Feldmaus [JiKookMin] [Adap.]

Summary

JungKook puede ser un poco como un ratón de campo, pero él adora sus vacaciones en Londres. Después de un largo día jugando al turista, está en búsqueda de un poco de cerveza barata y una buena hamburguesa. En su lugar se encuentra con un hombre cazándolo, un arrogante tonto con una sola cosa en el cerebro: la clase de carne que viene entre un par de nalgas. Ochenta horas a la semana en una mesa de negociaciones no dejan a Park Jimin mucho tiempo para relaciones significativas. Además en su mundo, todo es una competencia, incluso el sexo. Cuando su más nuevo sub de una noche no se presenta, Jimin fija su mira en el pequeño joven yanqui sentado en el taburete a su lado. JungKook está conforme con una aventura con un nativo, pero él no es el pelele que Jimin piensa que es y Jimin no es tan superficial como él trata de ser. Ambos pronto aprenden que nada es demasiado íntimo para compartir con un desconocido y las más extrañas cosas suceden cuando dos personas comparten las más importantes piezas de sus corazones.

Status
Complete
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

JungKook estaba un poco nervioso cuando entró en el pub. Londres era una experiencia nueva para él, ruidoso y lleno de gente. Los conductores de taxi y autobús parecía empeñados en matar a todos los que cruzaban las calles, como si ese fuera realmente su espacio y todo el mundo parecía estar en una carrera constante. Su guía, su ex-novia Jenny, que había estado aquí antes, se había declarado con dolor de cabeza y se quedó de nuevo en el hotel.

JungKook estaba seguro que le había hecho ojitos a algún antiguo novio de su tiempo en Londres y estaba encontrándose con él para un poco de ‘algo’. Bueno, bien por Jenny. Una putada que ella lo dejara en una ciudad nueva para valerse por sí mismo, pero como ellos ya no estaban juntos, una chica tenía que conseguir algo, ¿no? Pero entonces, que lo dejara en medio de... bueno, el jodido lugar de mierda en donde él estuviera.

En algún lugar en el West End, el cual era un área local: Chinatown justo al lado de Old Compton Street, donde se encontraban todos los bares gay que se pudieran desear. Y luego había más de Soho, con duras y gastadas prostitutas que cubrían los torcidos callejones sorprendentemente oscuros y lúgubres, que a su vez eran sólo unas pocas manzanas de las fachadas rimbombantes de Regent Street con su colección de tiendas de lujo.

La ciudad era mucho más de lo que podía admitir en un primer día y parte de él consideraba sólo conseguir una bebida y volver al hotel. El frío ciertamente no lo invitaba a quedarse fuera por mucho tiempo, o a pasear por las calles. Sin embargo, no estaba tan seguro de este pub. No le había parecido tan viejo en el exterior, sólo una entrada en una esquina de un edificio de ladrillo viejo -¿Victoriano? ¡Eso lo hacía de más de cien años!-


Pero por dentro, todo era de madera oscura y con el sabor de los cigarrillos en el humo del aire, a pesar de un letrero que decía que fumar estaba prohibido. Tal vez ellos simplemente no lo volvieron a pintar.

Pero el gran vaso de cerveza estaba también sucio y la madera de la barra pegajosa al tacto. Los clientes iban desde una pandilla de colegialas italianas bebiendo sus pequeñas botellas de Coca Cola, a unos pocos muchachos obreros que se agolpaban en torno a la televisión que transmitía fútbol, hasta un tipo en un elegante traje acomodado con propiedad en el bar.

Ese tipo, bueno, captó la atención de JungKook. Cabello negro, algo incongruente con su traje gris a rayas y zapatos marrones puntiagudos. Llevaba gafas sin montura y se veía entre los veinte y los treinta. Tenía apoyado los codos en la barra, haciendo que su chaqueta se levantara, mostrando sus muslos y culo muy bien formados dentro del traje a medida. Acababa de dejar su segundo trago de vodka y agitaba su mano para pedir un tercero.

JungKook se quedó mirando al chico, tratando de averiguar de dónde había venido. Su traje era elegante, JungKook no era un experto en estas cosas, pero gritaba corredor de bolsa o abogado o político -¡Escalofrío!- tal vez era de la clase de cosa que usaban los tiburones prestamistas o las personas que invierten en bares de mala muerte en Londres, pero no en Estados Unidos. Ese traje y el fino culo dentro de él, no pertenecían a aquí.

Y estaba bebiendo vodka de primera en un vaso sucio. Y, oh mierda, estaba mirando directamente a JungKook.

JungKook sintió su cara calentarse y miró hacia su regazo, a los vaqueros y la sudadera con capucha de estudiante.

Por supuesto, ese traje no era lo único que no pertenecía a aquí ¿verdad? El borde de su vaso de cerveza tenía algo viscoso en él, algo tridimensional y marrón y lo cogió con una bien recortada uña, preguntándose qué diría su mamá acerca de este imprudente viaje al pub.

Ve a Europa, bebé. Ten una aventura. Compra algo que no sea necesario, ve las cosas que sólo se ven en las películas, besa a alguien que parezca un poco peligroso. Pero ten cuidado, cariño. Sólo estarás ahí por un corto período.

Su madre era, una mujer soltera y de espíritu libre, pero no estúpida acerca de los peligros del mundo o de su único hijo perdiéndose en ellos. Ella probablemente encajaría con esta descripción e incluso aprobaría que él se comiera con los ojos a ese hombre, pero tal vez lo regañaría toda la noche por la mierda pegada al vaso de cerveza.

Miró con curiosidad a la barra pegajosa de nuevo y se preguntó quiénes eran MLM y STR, porque al parecer era TLA. Hubo un movimiento súbito a su lado, el crujiente sonido de seda y lino y JungKook volvió la cabeza.

—Yo no tomaría cerveza aquí —dijo el hombre de las gafas de media luna. Había un acento más allá del plano argot de Soho y que JungKook disfrutó y él ni siquiera esbozó una sonrisa—. Vas a agarrar una infección.

JungKook lo detuvo a un lado de su boca y tomó un trago deliberadamente, luego hizo una mueca. Efectivamente, sabía como si Satanás hubiera meado en la taza de vidrio.

—Bueno, no todos somos lo suficientemente sabios para alcanzar el estante superior.

El hombre arqueó una ceja, una de las esquinas de su boca se torció hacia abajo.

—Creí que te había dicho que no bebieras.

—Y creí que no eras mi madre. —respondió JungKook de vuelta, tomando otro sorbo de la peor cerveza del mundo.

El hombre llamó con el dedo al camarero y mientras JungKook seguía tratando de reunir el valor para tragar el último sorbo, un vaso de Grey Goose tintineaba en la barra delante de él. Estaba tan sorprendido de que su garganta funcionara, que deseó que la cerveza se fuera, el pub de mierda, el apestoso olor, las alumnas italianas y los obreros que observaban la televisión hubieran desaparecido.

Lo que quedaba era el desconocido, mirando de reojo con su magra boca comprimida en una burla y un vaso realmente limpio con dos dedos llenos de licor de primera clase.

—¿Qué es esto? —preguntó tontamente, y el extranjero resopló.

—¿Están tus manos limpias?

JungKook las tendió delante de ellos y se encogió de hombros.

—Si. —No estaba preparado para el frío y fuerte agarre del extraño cuando el hombre tomó su mano.

JungKook se sorprendió lo suficiente como para dejar que su mano fuera arrastrada y su dedo índice fuese insertado hasta la mitad en el líquido.

Miró indignado y arrebató su mano, tirando de su dedo a la boca para chupar la gota de vodka que se aferraba a ella.

Cerró los ojos en la apreciación repentina y gimió.

—Bebe el condenado vodka.

El hombre lo miró durante unos instantes con una mirada que parecía demasiado intensa. Sus ojos eran oscuros, la cuarta parte del iris se desvanecía y JungKook encontró que el cristal entre él y el resplandor era lo único que podía hacer para no mirar hacia atrás. Era muy probable que no fuera enojo o agresión, tal vez el hombre era muy nervioso. O un adicto a la cocaína. ¿No se suponía que ellos eran demasiado ruidosos y un poco nerviosos? No es que este tipo estuviera nervioso. Pero su ceja estaba arqueada. JungKook tomó un trago de vodka y se tragó el líquido aceitoso, crujiente y extremadamente fuerte.

—Eso es. ¿No fue tan difícil?, ¿verdad?

JungKook exhaló duro, el vodka raspando su garganta.

—Jodidamente maravilloso. ¿Vas a darle un poco a los adolescentes de al lado?

El arco de la ceja tembló y luego torció la magra boca hacia atrás.

—Eso no era parte de mi plan, no.

JungKook tomó un sorbo experimental de lo que quedaba.

Todavía era mejor que la cerveza.

—Entonces, ¿cuál es tu plan?

—Ciertamente no conseguir colegialas italianas con cara de mierda. Ese camino termina en desastre. —El hombre puso otra sonrisa que parecía sugerir que no era sólo un estado de ánimo temporal que causaba desastres—. Por el contrario, estoy buscando un ligue, ya que mi primera opción parece estar atrapado en el túnel del metro o acobardado.

—¿Acobardado? No es exactamente una recomendación estelar para ti tratando de ligar, ¿no? —JungKook tomó otro sorbo, la quemadura de ese gran trago le dio valor—. Podría ser más seguro con las colegialas italianas.

—Seguro, sí —dijo el extraño, como si realmente pensara en eso—. Más ¿satisfecho? Lo dudo mucho.

JungKook respiró hondo y sacudió su cabello fuera de su cara. Inclinó la cabeza hacia atrás y miró al misterioso desconocido con los ojos entrecerrados. Escurridizo. Escurridizo y arrogante. Por lo general JungKook no probaba, pero claro, siempre existía la posibilidad de algo más suave debajo de la fachada del traje de seda.

—Soy un poco como un ratón de campo, aquí. ¿De verdad crees que estoy en tu gran ciudad seduciéndote por un caro vodka? Yo podría ser la conexión más decepcionante que hayas tenido en la historia. Tal vez deberías seguir adelante.

El desconocido movió un dedo a la mejilla de JungKook y este se encogió ante el tacto, a la vez impersonal e íntimo.

Había pensado que era un norteamericano entrometiéndose en el espacio personal de los estándares británicos.

—Hablas demasiado —dijo el hombre especulando—. Me encantaría verte amordazado.

Cuando su madre le había hablado acerca de tener una aventura, probablemente no había querido decir: —Busca un psicópata británico al azar y sé amordazado, atado y desmembrado. Esas historias eran las peores noticias, ¿no? “Hombre americano desaparecido, -23 años- encontrado en dos maletas en la parte inferior del río Támesis”. No es exactamente el papel para el cual haría una audición —pensó la parte sana de él.

Pero su sentido de la aventura -bueno, otras partes también- estuvieron de acuerdo. Cosas de fantasía, las cosas que había soñado, pero no había estado dispuesto a hacer. Pero ¿no debería conocer mejor a este tipo primero? Por lo menos, ya sabes, ¿tener un nombre o algo así?

Su teléfono sonó y él hizo una mueca, luego alcanzó tímidamente su bolsillo para sacarlo. Las fantasías son una cosa, pero ser recogido en un bar sin decirle a nadie donde estaba no era práctico.

El misterioso extraño levantó la ceja y luego se inclinó lo suficientemente cerca como para ver el texto de Jenny:

—¿Dónde estás?

Algún bar del Soho. —Miró significativamente al forastero misterioso y añadió: —Consiguiendo una cita con algún tonto quien ni siquiera me ha dicho su nombre.

Una exhalación suave le dijo que el hombre había leído y le había parecido muy divertido. Bueno. Que se divierta. Pero él iba a tener que soltar un nombre antes de llevar a JungKook a cualquier lugar cerca de una botella de lubricante y una venda en los ojos –estremecimiento- y de un consolador. Ok, ¿de dónde había salido lo del consolador?

¿Es guapo? —fue la respuesta.

Es realmente caliente, si te gustan los yuppies tensos con demasiado spray para el cabello.

El sonido detrás de JungKook fue ahora de indignación y una barbilla se clavó en su hombro mientras el desconocido echaba todo el resto de su espacio personal en el retrete y se acercaba lo suficiente a su espalda para respirar en su oído. Lo cual, por supuesto, no era tan lindo.

¡Pero te gustan los yuppies tensos con demasiado spray para el cabello! —se quejó Jenny y JungKook cerró los ojos avergonzado. Por supuesto, el problema con los amigos era que te conocían.

—Me gustas, te lo juro —aseguró el misterioso extranjero.

¿No se supone que estabas teniendo un rapidín? — preguntó JungKook a Jenny, frunciendo el ceño.

Sí, pero esa fue una CORTA actuación. —Casi podía oír su respuesta en las palabras escritas en la pequeña pantalla.

—Termina—murmuró al oído el extraño mandón—. Hablas demasiado por teléfono, también.

—No hasta que consiga un nombre —dijo JungKook impertinentemente—. Tengo que decirle a ella a quien tiene que buscar la policía cuando no me presente por la mañana. —En el teléfono escribió: sí, a veces, con los rapidines, los muy cortos están garantizados.

—No hay tal cosa aquí —dijo el hombre del misterio. JungKook probablemente debería llamarlo Jack el Destripador, sólo para sacarlo más de quicio. Pero entonces el hombre dijo: —Park Jimin. Sólo hay uno en la ciudad, puedes revisarlo en Facebook o algo así.

Jimin pasó las manos a lo largo de los costados de JungKook, con un fuerte y prometedor agarre.

—Jodidos maricones —murmuró alguien desde la esquina.

JungKook se sacudió y Jimin se volvió a medias, pero lo dejó ir lentamente, a regañadientes.

—Esto puede ir en dos direcciones —dijo Jimin—. O salimos ahora o primero me voy a golpear los dientes de ese cabrón. —Enfatizando mucho la palabra primero.

—¿Vas a necesitar ayuda con eso? —Le preguntó JungKook —o,

¿puedes con el comemierda tú solo? —En el teléfono él escribió: Park Jimin, para que sepas quien es el chico con el que estoy, para liberar bajo fianza de la cárcel —y Jimin se volvió para mirarlo.

—Bueno, me gusta pensar que me ayudarías.

JungKook se encogió de hombros, pero se puso de pie. Sus primos habían sido un grupo ruidoso de niños, nunca se había retractado en una pelea.

La pandilla de chicos de la esquina los vieron por unos momentos, haciendo algunos cálculos rápidos, pero fue evidente que la idea que los maricones no iban a poner los pies en polvorosa, no había figurado.

—Sin resentimientos, amigo —dijo uno de ellos y levantó su vaso de cerveza. Afortunadamente, alguien en la televisión marcó un gol en ese momento y los hombres se volvieron bastante sensibles con abrazos y palmadas al hombro.

—El opio de las masas —dijo Jimin—. Vámonos antes de que se den cuenta lo gay que se ven.

JungKook rio, luego se cubrió la boca. Echó una mirada más a su teléfono (que estaba cerrado todavía en su mano) y le dijo a Jenny: —Dale a tu chico una mano y ve si es bueno para otra ronda. Tengo la sensación de que voy a llegar tarde.