Capítulo 1
—Necesito que vengas, KyungSoo.
Es lo primero que oye a través del auricular que lleva en el oído esa mañana de lunes. KyungSoo está preparado para salir a trabajar, su traje Armani sin arrugas, el maletín en la izquierda y las llaves en la diestra. Ha tomado un desayuno ligero, como es habitual, porque KyungSoo no puede comer mucho a esas horas, y está deseando ir a comprar su café en su cafetería favorita que está a dos manzanas del bufete de abogados donde trabaja.
—¿Puedes esperar hasta las once? Tengo una reunión con un cliente que no me gustaría posponer.
—A las once en el Exodus, entonces.
Para ser franco, KyungSoo sabía antes de responder la llamada que algo tenía que estar ocurriendo. Trabaja como el abogado de su líder a medio tiempo, dedicándole en exclusividad los viernes, pero si tenía que ser aún más sincero, su trabajo para la manada era meramente burocrático y no requeriría de mucha complicación para un hombre que está acostumbrado a ganar demandas millonarias y divorcios contra mujeres despechadas. De hecho, prefería el bufete, aunque estuviera rodeado de lameculos y sus clientes fueran unos chupapollas ricos.
No obstante, es consciente de que JunMyeon nunca reclama tiempo de la mañana de trabajo de KyungSoo para sus asuntos y eso solo puede indicar que no se trata de meros papeles o contratos de afiliación con otras manadas.
KyungSoo mira su reloj de pulsera y maldice entre dientes. Le gusta ser puntual, también le gustan las cosas ordenadas y limpias y por eso, antes de salir de su casa, debe poner derecho ese horrible cuadro de arte abstracto que compró en un mercadillo para ocultar la mancha de humedad que hay en la pared. Si lo estuviera viendo LuHan le diría que fuera a un loquero a solucionar su trastorno obsesivo compulsivo y KyungSoo lo mandaría a la mierda.
Aunque sí es posible que sea un maniático demasiado maniático con el orden, pero eso no lo va a reconocer en voz alta. Como tampoco reconocerá en voz alta que le jode un poco tener que anular el resto de sus citas de esa mañana para ir a ver a su líder o que odia desde el primer momento, la camisa de un rojo granate de su cliente de las nueve y media. Porque KyungSoo es correcto y políticamente educado todo el tiempo.
Termina la reunión a las once menos veinte y aunque va algo justo de tiempo, logra estacionar el sedán en el aparcamiento privado del Exodus siete minutos antes de las en punto. KyungSoo se toma tres minutos para simplemente respirar y tamborilea los dedos sobre el volante al ritmo de la batería que sale por el estéreo del coche.
Está preparándose para lo que pasará dentro del local. No tiene ni puta idea de qué va a pedirle JunMyeon y no le preocupa, porque sea lo que sea, él sabrá cómo arreglárselas. Lo que le jode de reunirse con JunMyeon en el Exodus es la audiencia. Y ese es otro indicativo de que el asunto es urgente. Su líder normalmente se reúne con él en la casa del mismo porque él sabe que a KyungSoo le irrita la mirada de los otros lobos sobre él.
Los cambiaformas están acostumbrados a que los alfas se vean como alfas. Se podría decir que hay formado un estereotipo de cómo debe ser un puto alfa y KyungSoo no entra en esa definición. No es alto, no es ancho y por su cara parecen no pasar los años. Encima, para colmo de males, KyungSoo tiene una personalidad individualista, introvertida y en definitiva, le cae como una patada en el culo a los demás, algo que para él está bien.
KyungSoo tiene una mirada seria y parece que permanentemente te está juzgando con sus redondos ojos, por no decir, que siendo franco, KyungSoo es llano en palabras y tiene el sentido del tacto muy jodido. Y puede que sí esté juzgando a los otros cuando mira.
Si bien, JunMyeon tampoco encaja como líder y siempre otros cambiaformas de otras manadas y especies, creen que YiFan -que actúa como guardaespaldas de JunMyeon- es el líder, el tipo tiene carisma. Sabe tratar a las personas y de cierta forma, él puede intimidarte sin necesidad de medir un metro ochenta o amenazarte directamente.
KyungSoo, en cambio, se ha labrado a base de bien el recelo en la mirada de los otros lobos y sabe que el único motivo por el que no recibe más ofertas de peleas es porque JunMyeon se encarga de evitar eso.
Desde joven era un inadaptado social, podría endulzar las palabras, pero le importa una mierda la sutileza. KyungSoo era subestimado como alfa por su aspecto frágil y no le ayudó comportarse como un niño callado, retraído y que parecía más un adulto en pequeño. Su adolescencia no fue mucho mejor y comenzó a gruñir, sacar los dientes y lo peor, a ganar peleas. Como humano, KyungSoo no podía competir contra esos chicos altos y fuertes, pero como lobo las diferencias no existían.
Aunque KyungSoo no se engañaba mucho, la razón por la que siempre lo han mirado como si él no mereciera ser un alfa es porque su padre retó a JunMyeon a un duelo por el liderazgo y perdió. Odian al hijo del traidor porque KyungSoo es un alfa de alto rango que se ha ganado esa posición a base de ganar a otros lobos, ejerciendo su derecho a tener más dominancia sobre los otros. Lo odian porque su padre retó al buen líder de la manada pese a solo ser un beta.
Y no le importa. Porque a KyungSoo no le gustan las personas y está bien si él no les gusta.
La música termina de sonar y decide que es hora de cumplir con sus obligaciones. Se saca el manos libres de la oreja, guardándolo en el bolsillo de su chaqueta y toma su bonito maletín. Mete la corbata dentro de la chaqueta y camina en dirección a la entrada del Exodus con pasos firmes y tranquilos.
Percibe desde el primer pie dentro del local como las cabezas se giran en su dirección, para ellos es difícil no notar su presencia y a KyungSoo le importa un carajo si les agrada o no que él esté aquí. JunMyeon le hace un gesto con la mano desde detrás de la barra y el tipo le sonríe tan amigable como siempre, como si él fuera el único que no nota que la presencia de KyungSoo altera a los demás.
—JunMyeon. —dijo a modo de saludo.
—Oh, KyungSoo, llegas a tiempo, como siempre. —el lobo está limpiando vasos. —¿Quieres algo de tomar?
—No, gracias. —fue cortante, lo sabe, pero KyungSoo ya está irritado con la idea de cambiar su plan del día por la emergencia y lo menos que necesita en este momento en un café.—Me gustaría acabar rápido.
JunMyeon asiente y se limpia las manos. KyungSoo no tiene que darse la vuelta para saber que le está haciendo un gesto a YiFan para que los acompañe y entonces comprende que el asunto es grave. YiFan raramente está en las reuniones con el líder y KyungSoo asume que el tipo tiene información que puede aportar al tema.
Va a ser una charla espesa. Y lo es.
KyungSoo se obliga a sí mismo a tomar asiento cuando alcanzan el despacho privado de JunMyeon y como es habitual, sólo deja que el líder hable. KyungSoo ha optado por adquirir su fachada de profesional y finge que JunMyeon es un cliente de su bufete de abogados. Aunque la obra de teatro que se ha impuesto en su cabeza, se va a la mierda, cuando el hermano del líder sale a colisión.
Entonces, KyungSoo se va a la mierda y con él su fachada de abogado. Ahora es sólo el lobo KyungSoo sintiéndose enjaulado de muchas formas posible y comienza a dar vueltas por el despacho.
Kim JongIn es un grano en el culo. Es un alfa que va a su rollo sin contar con nadie ni nada, el concepto de manada le chupa la polla o algo así y JunMyeon siempre salva a su hermano menor de toda la mierda que acarrea detrás. O esa es la humilde opinión de KyungSoo.
Una vez más, JongIn se ha metido en problemas. Sin embargo, esta vez ha sido con la manada de chacales de las afueras de Seúl. Los chacales y los lobos no se llevan bien. Pese a que sus animales son primos, los chacales encuentran que los lobos son orgullosos y presuntuosos porque son más grandes que ellos en la transformación y se sienten menospreciados. La rivalidad entre ambas especies tiene siglos de antigüedad y JongIn ha sido demandado.
De hecho, no es una demanda cualquiera. Está acusado de asesinar a un chacal, el cuñado del líder de la manada, y sólo cuando KyungSoo tiene esa información flotando entre él y JunMyeon, comprende que YiFan no está allí para aportar cualquier tipo de detalle. Está aquí por él.
—Quieres que represente a JongIn.
—Eres el abogado de la manada y uno de los mejores de la ciudad.
—Sí, soy el mejor, pero no soy abogado penalista. —su voz está vibrando. KyungSoo intenta controlar sus emociones, pero no puede.
—Nuestro código penal no es como el humano.—su líder sigue sentado en la silla, sus manos están entrelazadas y su mirada arde sobre la de KyungSoo.—JongIn dice que es inocente.
Magnífico. Jodidamente fantástico.
—¿Y por qué sabes qué dice la verdad?
YiFan se tensa en este punto. Nadie cuestiona al líder y KyungSoo lo hace. JunMyeon, en cambio, lo mira, ni siquiera parece afectado por las palabras del abogado. Él sabe que KyungSoo no soporta a JongIn. Y la cosa es mutua.
—Te estoy pidiendo que seas profesional, KyungSoo. Sé que mi hermano y tú nunca lograron congeniar y no te obligaría hacer esto si no supiera que JongIn dice la verdad.
KyungSoo quiere gritarle que es mentira. Que JunMyeon ama demasiado a su hermano menor y que eso lo vuelve un necio estúpido. Pero se muerde la lengua y frunce los labios en una línea recta.
—¿Y si te dijera que no quiero hacerlo?
JunMyeon lo mira. Pero esta vez es diferente. Lo está mirando como un líder y se ha ido al carajo la benevolencia y la calma de JunMyeon.
—Te tendría que recordar que sigo siendo tu líder.
KyungSoo estaba jodido.
***
No estaba siendo su mejor noche, ni su mejor día, es más, llevaba una semana de mierda y parecía que a cada hora, todo empeoraba. Nunca había creído ni en el mal de ojo ni en la mala suerte, pero joder, estaba hasta el culo.
Cuando YiFan entró en el sótano y le ordenó que se vistiera, JongIn le sacó los dientes por muchos motivos. No obstante, prefirió no desatar el infierno y se puso los pantalones. YiFan le tiró la camisa de asillas negra.
—Póntela. A él no le gustará verte así.
Y JongIn estuvo tentado de romper la dichosa cosa. Sólo por eso. Porque aunque YiFan no dijera su nombre, sabía a quién iba a recurrir su hermano para ayudarlo y pese a que procuró no decirlo directamente, no había que ser un genio para atar cabos.
—JongIn. Las cosas ya están tensas allá arriba y no quiero tener que meterme en medio de ambos. Ponte la puta camisa y trata de no joderla más.
Bufó, pero cedió. Se dijo que lo hizo por JunMyeon y era cierto.
No obstante, iba descalzo y la mirada de desaprobación se disparó tan rápido como una bala nada más puso un pie dentro del despacho del líder de la manada. KyungSoo estaba allí, sentado en el que solía ser el escritorio de su hermano. La chaqueta de su perfecto y carísimo traje detrás del respaldo de la silla de cuero, evitando las arrugas y él tan estirado como siempre.
—Veo que sigues teniendo un palo insertado por el culo.
YiFan fue él único que ahogó un quejido. JunMyeon permanecía impasible, sentado en una esquina de la estancia, casi fundido en una sombra. KyungSoo ni siquiera parpadeó y puede que eso decepcionara un poco a JongIn. Porque quizá él esperaba que el lobo saltara sobre él y quizá el único motivo por el que subió fue para hacer que KyungSoo atravesara su límite ya en estado crítico.
—JongIn. Tan simpático como siempre. —escupió cada palabra sin ningún tono en su voz, regresando su vista al portátil frente a él, que obviamente no era el de su hermano.
A partir de aquí se podían resumir los siguientes veinte minutos en una charla unilateral por parte de JunMyeon. Aunque JongIn podía resumirlo aún más en un par de palabras: totalmente tocado y jodido.
KyungSoo iba a ser su puto abogado en el juicio. Los hijos de puta de los chacales habían convocado al Consejo de los cambiaformas para juzgar el delito de JongIn, ya que afirmaban que JunMyeon había obstruido cualquier intento de esclarecer los acontecimientos, evitando una mediación y blah, blah, blah.
A JongIn le chupaba la polla. De hecho, escuchó superficialmente la conversación, quedándose con lo esencial: iba a ser juzgado por el Consejo y tenía cinco días para encontrar respuestas, o JongIn estaría en problemas. Muchos problemas. Sería llevado a las Montañas y lo encarcelarían.
Pese a que ocurrían muchas veces enfrentamientos entre manadas y a veces cambiaformas mataban a otros cambiaformas, las leyes eran claras y a JongIn lo habían acusado de asesinato. No de una pelea donde hubo un ganador claro. Según el forense, el chacal no tenía heridas de lucha y fue disparado por la espalda y JongIn era el principal sospechoso porque el día anterior había tenido una pelea con el hijo de puta, jurando venganza.
—Esto es tan ridículo. Si yo hubiera matado al bastardo jamás habría usado una pistola.
KyungSoo alzó las cejas.
—Eso es una gran argumentación. Estoy seguro que en cuanto le digas eso al Consejo entenderán inmediatamente que eres inocente.
—Yo no lo hice.
—Sí, empiezo a entender por qué tu hermano te creé cuando lo dices. —JongIn nota que el tic en el ojo de KyungSoo empieza a aparecer. —Pero tu historial de peleas es amplio, violento y francamente, si le enseñamos toda esta mierda al Consejo, sino te encierra en las Montañas por asesinato, lo hará porque has perdido el juicio.
—No estoy salvaje.
—Iniciar una pelea porque un tipo te diga lindura, no es de una persona equilibrada, JongIn.
—No soy una mujer.—aprieta las manos y sus puños están blancos.
—Lo dejaste en el hospital con varias costillas rotas y llorando. El bastardo estaba ebrio. —KyungSoo lo mira de arriba a abajo y luego vuelve a encontrar su mirada. —Mírate, sólo estamos hablando del tema y ya pareces dispuesto a saltarme a la yugular, no estás estable.
—Cómeme la polla, KyungSoo y cierra la puta boca.
—¿Por qué, por decirte a la cara lo que todo el mundo piensa? Vas acabar desequilibrado…
—Basta. —interrumpe JunMyeon. —KyungSoo, eres su abogado, no su médico, guárdate tus opiniones personales sobre el estado mental de JongIn para ti mismo y céntrate en su caso. —KyungSoo aprieta los labios, pero accede con un sutil encogimiento de hombros. —JongIn, vamos a dar un paseo.
JongIn recibió un rasca polvos, como quien dice. Tuvo que buscar unas viejas zapatillas de deporte, aunque francamente prefería estar descalzo y dio un largo paseo con su hermano alrededor del Exodus, antes de que JunMyeon, con su mirada solemne y toda su calma, lo detuvo delante de una tienda de dulces, donde varios niños compraban chucherías. El verano los comenzaba a golpear duro y a JongIn le picaron las ropas sobre su piel ligeramente más bronceada que la de su hermano. JongIn era el típico lobo salvaje que no se acostumbraba del todo a su vida como un humano y que necesitaba tomar su forma animal más a menudo que sólo en las reuniones de Luna Llena.
—Nunca entendí muy bien por qué KyungSoo y tú no pueden llevarse bien, desde cachorros son así, discutiendo, insultándose mutuamente e hiriéndose con todo lo que saben que al otro lo destruye. Supongo que se parecen.—suspiró el mayor.
—No me parezco a ese estirado gilipollas.—gruñó como si lo hubieran insultado y JunMyeon le lanzó una mirada de advertencia.
—No debería sorprenderme esa reacción, estoy seguro de que KyungSoo lo negaría igual que tú. Pero sigo creyendo que ambos tienen más cosas en común de las que imaginan y como no quieren aceptarlo, lanzas dentadas al aire esperando morder al otro.
—No empieces con tus aires filosóficos, hyung. Dime lo que tengas que decir.
—Te quiero, JongIn, eres mi hermano y siempre lo haré, pero debes comenzar a comportarte como un adulto. —JunMyeon le pone una mano sobre el hombro. —Esta vez yo no puedo sacarte de este lío sin ayuda y KyungSoo es un buen abogado.
—Hay más abogados dentro de la manada. —JongIn lo dice bajito, como si no quisiera ser oído y fuera un niño replicándole a su padre aunque sepa que no debe.
—Sí, los hay, pero ¿por qué crees que escogí a KyungSoo? No es que me entusiasme verlos pelear como dos críos. De hecho, ya no sé si permití que YiFan acudiera a la reunión para separarlos o para evitar que yo les patee el culo.
—No me patearías el culo.
—Eso fue demasiado arrogante de tu parte, cachorro. —su hermano le sonríe y JongIn se relaja un poco. —KyungSoo es un macho de confianza en el círculo de la manada, es el que se encarga de los asuntos burocráticos y sé a ciencia cierta que puedo confiar en él. Y aunque le irrite tener que defenderte en un juicio y no seas su persona favorita en este mundo, KyungSoo hace malditamente bien su trabajo y sé que hará cualquier cosa para salvarte.
—Sí, yap, primero tienes que hacer que KyungSoo me crea.
JunMyeon no lo niega. Por el contrario, termina comprándole una paleta a JongIn como cuando eran pequeños y JongIn aunque murmura que prefiere un cigarrillo, se la come.
****
Lo cierto, es que no tiene ni puta idea de cómo ayudar al idiota de JongIn, pero KyungSoo sale del Exodus cerca de las dos y media de la tarde, con la promesa de que volverá después de la hora del almuerzo. JunMyeon le sugiere invitarlo a comer, pero deniega la oferta, excusándose diciéndole que necesita un tiempo para estar solo. KyungSoo de verdad está harto de ver la cara de gilipollas de JongIn desde el otro extremo de la habitación, mirándolo como si él fuera el culpable de que su culo esté a punto de ser empalado o algo así.
Aunque parece que el mundo no está a su favor, porque a los diez minutos de haberse sentado en un pequeño restaurante de la zona, JongIn entra. Nota que debe encogerse para entrar por el marco, evitando tener un chichón y eso sólo irrita un poco a KyungSoo, y le molesta que le jodan ese tipo de cosas de él.
Y KyungSoo creé que va a matarlo cuando el bastardo le dirige una mirada entre cabreado y aburrido y camina hacia él.
—¿No estás pensando sentarte aquí, verdad?
JongIn no le mira, se sienta y luego bufa.
—Acabo de responder tu pregunta.
—¿Es que no me puedes dejar comer en paz?
—JunMyeon me ha ordenado llevarme bien contigo. —hace una especie de mueca con la nariz. —Usó su voz de alfa y todo. —saca un poco los dientes. —Así que empezaré ahora a socializar.
—Me sorprende que sepas usar la palabra socializar en una frase.
—Podría decir lo mismo de ti, tú eres el único estirado que prefiere comer solo.
—¿Qué coño quieres, JongIn? —KyungSoo se cruza de brazos, echándose hacia atrás en la silla, midiéndolo.
—Nada. Socializar es una mierda y si tengo que pasar tiempo contigo me aseguraré de al menos divertirme. —le da una sonrisa petulante que desea arranca de su cara.
—¿Te divierto?
—Sip, me divierte que te enojes. Te hace parecer más humano.
—¿Humano?—alza las cejas, burlándose. Ninguno de ellos era simplemente humano.
—Uhm ¿cambiaforma? ¿Real? ¿Menos vacío? ¿Persona-con-palo-por-el-culo?
KyungSoo se frota el puente de la nariz, sintiendo repentinamente una jaqueca y de paso, distrayéndose para no saltar sobre el infeliz y romperle su preciosa cara.
—No puedes intentar matarme con público humano delante, cariño.
Le susurra solo para que su oído desarrollado lo oiga y KyungSoo abre los ojos, ofuscado y se encuentra con la camarera mirándolos, sobre todo, mirando a JongIn y de nuevo quiere gruñir, sin saber muy bien por qué. Y se dice que todo es culpa de ese idiota que tiene sentado enfrente que siempre hace lo imposible para ajustarle las tuercas y hacerlo actuar más impulsivo de lo que es él. Le jode la mente, se dice.
Piden lo que desean comer y la camarera aunque mantiene una sonrisa coqueta cuando apunta la orden de JongIn, casi huye al ver la furibunda mirada de KyungSoo sobre ella.
—La próxima vez que me llames cariño, te hago tragar el servilletero. Soy tu hyung, trátame como tal.
—Luego me acusas a mí de estar salvaje ¿te has oído gruñéndole a la pobre humana? Y lo de cariño fue para que entendieras por qué ese estúpido no tenía por qué llamarme lindura. —añade eso último con satisfacción.
KyungSoo rueda los ojos.
—La situación es diferente. El tipo estaba ebrio y estabas en un club. Nosotros nos conocemos hace mucho tiempo, soy mayor que tú —un año, le dijo JongIn— y no soy tu cariño. Aprende a dejar de ser tan malditamente informal con los demás. Si quieres empezar a socializar conmigo o lo que sea que te haya ordenado tu hermano, comienza por tratarme con respeto.
—Tú eres el que debería de aprender a ser más informal y dejar de parecer un robot. Parece que no tienes emociones y sólo estás programado para ser correcto, seguir las reglas y nunca hacer nada mal. Por eso le caes tan asquerosamente mal a los demás ¿sabes? Porque siempre los miras como si tú fueras superior a ellos.
—No necesito que me digas por qué los otros me odian, ya sé los motivos y me importan un carajo. No me gustan las personas y estoy jodidamente bien así. ¿Quieres socializar conmigo? Cállate.
KyungSoo suelta las palabras rápido, brusco y notablemente más cabreado que antes. Casi parece que su lobo habla detrás de él y JongIn cierra la puta boca porque en el fondo, está conforme con haber sacado ese lado de KyungSoo, demostrando que de hecho, no es tan perfecto como quiere hacerle parecer a todos. JongIn ignora deliberadamente que se parece un poco a él.
No intercambian más palabras durante el almuerzo, aparte de algunas cosas normales y absolutamente necesarias. JongIn se dice que no es porque esté obedeciendo la orden de KyungSoo, sino más bien está cambiando de estrategia concentrándose en la comida.
Al final de la comida, la camarera no tarda en venir a retirar los platos, un tanto sorprendida por la cantidad desorbitada de comida que han ingerido, y KyungSoo pide un café cargado y la cuenta. JongIn tiene ganas de fumar, pero se abstiene de buscar el paquete de cigarrillos, sabiendo que no puede hacerlo allí dentro.
—Tú pagas, hyung. —suelta el hyung en un canturreo que le sale mal por muchos motivos y KyungSoo le está lanzando una de sus miradas más oscuras de su repertorio.
—Sólo tú puedes lograr que una formalidad me haga sentir ofendido.—murmuró KyungSoo con los dedos tamborileando sobre la mesa.
—Todo lo que hago te molesta.
—Porque haces todo para enojarme.
—Al menos cuando te enfadas conmigo eres sincero.
—¿Quién te crees que eres para decirme eso? —KyungSoo reprime un insulto, lo sabe.
La camarera le trae ese café negro y se va rápidamente dejando la cuenta entre ambos, notando la tensión entre ambos, sabiendo que no debe estar en medio de ellos dos. Los humanos a veces tienen instinto de supervivencia, se dice JongIn.
—No sabes una mierda sobre mí.—le escupe.
JongIn se inclina sobre la mesa, alzándole una ceja de forma petulante.
—Te pasas la vida pretendiendo ser perfecto, KyungSoo. Planeas toda su vida, cada estúpido movimiento que haces, incluso calculas cuando debes sonreír, hablar o mostrar algo de compasión en tu voz.
—¿Qué hay de malo en ser dueño de tu vida?
—Tú no eres dueño de una puta mierda. El control te tiene a ti.
KyungSoo lo mira, lo mira tan intensamente que le quema el alma, el cuerpo, todo JongIn arde y debería de sentirse ofendido por esos ojos, porque son de reto, no obstante, le devuelve la mirada y no se mueve.
—Al menos yo soy un adulto, no un niño que juega a ser mayor y que siempre espera que su hermano le salve el culo cuando la jode.
No le dice nada. No sale nada de sus labios para defenderse y se quedan allí en silencio durante los tres minutos que tarda KyungSoo en tomarse su café. JongIn creé que se ha quemado la lengua, pero no dice nada y KyungSoo deposita un par de billetes en la mesa, levantándose.
—Ya hemos socializado suficiente. Vete corriendo con el rabo entre las piernas a contarle a tu hermano.
Por cosas más pequeñas se había peleados con tipos más grandes que KyungSoo. JongIn sí que estaba un poco loco, quizá, o simplemente se dejaba llevar mucho por su lobo, pero se ofendía con facilidad y mordía rápido, duro y haciendo sangrar al bastardo. Sin embargo, KyungSoo se alejó de la mesa, con rápidas zancadas, todo su lenguaje corporal señalando su molestia y su estado de no-me-toques-los-cojones y JongIn tuvo la estupidez de sonreír.
KyungSoo entró en el baño de hombres. JongIn después de dos minutos, decidió que nadie lo dejaba con la palabra en la boca y lo siguió.
—No creo que hayamos socializado lo suficiente.
Está dentro del ridículo baño. Hay un cubículo y tres urinarios, es un espacio pequeño y KyungSoo está con las manos sobre el lavamanos, hay restos de agua resbalando por su rostro hacía su cuello e inexplicablemente JongIn se encuentra siguiendo el recorrido de las gotas, lamiéndose los labios.
—¿No entiendes cuando alguien te manda al infierno, JongIn?
—Literalmente, no lo hiciste, hyung.
—Literalmente lo estoy haciendo ahora.
Se miran mutuamente a través del espejo. KyungSoo luce tenso, pero a JongIn le importa una mierda, porque reconoce, le gusta verlo así a su alrededor, le gusta ser la causa de que el moderado KyungSoo pierde el control sobre el mismo control, si es que eso tiene sentido.
—No le cuento cada maldita cosa que hago a mi hermano. —continúa la conversación donde la dejaron, apoyándose contra la puerta, bloqueándola con su cuerpo.
—Te obligó a venir a almorzar conmigo.
—Me lo sugirió. —frunce los labios. —Él de verdad confía en ti.
—¿Cuál es el punto? No necesito que me caigas bien para defenderte.
—Lo harás sin creer en mí. —murmura repentinamente irritado porque el lobo nunca confía en él.
—Soy jodidamente bueno en lo que hago, JongIn. Un abogado no se supone que deba juzgar al cliente. El abogado defiende la postura del cliente y se cree lo que dice, sea verdad o no. No necesitamos socializar para que yo evite que tus pelotas se vean comprometidas.
—He intentado que nos lleváramos bien.
Eso parece activar un engranaje de KyungSoo porque explota y se crispa y se gira tan bruscamente para mirar a JongIn que él salta de anticipación en su fuero interno sin saber muy bien por qué. Mierda. Qué le pasa.
—Y una mierda. Lo único que has hecho siempre es intentar que salte sobre ti. Te gusta iniciar peleas, golpear, luchar y sabes que como humano no te ganaría. Eres un hijo de puta que busca venganza porque como lobo siempre te he ganado en una pelea.
JongIn no sabe si ofenderse porque en el fondo tiene parte de razón o porque le molesta que sólo vea en él a un bastardo egoísta que sólo le interesa sentirse victorioso.
—Ahora mismo no quiero que saltes sobre mí, no al menos de manera violenta. Si quieres morderme, procura no hacerme mucho daño, cariño.
Y sabe que ha cometido un puto error. Lo sabe y JongIn no puede rebobinar para evitar soltar esa mierda que no sabe de dónde carajo sale, pero lo dice y KyungSoo está saltando de verdad desde que el cariño flota aún en el espacio reducido del baño.
La garganta de JongIn es apretada contra la puerta y KyungSoo parece aún más enojado por el hecho de que la diferencia de altura es más evidente ahora que está pegado pecho con pecho, que por la frase de JongIn. Normalmente, su lobo gruñiría, aullaría por liberarse y lo obligaría a defenderse. En cambio, sólo lo escucha lanzar un ronco gruñido que no distingue qué quiere decir y JongIn no se mueve en absoluto.
—Creo que te falta el servilletero. —le cuesta hablar y KyungSoo rodea un poco más fuerte su garganta gruñendo ferozmente y entiende que no está jugando, joder.
—Te puedo hacer tragar otra cosa. Cualquier cosa.
—Tu polla estaría bien. —y de nuevo dice algo que no sabe por qué dice. JongIn no entiende de dónde salen tantas mierdas sexuales y se da cuenta de que es la primera vez que KyungSoo y él están tanto tiempo juntos, solos y él se permite decirle cosas tan directas. Porque la mitad del tiempo que estuvieron juntos en el pasado eran niños, pubertos y cuando no estaban peleando, los otros salían a detenerlos. No había tiempo para referencias sexuales.
—Jodido bastardo. No juegues conmigo. ¿Qué quieres de mi, JongIn? ¿Qué coño quieres de mi? —tira de su cuello hacía abajo, su espalda se curva en una posición dolorosa y sus bocas están cerca. JongIn casi siente algo, quizá un poco de culpa por hacer que KyungSoo se vea tan desesperado por entenderlo.
—Yo tampoco sé qué quiero de ti, KyungSoo. Supongo que me gusta verte salvaje o lo que sea.
—Salvaje.
—Juro que pareces un estir….
Su oración se corta, muere en sus labios y JongIn es estúpidamente consciente de la boca de KyungSoo sobre la suya cero coma tres segundos después, porque el hecho es demasiado extraño, caliente y húmedo como para entenderlo todo de una sola vez.
Agarra la mano que está en su garganta y con la otra toma el control de la cintura de KyungSoo, logrando un gruñido de advertencia sobre su boca, que hace vibrar su pecho y le envía oleadas de excitación por todo el cuerpo. Y JongIn no entiende que cojones pasa con él porque está dejando que KyungSoo lo bese y le gusta y tampoco está buscando una respuesta, solo le devuelve el beso casi más intensamente de lo que lo besó KyungSoo. Porque KyungSoo lo besa con rabia, con sabor a querer callarlo y JongIn sólo desea probarlo.
Pero el beso se corta antes de que pueda introducir su lengua y KyungSoo lo empuja con una violencia que solo ha visto en su forma de lobo al tipo y JongIn está gruñendo y no sabe si es por el empujón o porque no tuvo suficiente de él.
—No me llames estirado.—su tono es bajo y la advertencia en vez de enfurecerlo le gusta.
—No te comportes como uno.
—Nunca sabes cuándo cerrar la boca.
—Para eso estás tú, hyung. Aunque debo reconocer que me ha gustado más que me comieras la boca a que me la rompas.
KyungSoo hace un movimiento rápido, balanceando su diestra, pero JongIn tiene tiempo de verlo, reaccionar y atrapar la mano. Es más, voltea al tipo doblándole el brazo y entonces tiene a KyungSoo con su espalda pegada al pecho y gruñéndole bajo en una advertencia salvaje y a JongIn le sigue importando un carajo.
—Deja de jugar conmigo, hijo de puta. —KyungSoo tiene los dientes apretados y le duele, pero JongIn no afloja y lleva al lobo más bajo hacia delante, dejando que su cadera choque contra el filo del lavamanos.
—Mierda, no estoy jugando. No lo hago, joder. —jadeó, su respiración está jodida y el aroma a perfume caro enmascarando el olor natural de KyungSoo, lo está volviendo loco. —¿Quieres saber por qué te hago enojar? Porque me pones caliente, joder, me pones duro y eso me cabrea y entonces quiero romperte la cara de idiota prepotente que tienes. Y te odio y mierda.
Se miran a través del reflejo en el espejo. KyungSoo tiene pintado en la cara que duda de sus palabras y JongIn se enoja más, gruñéndole y el lobo aúlla de igual forma, deseando que el otro le crea y no entiende por qué le pasa esto con el bastardo de KyungSoo.
—¿No te sientes igual conmigo, hyung? ¿No me odias y luego quieres follarme duro, caliente y eso te hace confundirte y odiarme más? —murmuró justo sobre su oído, un suspiro más salvaje que humano, ronco, grave y excitante.
—No.
JongIn se enoja y lanza su cuerpo hacía delante, aplasta a KyungSoo contra el lavamanos dolorosamente y su polla semi dura se frota contra el culo de KyungSoo y ve al tipo hacer un esfuerzo por no morderse esos labios gruesos que JongIn ha imaginado rodeándole el pene.
—Mentira. No me mientas. Creía que los abogados mentían mejor que eso, hyung. —una mano toma el pelo de KyungSoo, estirando su cuello y lo lame, allí donde su pulso late.
—Suéltame, JongIn.
—¿Notas eso?—balancea su pelvis hacia delante y KyungSoo sisea. —Tú eres el culpable de que mi polla esté dura, hyung, y te odio por eso. Y puede que por eso me guste sacarte de tus casillas, porque tú me haces esto a mí y parece que soy yo el único con una erección mientras tú finges que eres el puto y perfecto Do KyungSoo.
—Tócate una paja si tan caliente estás, JongIn, pero te juro que si no me sueltas en este jodido instante, ni tu hermano será capaz de reconocerte.
—Uhm ¿debo temblar ahora?
—No me toques los cojones.
—No te los he tocado, hyung ¿deberíamos comprobar si estás despierto de cintura para abajo? —la mano de su pelo vaga por su espalda, rodea la cintura y llega hasta la entrepierna de KyungSoo. El lobo está respirando irregularmente, pero no trata de revolverse. —Tu polla no está de acuerdo con tus mentiras, hyung, debes enseñarle a mentir. —se burla y la frota por encima de los pantalones. —No eres tan frío de cintura para abajo como todos dicen, uhm.
Y JongIn la caga. KyungSoo le da un cabezazo. El dolor en su frente estalla y suelta a su presa confuso y nublado por el dolor. Sisea una maldición y mira a KyungSoo, que está ahora mirándolo con un brillo que hacía mucho tiempo no veía en sus ojos y entiende que se ha pasado de la raya. Lo ha herido.
—Vete al diablo, JongIn, púdrete en el jodido infierno, bastardo. No vuelvas a tocarme ¿me has oído? Si vuelves hacerlo me encargaré de romperte los dedos.
KyungSoo está temblando. Huele a rabia, pero sobre todo a dolor y empuja a JongIn en su camino a la salida. Porque KyungSoo nunca le ha huido, nunca ha intentado escapar de él aunque sepa que no va a ganar y quizá eso le atrae a JongIn de él.
****
JunMyeon se guardó sus preguntas. Notaba su enojo, cualquiera podría verlo en KyungSoo, pero el líder respetó su derecho a permanecer en silencio y se concentró en seguir estudiando las leyes de los lobos. KyungSoo necesitaba conocer bien el reglamento para saber reaccionar en el juicio.
JongIn no estuvo de nuevo en la esquina del despacho de su hermano hasta una hora más tarde y a KyungSoo le irritó ser tan consciente de la presencia del tipo. En el fondo, no dejó de preguntarse qué mierda pasó en el baño con ellos. No era normal que esta mierda ocurriera entre ellos, aunque no era la primera vez que JongIn hacia algún tipo de comentario sexual, nunca llegaba tan lejos. Quizá porque no les habían dado la privacidad que ellos tuvieron.
Lo más que lo jodía era que su cuerpo había reaccionado a él y eso lo enfurecía en muchos sentidos. Porque se suponía que no soportaba a JongIn, no le gustaba su personalidad desordenada, irrespetuosa e impulsiva, le jodía que él fuera un niño mimado que siempre parecía poder escapar de todo y que nunca tenía una responsabilidad. Y pese a todo eso, a todo lo que era JongIn, lo había puesto caliente contra ese lavamanos y KyungSoo odiaba perder el control.
Por eso lo llamaban frío, pensó. No eran muchos los cambiaformas que se acercaban a KyungSoo y los pocos con los que tuvo algún encuentro sexual, nunca llegó a ser satisfactorio. KyungSoo rara vez llegaba al orgasmo, sin importar si eran mujeres u hombres, y al parecer, aunque no era malo dando caricias o besos, no era exactamente cálido.
Es como follar con un muñeco o tener un vibrador. KyungSoo recuerda perfectamente la voz del gilipollas que pronunció dichas palabras en un bar, mientras comentaba su experiencia sexual con KyungSoo a otros de su especie. Ni siquiera se molestó en pegarle, se consideraba mejor que eso.
No obstante, le dolía, pero tampoco era capaz de solucionar su mierda con el sexo. No entendía muy bien por qué le ocurría eso, de todas formas. Era muy obsesivo del control, quizá. Y por eso a lo mejor no llegaba a correrse porque no quería dejar que otra persona lo tuviera en sus manos, o algo así.
—...Deberían ir juntos a investigar la zona. —KyungSoo despertó ante esas palabras. Había estado sumergido en sus propias calibraciones e ignoró que JunMyeon y YiFan compartían una conversación sobre el incidente de JongIn y buscaban una posible solución.
—¿Qué? —casi lo graznó. Tenía la garganta seca después de permanecer tanto tiempo en silencio y tosió, obteniendo la atención de los hombres en el despacho.
—YiFan creé que tú y JongIn deberían ir hasta Incheon e investigar quién pudo matar al chacal Lee. Si encuentran al asesino, JongIn quedará fuera de juego.
KyungSoo alzó una ceja. No era algo que le apeteciera, no realmente, no estando a solas con JongIn, porque JunMyeon dijo él y JongIn, no incluía a nadie más y entendía que el líder tenía las suficientes obligaciones como para salir de su territorio para investigar algo que se suponía había delegado en una persona competente.
Comenzó a frotarse el puente de la nariz y asintió pesadamente.
—Las leyes de los cambiaformas no son muy complicadas, son bastante tajantes y no dan margen para ambigüedades. La opción más segura es investigar por nuestra cuenta.—expuso en voz alta, más que nada para convencerse a sí mismo que era la opción más lógica y correcta.
—Deberían salir esta noche. —sugiere YiFan.
—Me tomaré el resto de la tarde libre para arreglar algunos asuntos pendientes del bufete y pedir días de vacaciones.
—Yo me encargaré de proporcionarles un alojamiento y correrá a mi cuenta todos los gatos del viaje. —JunMYeon sonríe. —Supongo que querrás el itinerario, ¿no, KyungSoo?—él asiente. —El viaje por carretera será un poco pesado, pero seguro que ambos podrán turnarse para conducir. Informaré al líder de la manada de Incheon de su llegada, por si hiciera falta su ayuda.
Eso no iba a ser fácil y probablemente debería llevarse un par de aspirinas para el dolor de cabeza constante que iba a tener. El asesinato tuvo lugar el último día de una de las Festivales Populares en Incheon, los cambiaforma disfrutaban de los festivales y siempre eran buenas oportunidades para mezclarse entre especies y entre manadas, aunque no todo podía salir bien y las peleas surgían inevitablemente. JongIn tuvo la pelea con el tipo el día anterior y varios fueron los testigos que aseguraron que amenazó al chacal Lee y que tuvieron que separarlo del pobre bastardo. KyungSoo tendría que deshacer lo andado por JongIn y romperse las pelotas para descubrir quién mató al gilipollas y si la manada del chacal sabía o no que JongIn en realidad no era el responsable.
Un plan simplemente maravilloso. Muchas aspirinas, se dijo.
KyungSoo tuvo dos horas ajetreadas donde realizó llamadas y organizó su maleta y efectivamente, compró aspirinas. De hecho, solía llevarse de viaje un pequeño botiquín con cosas básicas, por si acaso. La pequeña maleta que preparó constaba de trajes y algunas mudas de ropa informal, por si acaso, empacando lo mínimo y necesario. A las siete y media en punto un miembro de su manada tocó en el telefonillo de su casa, avisándole de que el SUV que JunMyeon dispuso para su viaje estaba allí fuera.
No se olvidó de su portátil y a las siete y cuarenta ya estaba en carretera, en busca de JongIn. A decir verdad, su obsesión por el control le impedía ser bueno esperando y prefería ser él el que fuera a recoger al hermano de su líder, que esperar a que JongIn fuera a por él. No obstante, JongIn ya estaba delante de la puerta de la residencia de JunMyeon, cargando una bolsa de deporte y vestido de negro.
No se saludaron. JongIn subió al asiento del copiloto en silencio y KyungSoo se centró en conducir. La radio ya estaba puesta en las noticias y JongIn no le protestó. A esa hora esperaba no encontrar demasiado tráfico y casi estaba agradecido por el silencio que el otro mantenía.
—Puedo conducir más tarde.
—La distancia no es tan grande, puedo hacerlo.
—Llevas un día ajetreado, quizá sea más seguro que yo lo haga.
—Puedo hacerlo.—apretó el volante y claramente no fue amable. Estaba ofendido de que dudara de su capacidad para conducir y se negó a admitir que la propuesta de JongIn era lógica.
—¿Nunca vas a confiar en mí? Se trata de eso, no quieres que yo conduzca.
KyungSoo se negó apartar sus ojos de la carretera y continuó aferrándose al volante.
—La confianza se gana, JongIn. En mi caso, no confío con facilidad en las personas y tú deberías entenderlo, no eres precisamente el mejor ejemplo de confianza plena en los demás.
—Buen punto.—hizo una pausa y cuando creyó que lo iba a dejar, habló de nuevo. —Pero me gustaría que pudiéramos confiar el uno en el otro.
—¿Por qué? ¿A qué viene toda esta mierda? —se frustró KyungSoo. Le dolían los hombros de la tensión que ejercía en su cuerpo. —Ser tu puto abogado no incluye que tengamos que ser amigos, confidentes o saber cada maldita cosa del otro. Nos hemos peleado más veces de las que hemos logrado mantener una jodida conversación. Probablemente te he roto más veces las costillas de las que he intercambiado más de cinco palabras sin estar insultándote, así que chúpame la polla, JongIn. No quiero tu confianza y no quiero confiar en ti.
—¿Era una proposición? —y el hijo de puta lo ha soltado tan coquetamente que lo odia.
KyungSoo desacelera el coche y aprovecha para mirarlo. Son solo cinco segundos los que se permite mirar la sonrisa lasciva en la cara de JongIn y KyungSoo gruñe alto y fuerte, porque a su lobo le ha gustado la idea de JongIn chupándole el pene y ahora mismo se está cagando hasta en la madre que lo pario.
—¿De todo lo que he dicho, tenías que responder a eso?
—¿No lo era?
—Responde la puta pregunta.
—Esta debe ser la vez que más te oigo maldecir. —KyungSoo saca los dientes sin poderlo evitar y JongIn ríe. —Tengo una teoría.
—Una teoría.—escupe KyungSoo.
—Sí. Me pones duro, te lo dije esta tarde. —KyungSoo vocaliza un JongIn tan suave y ronco que es más salvaje que humano. JongIn lo ignora. —Tengo fantasías sexuales contigo y sueños húmedos. Joder, me despierto con erecciones dolorosas, hyung. Y después de lo que ocurrió en el baño, creo que para eliminar la tensión que hay entre nosotros, deberíamos follar.
KyungSoo tomó una bocanada de aire, ahogándose y la expulsó conteniéndose. No podía matarlo mientras conducía.
—JongIn, si tan caliente estás, hazte una maldita paja o búscate una vagina o un culo que follar.
—Ya lo hice. ¿Te crees que voy a salir a la calle con la polla dura y doliéndome luego de soñar que me la chupabas? Pero no funciona. Te quiero follar a ti.
—Si no estuviera conduciendo ya te habría pegado.—murmuró KyungSoo.
—¿Por qué? Puedo oler excitación detrás de todo ese enojo y de esa puñetera colonia que usas para ocultar tus estados de ánimo. —JongIn rodó los ojos aunque KyungSoo no lo pudo ver. —Lo intenté esta tarde. Me follé a la camarera del restaurante y no me corrí, KyungSoo.
—Me importa una mierda.
La imagen de la camarera del restaurante y JongIn follando en el mismo baño donde ellos estuvieron -aunque no sabía si fue ahí donde lo hicieron- sólo lo enojan más. Porque el idiota de JongIn primero le suelta esas estupideces de que le pone duro y le recrea en fantasías sexuales de ellos dos y luego le suelta que se folla a otra persona para aliviarse. Y es confuso, idiota y KyungSoo no quiere admitir que ahora mismo quiere arrancarle la garganta a JongIn por motivos diferentes.
—Me gustas más en mis sueños, eres más complaciente.
—Deja de soñar conmigo.
—No es como si yo lo buscara. Mi teoría es espléndida.
—Tu teoría es estúpida y me sorprende que ‘espléndido’ esté en tu vocabulario.
—No eres el único que puede fingir ser un hombre perfecto y correcto, hyung.
—¿Qué tiene que ver tu teoría con confiar en ti?
—Pienso que nos llevamos mal porque hay tensión sexual no resuelta entre nosotros. Si follamos, dejaremos de querer saltarnos a la yugular todo el tiempo porque no se supone que debemos desearnos si nos caemos mal.
—Es probablemente la cosa más estúpida que me has dicho en los años que te conozco.
—Sigo oliendo tu deseo.
—Desde que somos pequeños no nos llevamos bien, no aprobamos la forma de ser del otro y eso hace que choquemos. No hay ninguna tensión sexual y estoy malditamente seguro de que no vamos a llevarnos mejor porque follemos. Así que olvídalo, no voy a chuparte la polla, Kim JongIn.
—¿Con la mano?
—Por el único motivo por el que quieres follar ahora conmigo es porque no pudiste correrte con la humana esta tarde. Y eso no es mi jodida culpa. Vete a un médico para mirar eso, soy tu abogado, no tu puta.
—Nunca quise que fueras mi puta. —esta vez el tono de voz afable de JongIn varia. Le ha enojado esa parte.
—Lo que sea. No va a pasar, asúmelo.
—No quiero follarte ahora. Siempre he querido hacerlo.
—¡Joder, JongIn!—gritó KyungSoo golpeando el volante. —No me deseas, no lo haces.
—Sí te deseo, KyungSoo. ¿Te crees que esto es fácil para mi? Siempre pensé que eras un chupapollas estirado. Me juzgabas con tus grandes ojos y me jodía mucho que me miraras como si yo fuera un insecto. Para mí no fue fácil aceptar que el único tipo que me vencía luchando me la ponía dura.
—Es tu problema, bastardo. Es tu puto problema, no el mío.
—Te excitaste en el baño. Es más...—KyungSoo apretó la mandíbula. JongIn le estaba tocando el muslo, peligrosamente cerca de su entrepierna. —Tu ritmo cardiaco subió, hyung.
—¿Qué quieres demostrar? Soy en parte humano y a cualquier gilipollas le aumentaría los latidos si un idiota lo empieza a tocar cerca de su pene.
—Creía que tú no eras un gilipollas normal y que tenías autocontrol.
—Y tú eres un idiota de los grandes. Saca tu mano de ahí, JongIn.
JongIn no respondió, pero pudo ver por el rabillo del ojo su sonrisa. La mano salió de esa zona de su muslo, solo para colocarse sobre la hebilla de su cinturón y KyungSoo resopló tan fuerte que casi gruñó.
—Si pensamos lógicamente, para excitarte por mi toque primero tengo que ponerte caliente, hyung. Si de verdad no quisieras que te tocara, no olerías a deseo. ¿Tengo que comprobarlo?—el bastardo jugó con la hebilla y sus dedos divagaron sobre su entrepierna.
—Estoy conduciendo.—su voz sonaba antinatural y sabía que si continuaba apretando de esa forma el volante, algo podría salir mal.
—Continúa, ahora estoy entretenido. —murmuró JongIn distraídamente.
La mano de JongIn subió y bajó, frotando la polla semidura de KyungSoo y él no necesitaba mirarlo para saber que su mirada era de plena satisfacción. Mierda.
—¿Debería chupártela? Me pregunto si sabrás como en mi sueño.—apenas fueron unas palabras susurradas, no distinguió cuando JongIn se inclinó sobre su oído.
Y cuando la bragueta bajó, KyungSoo no pudo soportarlo más.
Hizo un giro y realizó una dura frenada en el arcén en mitad de la autopista. La mirada de KyungSoo se desplazó desde la mano de JongIn en su pene hasta la cara del tipo y quizá sus ojos le quemaron y le dijeron cuán enojado estaba, porque no hizo falta que le pegara. JongIn retiró la mano poco a poco, colocándola sobre su propio muslo, apretando la mandíbula, como si estuviera herido y joder, él era el que tenía que estar enojado no JongIn.
—Bájate del coche.
—¿Qué?
—Me oíste. Abajo. Ya.
JongIn se bajó a regañadientes, dándole un portazo al SUV de su hermano que no merecía y KyungSoo lo siguió. Con toda la dignidad que le quedaba, mientras tenía una erección. KyungSoo se subió la bragueta, se colocó el cinturón y cuando JongIn lo imitó, rodeando el auto y se encontraron de frente, lo estampó contra el capó del mismo. KyungSoo lo atrapó de la misma forma en la que él fue apresado esa tarde en el baño contra el lavamanos y sabía que JongIn lo dejó. Retorció el brazo con furia y le tiró del pelo con toda su rabia a flote. Su pene se clavó dolorosamente contra la cadera de JongIn y respiró agitadamente contra su oído.
—La próxima vez que me toques la polla, te rompo los dedos uno a uno, JongIn.
KyungSoo lo soltó como si le quemara tocarlo y cuando JongIn volvió a incorporarse, masajeando la muñeca que él dobló, se maldijo porque sentía remordimientos.
—Conduce. —ordenó, girándose y caminando hacia el lado del copiloto.
JongIn tardó un segundo en reaccionar, aún con la mirada clavada en KyungSoo y joder, esa mirada le quemó todo el cuerpo. Y tuvo que maldecir.
****
Decir que el ambiente estaba cargado era quedarse corto. Podía cortarse como un cuchillo la tensión existente entre ambos y aunque KyungSoo lo negara, JongIn sabía que era tensión sexual. Pero cerró su puta boca, porque ya había dicho suficiente, y se concentró en la música que salía del estéreo. Para su consternación, KyungSoo no lo regañó por lo alto que sonaba la guitarra eléctrica o porque escuchaban rock, y él dentro de la fantasía que rodeaba a KyungSoo, lo imaginaba escuchando música clásica. A decir verdad, el tipo lucia casi relajado con la música entre ambos y JongIn prefirió no prestar más atención de la necesaria.
KyungSoo sólo le habló para darle las indicaciones del hotel donde se iban a hospedar. Al detenerse delante de uno de los hoteles más caros de la ciudad, supo que JunMyeon no sabía medir su generosidad cuando se trataba de su manada y que con esa mente malgastadora no sabía cómo narices lograba tener tantos ceros en su cuenta bancaria -aunque él nunca logró verla, sabía que así era.-
—El hotel tiene un parking para clientes. Está a tu izquierda. —le indicó KyungSoo. Su tono era como el de cualquier navegador, robótica y carente de emoción.
JongIn tuvo que aparcar el coche en el sitio que KyungSoo le indicó, el 35A. Descargaron su equipaje y JongIn miró al otro lobo, casi queriendo cargar la maleta del tipo. Aunque KyungSoo y su cara de malas pulgas cuando lo observó, le indicó que no iba a permitirle ayuda como si se tratara de una estúpida damisela de película.
KyungSoo habló con el recepcionista, realizando los trámites. JongIn estaba incómodo rodeado de tanto brillante, cobre y aspecto quebradizo. El hotel de verdad era lujoso, cada maldita cosa parecía poder romperse sólo bajo la ruda mirada de JongIn y el lobo se sentía extremadamente grande y torpe, KyungSoo en cambio, se movió con gracia, iniciando la marcha al ascensor.
—¿No exageró un poco para cinco días?
—Es típico de JunMyeon exagerar. —de nuevo la voz automática.
—¿Vas a estar enojado conmigo mucho tiempo más?
—La pregunta adecuada es cuándo no he estado enfadado contigo, JongIn. —gruñó en respuesta. —No te preocupes, eso no afectará a mi trabajo como abogado.
—No me preocupa el jodido trabajo.
—Pues deberías. Es tu culo el que está en juego y no sé si te has dado cuenta, pero esta vez, nada de lo que diga o haga JunMyeon, te salvará.
—Me di cuenta. —gruñó de nuevo.
—No se nota.
—No soy un niño.
—Eso lo has dicho tú.
—Pero lo piensas. Me tratas como a un niño mimado que no sabe defenderse y el que recurre a su hermano cuando está a punto de ser empalado.
—¿Y no es así?—esta vez se filtra algo irritante en la voz de KyungSoo y lo mira directo a los ojos.
A JongIn se le corta la respiración porque no entiende el chispazo que siente al mirar a KyungSoo y es el ascensor el que interrumpe el momento, abriendo sus puertas. No siempre fue así con KyungSoo, se dice. Cuando eran pequeños tendían a intentar morderse entre ambos, o mejor dicho, JongIn molestaba a KyungSoo. El menor de los Kim solía picarse con ese hyung porque en el fondo sentía algo de envidia. KyungSoo sacaba buenas notas, KyungSoo era educado, KyungSoo se ganaba palmaditas en las cabeza de JunMyeon porque era un buen chico. Y le molestaba, porque él sabía igual que los otros, que KyungSoo era el hijo del beta que desafió a su padre.
No obstante, con la pubertad, su lobo se revelaba, y JongIn demostró no tener mucho autocontrol. Su personalidad impulsiva lo hacía ser propenso a enojarse y dejar que el lobo tomara el control de sus instintos, volviéndolo agresivo. KyungSoo lo irritaba más que los demás con su mera presencia. Él lo miraba a los ojos, no le tenía miedo y en parte, sabía que KyungSoo no veía al hijo del líder, el hermano del futuro líder, sino a JongIn, el crío estúpido que siempre se metía en problemas.
JongIn no aprendió hasta más tarde, que de algún modo, KyungSoo le quemaba la piel y que lo ponía duro y eso sólo lo hacía enojar más. Y lo confundía y le tocaba los cojones no poder resolver el tema de los chispazos y las erecciones inoportunas.
Dentro de la habitación, la cosa no cambió. Siguiendo la línea de hotel caro, la habitación era también cómoda, frágil y solo había dos camas ridículamente pequeñas, sin nada divisorio. Para ser un jodido hotel tan caro, la habitación, aunque espaciosa y con televisión, minibar, un gran baño y terraza, no tenía más cuartos divisorios para darles privacidad y JongIn se preguntó si JunMyeon lo había hecho a propósito.
—Que oportuno. —murmuró KyungSoo eligiendo la cama más cercana al baño.
JongIn se quitó las botas militares negras dejándolas de cualquier forma sobre la cara alfombra, la cazadora hizo el mismo camino, pero cayendo sobre una de las sillas y él se tiró sobre la cama, rebotando y comprobando que la cama efectivamente era para personas más pequeñas.
KyungSoo por su lado, le dedicó una mueca y JongIn observó al otro hombre. KyungSoo dispuso la maleta sobre la cama, abriéndola. Sacó varios trajes y los dejó colgados en el ropero, sin sacarlos de las fundas. Luego alineó los dos pares de zapatos justo debajo y puso el neceser sobre su mesita de noche. Su maletín descansó sobre una cómoda, también muy bien puesta y la maleta aún con más ropa dentro, fue cerrada y metida dentro del armario.
—¿Qué? —escupió mirándolo.
—Eres un obseso del orden.
—No es cierto. —rodó los ojos.
—Creí que sólo tenías problemas con el control, pero veo que estás verdaderamente jodido. Sólo te faltó sacar una regla para colocar todo derecho y con el espacio justo entre una cosa y otra. —comentó con un principio de risa en su voz.
—Que tú seas un desordenado de mierda no me convierte a mí en un obseso del orden. —ya estaba irritado de nuevo.
—Ni siquiera JunMyeon es tan perfeccionista colocando los zapatos.
—Que te jodan, JongIn.
—¡Jódeme tú!—le gritó antes de que la puerta del baño se cerrara de un fuerte golpe y JongIn se echara a reír.
El agua comenzó a correr cuatro minutos después y la mente de JongIn voló, como de costumbre. Se imaginó a un KyungSoo desnudo en la ducha y eso no era bueno para su salud mental. Entendió porque en esos años, siempre terminaba alejándose de KyungSoo cuando tenían algún encuentro. Era más fácil lidiar con sus sueños húmedos, si el que se los provocaba no estaba a pocos metros, separado de él por un trozo de madera y las garras de KyungSoo, si se atrevía a poner un pie dentro del baño.
Bufando por la cabezonería del mayor, JongIn encendió la televisión sin verdadero interés. Cambió de canal con rapidez, ignorando las repeticiones de dramas y dejándolo en un canal deportivo. No estaba prestándole verdadera atención y casi se dejó dormir, hasta que un ruido de botes cayendo lo espabiló. La mirada de JongIn se disparó hasta el baño donde un quejido y un mierda se escuchó apenas amortiguado y que él se tuvo que esforzar en oír.
Con la curiosidad latiéndole, se acercó a la puerta del baño, sin atreverse a preguntar, como cualquier persona normal haría. La puerta no estaba cerrada con llave y JongIn tuvo otro momento de estupidez morbosa y la abrió lentamente, en una rendija, diciéndose que sólo era para comprobar por sí mismo, que KyungSoo estaba bien.
Evidentemente, el lobo lo estaba. Y joder, tanto que sí. La ducha seguía corriendo ahogando la respiración agitada y entrecortada de KyungSoo. Dentro del plato de ducha, se transparentaba la sombra del hombre y JongIn disparó sus ojos por encima del vapor, al movimiento de la mano de KyungSoo sobre su polla. Tragó tan duro que temió delatarse a sí mismo y tuvo que controlar el impulso de dar dos zancadas, abrir la puerta corrediza y observar la cara de KyungSoo mientras se masturbaba. De hecho, deseaba hacerlo, deseaba saber qué cara pondría KyungSoo cuando llegaba al orgasmo.
No supo bien cuánto tiempo lo estuvo observando o al menos, lo que podía ver a través de las placas semitransparentes y oyendo los suaves gemidos de KyungSoo, ahogados y reprimidos. En el fondo, no le sorprendió que el hijo de puta se reprimiera incluso para gemir.
Y cuando se corrió fue cuando único escuchó un gruñido más fuerte que los anteriores y el aroma del baño se intensificó, oliendo más a sexo, a KyungSoo y su orgasmo, pero JongIn sabía que el tipo no estaba del todo satisfecho y JongIn se obligó a salir de ahí antes de convertirse en un suicida.
Cerró la puerta, sabiendo que hizo más ruido del que pretendía y se echó en su cama de nuevo, sintiendo que ahora el que tenía un problema en los pantalones era él.
KyungSoo salió del baño siete minutos después, JongIn sintió cada minuto en su polla palpitante y no se molestó en disimular su erección. Al fin de cuentas, ambos eran seres superiores que podían oler la excitación del otro. KyungSoo debió saber que JongIn olería más tarde que se había masturbado en el baño, eso si no lo descubría mientras lo hizo -como pasó- y por la mirada que le lanzó cuando salió sacudiéndose el pelo y vestido con un pantalón elástico negro y una camisa blanca lisa, supo que el bastardo sabía que estuvo mirándolo y que esa erección era por su culpa.
—Llamaré al servicio de habitaciones para que nos suban la cena. No te recomiendo salir de esta habitación mientras tengas tu culo comprometido.
—Bien. —gruñó. Su voz estaba ronca por la excitación y sólo quería enterrar la nariz en el cuello de KyungSoo y morderlo y joder, los colmillos le latían.
—Dúchate. Pareces necesitarlo. —una sonrisa, pequeña, petulante y JongIn se enojó porque el abogado sabía que estaba caliente.
Esta vez no hizo ningún jodido chiste.