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Sinopsis

Mark (un anciano), Tras años de lucha, se ha retirado a las montañas en busca de paz, pero los recuerdos de su pasado no lo dejan hacerlo. Un día, al sentirse cada vez más agotado por el paso del tiempo, acepta lo que cree será su destino final. Sin embargo, lo que parecía ser el fin de su vida da un giro inesperado. Cuando su corazón deja de latir, el anciano se encuentra despertando en un mundo extraño y desconocido, sin entender cómo o por qué ha llegado allí. Ahora, en un nuevo cuerpo joven pero con la mente de un hombre viejo, deberá enfrentar no solo un mundo nuevo, sino también las preguntas sobre su propia existencia y el propósito que aún le queda por cumplir. ¿Qué haría un hombre que ha vivido todo lo que tenía que vivir cuando se encuentra renacido en un lugar lleno de misterios? ¿Es una segunda oportunidad o una nueva condena? La historia apenas comienza, y su viaje será tan peligroso como revelador para si mismo

Genero:
Adventure/Drama
Autor/a:
The 0ne
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

capitulo 1: el último día

El sol empezaba a salir, y la luz del alba se filtraba entre los árboles, despertando la naturaleza para comenzar un nuevo día. En su pequeña cabaña en las montañas, el anciano se despertó antes que los pájaros cantaran. Una leve molestia lo acompañaba, pero con la misma disciplina de siempre, se levantó de la cama y se dirigió a la pequeña mesa de madera. Su rutina era sencilla, casi ritualista. No había cambios, no los necesitaba. No los deseaba.

Tomó su tetera de hierro fundido y vertió agua caliente en su taza de cerámica. Las burbujas comenzaron a formarse en el agua, y el aroma del té de hierbas llenó rápidamente el aire. Era un aroma reconfortante, pero también, llenaba el ambiente de una soledad sin igual. Mientras bebía el té recién hecho, el anciano dejó que su mente se despejara, sumido en una meditación tranquila. Sin embargo, algo pronto comenzó a perturbarlo: los recuerdos de su pasado empezaron a inundar su mente, como olas que arrastran todo a su paso.

Tras terminar su té, se levantó de su meditación y se dirigió hacia la salida. A un costado de la puerta, observó durante unos segundos una espada que reposaba en un soporte. Antes de salir, la recogió con cuidado y la ajustó a su faja. Al salir al exterior, la brisa fresca y húmeda lo envolvió. Su cabaña estaba rodeada por un denso bosque, un lugar que conocía como la palma de su mano. Se cerró más su abrigo y comenzó a caminar en dirección al pequeño río donde cazaba y recolectaba leña.

Mientras avanzaba, sus pasos eran firmes, pero tranquilos. La edad ya no le permitía moverse con total libertad, pero aún tenía fuerzas suficientes para hacerlo todo por sí mismo, lo que sorprendería a cualquiera. Su cuerpo de 83 años seguía siendo el de aquel que, en algún momento, fue considerado “el hombre más fuerte de la historia”.

El bosque estaba tranquilo, los pájaros cantaban y los animales comenzaban a salir de sus madrigueras. Tras unas horas, el anciano llegó al río, con algunos conejos colgando de su cintura. Al llegar, se detuvo y sujetó la empuñadura de su espada.

“algo se acerca...” murmuro. repentinamente, un oso pardo apareció entre los arbustos, saciando su sed en las aguas del río.

Sin hacer ruido, el anciano retrocedió lentamente, buscando una posición ventajosa. Sus ojos recorrían rápidamente la zona con una calma mortal. Cuando el oso terminó de beber, se erguió sobre sus patas traseras y comenzó a olfatear el aire. Después de unos instantes, el oso se giró y quedó mirando al anciano fijamente.

El anciano no se inmutó. Ya había enfrentado a enemigos más poderosos, no por deseo, sino por pura supervivencia. Rápidamente comenzó a pensar en las posibles jugadas que el oso podría hacer y en cómo contrarrestarlas. El oso estaba a unos diez metros de distancia, demasiado cerca para reaccionar con rapidez si decidía atacar, pero su experiencia le permitió comprender que lo mejor era mantener la calma.

El oso lanzó un fuerte rugido y se abalanzó sobre él con una velocidad impresionante para su tamaño. Sin pensarlo dos veces, el anciano se lanzó hacia un lado, esquivando por completo el ataque. Desenvainó su espada con gracia y, en un rápido movimiento, le realizó un corte en el flanco del animal.

El oso gruñó de dolor y giró rápidamente para atacar al anciano, pero este ya se había deslizado por debajo del animal, esquivando el ataque con la facilidad con la que se esquiva una hoja al viento. La destreza adquirida en años de entrenamiento le permitió aprovechar la fuerza y el tamaño del oso contra sí mismo, derribándolo con un simple movimiento de su espada.

El oso, herido y tambaleante, salió del río y se alejó con un rugido de dolor. Ya no tenía fuerzas para continuar y, finalmente, cayó rendido. El anciano lo observó mientras se alejaba, sin intención de seguir atacando al animal. No lo necesitaba. En lugar de matarlo, se acercó y dejó uno de los conejos que había cazado de camino al río frente al oso. Sabía que el oso estaba hambriento, y por eso le atacó. Decidió hacer lo que creía correcto.

El oso, al ver el conejo, lo agarró con su hocico y regresó lentamente al bosque, perdiéndose entre la frondosa vegetación. Tras verlo desaparecer, el anciano volvió a su tarea: recoger leña y llevar comida a casa. Tras un par de horas, pensó que ya había suficiente y comenzó el camino de regreso a su cabaña.

Esa noche, después de cenar un estofado de conejo con una taza de té y colocar carne a secar, el anciano se acomodó en su cama. La cabaña estaba cálida, pero una extraña sensación lo envolvió repentinamente. Algo en su interior le decía que ese día había sido diferente. Sus ojos, oscuros y cansados, comenzaron a cerrarse mientras reflexionaba internamente.

"Quizás... al fin llegó la hora. Al fin recibiré... mi castigo.” Pensó mientras su mente vagaba. Con esas últimas palabras, se quedó dormido, sin saber que jamás despertaría en este mundo.

El sueño que pretendía ser eterno, tal vez, no lo sería. En el momento en que su respiración se calmó y su corazón dejó de latir, una extraña sensación lo invadió. Un vacío lo rodeó, la oscuridad se iba haciendo cada vez más densa. Y luego, en un parpadeo, esa sensación se detuvo por completo.

Cuando sus ojos se abrieron nuevamente, ya no estaba en su cabaña. Un páramo desolado se extendía ante él, y el cielo estrellado parecía extrañamente lejano. Confundido, se sentó en el suelo, sintiendo una desorientación profunda.

“¿...Dónde estoy?” murmuró, mientras observaba el cielo estrellado sobre él.

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