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Te lo ruego ─── 𝖢𝗁𝖾𝗌𝗍𝖺𝗉𝗉𝖾𝗇

Sinopsis

ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ❝ Después de el gp de Brasil, Max ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤno solo pidió el perdón de Sergio ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤsi no que lo rogo, lo imploro, lo ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤpidio con toda su alma, pues no ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤsoporta que el tapatío le sea ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤindiferente, no soporta que Checo ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤlo trate como uno mas del montón ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤodia que su Checo, lo ignore ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤpero Max sabía que se lo merecía ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤpor estúpido, por ser egoísta, Max ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤhara asta lo imposible para que ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤSergio lo perdone. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ-Max top / Checo Bottom. ❞

Genero:
Erotica,Lgbtq
Autor/a:
ㅤ𝓐ㅤ
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

ᴜɴɪᴄᴏ

──────────────────────

Advertencias.

• Max Top / Checo Bottom

• Boypussy

• Contenido sexual

• Max NyE, pero finalizando como un rogon y migajero.

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Él sabía que había cometido un error.

Un terrible error.

Sus propias palabras se repetían una y otra vez en su mente, torturandose a él mismo.

"Di mis razones y las mantengo."

¿Cómo pudo ser tan idiota?.

Ya no podía revertir lo que había hecho, y esa decisión que tomó, tal vez lo carcoma por el resto de su vida.

Sin evitarlo volvió a pensar en ese día, desde que todo se había ido a la mierda para Max.

──────────────────────

Interlagos no daba respiro, el asfalto vibraba bajo los neumáticos, y cada curva parecía exigir algo más, Checo peleaba cada posición con los dientes apretados, sentía el auto, sentía la presión, sentía el campeonato escaparse segundo a segundo.

Desde el otro coche, Max manejaba con precisión quirúrgica, adelantaba, calculaba, dominaba, pero en cada vuelta, la radio se llenaba de estrategias que no siempre coincidían.

Este premio no era igual a otros, Max llegaba como bicampeón, por otro lado Sergio luchaba por el subcampeonato junto a Charles.

El rubio en la pista era una bestia, estaba enojado, muy enojado, le habían dado cinco segundos de sanción, por haber tenido un toque con Lewis, no tuvo buen ritmo en mitad de carrera, y las esperanzas de ganar la carrera eran casi nulas, gracias al Safety car pudo tener aún más control con su situación.

En ese momento el auto de Sergio empezaba a perder ritmo a tal nivel que cuatro de sus compañeros pudieron pasarle, incluyendo al neerlandés.

Las órdenes no se hicieron de esperar.

Y eso, fue la gota que derramó el vaso.

Solo le habían dejado adelantar al tapatío con la condición de que si los dos Red Bull llegaban juntos hasta la última vuelta, Max le devolvería la posición a Sergio.

Esa simple orden pisó su orgullo, llevaba consigo un mar de problemas en la mente, no podía dejar que el pecoso le pasara.

Sintió la presión de las palabras de su padre.

" Nunca cedas, nunca regales nada, una simple posición puede costarte toda tu carrera en este deporte. "

Entonces, con la mente nublada en palabras negativas, presión invisible y el ego pisado.

Se negó.

Volvió a sonar la orden.

─Max si no pasamos a Fernando en la salida doce, ¿Podemos dejar pasar a Checo porfavor?.

Llegó la vuelta setenta y uno, y nada cambió.

Volvía a hacer caso omiso.

En la radio del morenito se escuchaba cómo el pedía ayuda, pedía que Max le devolviera su cuarta posición, para tener más ventaja de puntos sobre Charles.

─No te preocupes por el DRS Max, deja pasar a Checo.

Red Bull nuevamente volvió a darle órdenes al neerlandés, pero no había caso, seguía negándose, seguía ignorando, no había palabras de por medio, pero sus acciones hablaban por él.

─Max, deja pasar a Sergio ─ La orden nuevamente fue ignorada.

Dentro de la negativa del rubio, seguían dándole falsas esperanzas a Checo, diciéndole que Max lo iba a dejar pasar, pero la situación hablaba por sí sola.

Mentira.

Todos querían explicaciones, no querían que las cosas se salieran de control, suficiente tenían con que ya todo el mundo estuviera hablando de ellos.

─¿Max, qué pasó?.

─Ya te lo dije el verano pasado ─ Dijo el rubio, con palabras secas.

Nadie del equipo de Red Bull sabía que estaba sucediendo.

─Chicos, no me vuelvan a preguntar eso ─ Esta vez, sus palabras sonaban más irritadas. ─¿Tenemos claro eso? ─.

Entonces las palabras de Max resonaron en todo el garaje de Red Bull.

─Di mis razones y las mantengo.

Todos estaban sorprendidos, el realmente estaba decidido a no ceder, y nadie podía entender esas razones.

Tratando de aligerar la situación decidieron disculparse con Sergio, pero era obvio que nada cambiaría las cosas.

─Maldición, gracias por eso chicos ─ Habló el pecoso con un tono que más que triste, demostraba que estaba decepcionado.

Él realmente se había negado.

Palabras ajenas inundaron su mente, todos, absolutamente todos, le habían advertido que lo que paso, sucedería tarde o temprano, y él no quiso creer, Sergio muy en el fondo confiaba plenamente en Max, pues la forma en la que lo miraba, las palabras dulces que el rubio le decía, las miradas amorosas que le daba, decían mas que mil palabras.

Pero al parecer estaba más que equivocado, se sentía tan ingenuo al creerle ciegamente al rubio.

" Sergio, yo tengo miedo de que en verdad creas todo lo que se dice de mi, no soy como todos dicen, en verdad, confía en mí. "

Mentiroso.

La voz de su ingeniero lo sacó de sus pensamientos.

─Lo siento por eso, Checo ─ Dijo Hugh con verdadera pena, inconscientemente se sentía avergonzado.

─Sí, muestra quién es él realmente ─ Volvía a responder Sergio, concentrado en las pocas vueltas que quedaban de la carrera.

La carrera finalizó, con la primera victoria de George Russell, Mercedes salió victorioso ese día pues Lewis Hamilton hizo un doblete quedando en segundo lugar, y Carlos Sainz quedando en tercer lugar, y así completando el podio del Gran Premio de Brasil.

Sin la presencia de algún Red Bull.

Ahora Charles había quedado arriba de Sergio en el campeonato.

Al finalizar la carrera, Sergio bajó de su auto, sin quitarse el casco, con los ojos a punto de humedecerse.

Pero no iba a llorar, no ahí, no por eso, no por Max.

Por que Sergio tenía que demostrar que él era un chingón, que lo sucedido no iba a derribarlo.

《 No te rindas cabrón, tú puedes. 》

Se decía a sí mismo antes de empezar con las entrevistas de la prensa.

Y vaya, todo estaba hecho una mierda.

Absolutamente todos estaban hablando de la pequeña no tan pequeña pelea que tuvieron Max y el.

Nadie hablaba de la victoria de George, solo se escuchaba su nombre y él de su nov...compañero.

──────────────────────

Max estaba en su motorhome, solo, con el mono medio puesto, estaba sentado en su sofá, la cabeza mirando al suelo, con los brazos apoyados en sus piernas, una de sus piernas no dejaba de moverse.

Estaba inquieto.

Él pensaba que todo estaba bien, se hacía creer que los resultados de la carrera eran buenos, que el equipo estaba tranquilo, que Sergio entendería lo sucedido, después de todo era alguien maduro.

Pero se estaba mintiendo.

Se mordía el labio tan fuertemente que podía sentir el sabor a metal.

No sentia dolor, por que no era lo suficientemente fuerte como la opresión que sentía en su pecho.

De pronto la voz de Sergio rezono por el silencio lugar.

Por reflejo rápidamente miro a la dirección de donde provenía la voz -realmente se odiaba por ser tan débil ante el pecoso- Sergio se encontraba dando una entrevista que se estaba haciendo en vivo.

─Si estoy muy sorprendido, nose que paso.

La voz sonaba calmada o serena, pero Max sabia que no era así, sabía que Sergio se encontraba...decepcionado.

─Especialmente por todo lo que he hecho por él, ¿No? ─ Seguía hablando el pecoso, poco a poco soltando palabras que harían reflexionar por mucho tiempo a Max. ─Creo que no, no entiendo sus razones ─.

Y sin esperarse, Sergio solto las palabras con mas dolor que jamas habia dicho en su vida.

─Creo que si tiene dos Campeonatos es gracias a mí.

Esas palabras resonaron en su mente, no hubo reacción, solo habia.

Miedo.

Miedo de perder lo único real que tenía, miedo de que la única persona que lo había aceptado, lo odiara para siempre.

La presión en su pecho se hacia cada vez mas grande y doloroso, el corazón le comensaba a palpitar de una manera tan rapida que podia jurar que estaba teniendo un paro cardíaco.

Su mente le daba vueltas, palabras que el había dicho, acciones que había cometido y ahora, por primera vez en mucho tiempo, no encontraba la manera de justificarlas.

El silencio dentro del motorhome era pesado, casi sofocante, roto únicamente por el eco lejano de voces, pasos apresurados y cámaras que no dejaban de capturar cada segundo del desastre que él mismo había provocado.

La habitación de pronto se sentía mas grande, mas fría, una línea de sangre se asomaba por su nariz.

Max se llevó una mano al rostro, su mano cubrio parte de su boca y la barbilla, apoyando los dedos sobre el rostro, como si eso pudiera esconder el sangrado...o tal vez, detener sus pensamientos.

Pero no funcionó.

El sonido de la puerta abriéndose interrumpió el silencio lacerante.

Era Sergio, caminaba tan suavemente por el lugar, habia ido por sus cosas.

Claro, antes de que comenzará la carrera ambos habian permanecido en ese lugar, compartiendo palabras alentadoras, abrazos llenos de cariño, besos inundados de amor.

Pero la situación actual contrastaba de sobremanera.

Max se levantó del sofá, limpiándose el leve sangrado.

─Checo yo- ─ Sin poder terminar, Sergio lo había interrumpido.

─Max no, no ahora, no aquí ─ La voz del pecoso se escuchaba quebradiza, como si tan solo decir esas simples palabras le quemaran.

Y el ojiazul volvía a decir.

─Sergio por favor escuchame.

Y aunque su mirada demostraba arrepentimiento, el sonido de su voz mostraba otra cosa.

Se oía rígido, directo, como si quisiera que demostrar que no había cometido un error.

─Eh escuchado lo suficiente, créeme ─ Dijo cortantemente mientras agarraba sus cosas una por una, evitando mirar directamente a Max.

El rubio se había dado cuenta, y como no hacerlo si Max conocía cada rincón del cuerpo y rostro del pecoso.

Max, se acerco a donde el morenito, tomando ligeramente el brazo de este obligándolo a mirarlo.

─No, no me has escuchado a mi ─ Dijo Max con el mismo tono directo.

Su cuerpo y voz reaccionaban por si solos, no sabía como detenerse, si avanzaban las cosas, terminaría perdiendo la única oportunidad que tenía.

─¿A, no?, entonces dime, ¿Quien fue el que dijo "Di mis razones y las mantengo"?, por no fui yo quien lo dijo Max ─ Sergio ya harto de la situación comenzaba a soltar todo lo que en verdad pensaba, y apenas estaba empezando.

─Checo yo-.

Sergio miro a Max con tristeza, por un segundo vaciló, pero ya era demasiado tarde.

─Nunca tomas en cuenta la opinión de los demás, las necesidades de los demás, haces lo que mas te conviene a ti, no te importan tus compañeros, tus amigos, yo no te importo ─ Escupia Checo con verdadera decepción, para ese punto, su voz sonaba que estaba apunto de quebrarsele, importandole poco qué Max lo viera en ese momento tan frágil, por que eso era lo de menos.

Max temblando y aun sin decir nada intentó acercarse al pecoso.

Pero Sergio desilusionado lo aparto, dándole un ligero empujón -qué claramente no había movido ni un centímetro al rubio- haciendo que ambos sintieran sus emociones a flor de piel.

─¿Porque hiciste lo que hiciste?, ¿Por que, Max?, tu mas que nadie sabía lo importante que era este campeonato para mi.

Su voz se escucha mas intensa, no en volumen, si no en magnitud.

─Pero claro, como tu no eres el tiene que soportar las críticas, los malos tratos, las altas expectativas, puedes permitirte tomar decisiones por los dos.

─Eso no es verdad Sergio...yo también-.

─No ─ Lo corto de inmediato. ─Jamas entenderas por completo lo que significó para mi que te negarás, por que tu nunca has sido el segundo en algo, jamas has recibido lo peor de un equipo.

El silencio que siguió a esas palabras fue peor que cualquier grito.

Max se quedó quieto, con los hombros tensos, los puños apretados a los costados, como si estuviera conteniéndose...o preparándose para algo.

Sus ojos azules, normalmente fríos, ahora estaban cargados de algo más peligroso, orgullo herido.

─No actúes como si fueras una víctima ─ Escupió Max de pronto, con la voz baja, pero afilada como una navaja.

Error.

Grave error.

Sergio se quedó inmóvil por un segundo.

No porque no tuviera qué decir.

Sino porque no podía creer lo que acababa de escuchar.

─¿Perdón? ─ Su voz salió apenas en un susurro incrédulo, pero sus ojos...sus ojos ya no eran los mismos.

El aire dentro del motorhome se volvió irrespirable en un instante.

Sergio soltó una risa amarga, seca, que no llegó a sus ojos, dio un paso atrás, como si la cercanía del rubio lo quemara.

─¿Víctima? ─ Repitió, casi en un susurro, pero cargado de una furia contenida que hacía temblar cada sílaba. ─No, Max, yo no soy la víctima, yo soy el idiota que creyó en tus falsas promesas ─.

Max apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de su cuello se marcaron bajo la piel.

El sangrado de su nariz ya se había detenido, pero sentía algo caliente y espeso acumulándose en la garganta, igual que las palabras que no sabía si decir o tragar.

─Siempre con tu discurso de pobrecito, ¿Eh? ─ El rubio soltó un bufido, moviendo la cabeza con desprecio. ─"Nadie me valora", "el equipo me trata mal", ¿Sabes qué, Checo?, llevo años cargando este equipo a la espalda mientras tú apenas si puedes seguirme el ritmo ─.

El moreno parpadeó, como si acabaran de abofetearlo, no por sorpresa, por confirmación.

─Ahí está ─ Fijo, con una calma que daba más miedo que un grito. ─Por fin dices lo que siempre pensaste ─.

─No es lo que siempre- ─ Intentó rectificar Max, pero ya era tarde.

─¡Cállate! ─ El grito de Sergio retumbó contra las paredes del motorhome.

Checo nunca le había alzado la voz así a Max, nunca.

Su pecho subía y bajaba con violencia, los puños cerrados con tanta fuerza que las uñas se clavaban en sus palmas.

─Tú no cargas con nada que no quieras cargar, el equipo te lo da todo, todo, Max, estrategias a tu favor, ingenieros que se desviven por ti, prioridad en cada maldita carrera ¿Y qué recibo yo? ¿Las migajas? ¿Las sobras? ¿Y encima quieres que te agradezca?.

Max dio un paso al frente, desafiante, la mirada encendida.

─¿Y qué quieres que haga, que te regale las carreras? ¿Que me quite para que tú te sientas importante? ¡Esto no es una maldita caridad, Sergio!.

─¡No te estoy pidiendo caridad, imbécil! ─ El tapatío escupió las palabras como puñales. ─Te estoy pidiendo respeto, lealtad, te pedí una sola posición, una sola, después de todo lo que he hecho por ti, ¿Recuerdas cuando frené a Hamilton en Abu Dabi? ¿O cuando me sacrifiqué en cada carrera para que tú sumaras puntos? ¿O acaso crees que llegaste a dónde estás completamente solo?.

El rubio rio, pero era una risa rota, nerviosa, que delataba más inseguridad que soberbia.

─¿Ahora resulta que mis campeonatos son gracias a ti? ─ La voz de Max se elevó, rozando el borde del descontrol. ─¡He ganado carreras con medio auto, con neumáticos reventados, con estrategias de mierda! ¡Tú no tienes nada que ver con mis logros!─.

Sergio sintió cómo el suelo se abría bajo sus pies, porque escuchar esas palabras en voz alta, desde los labios del hombre al que mas había amado, era como tragar vidrio.

─Entonces... ─ La voz del moreno se quebró, pero se obligó a continuar. ─¿Todo fue mentira? ¿Los abrazos, las promesas, cuando me decías que confiara en ti? ¿Nuestro amor? ¿Todo era parte del show? ─.

Max enmudeció por un segundo. Un segundo demasiado largo.

─No...no es-.

─¿Qué, Max? ¿No es tan simple? ─ Sergio se acercó de repente, invadiendo su espacio personal, los ojos brillantes pero sin una sola lágrima. ─Acláramelo, porque estoy cansado de tus palabras a medias ¿Me mentiste o no? ─.

El rubio abrió la boca, la cerró, su mirada se desvió hacia la pared, hacia la puerta, hacia cualquier lugar que no fuera esos ojos oscuros que lo miraban como si estuvieran despidiéndose.

─Yo...yo nunca te mentí ─ Dijo finalmente, pero su voz había perdido filo, sonaba como un niño atrapado en una mentira que ya no podía sostener.

─No me mientas ahora ─ Sergio negó con la cabeza, dando otro paso atrás, la distancia entre ellos crecía, pero no era física. ─Tus acciones hablaron por ti hoy, y lo que dijeron es que para ti, yo no valgo nada ─.

─¡Eso no es cierto!

─¡Entonces demuéstramelo! ─ El grito de Checo hizo que Max diera un paso atrás, solo uno, pero suficiente para que ambos sintieran el quiebre. ─Dime aquí, ahora, que fui un imbécil por creerte, dime que no merezco estar a tu lado, dime que todo lo que construimos fue un error, porque si no puedes decirme lo contrario, entonces ya no quiero escucharte nunca más ─.

El silencio fue una cuchara de hielo bajando por la columna de Max.

Podía verlo, podía ver la oportunidad, un par de palabras, un "lo siento, exageré", un "te necesito", podía arreglarlo todo si tan solo se atrevía a soltar el orgullo que lo había mantenido vivo desde que tenía uso de razón.

Pero no sabía cómo.

Las palabras de su padre le susurraban desde el fondo de su mente.

" Nunca cedas, nunca muestres debilidad, el momento en que lo haces, ya perdiste. "

Y Max, por primera vez, sintió que tenía todo que perder, y aun así no podía moverse.

─No voy a disculparme por competir ─ Dijo finalmente, en un susurro ronco. ─No voy a disculparme por ser mejor ─.

Sergio cerró los ojos, cuando los abrió, Max ya no reconoció al hombre que tenía enfrente.

─Ya veo ─ Dijo el moreno, con una calma aterradora. ─Entonces esto es un adiós ─.

─Checo...

─No, ya no me llames así ─ Sergio recogió su bolso del suelo, los dedos temblándole ligeramente, pero la espalda completamente recta. ─A partir de ahora, para ti, solo soy tu compañero de equipo, el que está en el otro garaje, el que te estorba, solo soy Pérez, y tu para mi solo seras Verstappen, el mejor, el ganador ─.

Max sintió un vacío en el pecho, como si le hubieran arrancado algo vital.

─No quieres decir eso ─ Intentó, pero su voz sonó extraña, distante, incluso para él mismo.

─No ─respondió Sergio, ya con la mano en la puerta. ─No quiero, pero tú me dejaste sin opciones─.

Max trataba de decir algo, pero no encuentraba palabras, sabia que si no lo detenía en ese instante, perdería a ese pecoso para siempre.

─Ik wil niet dat dit eindigt, ik wil niet dat je mijn zijde verlaat, mijn liefste (No quiero que esto termine, no quiero que te vayas de mi lado, mi amor) ─ La voz de Max era apenas un susurro desesperado.

─Adiós Verstappen.

Esas palabras, tan simples, sonaron más definitivas que cualquier grito.

Y entonces, sin una última mirada, sin un adiós, sin un cierre bonito como en las películas que veían juntos en las noches de hotel, Sergio abrió la puerta y salió.

El ruido del exterior invadió el motorhome por un segundo, voces, motores, el mundo siguiendo su curso ajeno al terremoto que acababa de partir en dos lo que alguna vez fueron.

Luego, la puerta se cerró.

Y Max se quedó solo.

Con el eco de sus propias palabras quemándole la lengua.

Con el sabor a sangre que volvía a asomar por su nariz.

Con las manos temblorosas y el pecho a punto de explotar.

Max completamente destrozado y solo, lloro, lloro como nunca lo había echo en su vida, pero no fue un llanto ruidoso o desgarrador.

Era silencioso, como si tuviera miedo de que alguien lo escuchara.

Y se quedo ahí, parado, mirándo el lugar hacia donde se habia ido el pecoso.

──────────────────────

-En la actualidad-

Después de volver a tener los recuerdos de ese día, seguía sintiendo las lágrimas bajar por sus mejillas.

Sus ojos ya le ardían de lo mucho que había llorado.

Solo habian pasado unas cuantas semanas desde que su Checo y el habian terminado, pero la distancia hacia parecer que habian pasado años.

Max nunca había sido una persona que necesitara demasiada gente a su alrededor, siempre había vivido con el ruido de los motores, con la presión del cronómetro, con la exigencia constante de ganar, el silencio, en teoría, no debía afectarle.

Pero ese silencio era distinto.

Era el silencio de Sergio.

Un silencio que dolia mas que una apuñalada en el corazón.

A Max le dolía como el inferno ver como Sergio se movía con una gracia despreocupada, deteniéndose a dar una palmada en la espalda a un mecánico, ofreciendo un dulce de cajeta de una bolsa que siempre llevaba consigo a un joven pasante.

Un día, Max fue testigo de una escena que le provocó una náusea fría.

Sergio se había agachado para hablar con el hijo pequeño de uno de los directivos de marketing, un niño que apenas le llegaba a la rodilla.

El retoño le mostró un coche de juguete, y Sergio, con una paciencia infinita, se puso de cuclillas, tomó el coche en sus manos grandes y curtidas, e hizo como si lo analizara seriamente.

─Mira nada más ─ Dijo, su voz era tan suave como el terciopelo.

─Este es un RB18 modificado, ¿Lo llevaste a más de 300 km/h? ─.

El niño soltó una carcajada y negó con la cabeza.

─Pues deberías, es rapidísimo ─ Finalizo devolviendole el juguete, acaricio con ternura la mejilla del pequeño y se marchó, dejando un rastro de alegría simple y genuina.

Max sintió una opresión asfixiante en el pecho.

Esa calidez, esa ternura, era la que había tenido para el solo, y lo había arrojado a la basura por una maldita posición.

──────────────────────

El calor opresivo de Abu Dabi, sofocaba con demencia a Max.

Todo el fin de semana se habló de estrategia de equipo, de unidad, en las reuniones, sentados en extremos opuestos de la mesa, el ambiente era de una cortesía tan tensa que se podía masticar.

Sergio se dirigía a él en un inglés neutro y profesional.

"El viento en la curva tres está cambiando."

"El compuesto medio tiene más degradación de la esperada."

Eran frases intercambiables, dichas sin emoción, mirando los datos en las pantallas o dirigiéndose a los ingenieros, pero nunca, jamás, mirándolo a los ojos.

Sergio no había vuelto a pronunciar su nombre, ni siquiera "Verstappen", y Max poco a poco se estaba muriendo en vida.

Llegó la clasificación.

Max logró la pole.

Sergio, un frustrante séptimo lugar.

Al bajar de los coches, Max vio a Checo en el pesaje, platicando Charles, estaban riendo, Charles dijo algo, y Sergio soltó esa risa suya, tan fácil y contagiosa, dándole una palmada en el hombro al monegasco.

Un gesto de camaradería genuina que a Max le atravesó el alma como un hierro candente.

Con él, ahora solo había formalidad, con Charles todavía quedaba calidez.

Max se había convertido en un extraño para su Checo.

Esa noche, Max no durmió, dio vueltas en su cama de hotel, prisionero de sus pensamientos.

La imagen de Leclerc y Sergio juntos le provocaba un vacío visceral y oscuro.

No podía soportar la idea de que otro ocupara su lugar, que otro hiciera reír a su Checo.

Su teléfono, sobre la mesa de noche, parecía quemarle decir algo, quería llamarlo, implorarle, pero ¿Qué le diría? ¿Cómo se destruye un muro que uno mismo construyó?.

El día de la carrera, una quietud antinatural se apoderó de él.

Sabía lo que iba a pasar.

Lo había planeado durante horas en la soledad de su insomnio, no podía deshacer Brasil, pero podía hacer esto.

Era lo único que le quedaba.

La carrera fue un baile estratégico, Max lideraba, escapándose segundo a segundo.

Detrás, Sergio había remontado hasta la quinta posición, a diez vueltas del final, las radios de Red Bull empezaron a arder.

─Box, box, Max, ventana libre para parada rápida y vuelta rápida ─ Ordenó Gianpiero, su ingeniero.

Max miró por sus retrovisores, el coche de Checo, diminuto, peleaba a lo lejos, tragó saliva, y apretó el botón de la radio.

─GP, esta es mi decisión, y la mantengo ─ Su voz sonó extrañamente firme.

─Cedo la posición, díganle a Checo que reduzca, yo le voy a dejar pasar en la recta.

Hubo un silencio sepulcral en la radio.

─Max, repite eso, ¿Quieres que Checo te adelante?.

─Afirmativo, que venga, empujo hasta la curva 8, luego levanto, que lo sepa.

Horner se llevó las manos a la cabeza, Hugh, el ingeniero de Sergio, cortó su canal para dar la orden más inesperada.

─Checo, tenemos algo...increíble, Max va a levantar, quiere devolverte la posición, tú solo mantente cerca en la salida de la curva 8, ¿Entendido?.

No hubo respuesta, solo un silencio de radio tan absoluto como el que ahora reinaba entre ellos.

Max sintió ese silencio como una losa, no era un regalo, era una deuda.

Y Sergio la cobraría sin darle las gracias.

En la vuelta 48, Max se hizo a un lado, levantó el pie del acelerador y su Red Bull pareció desinflarse sobre el asfalto.

Checo se perfiló por detrás, una flecha sin piedad, le pasó sin un solo gesto, sin un movimiento de casco, como si adelantara a un extraño.

Max sintió que una parte de él se iba con Checo, se había arrastrado a sus pies en la pista más grande del mundo, y todo lo que había recibido era el más frío de los silencios.

La carrera terminó, Max ganó, pero su victoria le supo a ceniza.

Sergio cruzó cuarto, Charles Leclerc le arrebató el subcampeonato por tres míseros puntos.

La "reparación" de Max era un tributo inútil, las migajas que Checo siempre había despreciado.

Mientras el himno neerlandés sonaba, Max buscaba una silueta entre la multitud, la encontró, Sergio, de espaldas, se retiraba hacia el hospitality con los hombros caídos, solo.

Bajó del podio y caminó, casi corrió, hacia el hospitality.

Encontró a Checo en un pasillo vacío, a punto de entrar a su habitación.

─Checo ─ Su voz salió como un graznido.

Sergio se detuvo, pero no se giró.

─Lo siento ─ Las palabras sonaban rotas, como vidrio molido. ─Lo siento tanto, Checo, perdóname, por favor ─.

Sergio soltó un suspiro, se giró lentamente, su rostro no mostraba ira, sino cansancio, una fatiga antigua y profunda.

─Max... ganaste ─ Dijo Sergio, su voz ronca y carente de vida. ─Como siempre ─.

─¡No, no gané nada! ¡Lo perdí todo, te perdí a ti! ─ La voz de Max se quebró en un sollozo. ─Te perdí a ti por un maldito puesto, por ser lo que me enseñaron a ser, un estúpido egoísta, lo sé, lo sé, pero no puedo...no soporto que me mires como a uno más del montón, no soporto que me ignores ─.

Sergio lo observó llorar, no era el bicampeón del mundo, era un niño perdido, aterrado.

─¿Quieres que te perdone, Max? ─ La voz de Sergio era apenas un susurro. ─¿Para qué? ¿Para que dejes de sentirte mal? ¿Para que puedas dormir tranquilo sabiendo que, a pesar de todo, tu Checo te sigue queriendo? ─.

Max alzó la vista, esperanzado.

─Sí, no,...quiero decir...te quiero a ti, te quiero de vuelta.

La mirada de Sergio se endureció con una calma aterradora, dio tres pasos y se detuvo frente a él.

─¿Ves esto? ─ Sergio abrió la puerta de su habitación y señaló una bolsa de lona. ─Me voy a Mercedes, fue uno de los días más felices de mi carrera cuando firmé con ellos, porque me quieren a mí, no como tu escudero ─.

Max sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

─Tú...tú quieres esto, quieres que sufra, que me humille, aquí estoy, ¿Qué más quieres? ¿Qué me arrastre por ti? ¿Que me arrodille ante ti? Lo haré, dime lo que tengo que hacer, lo haré ─ Suplicó, mientras se arrodillaba lentamente.

Sergio lo miró con una tristeza que ya no era por él, sino para él.

─No quiero que hagas nada, Max, porque nunca has entendido nada, no se trata de que te arrastres, o me ruegues, se trata de que en el momento en el que te necesite, me apuñalaste, y ahora lloras porque te duele la mano con la que sostenías el cuchillo.

Sergio cargó su bolsa al hombro, al pasar junto a Max, se detuvo un segundo, sin mirarlo.

─No te voy a dar el perdón que buscas, porque tu dolor, por primera vez, no es mi responsabilidad, es tuya, madura, supéralo o vive con ello.

Sus pasos se alejaron por el pasillo vacío, dejando a Max de rodillas en el suelo, llorando en silencio, comprendiendo que las migajas que tanto había despreciado serían el único alimento de su alma.

──────────────────────

El pasillo del hotel Yas Viceroy era un túnel de lujo frío, ajeno a su desmoronamiento.

Max seguía de rodillas, las manos aplastadas contra la moqueta, los hombros sacudiéndose, el eco de los pasos de Sergio le martilleaba el cráneo.

"No te voy a dar el perdón que buscas."

La frase era un veneno de acción lenta, no era un "No", era un "no te lo mereces", y tenía razón, había traicionado a quien más lo amaba.

Se levantó tambaleándose, su cabeza era un torbellino de voces, incluida la suya en Interlagos.

"No voy a disculparme por ser mejor."

¿Mejor en qué? ¿En destruir lo único bueno que tenía fuera de un cockpit?

Se limpió las lágrimas con el mono, manchándolo de con sus perlas saladas, necesitaba verlo, arrastrarse si era necesario.

Su orgullo se había incinerado en la recta de Yas Marina cuando levantó el pie.

Salió tambaleándose al calor húmedo de la noche de Abu Dabi.

Sabía dónde encontrarlo, encerrado en su habitación, con té de manzanilla y algún postre empalagoso, mirando la tele sin verla.

Antes Max era bienvenido en ese santuario, ahora era la razón por la que Checo se refugiaba allí.

El ascensor asta la planta 03 lo había torturado, devolviendole su imagen de náufrago, sangre seca bajo la nariz -que había brotado en el momento en el que Sergio se fue-, el cabello aplastado por el sudor.

Llegó a la puerta 1133, su mano se detuvo a milímetros de la puerta, apoyó la frente en la madera fría.

─Por favor ─ Susurró. ─Por favor, por favor, por favor... ─.

No sabía a quién se lo pedía, a Dios, al universo, a la puerta, a Checo, a quien fuera.

Respiró hondo.

Tres veces.

Y luego, con los nudillos temblorosos, tocó.

El silencio se prolongó, Max contó, ¿Y si no abría? ¿Y si estaba con alguien más? Ese último pensamiento le clavó un aguijón de celos tan irracional como doloroso.

Y entonces la puerta se abrió, sergio, con camiseta blanca olgada y pantalones de pijama igualmente olgados, mostraba unas ojeras profundas, se veía agotado, no enfadado, al ver a Max, su expresión no cambió.

─Max ─ Su voz era plana. ─Es tarde ─.

─Lo sé ─ Las palabras salieron atropelladas. ─Lo sé, pero...no puedo irme así, no puedo, por favor, Checo, solo...solo cinco minutos, te lo ruego, cinco minutos y si después quieres que me vaya, me iré, te lo juro, me iré y no volveré a molestarte nunca más ─.

La última frase le quemó la garganta, Sergio lo observó en silencio, recorriendo su rostro descompuesto, algo lo hizo ceder.

─Cinco minutos ─ Se apartó. ─Ni uno más ─.

La suite era idéntica a la suya, pero a diferencia de la suya, aquí había pequeños toques personales.

Un termo de cafe sobre la mesilla, una foto enmarcada de la familia Pérez, un libro de Gabriel García Márquez abierto boca abajo sobre el sofá.

Max se quedó de pie en el centro de la habitación.

Sergio estaba a su lado, brazos cruzados, estaban cerca pero Max sentía un abismo de tres metros.

─Habla ─ La orden fue un susurro, un ultimátum.

Max abrió la boca, las palabras fluyeron como un dique roto.

─He estado pensando en Brasil, todos los días, todas las noches, no hay un solo segundo en que no reviva ese momento, la orden de GP, mi silencio, la radio de Hugh pidiéndome que te dejara pasar, y yo...yo apreté el acelerador, lo apreté, Checo, apreté el maldito acelerador sabiendo que te estaba jodiendo, sabiendo lo que significaba para ti.

Sergio no se movió, sus dedos se clavaron en los brazos.

─Y luego, en el motorhome... ─ Max continuó, la voz quebrada. ─Dijiste cosas que me dolieron, cosas que eran verdad, y en lugar de escucharte, en lugar de tragarme mi orgullo y decirte 'tienes razón, lo siento, fui un imbécil', hice algo peor, te ataqué, volví a atacarte, porque eso es lo que soy, Checo, eso es lo que me enseñaron a ser, mi padre...mi padre siempre me dijo que mostrar debilidad era perder, que un campeón nunca se disculpa, que si cedes una vez, cedes siempre.

Una risa amarga escapó.

─¿Y sabes qué? Tú me enseñaste lo contrario, tú me enseñaste que se puede ser fuerte y ser bueno, que se puede ganar sin pisotear, que se puede ser el mejor sin ser una mierda de persona, pero yo...yo no aprendí, no a tiempo, y te perdí.

Dio un paso tambaleándose, las lágrimas volvieron.

─Te perdí a ti, a ti, Checo, lo único real que he tenido en mi puta vida, porque todo lo demás...los campeonatos, los trofeos, los récords...todo eso es mentira, es ruido, es un circo que se monta a mi alrededor y que algún día se desmontará, pero tú...tú eras real, tú me mirabas y no veías al piloto, veías al idiota que se pone nervioso cuando pide comida en español, tú me abrazabas y no era por las cámaras, tú me decías 'te quiero' y yo...yo sentía que por fin, por primera vez en mi vida, alguien me quería por lo que soy, no por lo que gano.

Cayó de rodillas, no fue un gesto teatral, fue un colapso.

Sus piernas simplemente dejaron de sostenerlo y se desplomó sobre el suelo, con las manos aferradas a la camiseta de Sergio, como un penitente ante un altar.

─Y te lo juro, Checo, te lo juro por lo que más quieras, me arrastraré todo lo que haga falta, haré lo que sea, lo que sea, dime si tengo que besar el suelo que pisas y lo haré, dime que tengo que renunciar a las carreras y lo haré, dime que tengo que arrodillarme delante de todo el paddock y confesar que soy un estúpido y un egoísta y un naco y un...y un hijo de puta, y lo haré, porque sin ti, nada de esto vale la pena. Nada.

Lloraba, la nariz sangrándole otra vez sin notarlo.

─Te ruego que me perdones, no porque lo merezca, sé que no lo merezco, te lo ruego porque no puedo vivir sin ti, porque cada día que paso sin oír tu voz es un infierno, porque verte sonreírle a Leclerc hoy casi me mata, porque prefiero ser tu segundón toda la vida que ser campeón sin ti, ñorque te amo, Checo, te amo como no he amado nada en mi puta vida, y si tú me dices que ya no me amas, si me dices que ya no hay nada que hacer, lo aceptaré.

─Me iré, desapareceré, pero al menos...al menos necesito oírlo de tu boca, necesito que me digas que ya no me quieres, porque mientras no me lo digas, voy a seguir esperando, voy a seguir rogando, voy a seguir arrastrándome como un miserable, porque eso es lo que soy sin ti, un miserable.

Se quedó en silencio, jadeante, el pecho subiendo y bajando con violencia, había vaciado su alma por completo.

Ya no quedaba nada dentro de él, solo una esperanza agonizante y un amor que le quemaba las entrañas.

En la habitación se oía silencio absoluto, max oía el aire acondicionado y su corazón.

Sergio no se había movido, pero su máscara se resquebrajó, un temblor en los labios, un parpadeo rápido, un suspiro cargado de semanas.

─Eres un idiota ─ Dijo, pero su voz era un susurro roto. ─Eres el idiota más grande que he conocido en mi vida, Max Emilian Verstappen ─.

─Lo sé, soy un idiota, un idiota integral, un idiota de manual, un-.

─Cállate ─ Pero esta vez, la orden no fue cortante, fue casi...tierna.

Sergio movió sus manos para acunar el rostro húmedo, cada mínimo movimiento que hizo el pecoso aceleraba un poco más el corazón de Max, hasta que sintió que le iba a explotar en el pecho.

Cuando Max alzó su vista, su respiración se detuvo.

Checo lo miraba desde arriba, pero no con desprecio, con algo que Max no se había atrevido a fantasear.

Comprensión.

─¿Sabes lo que más me dolió? ─ Preguntó Sergio, apenas un susurro. ─No fue la posición, no fue la carrera, fue que después de todo lo que construimos, después de cada abrazo, cada beso, cada noche que pasamos juntos, tú todavía pensaste que estabas solo, que tenías que luchar contra mí, que yo era tu enemigo, y eso, Max...eso me rompió, porque yo nunca fui tu enemigo, yo era tu compañero, dentro y fuera de la pista.

─Lo sé, lo sé ahora, y me odio por no haberlo sabido antes.

Sergio lo seguía mirando.

─Me hiciste mucho daño ─ Continuó, voz quebrada. ─Mucho, Max, me hiciste sentir que no valía nada, que todo lo que había hecho por ti no significaba nada, que nuestro amor era...era una mentira ─.

─¡No lo es! ─ Max quito las manos de Sergio de su rostro, para poder aferrarse a ellas. ─No es una mentira, es lo único verdadero que tengo, lo juro, lo juro por mi vida, te amo, te amo más que a nada, te amo más que a los campeonatos, te amo más que a mí mismo ─.

─¿Y cómo sé que no volverás a hacerme lo mismo?─ La pregunta fue un dardo. ─¿Cómo sé que en la próxima carrera, cuando vuelvas a tener presión, cuando tu padre te llene la cabeza otra vez, no vas a olvidarte de mí? ─.

Max negó frenéticamente.

─Porque he aprendido, porque he tocado fondo, porque prefiero cortarme una mano que volver a hacerte daño, porque voy a ir a terapia, Checo, en serio, ya lo he hablado con Christian, voy a trabajar en esto, voy a ser mejor, por ti, por nosotros, pero por favor...por favor, dame la oportunidad de demostrártelo.

Las lágrimas de Sergio finalmente se desbordaron.

Una, solitaria, recorrió su mejilla morena y se detuvo en su mandíbula.

Max, instintivamente, alzó una mano temblorosa y la atrapó con el pulgar, con una delicadeza que contrastaba con la brusquedad de todas sus acciones anteriores, mientras se paraba.

La diferencia de altura era monumental, ahora era Max quien miraba a Sergio desde abajo, pero compartían el mismo sentimiento, amor.

La mano pálida del rubio acariciba la mejilla del pecoso.

─No quiero perderte ─ Susurró Sergio, quebrándose. ─No quiero dejar de amarte, lo he intentado, Max, estas semanas he intentado odiarte, convencerme de que eras un egoísta, un narcisista, una mala persona, pero no puedo, porque cuando no estás siendo un imbécil, eres...eres el hombre más increíble que he conocido, eres apasionado, eres intenso, eres...eres mío, o lo eras ─.

─Sigo siéndolo ─ Max acercó su frente. ─Sigo siendo tuyo, siempre he sido tuyo, desde el primer día que me sonreíste en ese garaje y me ofreciste un dulce de cajeta, ¿Te acuerdas? Me dijiste 'prueba esto, güerito, te va a gustar', y yo me enamoré de ti en ese mismo instante, solo que era demasiado estúpido para darme cuenta ─.

Sergio soltó una risa húmeda.

─Era un dulce de tamarindo, no de cajeta, menso.

─Lo que sea ─ Max sonrió con esperanza. ─Era el mejor dulce que había probado en mi vida, porque venía de ti ─.

Sergio negó con la cabeza, llorando.

─Eres un cursi, un maldito cursi.

─Lo soy, soy un cursi, un rogón, un estúpido, un idiota, soy todo lo malo que se puede ser, pero te amo, y si tú me perdonas, voy a pasar el resto de mi vida compensándotelo, te lo juro.

Sergio lo miró un momento, para después abrazarlo fuertemente del cuello, Max lo alzó, sosteniendolo por la cintura.

─Una segunda oportunidad ─ Dijo con una voz firme, sobre el hombro Max. ─Solo una, Max, la última, si vuelves a hacerme algo así, si vuelves a ponerme detrás de tu orgullo, se acabó, para siempre, ¿Lo entiendes? ─

Max asintió, aun si el pecoso no lograba verlo, las lágrimas seguía brotando.

─Lo entiendo, lo entiendo, gracias, gracias, Checo, gracias, gracias, gracias... ─.

Se derrumbó en su cuello, aferrándose a la delgada cintura, lloró con todo el cuerpo, liberando años de orgullo y miedo, sergio comenzó a acariciarle el pelo, y su aroma lo inundó, por fin podía respirar.

─No llores, güerito ─ Susurró Sergio, aún quebrado, mientras acariciaba las hebras doradas. ─Ya pasó, ya pasó todo ─.

─Lloro de felicidad ─ Balbuceó Max contra su hombro. ─Estoy llorando de felicidad, porque creí que te había perdido para siempre, creí que nunca volverías a abrazarme, creí que nunca volverías a mirarme, y ahora...ahora... ─.

─No me has perdido ─ Sergio lo estrechó más fuerte, llorando en silencio. ─Todavía no, pero has estado cerca, eh, muy cerca ─.

─Lo sé, y lo siento, l-lo siento tanto.

Permanecieron abrazados en medio de la habitación, meciéndose, bajo la luz plateada de la luna.

Finalmente, Sergio se apartó y tomó el rostro de Max -el rubio aun lo sostenia sin ningún esfuerzo-.

─Estás hecho un desastre ─ Dijo con cariño.

─Ya lo sé, pero soy tu desastre.

Sergio sonrió, pequeña y frágil.

─Sí ─ Le dio un beso en la frente. ─Eres mi desastre, mi desastre tontito y neerlandés ─.

─Soy el desastre más feliz del mundo.

Sergio se bajo del rubio, mientras agarraba su mano.

─Vamos, tenemos que limpiarte la cara, sangras como cerdo.

Max se no se movió sin soltarlo.

─No te vayas a Mercedes, quédate en Red Bull, quédate conmigo, podemos ser compañeros otra vez, de verdad, esta vez, sin trampas, sin egoísmos, un equipo de verdad.

Sergio lo miró largamente y suspiró.

─Ya he firmado el contrato, Max.

─Entonces rómpelo.

Sergio soltó una carcajada.

─No es tan fácil.

─Hazlo, por favor, Christian lo entenderá, yo hablaré con él, haré lo que sea necesario, pero no te vayas, no me dejes solo en ese garaje, no puedo imaginarme estar ahí sin ti.

Sergio mordió su labio inferior, dudando.

─No te estoy pidiendo que lo hagas por mí ─ Continuó Max. ─O bueno, sí, te lo estoy pidiendo, pero lo entiendo si no puedes, lo entiendo si necesitas irte, solo...solo quiero que sepas que mi garaje siempre va a estar abierto para ti, mi corazón siempre va a estar abierto para ti, aunque estés en Mercedes y yo en Red Bull, aunque estemos en equipos distintos, aunque tengamos que competir rueda a rueda, yo voy a seguir siendo tuyo, y espero...espero que tú sigas siendo mío.

Sergio lo miró y soltó una risa húmeda.

─Eres un dramático.

─Soy un dramático enamorado, hay diferencia.

─No, no la hay.

─Bueno, la hay un poquito.

Sergio puso los ojos en blanco, pero lo guio al baño y lo sentó en la bañera, con una toalla húmeda, le limpió la sangre con delicadeza maternal.

─¿Sabes algo?─ dijo Max, con paz absoluta.

─¿Qué?

─Eres la primera persona que me cuida así, desde que Jos alejó a mi madre de mi...nadie me había cuidado así, Jos nunca...él solo me enseñó a ser fuerte, a no llorar, a no mostrar debilidad, pero tú...tú me aceptas cuando estoy débil, tú me limpias la sangre y las lágrimas y no me juzgas por llorar, eso...eso es nuevo para mí, y es lo más bonito que alguien ha hecho por mí en mi vida.

Sergio detuvo la mano, con ternura infinita.

─Yo siempre te voy a cuidar, Max, aunque estemos en equipos distintos, aunque estemos en continentes distintos, eso no va a cambiar.

─Entonces no te vayas de Red Bull.

Sergio soltó una carcajada.

─Eres un necio.

─Lo soy, pero un necio encantador.

─Eso habría que verlo.

Le dio un beso en la punta de la nariz.

─Ya está, como nuevo.

Max lo miró de cerca, en sus ojos oscuros brillaba el amor de antes, enterrado bajo el dolor, pero intacto.

─¿Puedo besarte? ─ Preguntó en un susurro. ─O es demasiado pronto, entiendo si es demasiado pronto, solo pregunto, no quiero presionar, si necesitas más tiempo- ─.

Sergio lo interrumpió con un beso lento y profundo, lleno de palabras no dichas, sabía a lágrimas, sangre, perdón y segundas oportunidades, Max respondió aferrándose a su rostro, este se había separado un poco, sin aliento y jadeante.

─Te amo, te amo tanto que me duele, te amo tanto que no sé qué hacer con tanto amor, te amo tanto que-.

El rubio no podía terminar sus palabras, pues el beso se iba intensificando más, pronto, el pecoso sintió como la lengua de Max trataba de entrar en su boca, y el habia accedió, la batalla por ver quien dominaba a quien era caliente.

Sergio solto un jadeó, Max lo estaba acariciándo, sostuvo su cintura y lo obligó a que se sentará en su regazo, inconscientemente comenzó a hacer un vaivén.

─¡Ugh! Mm-axie ─ Jadeo el moreno aun con sus labios pegados al otro.

Max se paró repentinamente, cargando a Sergio sin esfuerzo alguno, la noche aun era joven.

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Checo estaba recostado en la cama, completamente desnudo, abriendo sus piernas lo mejor que podía y Max en medio de estas, contemplando la increíble vista.

Sergio hoy te pediré perdón de la mejor forma que se hacerlo Susurró Max, para besar el cuello de Sergio lentamente.

Los besos fueron bajando poco a poco, besaba el pecho voluptuoso manchado en pecas dejando leves marcas, ocasionando que los pesones del morenito se endurecieran, llego al vientre plano, los besos húmedos no parecían parar.

Y llego justo a ese maravilloso lugar, Max contuvo su respiración.

Sus manos temblaron por querer tocar al pecoso con desesperación.

El rubio recorría con sus manos aun temblorosas los brillantes pliegues del coño de Sergio, con tanta delicadeza.

Su aroma -almizcle y dulce excitación- inundó los sentidos de Max, haciendo que su polla palpitara con tanta fuerza que le dolía, se inclinó, presionando un suave beso en el sensible clítoris de arriba, luego otro, antes de que su lengua saliera disparada para saborear.

─Mmm, estás tan mojado por mí, mi amor ─ Murmuró, con la voz ronca por el deseo.

Su lengua volvia a lamer la entrada de Sergio, recogiendo el delicioso lubricante natural.

Las caderas de Checo se arquearon, soltó un gemido bajo desgarrando su garganta mientras enredaba sus dedos en el cabello de Max, atrayéndolo más cerca.

─Max...por favor ─ Jadeó Sergio, con la voz quebrándose, sin saber que pedía exactamente.

Max sonrió contra su piel, luego deslizó dos dedos en su coño, curvándolos hacia arriba para alcanzar ese punto que sabía que volvía loco a Sergio.

El hombre de cabello oscuro se arqueó sobre la cama, arqueando la espalda mientras gritaba, el pulgar de Max se unió a su lengua en su clítoris, frotándolo en círculos apretados mientras sus dedos entraban y salían, cada vez más rápido.

─Amor, ma-as, Max, mas porfavor ─ Sergio seguía gimiendo, inundando en un placer que segaba todos sus sentidos.

Los dedos de Max mantuvieron su ritmo implacable, su pulgar presionando con más fuerza el clítoris de Sergio mientras sentía las paredes del hombre de cabello oscuro vibrar alrededor de sus dedos.

Los gemidos de Sergio se hicieron más fuertes, más desesperados, y Max supo que no podía esperar más.

Retiró los dedos, provocando un gemido de protesta de Sergio, y rápidamente se desnudó, dejando al descubierto su pene grueso y palpitante de deseo, que ya no esperaba por poder entrar en la húmeda entrada.

Se colocó entre las piernas de Sergio, la punta de su pene rozaba la entrada húmeda de este.

Sus miradas se encontraron, y Max vio el amor crudo y sincero en la mirada de Sergio, sin barreras, sin fingimientos.

Se inclinó, depositando un suave beso en los labios de Sergio, luego otro en su mejilla, antes de susurrarle al oído.

─Te amo, Checo, más que a nada, más que a las carreras, más que a ganar, mas que mi orgullo, solo a ti ─ Su voz estaba cargada de emoción, y sintió los brazos de Sergio rodear su cuello, acercándolo más.

Cada que decía una palabra, restregaba su miembro duro, ocasionando espasmos gloriosos en el pecoso.

Con un empuje lento y deliberado, Max penetró en Sergio, centímetro a centímetro, saboreando la forma en que su calor húmedo y apretado lo envolvía.

La espalda de Sergio se arqueó sobre la cama, un grito ahogado brotó de su garganta mientras Max lo llenaba por completo, lentamente.

Sus paredes internas se contrajeron alrededor del pene de Max, apretándolo con una fuerza descomunal que hizo que el holandés gimiera contra su cuello.

Max se detuvo, con la frente apoyada en la clavícula de Checo, permitiéndole adaptarse al estiramiento.

La habitación se llenó con su respiración agitada, el olor a sexo y sudor comenzaba a impregnar el aire.

─Max...─ Gimió Sergio, clavando los dedos en los hombros de Max, dejando marcas en estas.

─Por favor...muévete, necesito que te muevas.

Max levantó la cabeza, con los ojos oscuros, una mezcla de amor y lujuria.

Se retiró casi por completo, luego volvió a embestir, lento y profundo, alcanzando el punto que hacía que Sergio viera estrellas.

Las caderas del hombre de cabello oscuro se arquearon en respuesta, encontrando cada embestida de Max con una necesidad desesperada.

Sus cuerpos se movían en perfecta armonía, una danza que habían estado practicando durante años, incluso cuando estaban separados.

─He soñado con esto... ─ Jadeó Max, besando la mandíbula de Sergio. ─Todas las noches, en cada carrera, desde que te fuiste, solo podía pensar en ti ─.

Las embestidas de Max se volvieron más profundas, más urgentes, cada una golpeando se lugar tan delicioso.

Los gemidos del pecoso se convirtieron en gritos entrecortados, sus uñas dejando rastros rojos por la espalda de Max mientras se aferraba a él como a un salvavidas.

La habitación era una mancha borrosa de sudor y piel, el sonido de sus cuerpos chocando resonando en el silencio.

─Se siente tan bien ─ Jadeó Sergio, arqueando la espalda para tomar a Max aún más profundo.

Sus rizos estaban pegados a su frente, sus ojos marrones vidriosos de placer.

─Extrañaba esto, te extrañaba...tanto mijn liefje ─ Max hundió su rostro en el hueco del cuello de Sergio, su aliento caliente se estampaba contra su piel.

Sus caderas se movían con un ritmo que era a la vez castigador y tierno, como si intentara recuperar cada momento que habían perdido.

Una mano se deslizó para agarrar el muslo de Sergio, levantándolo sobre su hombro para colocarse mejor, mientras que la otra se enredó en sus rizos, tirando suavemente para inclinar su cabeza hacia atrás.

─Mírame Susurró ─ Con la voz ronca.

Sergio abrió los ojos lentamente, encontrándose con su mirada.

─Quiero verte cuando te vengas.

─Estoy cerca, Maxie...tan cerca.

Las embestidas de Max se volvieron más erráticas, su control se desvanecía al sentir que las paredes internas de Sergio se contraían con más fuerza, apretándose como una tenaza alrededor de su pene.

Gimió, bajo y gutural, y bajó la cabeza para presionar sus labios contra la garganta de Sergio, mordisqueando su piel.

─Vente por mí, mi amor ─ Murmuró contra su oído, su voz ronca por el deseo.

─Déjate llevar, te tengo ─ Una mano dejó el muslo de Sergio para deslizarse entre entre el cuerpo, sus dedos encontraron el clítoris de Checo con precisión experta.

Frotó círculos lentos y apretados, acompasando el ritmo de sus embestidas, y sintió el cuerpo de Sergio estremecerse bajo él.

─¡Max-! ─ El grito era quebrado, desesperado, y Max sabía que estaba justo ahí, al borde del abismo. ─Te amo ─.

Max se movió con mas frecuencia, hundiéndose aun mas en el pecoso, cada embestida era mas dura que la otra, pero llegaba aun mas en el fondo, siempre tocando ese punto dulce.

Checo solo se dedicaba a gemir y gemir, de verdad había extrañado esa sensación, habia extrañado sentirse deseado por su güerito.

─Max, te amo.

Fue lo único que pudo decir antes que su cuerpo temblara violentamente mientras un orgasmo intenso lo sacudía.

Grito con voz apenas audible entendible.

─¡Max! ─ Luego, se aferró a él con todas sus fuerzas, su cabeza hundiéndose en su hombro mientras sollozaba de placer.

Max sintió la liberación de Sergio recorrerlo, su propio clímax había estallado en respuesta, hundió su rostro en el cuello de Checo, sus caderas temblando mientras se derramaba profundamente dentro, un gemido gutural desgarrando su garganta.

─Checo... ─ Jadeó, abrazando con más fuerza al hombre que tenía entre sus brazos, manteniéndolo cerca mientras superaban juntos las réplicas.

La habitación quedó en silencio, salvo por su respiración agitada, el sudor enfriándose en su piel.

Max le dio suaves y prolongados besos en el hombro, el cuello, la mandíbula de Sergio, en cualquier lugar que pudiera alcanzar.

─Te amo ─ Susurró de nuevo, con la voz quebrada por la emoción. ─Muchísimo, nunca te dejaré de nuevo, por nada del mundo ─.

Sergio sorbió por la nariz, alzando la cabeza para encontrarse con la mirada de Max.

Tenía los ojos enrojecidos pero brillantes, una pequeña sonrisa acuosa se asomó por sus labios.

─Más te vale no hacerlo ─ Dijo con voz ronca. ─O te encontraré y te arrastraré de vuelta yo mismo ─.

Max rió, con un sonido cálido y genuino, y acercó a Sergio, juntando sus frentes.

─Te lo prometo mi amor ─ Murmuró, antes de capturar a Sergio.

──────────────────────

─¿En serió me perdonaste de verdad?

─En serió te perdoné de verdad.

─¿Y vamos a estar bien?

─Vamos a estar bien, pero necesito tiempo, Max, esto no se arregla en una noche, lo de Mercedes...no es solo por ti, es por mi carrera, necesito sentir que soy el primero en algún sitio.

Max asintió, tragando saliva.

─Lo entiendo, y te apoyo, y aun que me duela, te apoyo porque te amo, y lo que quiero es verte feliz, aunque no sea a mi lado.

Una lágrima de alivio resbaló por la mejilla de Sergio, mientras juntaba sus frentes.

─Gracias, gracias por entenderme.

─No tienes que darme las gracias, soy yo el que debería estar agradeciéndote a ti, por darme una segunda oportunidad, por ser la persona más increíble del mundo, por existir.

─Vas a hacer que me sonroje.

─Esa es la idea.

Sergio lo besó breve, dulce.

─Hay que descansar, necesitas dormir un poco, tienes una cara de muerto viviente que asusta.

─¿Puedo dormir aquí? ¿Contigo? ─ La pregunta era infantil, temerosa, aun que hace unos minutos habian tenido sexo desenfrenado, no quería invadir de mas el espacio del morenito.

Sergio lo miró con exasperación y cariño.

─Eres increíble, acabamos de hacer el amor como nunca, te perdone, me has pedido que rompa un contrato millonario, y ahora me preguntas si puedes dormir en mi cama, ¿Dónde más ibas a dormir, menso?.

─Bueno, no quería asumir...

─Asume, asume que siempre vas a tener un lugar en mi cama, aunque estemos peleados, aunque me hayas roto el corazón, aunque seas un naco egoísta, siempre.

Max sintió el pecho a punto de reventar.

─Eres demasiado bueno para mí.

─Lo sé.

─Pero voy a compensarlo, te lo juro, voy a ser el mejor novio del mundo, te voy a traer el desayuno a la cama todos los días, te voy a comprar todos los dulces de tamarindo que existan, te voy a regalar posiciones en todas las carreras, bueno, no en todas, porque tengo que mantener un poco el honor, pero en muchas.

Sergio rio con plenitud, disipando la tensión.

─Con que no me vuelvas a apuñalar por la espalda, me conformo.

─Eso está hecho, o mejor dicho, no está hecho, no va a volver a pasar.

─Ya a dormir, campeón.

Se acurrucaron en la cama, en sus lados de siempre, encajando como imanes, Max se acomodo en el hombro de Sergio.

─Checo ─ Susurró en la penumbra.

─¿Mmm?

─Gracias por darme otra oportunidad, gracias por no rendirte conmigo, gracias por...por ser tú.

Sergio le besó la coronilla.

─Gracias a ti por volver, por arrastrarte si hacía falta, por demostrarme que te importo más que tu orgullo.

─Eres lo que más me importa, siempre.

─Lo sé, ahora lo sé.

Afuera, el cielo se manchaba cada vez de mas estrellas, para ellos, la carrera más importante ya estaba ganada.

──────────────────────

Max despertó con olor a café y algo dulce, el espacio de Checo aún estaba caliente, lo vio en la cocina, de espaldas, canturreando en español una canción que al instante se volvió su favorita.

Se quedó mirándolo un minuto entero, aquello era la felicidad.

─Buenos días, pecas ─ Dijo con voz ronca.

Sergio se giró con una sonrisa luminosa.

─Buenos días, dormilón, justo iba a despertarte, el café está casi listo.

Max se levantó y lo rodeó por la cintura, poniéndo su barbilla en el hombro del morenito.

─Huele bien.

─Es café oaxaqueño, lo traje de México en el último viaje, ya sabes, para ocasiones especiales.

─¿Y esto es una ocasión especial?.

Sergio le dio un beso en los labios.

─Es la primera mañana del resto de nuestras vidas, yo diría que sí, es especial.

A Max se le humedecieron los ojos otra vez.

─Oye ─ Sergio se puso más serio. ─Lo de anoche...lo que hablamos, sigue en pie, ¿Eh?, necesito tiempo, necesito ir a Mercedes y probarme a mí mismo que puedo ser algo más que tu escudero, ¿Lo entiendes? ─.

Max lo apretó.

─Lo entiendo, y lo acepto, pero vamos a poner regalos, ¿Vale? llamadas todos los días, mensajes estúpidos a todas horas, fines de semana juntos cuando los calendarios lo permitan, quiero hacer esto bien, Checo, quiero hacerte feliz.

─Entonces no hay nada que entender ─ Sergio se giró. ─Somos dos adultos, dos pilotos, dos personas que se aman, vamos a encontrar la manera ─.

─Sí ─ Max sonrió con esa sonrisa torcida. ─Somos el equipo más rápido, ¿Mo? dentro y fuera de la pista ─.

─El más rápido y el más dramático.

─Eso también.

Desayunaron junto al ventanal, hablando de cosas insignificantes y otras importantes.

─Voy a hablar con Christian ─ Dijo Max. ─Sobre lo de la terapia, y sobre...no sé, cómo manejar mejor la presión, mi padre, y todo eso ─.

Sergio lo miró por encima de su taza.

─¿En serio?

─En serio, lo dije anoche y lo mantengo, no quiero ser esa persona nunca más, no quiero ser el tipo que te hace daño, quiero ser el tipo que te mereces.

Sergio entrelazó sus dedos.

─Ese tipo ya existe, Max, está ahí dentro, solo tienes que dejar que salga más a menudo.

─Lo haré, te lo prometo.

─Deja de prometerme cosas y empieza a demostrármelas.

─Trato hecho.

Chocaron las tazas y rieron.

──────────────────────

Duchándose juntos, ambos sentian el agua caer por sus cuerpos, Max le lavaba el pelo a Sergio con dedicación ceremonial, brindándole un pequeños besitos en su hombro.

El vapor empaña el cristal, difuminando el mundo exterior en un gris brumoso.

Las manos de Max se movían lentamente entre los rizos de Sergio, masajeando champú en su cuero cabelludo, cada caricia es una disculpa silenciosa por todas las veces que había sido demasiado terco para escuchar.

Max presionaba sus labios contra la curva del cuello de Checo, deteniéndose allí, sintiendo el rápido latido de su pulso contra su boca.

Sus brazos rodearon la cintura del más joven, atrayéndolo hacia sí, la línea firme de su cuerpo presionando contra la suavidad del otro.

─Extrañaba esto ─ Max lo había extrañado a él.

─Cada mañana sin ti era como despertar en un coche de carreras sin motor, vacío, sin sentido.

Las manos de Max se deslizaro por los costados de Checo, sus dedos trazaban el contorno de sus costillas, sus caderas, memorizando cada curva como si fuera la primera vez.

El rubio le dio la vuelta, con el agua corriendo por el rostro de Sergio, y lo beso profundamente, hambriento y desesperado, su lengua se entrelazó con la de él pecoso.

Las manos de Max se deslizaron hacia abajo, agarrando el trasero de Checo, pegándolo a su verga endurecida.

El agua entre ellos hace que su piel esté resbaladiza, la fricción aumenta con cada lento roce.

Max rompe el beso, su frente descansaba contra la de Checo, respirando agitadamente.

Quería tomarse su tiempo con él, hacerle sentir cada centímetro de lo mucho que lo siente, cada centímetro de cuánto lo necesita.

Una de sus manos se deslizo entre las piernas de Checo, provocando su entrada, sintiendo lo mojado que ya estaba.

Max hundió dos dedos dentro, curvándolos suavemente, viendo cómo los ojos de Checo se cerraban del inmenso placer.

Su pulgar había encontrado el clítoris, rodeándolo con movimientos lentos y deliberados, acompasando el ritmo de sus dedos.

─Dime qué quieres, Checo, lo que sea, te lo daré todo ─ Murmuró Max, con la voz ronca.

Presionó sus labios contra la mandíbula de Checo, luego su garganta, mordisqueando suavemente la piel.

Su otro brazo se enrosco más fuerte alrededor de su cintura, manteniéndolo firme mientras aceleraba el ritmo, los dedos moviéndose más rápido, el pulgar presionando más fuerte.

El vapor se había vuelto denso, envolviendolos como una manta, bloqueando todo excepto ese momento, ellos dos, el agua, el calor.

─Déjame oírte decirlo ─ Pide Max.

─Max, quiero que me vuelvas a hacer tuyo ─ Respondió Checo, con la voz quebrada por el deseo.

Un gruñido bajo retumbo en el pecho de Max, el sonido ahogado por el murmullo del agua.

Las palabras de Checo fue el único permiso que necesitaba, la prueba de que los muros que construyó finalmente se estaban derrumbando, reemplazados por algo más suave, algo suyo.

Max retiro sus dedos, dejando besos húmedos por el estómago de Checo, deteniéndose para mordisquear la curva de su cadera antes de arrodillarse.

El suelo de la ducha se clavaba en su rótula, pero no le importaba.

Levanto una de las piernas de Checo, la coloco sobre su hombro y presiono su rostro entre sus muslos.

Su lengua rozo el clítoris de Sergio, lenta y deliberadamente, antes de sumergirse más profundamente, lamiendo su entrada como si estuviera hambriento.

El sabor de Checo inundaba sus sentidos, era dulce, y no puede tener suficiente.

Envolvió sus brazos alrededor de los muslos de Checo, sosteniéndolo firme mientras alternaba entre rozar su lengua y succionar suavemente, escuchando sus gemidos elevarse sobre el agua.

─Siempre fuiste mío, mi amor ─ Murmura Max contra su piel. ─Incluso cuando estaba demasiado ciego para verlo ─.

Deslizó dos dedos hacia adentro, curvándolos hacia arriba para alcanzar ese punto que sabía que volvía loco a Checo.

Sus gemidos se intensifican, agudos y dulces, y Max puedo sentirlo al borde del abismo.

Se aparto lo suficiente para mirarlo, el agua goteaba de su cabello hacia sus ojos, pero no se detenía, sus dedos seguían curvándose, su pulgar presionaba con más fuerza contra el clítoris de Checo y gruño contra su piel.

Seguía moviendo sus largos dedos, tan desesperado, las caricias era suaves pero rápidas procurando no lastimar al pecoso.

Los dedos lo acariciaron tan delicioso que eran cada vez mas rápidos, y en ocasiones se hundían en la entrada de Sergio, estaba apunto de venirse, pero una ronca voz lo detuvo.

─Todavía no, quiero que te vengas conmigo dentro de ti.

Max se levantó de un solo movimiento, el agua resbala de sus hombros mientras besaba a Checo con fuerza, tragando sus gemidos.

Su pene estaba duro, muy duro, presionaba contra el estómago de Sergio, y bajo la mano para guiarlo hacia su entrada.

Se detuvo allí, su frente pegada a la de él, sus ojos buscando en los de Checo, buscando duda, vacilación, pero solo encuentra hambre.

─Dime que quieres esto, dime que estás listo.

Empujo lentamente, centímetro a centímetro, saboreando cómo las paredes de Checo se estiraban para recibirlo.

La sensación era abrumadora, caliente, apretada, perfecta, y Max tiene que apretar los dientes para no perder el control de inmediato.

Cuando está completamente dentro, se quedo quieto por un momento, dejando que Checo se adapte, dejando que ambos asimilen el peso de la situación.

Empezó a moverse, lento y profundo, cada embestida una promesa, el agua golpeaba contra su piel, un tambor rítmico que coincide con el pulso en sus oídos.

Se retiro casi por completo, luego empujo de nuevo, golpeando ese punto profundo dentro de Checo que lo hace jadear.

Sus manos se deslizaron por la espalda de Sergio, los dedos se enredaban en su cabello mojado, inclinando su cabeza hacia atrás para poder besarlo, fuerte, desordenado, desesperado.

─¿Sientes eso? Soy yo, sin soltarte, nunca más.

Acelero el ritmo, las caderas se lanzaban hacia adelante con más fuerza, el sonido de la piel golpeando contra la piel mezclándose con el murmullo de la ducha.

Cada embestida era un recordatorio, de las noches que pasó solo, de cómo lo lastimó, de la segunda oportunidad que no merecía pero por la que luchará cada día.

Su frente descansaba contra la de Checo, sus respiraciones se mezclanban, calientes y entrecortadas.

─Mírame, Checo, solo a mí, quiero ver tus ojos cuando te vengas, quiero saber que estás aquí, conmigo, que eres mío.

Una de sus manos se deslizo hacia el trasero de Checo, apretándolo con fuerza, acercándolo para poder penetrar más profundamente.

El vapor se aferraba a su piel, denso y caliente, mientras Max lo penetraba con una ferocidad que rozaba la locura.

Sus músculos se tensaron, cada fibra de su ser se concentro en Checo, en cómo sus uñas se clavaban en sus hombros, en los jadeos entrecortados que brotaban de su garganta, en cómo lo apretaba como si quisiera retenerlo para siempre.

El agua de la ducha golpeaba la espalda de Max, un ritmo implacable, pero todo lo que puede oír es la sangre rugiendo en sus oídos y el sonido de la voz de Checo diciendo su nombre.

─Te amo, dios, te amo tanto que duele ─ Gruñe Max. ─Nunca más te dejaré dudar de eso ─.

─Nunca dejaré que nada se interponga entre nosotros.

Sus embestidas se volvieron erráticas, salvajes, mientras sentía a Checo tambalearse al borde.

Cambió de ángulo, presionando profundamente contra ese punto dulce dentro de él, y su mano voló al clítoris de Sergio, frotando círculos rápidos y desesperados.

Quería verlo derrumbarse, quería ser quien lo sostenga cuando lo haga, sus labios se estrellaron contra los de Checo, ahogando sus gemidos, sus dientes chocaban en un beso desordenado y hambriento.

Las paredes de Checo se cerraron sobre Max como una tenaza, y él sintió cómo se desmoronaba, su grito se amortiguo contra el hombro, un sonido crudo y roto que lo desgarraba.

Era lo más dulce que Max ha oído jamás, lo siguió un segundo después, sus caderas se tambalearon mientras se derramaba dentro de Checo, cada embestida una última y desesperada reclamación.

─Checo...joder.

Max enterró su rostro en el cuello de Checo, respirando entrecortadamente, su cuerpo aún temblando por la fuerza.

El agua los bañaba, cálida y constante, pero no se movió, solo lo abrazo, fuerte, como si al soltarlo, todo pudiera desaparecer.

Sus labios encontraron el pulso de Sergio, presionando besos suaves y prolongados allí.

─Lo decía en serio, nunca te dejaré ir, no otra vez.

Se aparta lo suficiente para mirarlo, el agua goteaba de su nariz a la de Checo.

Su mano sube para acariciar su rostro, el pulgar rozando su mejilla.

Hay una vulnerabilidad en sus ojos que nunca había mostrado a nadie, ni siquiera en la pista, ni siquiera cuando luchaba por un campeonato.

Esto es real. Esto lo es todo.

─Soy tuyo, todo yo, mientras tú me lo permitas mijn liefje.

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Los dos descansaban en la cama, después de haber vuelto a hacer el amor, oían José José, pidieron fruta y café.

─¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti? ─ Preguntó Sergio mordiendo un mango.

─Mi increíble talento para las carreras, o mi modestia.

─Tu capacidad para hacerme reír incluso cuando quiero estrangularte.

─Es un don.

─Es una maldición, pero también es una de las razones por las que te amo.

Max le arrebató el mango con un beso.

─Pues espera a ver lo que tengo preparado para nuestra próxima cita va a ser épica.

─¿Una cita épica? ¿Tú? ¿El mismo que me llevó a un simulador de carreras en nuestra primera cita oficial?.

─¡Era un simulador de última generación! ¡Y te gustó!.

─Me gustó porque estabas tú, el simulador era un asco.

─Bueno, pues esta vez va a ser mejor, va a ser...romántica, con velas, y música, y una cena que voy a preparar yo mismo, aunque probablemente termine pidiendo pizza.

Sergio soltó una carcajada.

─Eso ya me gusta más, pero avísame antes para contratar un seguro contra incendios.

─Eres un malo.

─Y tú un tontito.

─Un tontito con suerte.

Sergio lo besó, lento y dulce, con sabor a mango y futuro.

─No, un tontito que ha aprendido la lección, que es mejor.

─Gracias a ti.

─Gracias a los dos.

El sol brillaba en Yas Marina, había quedado un amor más fuerte, forjado en la tormenta, Max apoyó la cabeza en el pecho de Sergio y escuchó su corazón, gracias, el tapatío apretó el brazo y le besó la coronilla.

─Te amo mi güerito.

─Y yo te amo mas mi pecas, más que a nada en el mundo.

Y en esa quietud, Max supo que su verdadero hogar eran esos brazos, ese hombre, ese amor.

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Yo en estos momentos:


Les juro que estaba apunto de volverme loca, primero tengo un bloqueo escritor horrible, segundo estoy en semana de evaluaciones y tercero cambie de celular, y el nuevo celular vale pa'pura mierda, pero aquí estábamos.

Gracias por leer, pronto habrán más OS (eso espero), no se olviden de comentar y votar.

Sin más que decir Adry se despide.

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