EPISODIO UNO:Elodie
Espero que este primer capítulo consiga despertar vuestra curiosidad y que queráis acompañarme en este viaje.
Si os gusta, no olvidéis votar, comentar y guardar la historia en vuestra biblioteca. Vuestras opiniones significan mucho para mí y me animarán a seguir compartiendo esta historia.
Y ahora sí...
Bienvenidos a Sin Frenos: La línea de salida. 🖤
Página 1
—¡Mientras vivas bajo este techo, harás lo que yo diga! —gritó mi padre.
Abrí los ojos de golpe.
Miré el reloj de mi mesilla.
07:12.
Perfecto.
Otro día empezaba exactamente igual que el anterior.
—Entonces buscaré otro techo —respondió Thiago con una calma que solo conseguía enfurecer aún más a mi padre.
—¡No me desafíes!
—No te estoy desafiando. Solo te estoy diciendo la verdad.
Un fuerte golpe resonó por toda la casa.
Suspiré.
No sabía si mi padre había golpeado la mesa del comedor o si Thiago acababa de dar un portazo.
Y, sinceramente, tampoco me importaba.
Aquellas discusiones formaban parte de nuestra rutina.
Me incorporé despacio y me quedé unos segundos mirando el techo de mi habitación.
Podía intentar volver a dormirme...
Pero era imposible.
Cuando mi padre y Thiago discutían, toda la casa parecía temblar con ellos.
Me levanté de la cama, me puse las zapatillas y abrí la puerta.
Las voces seguían escuchándose desde la planta baja.
Nuestra casa era enorme.
Lo suficientemente grande como para que cualquiera pensara que los gritos no llegarían hasta el segundo piso.
Pero cuando Louis Lancourt perdía la paciencia, daba igual en qué habitación estuvieras.
Todos acabábamos enterándonos.
Bajé las escaleras despacio.
Mi madre permanecía apoyada en la encimera de la cocina con una taza de café entre las manos.
Ni siquiera intervenía.
Era como si aquella escena formara parte de su rutina.
Andrew estaba sentado frente a la isla de mármol revisando unos documentos del concesionario, completamente indiferente a la discusión.
Ni siquiera levantó la vista cuando pasé a su lado.
Y Thiago...
Thiago estaba de pie frente a mi padre, con los puños cerrados y la mandíbula completamente tensa.
Sus ojos azules reflejaban una mezcla de rabia y decepción que ya conocía demasiado bien.
Ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder.
Y yo ya sabía cómo terminaría aquella mañana.
Como casi todas.
Con alguien marchándose dando un portazo.
Y con el resto fingiendo que allí nunca había pasado nada.
Si alguien me pidiera que describiera a mi familia con una sola palabra, diría, sin ninguna duda:
Caótica.
Es habitual encontrarse con esta situación casi a diario. Aparte de que ambos tienen el mismo carácter y una forma muy parecida de comportarse, lo que ocurrió el 5 de mayo de 2019 cambió radicalmente su relación y, con ella, la de toda la familia.
Nuestro querido y gran empresario padre solo se preocupa por la imagen que damos de su concesionario, Lancourt. Eso significa que todos debemos obedecer unas normas que, supuestamente, mis padres acordaron mutuamente y que debemos cumplir cada día, en cada momento, pase lo que pase.
Parece extraño.
Pero más extraño sería pasar un solo día con nosotros.
Porque, aunque desde fuera los Lancourt parezcamos la familia perfecta, la realidad es muy distinta...
Página 2
Todo comenzó cuando Thiago decidió viajar en un Uber hasta el pueblo donde vivían mis abuelos.
Tenían una lujosa casa con vistas al mar, un precioso jardín lleno de flores de todos los colores que mi abuela cuidaba cada día con un cariño increíble, una gran piscina rectangular que siempre estaba perfectamente mantenida y una casa tan bonita por dentro como por fuera.
No era casualidad.
Mi abuela había estudiado diseño de interiores y siempre estaba al tanto de las últimas tendencias. Mi abuelo, en cambio, era arquitecto y había diseñado aquella casa él mismo.
Nunca mantuvo una buena relación con mi padre.
Mi padre quería que siguieran un protocolo para proteger la imagen de la familia. Mis abuelos apenas eran conocidos fuera de su pueblo, mientras que él empezó a ganar fama gracias a los anuncios de televisión de su concesionario, donde siempre mostraban la mejor cara de sus coches.
Para qué mentir.
Los coches eran preciosos.
Aunque, según Thiago, ninguno valía realmente el precio que costaba.
Yo, en cambio, no tengo ni idea de coches.
Thiago sí.
Desde pequeño sintió una auténtica pasión por ellos y siempre la compartió con mi padre y con mi abuelo.
Hasta que mi padre tomó una decisión que lo cambió todo.
Según él, nuestros abuelos nos apagaban y nosotros debíamos brillar siempre.
⸻
Página 3
El día que nos comunicó aquella decisión nos obligó a bloquear sus números, borrar sus fotografías y eliminar cualquier recuerdo relacionado con ellos.
Desde entonces, Thiago dejó de ser el mismo.
Su relación con mis padres cambió por completo, pero también la que tenía con Andrew, nuestro hermano mayor.
Para Thiago era surrealista que mi madre apoyara una decisión así únicamente para beneficiar la empresa de mi padre.
Y lo peor de todo fue que Andrew también estuviera de acuerdo.
Andrew siempre había sido la mano derecha de mi padre.
Desde pequeño tenía claro cuál sería su futuro: trabajar en el concesionario y, algún día, hacerse cargo de él.
Según mi padre, sin Andrew la empresa acabaría ardiendo en llamas.
Por eso siempre le compensó estar de su lado.
Sabía que, algún día, heredaría el negocio y sería el encargado de mantener vivo el apellido Lancourt durante generaciones.
Todo comenzó cuando Thiago decidió viajar en un Uber hasta el pueblo donde vivían mis abuelos.
Tenían una lujosa casa con vistas al mar, un precioso jardín lleno de flores de todos los colores que mi abuela cuidaba cada día con un cariño increíble, una gran piscina rectangular que siempre estaba perfectamente mantenida y una casa tan bonita por dentro como por fuera.
No era casualidad.
Mi abuela había estudiado diseño de interiores y siempre estaba al tanto de las últimas tendencias. Mi abuelo, en cambio, era arquitecto y había diseñado aquella casa él mismo.
Nunca mantuvo una buena relación con mi padre.
Mi padre quería que siguieran un protocolo para proteger la imagen de la familia. Mis abuelos apenas eran conocidos fuera de su pueblo, mientras que él empezó a ganar fama gracias a los anuncios de televisión de su concesionario, donde siempre mostraban la mejor cara de sus coches.
Para qué mentir.
Los coches eran preciosos.
Aunque, según Thiago, ninguno valía realmente el precio que costaba.
Yo, en cambio, no tengo ni idea de coches.
Thiago sí.
Desde pequeño sintió una auténtica pasión por ellos y siempre la compartió con mi padre y con mi abuelo.
Hasta que mi padre tomó una decisión que lo cambió todo.
Según él, nuestros abuelos nos apagaban y nosotros debíamos brillar siempre.
PÁGINA 4:
Sabía que, algún día, heredaría el negocio y sería el encargado de mantener vivo el apellido Lancourt durante generaciones.
Pero, desde aquel incidente, Thiago y yo nos volvimos inseparables.
A pesar de llevarnos tres años de diferencia, siempre había sentido que él era la persona que mejor me entendía.
Y eso era algo que agradecía más de lo que él podía imaginar.
Mis padres nos querían.
O, al menos, eso era lo que yo siempre había intentado creer.
Nos daban una vida que muchas personas habrían deseado tener: colegios bilingües, un chófer privado, ropa de primera calidad, objetos de valor y cualquier cosa que pudiéramos necesitar.
Pero con el tiempo aprendí que tenerlo todo no significaba tener lo más importante.
Porque podían comprarnos cualquier cosa.
Excepto tiempo.
Excepto recuerdos.
Excepto momentos en familia.
Sé que trabajan mucho para darnos la vida que tenemos y estoy agradecida por ello. Sé que intentan ofrecernos lo que ellos creen que es lo mejor para nosotros.
Pero, a veces, en lugar de recibir un bolso de marca que probablemente usaría unas pocas veces, habría preferido que simplemente se sentaran conmigo, me preguntaran cómo estaba y pasaran una tarde sin mirar el teléfono ni hablar de negocios.
Porque lo que más necesitaba nunca fue algo material.
Era sentir que también formaba parte de sus prioridades.
Las pocas veces que mis padres estaban libres del trabajo nunca eran realmente para nosotros.
Siempre acababan organizando grandes fiestas relacionadas con la empresa: reuniones para conseguir nuevos compradores, conocer inversores o mejorar la imagen de Lancourt.
Y, como siempre, todos los miembros de la familia debíamos asistir.
Era parte del protocolo.
Debíamos llevar ropa elegante, peinados cuidados y mantener una actitud perfecta durante toda la noche.
Porque no podíamos olvidar lo más importante:
Debíamos dar una buena impresión.
Incluso cuando detrás de esa sonrisa no quedaba nada de felicidad.
PÁGINA 5:
Sabía que, algún día, heredaría el negocio y sería el encargado de mantener vivo el apellido Lancourt durante generaciones.
Pero, desde aquel incidente, Thiago y yo nos volvimos inseparables.
A pesar de llevarnos tres años de diferencia, siempre había sentido que él era la persona que mejor me entendía.
Y eso era algo que agradecía más de lo que él podía imaginar.
Mis padres nos querían.
O, al menos, eso era lo que yo siempre había intentado creer.
Nos daban una vida que muchas personas habrían deseado tener: colegios bilingües, un chófer privado, ropa de primera calidad, objetos de valor y cualquier cosa que pudiéramos necesitar.
Pero con el tiempo aprendí que tenerlo todo no significaba tener lo más importante.
Porque podían comprarnos cualquier cosa.
Excepto tiempo.
Excepto recuerdos.
Excepto momentos en familia.
Sé que trabajan mucho para darnos la vida que tenemos y estoy agradecida por ello. Sé que intentan ofrecernos lo que ellos creen que es lo mejor para nosotros.
Pero, a veces, en lugar de recibir un bolso de marca que probablemente usaría unas pocas veces, habría preferido que simplemente se sentaran conmigo, me preguntaran cómo estaba y pasaran una tarde sin mirar el teléfono ni hablar de negocios.
Porque lo que más necesitaba nunca fue algo material.
Era sentir que también formaba parte de sus prioridades.
Las pocas veces que mis padres estaban libres del trabajo nunca eran realmente para nosotros.
Siempre acababan organizando grandes fiestas relacionadas con la empresa: reuniones para conseguir nuevos compradores, conocer inversores o mejorar la imagen de Lancourt.
Y, como siempre, todos los miembros de la familia debíamos asistir.
Era parte del protocolo.
Debíamos llevar ropa elegante, peinados cuidados y mantener una actitud perfecta durante toda la noche.
Porque no podíamos olvidar lo más importante:
Debíamos dar una buena impresión.
Incluso cuando detrás de esa sonrisa no quedaba nada de felicidad.
PAGINA 6:
Thiago era atractivo.
No solo por su físico, sino por esa forma de ser que hacía que muchas personas quisieran conocerlo, aunque él no dejara que nadie se acercara demasiado.
Sus ojos azules eran imposibles de ignorar. Su pelo ligeramente ondulado de color vainilla, sus facciones marcadas y su cuerpo trabajado hacían que llamara la atención allá donde fuera.
Prácticamente tenía a muchas chicas detrás de él.
Pero Thiago nunca parecía interesado.
No era porque no pudiera fijarse en alguien.
Era porque ya sabía lo que se sentía cuando alguien en quien confiabas te fallaba.
Y no quería volver a pasar por eso.
Había aprendido a protegerse antes de permitir que alguien pudiera hacerle daño.
Aunque muchas personas pensaran que era frío, yo sabía que no era así.
Thiago sentía mucho más de lo que dejaba ver.
Simplemente nunca había aprendido a expresarlo con palabras.
Sus sentimientos no salían en conversaciones.
Salían en sus acciones.
En la manera en la que se preocupaba por las personas que quería.
En cómo siempre aparecía cuando alguien lo necesitaba.
En cómo, aunque estuviera enfadado con el mundo entero, conmigo seguía siendo el mismo de siempre.
Mi hermano.
Mi apoyo.
Mi persona de confianza.
A veces me preguntaba qué habría pasado si aquel 5 de mayo de 2019 nunca hubiera ocurrido.
Si mi padre hubiera tomado otra decisión.
Si Thiago siguiera siendo el mismo chico que sonreía sin pensar demasiado en las consecuencias.
Pero sabía que no tenía sentido imaginar una realidad diferente.
Porque el pasado no podía cambiarse.
Lo único que podíamos hacer era aprender a vivir con las consecuencias.
Y Thiago llevaba años intentando hacerlo.
Por eso siempre estuve a su lado.
Porque mientras todos veían a un chico problemático, alguien que no seguía las normas y que estaba cansado de su propia familia...
Yo veía a la persona que más me había protegido.
La única que nunca me hizo sentir que tenía que fingir.
La única que me recordaba que, aunque nuestro apellido fuera Lancourt, nosotros seguíamos siendo personas.
Y quizá por eso, cuando todos decidieron darle la espalda, yo decidí quedarme.
Porque Thiago no necesitaba que alguien le dijera qué hacer.
Necesitaba que alguien le recordara que no estaba solo.
PAGINA 7:
A veces pensaba que Thiago y yo éramos completamente diferentes.
Él siempre había sido impulsivo, mientras que yo intentaba pensar antes de actuar.
Él decía lo que sentía sin importarle las consecuencias, aunque eso le trajera problemas.
Yo, en cambio, había aprendido a callar muchas cosas.
Quizá porque en nuestra familia hablar demasiado nunca había sido una buena idea.
En la casa Lancourt todos sabíamos qué temas evitar.
Sabíamos cuándo sonreír.
Cuándo fingir.
Cuándo comportarnos como si todo estuviera bien.
Pero Thiago nunca fue bueno fingiendo.
Y esa era una de las cosas que más admiraba de él.
Aunque le hubiera costado perder la confianza de muchas personas, nunca había aceptado convertirse en alguien que no era.
Yo sabía que debajo de esa actitud fría seguía estando el mismo chico que se preocupaba por los demás.
El mismo que, aunque nunca lo admitiera, seguía echando de menos a nuestro abuelo.
El mismo que todavía esperaba que algún día alguien entendiera por qué aquello le había dolido tanto.
Porque la gente veía sus errores.
Veía sus peleas.
Veía su mal carácter.
Pero nadie se preguntaba qué había detrás de todo eso.
Nadie excepto yo.
Y quizá por eso me preocupaba tanto.
Porque conocía a Thiago lo suficiente para saber que algo estaba a punto de pasar.
Y cuando Thiago llegaba al límite...
Nunca terminaba bien.
¡Espero que os haya gustado este capítulo tanto como a mí me ha gustado escribirlo!
Si os ha gustado la historia, no olvidéis apoyarla con un voto, un comentario o añadiéndola a vuestra biblioteca. De verdad, cada pequeño gesto significa muchísimo y me ayuda a seguir escribiendo.
Me encantaría saber qué pensáis de los personajes, de la familia Lancourt y de todo lo que está por venir.
Gracias por darle una oportunidad a esta historia y por acompañarme en este camino. 🖤









Me ha gustado mucho, esperando el siguiente capitulo.