Chapter 1
-Posiblemente usted piense que empujándome hacia la muerte me está castigando, pero yo encuentro esto como mi absoluta liberación, tras estar todos los días sufriendo, picando piedra y trasladando grandes cantidades de rocas sin poder tener un descanso reparador nunca. Hoy esto es mi escape de esta prisión, mis alas para volar. No, señor juez, usted no me está castigando, al contrario, me premia, por lo cual os lo agradezco y presto estoy a ser decapitado de una buena vez, pues el cuerpo me suplica el descanso eterno.
Esto decía Agustín para retar al juez a que cambie su veredicto, ya que realmente no quería morir, y aunque era verdad que el yugo de esclavo al que había sido sometido lo agobiaba en gran manera, ya había, en los largos años que estaba ahí, encontrado una manera de escapar y estaba muy cerca de realizarlo si no hubiese sido por este llamado intempestivo con el que fue interrumpido.
El juez, viéndose sorprendido e insultado, decidió cambiar su sentencia. Lo condenó al doble de trabajos forzados. Agustín no pudo reprimir una mirada de odio, pero se consoló con el plan que ya tenía en marcha.
-Llévenlo de nuevo a su calabozo y...
El magistrado hizo una pausa y clavó su mirada llena de desprecio en el prisionero, luego sonrió con suficiencia, como el que sabe que es dueño de una vida, y añadió con un tono seco:
-...hoy no le den comida.
Luego tomó un vaso de vino que estaba a su mano derecha y se dirigió a su recámara. Este episodio lo dejó exhausto. Ordenó a unos oficiales que le trajeran más vino y que no lo molestasen en las próximas horas. Abrió sus manuscritos y anotó: Agustín preso 26 años, volver a llamarlo en 3 meses y cortarle la lengua.
Agustín, al llegar al calabozo, trató de descansar en la cama de paja que se hallaba en una esquina de la celda oscura, mas no pudo, ya que el mandato del juez se puso en marcha de inmediato. Continuó, pues, con sus tareas forzadas, pero el túnel, tras su cama, ya estaba casi terminado, lo cual le llenó de esperanza. Solo faltaba excavar un par de días más.
Calculó mal, pues al cabo de varias semanas aún no se topaba con el exterior. Un día antes de cumplirse los 3 meses dictados por el juez para cortarle la lengua, Agustín hundió sus dedos sangrantes en la última capa de la pared que lo separaba de la libertad. La capa de tierra se desprendió, Agustín quedó sorprendido. No hubo luz del sol ni un aire de liberación que le dieran la bienvenida a una nueva vida, sino una habitación enorme, con olor a vino rancio y sábanas limpias. En medio de la profunda oscuridad, el juez dormía plácidamente
El túnel creado por Agustín conectaba al cuarto de su verdugo...








