo, y rio cuando KyungSoo hizo una seña con la mano que indicaba un «más o menos»—. Si quieres yo puedo ayudarte. Me parece que nos prestan los salones de música para ensayar.
—¿De verdad? —dijo, emocionado— ¿Sabes tocar el piano?
—Y la guitarra también. A mi padre le encanta la música.
KyungSoo formó una «O» con sus labios, asombrado. ChanYeol sonrió con suficiencia y volteó hacia el frente, viendo a JongDae ahí ya esperándolo. Su amigo le hizo una seña para que se apurara, y a ChanYeol le dieron ganas de sacarle el dedo medio.
—¿ChanYeol? —dijo KyungSoo, tronando sus dedos en la cara del alto quien parpadeó de inmediato— ¿Escuchaste lo que dije?
—Ni una palabra —admitió, y se quejó cuando KyungSoo golpeó su hombro, riendo—. Lo lamento.
—Te pregunté si estaba bien que nos viéramos mañana después de clases para ensayar. Me gustaría enseñarte la canción de una vez.
—Claro, no tengo problema —dijo y le mostró una sonrisa llena de dientes—. Nos vemos mañana entonces.
KyungSoo se despidió de él y se encaminó al salón. El alto se talló los ojos y procedió a tomar sus cosas de su casillero, y cuando terminó JongDae ya estaba a su lado.
—Ya estamos en las mismas —le dijo JongDae y suspiró desganado—. JunMyeon tiene novia.
ChanYeol se pasó toda la primera clase platicando con JongDae a través de papelitos. Era mucho más cómodo en su teléfono, pero era obvio que los verían y los sacarían del salón. Por su parte, BaekHyun llegó tarde de nuevo, y entrecerró los ojos cuando vio a ChanYeol riéndose.
Es que no podían culparlo. BaekHyun se veía demasiado adorable con cara de espanto y la mochila a la mitad del brazo.
JongDae le contó que había tenido la grandiosa suerte de que JunMyeon acudiera al restaurante de su familia, y ahí fue donde lo vio tomado de la mano con una mujer. ChanYeol tuvo que reprimir varias carcajadas cuando JongDae le mandaba emojis dibujados de él mismo llorando mientras le contaba su desgracia.
«Pero supongo que eso no te va a detener, ¿verdad?» rezaba uno de los papelitos. La clase ya estaba a punto de terminar; tendría que pedirle los apuntes después a BaekHyun, excusa perfecta para hablarle. «Por supuesto que no», un papelito. Y luego otro más con un «Soy el amor de su vida, sólo falta que le abra los ojos (y otras cosas también)».
ChanYeol prácticamente se hundió en su silla después de leer ese. Por lo menos la manga de su sudadera sirvió muy bien para acallar sus risas. Tener a JongDae como amigo daba ventajas incontables; su dolor de cabeza había desaparecido casi por completo.
La clase terminó y ChanYeol voló de su asiento; tenía unos diez minutos para ir a comprar el café que tanto necesitaba. Para su suerte BaekHyun también salió volando y se dirigía a la cafetería, supuso que no tuvo tiempo para desayunar. Se acercó y empujó su hombro, no tan fuerte para lastimarlo pero lo suficiente para que BaekHyun volteara y le regresara el empujón, ambos riéndose después.
—¿También te mueres de hambre? —dijo BaekHyun y se frotó el estómago. Ya estaban en la fila.
—Más de sueño, en realidad. Pero algo de comida no me vendría mal —murmuró y se encogió de hombros—. ¿Crees que podrías pasarme los apuntes de hoy? JongDae me entretuvo toda la clase con sus amores no correspondidos.
—Bueno, ya tienen otra cosa en común —murmuró BaekHyun en voz baja, una media sonrisa bailando en sus labios. ChanYeol lo hubiera golpeado de no ser porque estaba más ocupado procesando la sensación amarga en su pecho.
—Me rompes el corazón, BaekHyunie —dijo y se agarró su camisa en un puñado—. Pero lo dejaré pasar sólo porque me vuelves loco.
ChanYeol definitivamente no esperaba que BaekHyun se sonrojara hasta las orejas, y al parecer el más bajo tampoco. Empezó a carraspear torpemente, y tartamudeó cuando pidió su comida en la cafetería. ChanYeol definitivamente podría acostumbrarse a esto.
—Eres un idiota —dijo BaekHyun, pero no lo decía con mala sangre. ChanYeol todavía podía ver el tinte rojo en su rostro—. Espero que no te olvides de que tengo novio.
—Un idiota enamorado, querrás decir —corrigió ChanYeol y prosiguió—. ¿Y eso qué? No estoy diciendo mentiras. Me encantas, BaekHyun.
No le importó quemarse con el café. Se echó dos tragos grandes del líquido y gracias al cielo su lengua se chamuscó y se le adormeció. La verdad era que ya no tenía valentía alguna para mirar a los ojos a BaekHyun, mucho menos para hablarle. Por lo menos, el más bajo estaba en las mismas condiciones, sin mirarlo a los ojos y con la cara roja como tomate.
ChanYeol veía de reojo cómo parecía estar procesando los cumplidos, y estaba orgulloso de haberlo dejado sin palabras después de tantas veces que se congeló estando frente a BaekHyun. Por fin obtuvo tuvo su venganza.
Regresaron rápido al salón, y ChanYeol se escabulló hasta sentarse al lado de JongDae quien lo vio con una ceja alzada. Pero ya no tuvo oportunidad de cuestionarlo, el profesor llegó a tiempo.