Prefacio
[Prólogo]
El sol brilla en su mayor punto, las nubes blancas adornan a su alrededor. El viento sopla con suavidad y el clima cálido acaricia con delicadeza la piel de los pobladores.
Era un día como cualquier otro. En mayo, cuando el clima era el mejor para todo Seúl. Claro que para cualquiera era un dia normal. Sin embargo, para la familia Park no lo era en absoluto.
El hijo único de los señores Park, estaba celebrando su mayoría de edad. Así como también estaba celebrando que se mudaría a un apartamento en la ciudad para vivir solo por primera vez, la razón se debía a que estaba por comenzar con sus estudios universitarios, la universidad se quedó lejos de su hogar, por lo que tenía que cambiarse de lugar.
Los señores Park eran unos multimillonarios empresarios, su hijo que era el consentido no era la excepción pues los billones abarcaban su tarjeta de crédito, a montones.
Todo el imperio era suyo. Lo único que tenía que hacer era preparar para heredar toda su fortuna. Preparándose estudiando duramente la universidad, permanecerá en la ciudad, así que tenía que mudarse de su hogar para tener más cerca de su nueva universidad.
Ese día marchó todo bien. Sus padres le dieron regalos caros como todos los años, su primer auto, una nueva computadora, su primera tarjeta de crédito de color negro con dorado.
Todo marchaba como con normalidad. Hasta que vio entrar a su abuela. Claramente sus abuelos maternos también se encontraron celebrando su cumpleaños y su último día en casa de sus padres, por lo que supo que ellos traían un enorme regalo para su cumpleaños número dieciocho.
—Hijo, te tengo un regalo, un hermoso regalo de despedida. -Canturreo a su abuela, acercándose a él sigilosamente.
Chanyeol que estaba bebiendo refresco en la cocina, frunció el ceño, confundido por las risas de su abuela, lo que significó que tenía que darle algo grande, así que sonrió.
—¿Qué es? -Cuestionó, ansioso dejando el vaso en la encimera.
—Ven conmigo. -Pidió agitando su mano.
La anciana lo llevó hasta la sala. Ya habían partido y comido el pastel, por lo que sólo faltaban los regalos por abrirse.
Lo consienten como a un bebé en sus cumpleaños, aunque eso no significa que lo sea, después de todo celebra su cumpleaños con sus padres antes de irse con sus amigos a celebrar de forma más irresponsable.
Chanyeol la acompañó al salón. Sus ojos trataron de divisar una caja o algo que fuese su regalo. Pero no había nada, confundido vio a su abuela correr hacia la puerta de la entrada, abrió la puerta y recibió una caja.
Al cerrar la puerta su abuela se acercó a él sosteniendo la caja de tamaño medio con sus brazos.
Sus padres sentados en el sofá, al lado del abuelo miraban la escena con una sonrisa.
—Ten tu regalo. -Ofreció la caja —Con cuidado.
Chanyeol tomó la caja con mucho cuidado, notó que estaba pesada, sonrió a su abuela y con la curiosidad carcomiendolo caminó hacia los sofás, se sentó y colocó la caja en su regazo.
Cuidadosamente le quito los moños. Notó que la caja tenía agujeros a los lados... Sin contenerse, la abrió en su totalidad, soltando un jadeo al ver el contenido dentro.
—Abu, es un... -Boqueo sin poder creerlo.
—Un osito polar. -La mujer asintió, sentándose a su lado.
Chanyeol tragó fuerte, miró a su abuela negando con la cabeza.
—Abu, pero yo no sabría cómo cuidarlo, se moriría. -Exclamó preocupado, negando con la cabeza ante la imagen de un osito muerto por la falta de nieve o la comida. Después de todo eran demasiado delicados.
Su abuela soltó una risita, lo que lo obligó a verla directo a los ojos, incrédulo pues la situación no tenía nada de divertido.
—Puedes estar tranquilo, él no es del todo un osito. Es un híbrido. -Susurró, guiñandole el ojo.
Chanyeol jadeo y abrió sus ojos como platos, en shock por lo que su abuela acababa de decirle.
—¿Híbrido? -Cuestionó falto de aire.
Los híbridos son criaturas mitad humano y mitad animal, claro que no es tan feo como suena, no hay humanos teniendo sexo con animales; no, ellos nacen de esa manera, ya sea por que fueron creados por Alfas y humanos, o Omegas y Alfas, son híbridos porque así lo quizo la naturaleza.
Claro que existen los animales que se convierten en humanos y que viven con los humanos como si fueran iguales, y está bien. La humanidad ya se acostumbró a los cambiaformas.
Los híbridos suelen tenerlos las personas millonarias, mayormente son encontrados en los orfanatos debido a que en el mayor de los casos, los padres los abandonan al no nacer como Alfas y Omegas en sí.
Es un caso realmente triste. Pero todos son adoptados por personas millonarias que los utilizan para propósitos diferentes.
Ese día Chanyeol no tuvo más opción que aceptar al osito, era un regalo de su abuela por lo que no tuvo opción, nada más que agradecerle.
Después de pedir permiso. Subió a su habitación y cerró la puerta enseguida. El osito seguía muy dormido, así que tratando de no moverse muy bruscamente, Chanyeol caminó hacia la cama y dejó la caja sobre el colchón.
Después de pensarlo bien, decidió sacarlo de la caja, cargandolo en sus manos y notando lo pesadito que estaba, lo dejó en la cama con cuidado de no despertarlo.
Era de tamaño pequeño, sus manos eran más grandes que ese pequeño bebé, su pelaje tan blanco y sedoso. Se miraba rellenito y muy adorable con su pequeña colita y sus orejitas redondas y peludas sobresaliendo.
¡Chanyeol se moría de amor!
Pero entonces, como si el pequeño sintiese los ojos sobre sí, abrió sus bonitos ojitos y miró al mayor inmediatamente, ¡sus ojitos eran azules!
Chanyeol trago duro, y decidió que no podía quedarse callado, así que se aclaró la garganta.
—Hola pequeño, yo soy Chanyeol, tu nuevo dueño...- Susurró despacio, con miedo a asustarlo.
El osito bostezo, en un santiamén se convirtió en humano, Chanyeol desvío la mirada y el pre-adolescente tomó una almohada y cubrió su desnudez, con una sonrisa nerviosa al ser expuesto.
Chanyeol lo miró. Parecía un niño de trece años, pero bonito: con labios bonitos y rosas. Ojos mieles y cabello castaño claro. Con pequeñas orejitas blancas sobre sus cabellos y un rubor suave en sus mejillas.
Chanyeol lo miró. Parecía un niño de trece años, pero bonito: con labios bonitos y rosas. Ojos mieles y cabello castaño claro. Con pequeñas orejitas blancas sobre sus cabellos y un rubor suave en sus mejillas.
El híbrido sonrió, mostrando sus bonitos dientes, un verdadero encanto ante sus facciones aniñadas.
—¿Usted es mi nuevo dueño? -Cuestionó en un susurro, recordando a la abuelita que lo convirtió, comentarle que tendría un hogar con su nieto.
Chanyeol sonrió al escuchar su voz dulce y suave.
—Así es, pequeño, ¿cómo te llamas? -Preguntó, con una sonrisa extendiéndose en sus labios y su hoyuelo sobresaliendo.
—Baekhyunee. - Contestó rápidamente, sintiendo sus mejillas enrojecer al ver la sonrisa de su nuevo amo ampliarse.
—Muy bien, Baekhyunee, puedes llamarme Chanyeol, o hyung, o amo, como tú te sientas cómodo, puedes llamarme como sea, bebé. -Dijo, mirando al niño con ternura.
Baekhyunee sonrió dulcemente.
—¿P- ¿Puedo decirle a "Yeollie"? -Cuestionó sonrojado, jugando con sus deditos sobre su regazo.
Chanyeol sonrió enternecido y asintió.
—Claro que sí, Baekhyunee, puedes llamarme como tú quieras, dulzura.
Ambos se miraron y sonrieron. No sabiendo que desde ahí, esa dulce y empalagosa historia de amor, acababa de comenzar.