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"Esta historia es una ADAPTACIÓN de @ImJunabi en Wattpad e inkitt sin ningún fin lucrativo más allá del entretenimiento del lector y de los fans del KookMin y BTS."
“Este libro NO ME PERTENECE.”
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—Entras en dos minutos, Mimi —dijo Jisoo al entrar al espacio que apenas podía llamarse camerino.
Sin el menor rastro de pudor, se despojó de la parte superior de su atuendo. Ignoré su torso desnudo y me concentré en mi propio reflejo. Terminé de retocar mi maquillaje, cuidando cada detalle. Mi cabello castaño caía ligeramente desordenado y mis ojos verdes destacaban bajo las luces intensas, proyectando la imagen exacta que necesitaba: seguridad, sensualidad, control.
Me puse de pie y caminé hacia la pista con confianza, incluso con las botas altas que exigían equilibrio y práctica. Me sujeté al tubo, con una sonrisa falsa. La misma careta que había sostenido durante demasiado tiempo.
El bar estaba a reventar: hombres de poder ocupando las mesas principales, otros ya borrachos, y algunos simplemente despreciables, todos pagando por una fantasía. De pronto, sentí una mirada pesada que me obligó a levantar la vista. En la zona VIP había un hombre que me miraba de forma lasciva, con un hambre que me revolvía el estómago. Los hombres a mi alrededor empezaron a lanzar billetes. Yo les sonreía sin dejar de moverme, manteniendo el ritmo.
Bajé de la pista y, al fin, borré esa maldita sonrisa de mi cara. Caminaba hacia los camerinos buscando un respiro, pero un tirón fuerte en mi brazo me detuvo. Al darme la vuelta, vi que era el mismo de la zona VIP.
Miré a mi alrededor; el pasillo estaba solo.
—Será mejor que me sueltes y regreses a tu mesa —le advertí.
—Vamos, nene... ¿por qué tan agresivo? —soltó con una confianza asquerosa— Conmigo puedes
conseguir lo que quieras.
Le repetí que se fuera. Intenté seguir caminando, pero me agarró del cabello con fuerza, tirando de mi cabeza hacia atrás. Mi cuerpo reaccionó por instinto; mi entrenamiento me pedía que lo estampara contra el suelo, pero no podía. Un año de trabajo dependía de que yo siguiera siendo un bailarin frágil. Forcejeé, sintiendo el dolor en el cuero cabelludo.
—¿Qué te pasa? ¡Suéltame! —le exigí.
—No sé por qué se creen tan importantes —me dijo al rostro con desprecio—Si al final solo son unas putas.
Mantuve la calma. Sabía que un escándalo aquí no traería a la policía, sino algo mucho peor. De pronto, vi a Jisoo al fondo del pasillo. Al vernos, se puso pálida y salió corriendo en dirección opuesta. Cerré los ojos. No pasaron ni diez segundos cuando la seguridad de JungKook apareció. Lo sujetaron con una fuerza que le cortó la respiración.
—¿Qué creen que hacen? ¿Saben quién soy? ¡Suéltenme! —gritaba él mientras se lo llevaban a rastras.
Mantuve el silencio. En este lugar, las palabras de más suelen pagarse caro, y yo sabía bien que aquel hombre no terminaría bien parado. Sin mostrar emoción alguna, me di la vuelta. Regresé al camerino y me cambié de ropa. No hubo mucha diferencia: solo reemplacé el short de baile por un unos jeans color azul de brillos que se ajustaba a mi cuerpo.
Justo cuando iba a salir, entró Jisoo.
—¿Estás bien? —preguntó— Qué susto me acabo de llevar. Ese hombre está loco. JungKook
definitivamente lo va a matar.
—¿Él está aquí? — pregunté sin darle importancia a su drama.
Según la información que manejaba, esa misma noche habría un intercambio importante. Miré el
reloj; faltaban menos de dos horas. La dejé con la palabra en la boca y salí del camerino. Crucé el
pasillo y levanté la mirada hacia la zona VIP.
JungKook sonrió y me hizo una seña con la mano para que me acercara. Me obligué a sonreírle de vuelta mientras caminaba hacia ellos. Maldito.
Subí las escaleras y sus hombres me dejaron pasar.
Allí estaba él, con su cabello negro impecable y esos ojos grises de acero que parecían vacíos de
cualquier rastro de humanidad. A su lado, el joven del pasillo ya no era el mismo. El pánico en su rostro era tan real que casi se podía oler; estaba pálido, con la mirada perdida y un temblor en las manos que no podía ocultar. Me senté en sus piernas con descaro, aunque el nudo en mi garganta amenazaba con asfixiarme. Al estar tan cerca, sentí su olor, una mezcla de tabaco caro y una loción amarga que parecía impregnarlo todo. Me obligué a sonreír, aunque por dentro solo sentía una alerta roja que me gritaba que saliera de allí. Se acercó a mi oído, y su respiración contra mi piel me erizó, por el puro instinto de supervivencia que me decía que estaba sentado sobre una bomba de tiempo.
—Resulta que le gustaste, Mimi. Parece que cree que puede tenerte. ¿Tú qué piensas?
Por un momento sentí lástima por el chico. Él se dio cuenta de su error al ver la cara de JungKook y negó.
—No, Diablo, me equivoqué —Jeon JungKook, conocido en los círculos más oscuros como el Diablo— Es tu chico, nunca lo tocaría.
—¿Mi chico? —soltó una risa seca, sin rastro de humor, antes de clavar sus ojos fríos en mí.
—No quiero problemas —suplicó.
Pero él ya se había puesto de pie, bajándome de sus piernas sin previo aviso. Sacó su arma y le apuntó directamente a la cara. Mi instinto de policía me dio un vuelco en el estómago; quería actuar, pero no podía arruinar un año de trabajo por un tipo que seguramente también era un criminal. Sin decir nada, me di la vuelta. Bajé los escalones con el corazón a mil y regresé al bar.
No miré atrás.
No supe si al final apretó el gatillo o si solo fue una amenaza para asustarlo, pero si sabía una cosa: el Diablo no jugaba. Los siguientes veinte minutos fueron una tortura. Seguí sirviendo tragos por el club hasta que uno de los hombres de JungKook se plantó frente a mí con los brazos cruzados. Me quería en su despacho privado. Miré el reloj, inquieto. No entendía por qué no estaba en la posición que me habían informado para el intercambio. Necesitaba avisarle a Namjoon, mi compañero, pero estaba atrapado en el papel.
Dejé la bandeja y entré al reservado. Allí estaba él, sin camisa, solo con los pantalones puestos. Sus músculos y sus tatuajes... me los sabía de memoria, cada trazo y cada sombra de su piel. Había pasado demasiado tiempo estudiando cada detalle de ese cuerpo como si fuera un mapa peligroso. Le preparé un trago y se lo acerqué. Lo tomó en silencio.
—Te ves tenso —dije, acercándome para masajear sus hombros.
Mis manos se sentían pequeñas contra la dureza de su espalda. Él cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás, disfrutando del contacto.
—¿Te tocó? —preguntó de repente. Su voz era una amenaza fría.
Sabía perfectamente que se refería al tipo del pasillo. Me incliné hacia su oído de manera seductora, aunque por dentro sentía un odio que me quemaba las entrañas.
—No —le susurré— Nadie puede hacerlo, solo tú.
Eso pareció calmar su hambre de control. Dejó el vaso a un lado y me obligó a ponerme frente a él. Maldito. Sin decir nada me bajo los jeans y me ayudo a salir de ellos por completo, luego me subió de un tirón a sus piernas y sus ojos cambiaron; la frialdad dio paso a un deseo oscuro. Pude sentir su erección debajo de mí. Era el único momento en que yo estaba encima de él y de todo el poder que representaba. Le agarré el cabello. Sus manos grandes, esas manos que yo sabía perfectamente que estaban manchadas de sangre, bajaron y comenzaron a apretarme con posesión. Cuando volvió a mirarme, su expresión era de pura lujuria. Mi respiración comenzó a descontrolarse y, a pesar de todo, mi cuerpo empezó a responderle. Sin quitarme la vista de encima, apretó mis caderas y luego bajó sus manos para presionar con fuerza su entrepierna contra la mía. Podía sentirlo perfectamente. Me humedecí los labios y apoyé la cabeza en su cuello, entregándome al momento sin esperar un beso. Sabía que era inútil buscarlo; él no besaba a nadie.







🪑me sentaré aquí a esperar las actualizaciones 😌