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¡BIENVENIDOS A ASFIL!
Aquí tenemos ferias, Wi-Fi y chicos con los que te puedes obsesionar
—Tienes que decirnos tu secreto más oscuro.
Pudo haber sonado macabro. Pudo haber sonado amenazador. Pero en realidad solo fue una exigencia divertida que salió de la boca de Baek, uno de mis mejores amigos. Y aunque el no lo notó, me hizo sentir nervioso, porque desde su perspectiva, ¿qué secreto podía tener yo, un simple chico de dieciocho años que iba al último año del instituto?, ¿qué secreto podría tener Luhan, el tranquilo, el dulce, el normal?
Su respuesta probablemente habría sido: ninguno.
Pero sí había uno. Muy oscuro.
Claro que no iba a decirlo ni siquiera porque esa tarde estábamos jugando verdad o reto en una de las mesas de nuestra cafetería favorita, Ginger Café.
—Ustedes saben todos mis secretos —dije, junto a una risa relajada—. Siempre les cuento todo.
—No, así el juego no es divertido —resopló Yixing, y me miró con los ojos entornados como a la espera de descubrir algo—. Se supone que tienes que decir algo que no esperemos de ti.
—Pero es que no hay nada —volví a reírme, ladeando la cabeza—. O no me digas que ahora crees que tengo un lado malvado.
—No malvado, pero tal vez uno reprimido.
Eso último fue dicho por KyungSoo. Pelirrojo, lleno de pecas y con un aire intimidante, era el tercero en la mesa. Había estado leyendo un libro mientras Baek y yo habíamos decidido jugar para matar el tiempo hasta que lanzaran los fuegos artificiales. Afuera, la feria de agosto de Asfil se celebraba con entusiasmo, postres, puestos de regalos y música.
—¿Reprimido? —repetí, ceñudo.
—Eres demasiado tranquilo siempre, Luhan —asintió sin apartar la vista de su libro—. Por ley natural, algo debes de tener escondido.
—Es cierto —dijo Yixing, y luego me dedicó una expresión de pícara complicidad—. Eres nuestro chico bueno, pero tiene que haber algo que nunca nos hayas contado. Vamos, tal vez sea algo sexual…
Un secreto de ese tipo habría sido lo más lógico, claro, porque en ese momento todo era muy normal en mi vida: iba al último año del instituto, gastaba el dinero en ropa nueva, pensaba en las próximas fiestas y pasaba las tardes después de clases con mis amigas en cualquier sitio en el que pudiéramos cotillear o no hacer nada.
Pero no. No tenía nada sexual que contar, porque el secreto no era como lo que escondía cualquier chica. O al menos no el chico bueno que Baek decía que era. Así que solo me quedaba una opción.
—No tengo ningún secreto oscuro —mentí con cierta indiferencia—. Soy tan aburrido como parezco, y eso también lo saben.
—Ya, no debes seguir escondiéndolo. —Soo me contradijo de forma inesperada—. Sí tienes un secreto y yo sé cuál es.
Quedé con la pajilla del batido de fresa a medio camino de mi boca. Mi mirada perpleja se clavó en el. Pareció muy seguro de lo que había dicho, y eso hizo que se me acelerara el corazón. ¿Qué sabía? ¿Y cómo lo sabía?
Me torturó con la incertidumbre por casi un minuto.
—El secreto es que considera que yo soy su primer mejor amigo —soltó. Luego señaló a Yixing con su batido de chocolate en mano—. Y tú el segundo, así que confía más en mí que en ti y por esa razón no te contará nada.
En el fondo, un viento de alivio me refrescó el cuerpo.
No sabía nada. No sabía la verdad. Todo estaba bien
KyungSoo emitió una risa de burla. Pensé que Yixing haría un pequeño drama porque ambos solían molestarse mucho el uno al otro, así que actué rápido para cambiar el tema e hice girar la botella que estaba en el centro de la mesa. Cuando la punta se detuvo en dirección a Soo, noté que en realidad Baek no había hablado porque se había quedado mirando hacia otro punto de la cafetería con una mueca de fastidio.
—No puede ser, ahí esta Tao otra vez —se quejó—. ¿Por qué demonios no deja de perseguirnos?
Eché un vistazo. Al chico andaba en busca de una mesa vacía, lo cual parecía complicado porque todas estaban ocupadas. Por supuesto, nadie iba a cederle un lugar porque Tao era extraña, silencioso y no tenía un solo amigo.
Su caso era muy raro. Siempre parecía asustado, caminaba encorvada como si quisiera hacerse muy pequeño, y usaba varias capas de ropa de colores opacos que no le favorecían en nada. Su cabello era un enredo pajizo que llevaba suelto, y sus ojos grandes y ojerosos miraban en todas las direcciones con una chispa de cautela, como si esperara que algo horrible sucediera.
Era cierto que solía aparecer en los sitios que nosotras frecuentábamos; a Alicia le molestaba mucho eso. Decía que nos perseguía, que lo hacía para vigilarnos, pero conocíamos a Tao desde siempre y yo ya estaba acostumbrado a su presencia en la mayoría de los lugares. Tan solo un par de veces había intentado hablarle, pero en ambas ocasiones el había tartamudeado hasta salir corriendo.
—Estamos en una feria a la que puede asistir cualquiera —argumentó Soo ante la queja—. Además, el tiene todo el derecho de estar en donde quiera. No hagas de unas simples coincidencias algo sobre ti.
—Ya vas otra vez con que es sobre mí y no porque el está loco. — Yixing negó con la cabeza, irritado—. ¿Nunca te das cuenta? Compra las mismas cosas que nosotros y en los pasillos se la pasa mirándonos con esos ojos de sapo. Me copia con descaro y lo sé porque tiene el mismo par de zapatos que usé el mes pasado. ¿Hola? Acosador…
Alargó la última palabra con un tonillo de obviedad que hizo que Soo frunciera el ceño con molestia. Su rostro siempre tenía un aire severo y retador.
—Ya lo he dicho antes —le explicó Soo, hastiado—, como el nunca ha encajado, lo intenta inspirándose en ti porque por alguna estúpida e ilógica razón te admira.
—¿Inspirarse? — Yixing resopló de manera absurda—. Ese chico me recortaría el rostro, se lo pondría de máscara y tomaría mi identidad.
Soo exhaló para no perder la paciencia y devolvió su atención a su móvil para dar por concluido el tema. En un segundo, Baek empezó otro. Por pura curiosidad volví a mirar hacia atrás para comprobar si Tao nos estaba mirando.
Pero entre dos globos rojos que estaban atados a la entrada del área de la cafetería, lo vi.
Mi mundo entero se detuvo.
Él. Otra vez.
Necesité un momento para creerlo. Una voz muy en el fondo incluso me dijo: «No, que no sea él», pero, para mí su silueta, que daba pasos como si estuviera a punto de fundirse con la oscuridad, era inconfundible. Sus principales detalles eran los mismos: la mirada apática y sombría de párpados ligeramente caídos como si tuviese mucho sueño o una gran indiferencia hacia todo lo que le rodeaba, el cabello desenfadado y azabache, los ojos negros, la odiosa inexpresión de su cara; pero otros rasgos lucían diferentes, mejores, porque en definitiva ya no era el mismo niño extraño y de aspecto enfermizo que había conocido. Ahora era alto, y con ese estilo enigmático de chaqueta de cuero negro, botas trenzadas y jeans oscuros, parecía estar a punto de hacer algo muy malo.
Un momento. Llevaba nueve meses sin verlo. Nueve meses exactos. Era, de hecho, la misma fecha en la que él no había regresado más a clases. Lo recordaba muy bien, porque al llegar a mi casa me había quedado horas en la ventana esperando que entrara o saliera de la suya, y no había sucedido ni ese día ni los días posteriores.
Las manos se me pusieron frías y mi corazón se aceleró. Sentí una mezcla de susto, emoción y confusión. Luego, la verdadera voz de Baekhyun que seguía hablando se enmudeció y solo sonó en mi cabeza lo dicho un momento atrás sobre contar mi secreto.
Ese era.
Era el chico que conocía y al mismo tiempo no.
Era el chico que pensé que, por mi bien, nunca debía volver a ver.
Mi obsesión infantil.
Mi misterio favorito.
Mi más oscuro secreto.
Sehun.