Capítulo 9
Narrador: Después de un largo día de entrenamiento se bañan para descansar. Es tarde, se sientan en círculo y comparten historias; hablan sobre el pasado, sus metas y sueños.
Dante: —Oigan, quiero que contemos nuestra historia de vida. Ya saben, antes de todo esto. ¿Qué tal tú, Mirco?
Mirco: —Yo viví en un pueblo muy pequeño. Mi madre murió cuando era una niña y me quedé sola con mi papá. Al cumplir 15 me fui a la ciudad a seguir con mis estudios. Un día común y corriente, saliendo de la escuela, aparecieron esos monstruos.
Euren: —Yo era maestro de artes marciales, enseñaba Sambo de combate ruso. Mi historia no es tan relevante. Un día salí de compras y fue en ese momento en el que llegó la nave. Y bueno, sobreviví porque me fui de ese lugar y me encerré en mi dojo que, por suerte, no se destruyó. Por cierto, ahora es nuestro refugio.
Miray: —Bueno, yo era campeona de tiro al blanco. Cuando fui a hacer mi debut vine a este país y, bueno, unos días después pasó todo esto. La verdad me quedé paralizada del miedo y Euren me topó y me invitó a este lugar.
Dante: —Bien, ahora sigues tú, Rayan.
Rayan: —No hay nada que contar. Sobreviví porque fui inteligente y ellos no. (Lo dice con cara de enojo y tristeza).
Dante: —Bueno, el resto de la gente no es que haya sido torpe, sino que estaban confundidos y querían respuestas.
Rayan: —Tú no lo entiendes. Ellos dieron su vida por otras personas que, al final, terminaron muriendo.
Narrador: Rayan se retira a su cuarto. Dante queda confundido, no entendió nada.
Marie: —Oye, Dante, si no estoy mal, los alienígenas llegaron un día de la nada a la Tierra y acabaron con todos.
Dante: —No fue así realmente. Cuando ellos llegaron, el ejército del país atacó, pero el alienígena que salió los eliminó al instante. La gente quedó aterrada. Luego, él ordenó que se arrodillaran. Aquellos que se arrodillaron murieron. Lo digo porque yo estaba ahí.
Marie: —Entonces no moriste porque no te arrodillaste.
Dante: —Así es.
Marie: —Estoy un 60% segura de lo que pasó con Rayan. Sus padres puede que hayan formado parte del ejército que el Rey eliminó al instante. Lo digo también por su carácter; tal vez lo que pasó allí fue una estupidez para él: preocuparse por otros en vez de por sí mismo. Además, en el ejército se siguen órdenes con el deber de proteger a los demás. Cuando le mencionaste que la gente no tenía ninguna culpa, él no se refería a la gente en sí; tal vez lo decía porque las personas que él amaba arriesgaron la vida para nada. Al final es solo una hipótesis, no se sabe con seguridad.
Dante: (Se queda en silencio, procesando las palabras de la doctora mientras mira la puerta por donde se fue Rayan) —Sus propios padres o alguien querido... murieron intentando ser héroes, y él solo ve eso como un desperdicio. Por eso no le gusta seguir órdenes.
Miray: (Baja la mirada, apretando su vaso con fuerza) —Es triste. Todos perdimos algo, pero Rayan parece haber perdido lo que más ama. Tal vez solo es duro porque no quiere encariñarse con alguien y luego sufrir por él.
Euren: (Se pone de pie) —Mañana será un día duro. No hablemos de él a sus espaldas; en esta guerra, la ira es lo único que mantiene a algunos de pie. Él lo sabe mejor que nadie. Dante, descansa. Tu cuerpo aún está procesando tu estado físico.
Narrador: Euren, Mirco y Miray se retiran a sus literas. Dante se queda solo en la mesa con Marie Curie. Las luces del refugio se atenúan, entrando en modo de ahorro de energía.
Marie Curie: (Observando a Dante con una mezcla de curiosidad y respeto) —Te quedaste de pie frente a un ser que acababa de borrar a un ejército entero. Eso requiere una valentía que pocos humanos poseen, Dante.
Dante: (Suelta una risa corta, casi avergonzada, y evita la mirada de la doctora) —No se equivoque, doctora... No fue valentía. Si le soy sincero, la verdad es que fui un cobarde. Estaba temblando tanto que pensé que mis piernas me fallarían.
Marie Curie: (Frunce el ceño, intrigada) —No te entiendo. Si tenías tanto miedo, ¿por qué fuiste el único que no se arrodilló?
Dante: —Por una tontería... o al menos eso pensaría cualquiera. Soy un otaku, doctora. Un fanático del anime. En ese momento, con la sombra del Rey sobre mí, solo podía pensar en mis personajes favoritos. Pensé: "Si voy a morir hoy, no puede ser de forma patética". No quería que mi historia terminara con mi cara en el lodo.
Marie Curie: —La verdad no termino de entender qué es eso del anime, pero si te dio la fuerza para no arrodillarte es porque eso es algo increíble.
Dante: —Así es. Solo quería una muerte honorable, como la de los héroes de mis series. Quería morir de pie, para que si alguien me encontraba, supieran que al menos un chico no se quebró. No hubo heroísmo, solo un fan que no quería decepcionar a sus ídolos de papel.
Marie Curie: (Sonríe levemente, negando con la cabeza) —Es fascinante. El miedo te hacía querer huir, pero tu imaginación te obligó a resistir. A veces, las mentiras que nos contamos a nosotros mismos son las que nos dan la fuerza más real. Ve a descansar, Dante. Mañana veremos si ese orgullo de "protagonista" te ayuda a sobrevivir.
(En la base del rescate de Marie Curie)
Narrador: Alguien misterioso llega al lugar, mira el desastre y confirma que se llevaron a Marie Curie. Este se toca la cabeza y dice:
Capitán 1: —Al parecer el Rey tenía razón. La científica de aquí se ha ido. Qué más da, tendré que ir a confirmarlo.
Narrador: El tipo misterioso se va. Más tarde, llega a una sala y cuenta lo sucedido.
Rey Alienígena: —Muy bien, retírate.
Narrador: El Capitán 1 se retira, pero otro sujeto aparece.
Capitán 2: —¿Me llamaba, mi señor? ¿Le puedo servir en algo?
Rey: —Mira, hay unos humanos ingenuos que se están rebelando contra mí al parecer. Los alienígenas me contaron sobre ello (telepáticamente). Secuestraron a la científica de la radiación nuclear.
Capitán 2: —Entiendo, eso es imperdonable. ¿Qué quiere que haga por usted?
Rey: —Mira, estoy muy aburrido de estar aquí sentado, así que creé una nueva forma de divertirme. Quiero que reclutes humanos para que peleen contra estos. Quiero que los manipules para que maten a estas ratas y quiero que me cuentes lo que hacen en todo momento.
Capitán 2: —Entendido, sus deseos son órdenes.
Rey: —Muy bien, ya puedes retirarte.
Rey: (Para sí mismo) —Pobres humanos ilusos. No puedo creer que haya personas que tengan fe todavía, como si pudieran enfrentarse a mi poder. No sé cómo hay sobrevivientes en ese lugar. En fin... quiero ver qué sienten cuando tengan que matar a su misma especie. Jajaja.








