Especial de nochebuena
He sentido atracción por un hombre una vez en toda mi vida, y lastimosamente, tuvo que ser el novio de mi hijo. Cuando lo vi por primera vez se me hizo tan bonito y delicado, pero a medida que lo iba conociendo me di cuenta de que era un perverso de primera, tan descarado; eso hacía que mi cuerpo se erizara de pies a cabeza.
Sus manos son pequeñas, pero una vez vi como le apretaba sin pudor alguno las partes íntimas a mi hijo, estaban sentados en el sofá de la sala, habían llegado de visita y se quedarían esa noche.
Pasaron unos días más, y tuve que visitar a mi hijo por cuestiones de trabajo, tenía que cubrir algunas reuniones en Seúl; mi hijo me ofreció alojamiento y yo acepte con la esperanza de ver a su novio. Que locura.
Ese día supe que me gustaba un hombre, cuando lo vi abrir la puerta con sólo una camiseta puesta, supone que era de mi hijo, pues le quedaba grande; pero verlo vestido así, hizo que mis instintos más primitivos salieran a la luz.
Pasé mucho tiempo seguro de mi sexualidad, pero luego me di cuenta de que estaba viviendo en el mundo de Park Jimin, y en este, ningún hombre es completamente heterosexual.
Él me saludo animadamente, como siempre lo hacía, vi claramente como sus labios se separaban lentamente para decirme, "pase". Él estaba solo, me dijo que Jeonghan había salido pero que no tardaba en regresar, así que aproveché para verlo sin descaro más tiempo, me llevó a la cocina porque quería hacerme un café, no me negué.
Mientras preparaba el café no pude evitar verlo de pies a cabeza, que Dios me perdone, pero en ese momento, deseaba tanto hacerle muchas cosas, cosas sucias, pecaminosos, lujuriosas.
Quería recorrer con mis labios su lechosa piel de seda, acariaciar con mis manos sus firmes muslos, estrujar con mis palmas las hermosas nalgas que adornan su cuerpo, y meter mi mano entre sus piernas hasta encontrar aquella abertura que le daría placer a él y a mí de la manera más exquisita. Quería romperlo en dos y meterme muy profundo en él, hacerlo gritar y suplicar por más mientras enredo mis dedos en su precioso cabello color rosa, escupirle en la boca y morder sus labios hasta que estos sangren.
Jamás quise chupar tanto un pene, como lo desee en ese momento, como lo estoy deseando ahora.
Perdóname, Dios mío, por desear estar entre sus piernas, introduciendo mi pene una y otra vez en él, enrollando mis dedos en su cuello y cortándole el aire, solo un poco. Dejar mis manos marcadas en ese precioso culo, azotarlo una y otra vez hasta que el rojo fuese el único color que matizara su trasero.
Pero no puedo, él es un fruto prohibido.
Cuando lo vi moverse alzando su mano en la alacena para alcanzar el azúcar, sentí un tirón en mi entrepierna, la camisa subió solo un poco permitiéndome ver más de esas piernas preciosas. El deseo de pararme y abrazar su sintura mientras restriego mi pene con insistencia sobre su culo es en lo único que pude pensar.
¿Como se sentiría rozar con parsimonia mi miembro sobre él? De solo imaginarlo me vuelve loco.
Una vez me lo encontré en el supermercado, lucía tan bonito y delicado que me oprimía el corazón con solo verlo de lejos. Se emocionó tanto al verme que corrió a abrazarme, aproveché para oler su cabello, y su piel, estaba en la gloria pero regresé a la tierra cuando él rompió el abrazo. Recuerdo sus palabras, me preguntó si andaba solo, le dije que sí, de todos modos mi esposa y yo nos habíamos separado hace mucho.
Me acompañó a terminar de hacer mis compras mientras me contaba sobre sus días en Seúl, es que andaba de vacaciones visitando a sus padres en Busan, le ofrecía llevarlo a casa de sus padres, pero se negó inmediatamente, quería pasar más tiempo con él, escuchar su voz, y oler ese perfume suave que utiliza, pero no pude.
Es sábado y mi hijo dijo que bendría antes de visitar a su madre, me emocioné mucho y no precisamente por ver a mi hijo.
—Bienvenidos.— les dije cuando estuvieron en la puerta de mi casa.
Veo como los dos entran agarrados de la mano y que envidia siendo porque no soy yo quien aprieta esa pequeña mano con mis dedos.
Jimin besa mi mejilla y sonríe, yo quiero besarle los labios.
Me dispongo a preparar el almuerzo, escucho como alguien carraspea tras mi espalda, al darme la vuelta me encuentro con la mirada seductora de Jimin, Dios mío, que hombre.
—¿Puedo ayudarle?— pregunta acercándose.
Quisiera decirle que no, que puedo solo, pero querer tenerlo cerca se ha transformado en un deseo imposible de reprimir, asiento con mi cabeza y él se acerca a mi, no puedo evitar relamer mis labios al ver los de él, y me pregunto una vez más a qué sabrán, ¿fresa? ¿Ceresas? ¿Cholocate?
—Para navidad pienso hacer un pie de manzana, ¿le parece bien?— me dice viéndome a los ojos.
Me derrito, y maldigo mil quinientas veces mi existencia.
—Si te soy sincero, no me gusta mucho la manzana.
—Yo preparo mi manzana muy bien.— Dice bajito.
Y yo no logro entender de qué estamos hablando, pero si es su manzana, por más que quisiera probarla, no puedo.
—No sabes cúanto me gustaría probarla.— digo tal vez sin pensar, él me mira con esos ojos tan hermosos y celestiales. Pero es una mirada seductora y no creo tener la fuerza suficiente para reprimir todas las cosas que quiero hacerle.
Miro la encimera y me lo imagino a él sobre ella con las piernas abiertas, dispuesto para mi. Que imagen más tentadora.
—¿Entonces por qué no lo hace?— me pregunta acercándose a mi.
Le suplico internamente que no siga acercándose más, porque no tengo fuerza de voluntad.
—¿Me dejarías probarla?— me maldigo otra vez.
—Solo si usted lo desea.
—No puedo, tu manzana es como un fruto prohibido para mi.
—Si no se come la manaza, esta caducará. Así que no deje que muera.
—¿Qué pasa si me vuelvo adicto a esa manzana? Te harás responsable.
—Desde luego. Le doy mi manzana con el único propósito de que nunca deje de comerla.
—Pero no soy bueno comiendo en silencio.
—Es así como me gusta.
—Suelo morder muy fuerte.
—Seguro que a mí manzana le gustará.
—No soy muy gentil cuando como.
—No pasa nada, mi manzana sabe soportar cualquier cosa.
Sonríe y yo siento un tirón en mi entrepierna, muerdo mi labio inferior tratando de contener mis ganas de abalanzarme sobre él y proclamarlo como mío.
Mi hijo entra a la cocina y se une a la charla, me sentí mal, no por mi hijo, sino porque mi tiempo a solas con Jimin terminó.
Nos disponemos a almorzar, busco los ojos de Jimin pero este no me mira, en cambio, se ha mantenido observando su plato. Jeonghan lo toma de la mano y la besa, quito inmediatamente mi vista de sobre ellos, no quiero verlos porque me molesta muchísimo si quiera que mi hijo roce minimamente la piel de Jimin.
Me maldigo, como se me ha hecho costumbre, por sentir celos de alguien que no me pertenece.
Después del almuerzo, mi hijo decide visitar a su madre, pero Jimin no quiso ir, es que no se llevan muy bien, porque mi ex esposa piensa que Jimin solo esta jugando con Jeonghan; que más quisiera yo, deseo con mis fuerzas que lo deje, que rompa su corazón en pedazos y salga de su vida por completo, y de la mía también.
No soy un buen padre, Dios me perdone por ello.
—Volveré por la noche.— Dice mi hijo despidiéndose.
Espero que no tarde mucho porque estando a solas con Jimin solo me provoca pensamientos impuros e incorrectos.
Me siento en el sofá de la sala y busco algo para ver en la televisión. Pero que mala suerte que tengo, Jimin se me para enfrente, vestido de la manera más provocativa que en algún momento de mi vida pude ver.
Rezo todo lo que sé, trato de invocar al arcángel Miguel para que me saque de aquí. Pero honestamente, no sé si quiero dejar de ver el hermoso y provocador cuerpo de ese hombre perfecto.
—Pienso darle una sorpresa a su hijo, ¿qué le parece?— me dice recorriendo con sus manos su propio cuerpo, como quisiera ser yo esas manos.
Ni siquiera puedo hablar, verlo así me ha dejado sin palabras.
Porta unas bragas de encaje negras donde puedo ver perfectamente su piel, tan hermosa y delicada. Unas medias negras cubren sus muslos firmes. No puedo evitar llevar mi mano hasta mi miembro y apretarlo, apretarlo fuerte hasta sentir dolor, porque no quiero sentir lo que estoy sintiendo, no quiero desearlo sexualmente.
Un arnés negro se enrolla en sus hombros, cintura y cuello, dejando expuestos sus pezones marrones. Este hombre va a matarme.
Y se da la vuelta.
Soy un hombre perdido, no tengo escapatoria, lucifer me susurra al oído indicándome que esta es mi oportunidad para tenerlo, y en el otro oído esta un ángel diciéndome que cierre mis ojos hasta que la tentación se haya ido.
Su precioso culo queda frente a mi, redondo, grande, y seguramente suave.
—¿Y?— pregunta viéndome de reojo.— ¿Me queda bien?
—¿Qué crees que haces, Jimin?— pregunto aunque sé perfectamente lo que trama.
Él sonríe y se da la vista de nuevo, camina hacia mí y se sienta a horcajadas sobre mis muslos. Quiero quitarlo de encima, pero nunca lo tuve tan cerca como esta vez.
—No debes acercarte a mí.— le digo con la esperanza de que recapacite y me deje solo.
—¿Por qué?— pregunta casi susurrándome, su aliento choca contra mí rostro.
—No sé si pueda contenerme más, y no quiero arrepentirme luego.— le digo sincerandome.
En realidad lo único que quiero es besar eternamente sus labios esponjosos.
—Me gustaría que fuera usted quien me quite todo esto y se meta entre mis piernas.— dice refiriéndose a lo unció que "cubre" su cuerpo.
Mi entrepierna azuza y no sé en qué más pensar para no calentarme tanto, porque él me grita con la mirada que lo tome en este momento.
—Oh, no, nene, yo no te lo quitaría.— acaricio su hombro con mis dedos y veo como su piel se eriza por mi toque. Me acerco a su oído y le susurro.— Te cogería con esto puesto, solo me bastaría con mover la tela hacia un lado.— mi mano recorre su fina espalda hasta llegar a su hermoso trasero, tomo las bragas negras y las muevo hacia un lado, tratando de que su entrada quede expuesta.
Me gustaría sentir la tela rozando mi pene mientras me meto en su interior una y otra vez.
Él gime al sentir mis manos sobre su piel y busca mis labios con insistencia. Pero no puedo besarlo.
—Vamos, señor Jeon, solo déjeme probar sus labios.— me dice volviendo a buscar mi boca.— Quiero que su lengua me profane, que sus labios me acaricien y sus dientes me marquen.
Voy a reventar si sigue hablando.
Empieza a mover sus caderas rozando mi pene con el suyo, el cual puedo ver gracias a la transparencia de la tela, bendita tela.
—No, Jimin, no podemos hacer esto.— con mis manos en su cintura trato de sacármelo de encima, él se apega a mí abrazándome, y su olor me aturde, huele a rosas, dulce y suave.
—Sí, podemos.— toma mi mano y mete mi dedo índice y del medio en su boca, su cálida lengua se enrrolla en ellos.— Nadie tiene porqué entrarse.
—Si yo te tomo una vez, voy a querer hacerlo siempre, y no estoy dispuesto a compartirte con nadie, incluso si se trata de mi hijo.— le digo apartando mi mano.
Sus ojos brillan como si le hubiese dicho la cosa más romántica.
Maldita sea.
—¿Quiere que termine con su hijo?— pregunta llevando ahora su mano pequeña a mi pene endurecido y lo acaricia sobre la tela del pantalón. Que delicia.— Porque estoy dispuesto a hacerlo.
—No puedes terminar con él, ¿qué acaso no lo amas?
—Siendo sinceros.— se acomoda colocando mi miembro exactamente entre sus nalgas, si no fuera por el pantalón que llevo puesto, ya hubiese metido mi falo hasta lo más profundo de su interior.— Desde un inicio, mi objetivo siempre fue usted.
Lo miro, y no logro entender lo que me dice.
—Cuando lo vi afuera de la universidad, vestido de traje negro y su corbata tan perfectamente amarrada...— agrega recorriendo la piel de mi cuello con su nariz.— No sabe las ganas que tuve de que me tomara fuerte por atrás mientras me jalaba el pelo con saña.
Sus caderas se mueven y mi pene se ahoga entre sus nalgas redondas. Llevo mis manos hasta su culo y lo amaso para ayudarle a moverse más rápido mientras me cuenta. Maldito sea yo.
—E-Ese día.. ¡ah!— gime y cierra sus ojos mordiendo sus labios.— estaba Jeonghan... hmmm... con usted.— sus caderas no dejan de friccionar mi miembro.
Bendito sea su culo.
—Traté de llegar a usted... pero era imposible...— me dice ahora escondiendo su rostro en mi cuello y hombro.— Así que... la única forma para acercarme a usted... era... salir con su hijo.— después de liberar un suspiro me mira y detiene sus movimientos de cadera.— Señor Jeon, que verga tan grande tiene... la quiero adentro.— susurra.
No tengo tiempo para analizar todo lo que me dice, es que mi pene no deja de pulsar.
—No puedo, Jimin, sigues siendo el novio de mi hijo.
—Si no me toma ahora, sé que su hijo lo hará, como lo hace todas las noches.— sus manos se colocan en mis hombros y sus ojos me escudriñan.— Y usted tendrá que escucharme gemir, y repetir el nombre de su hijo una y otra vez.
—Es mejor que te calles.— le digo sintiendo mi sangre hervir.
—¿No quiere saber como su hijo me toma?— sé a lo que está jugando y aún así no puedo contener mi ira.
—Cállate, Jimin.— le advierto dejando caer mi cabeza sobre el respaldo, tratando de relajarme.
Introduce sus manos entre mi camina, tocando mi piel hasta posarlas sobre mi pecho y mueve en forma circular sus caderas.
¿Qué le estás haciendo a mi cabeza, Park Jimin?
—Su hijo nunca me dice no.
Eso es suficiente para mi, le proporciono una fuerte nalgada y él gime en respuesta.
—Pero no me gusta como me lo hace...— Murmura mordiendo su belfo.— porque no es a quien quiero.
—Basta.
Eso sonó más a una suplica.
—Yo solo quiero que usted esté entre mis piernas... cada vez que él me toma, no puedo evitar imaginármelo a usted.
—Jimin, esto no es correcto.
—Yo hago todo lo que usted me pida... las cosas más retorcidas y sucias, yo las hago, si eso le genera placer.
Coloco tras su oreja un mechón de pelo, y él cierra sus ojos ante tal acción.
Si él supiera lo mal que me pone, verlo, tenerlo cerca, y ahora... tocarlo.
Si me entrego a él, ¿será que Dios se apiadará de esta alma errante en el final de los tiempos?
Yo sería capaz de abandonar a mi familia y llevarme a Jimin al lugar más remoto de la faz de la tierra, en donde nadie nos conozca, en donde nadie sepa nuestro pecado, donde fuésemos completamente desconocidos, empezar una nueva vida y amarnos por la eternidad.
¡Vaya! Hablo como todo un adolescente enamorado.
—No me digas eso, por favor no lo hagas.— le pido en un susurro.
Él suspira agotado y baja de mi regazo, sentándose a mi lado. Quiero atraerlo a mi cuerpo de nuevo, pero debo mantenerme al margen.
Quedamos en total silencio, no quiero decir nada, y al parecer él tampoco.
Se levanta y lo veo irse a la habitación, deseo seguirlo y darle todo lo que me pida, pero me sigo recordando a mi mismo que es el novio de mi hijo, y aun sabiendo eso, no puedo evitar pensar en tenerlo bajo mi cuerpo, hundiéndome en él hasta mojar el colchón de mi cama.
Otra vez debo maldecir mi existencia.
❀
La navidad no es algo que me emocione, de hecho, no creo en ella, la encuentro tan vacía y con carente sentido. Pero esta nochebuena parece será diferente. Espero.
No me negué cuando mi hijo me propuso celebrar la fiesta en mi casa, incluso cuando me dijo que su madre también bendría, ella y su nuevo novio, realmente no me importa con quien sale, ni tampoco me molesta su precia, porque no siento absolutamente nada por ella.
Pero parece que a Jimin le incomoda que ella esté aquí.
Estamos todos en la sala de mi casa, hay dos amigos míos y uno de mi hijo, mi ex esposa, su ahora novio y Jimin, el precioso y pequeño Jimin. Él está incómodo, puesto que mi ex no deja de verlo con desdén. Quisiera decirle que deje de verlo, advertirle que no debe mirar con malos ojos al chico, pero no puedo defenderlo y me molesta ver a mi hijo restarle importancia a la muy evidente incomodidad de su novio. Si yo estuviera en su lugar, no permitiría que alguien lo mire mal, incluso si se trata de mi propia familia.
—Jimin, ¿me puedes ayudar en la cocina?— le digo con la intención de sacarlo de ahí, porque no soporto verlo tan frustrado.
Me agradece con la mirada y caminamos hacia la cocina.
Intentamos preparar bocadillos, pero honestamente a mí incluso su olor me descoloca.
—Discúlpala por lo que dijo.— hago referencia a un comentario que mi ex había Jimin, alegando que mi hijo lo había sacado de algún club nocturno por como a veces vestía.
—Me ha dicho cosas peores.— dice como si fuese lo más natural.
No me gusta.
—¿Jeonghan nunca dice nada cuando ella habla de ti?— de alguna forma puedo saber la respuesta pero espero pacientemente lo que él dirá.
—No, incluso se ríe de eso, como si hablar mal sobre mi fuese un chiste.
Suspiro para contener las ganar que tengo de regañar a mi hijo y enseñarle que es su deber darle el lugar correspondiente a su novio.
—No me gusta que hablen mal de ti.— le digo sincero, porque es la verdad.
—Tranquilo.— sonríe.—No me afecta en lo absoluto.
Llevo mi mano hasta su mejilla y él descansa sobre la palma de mi mano, cierra sus ojos y sonríe al sentir la calidez emanar de mi piel.
—Tengo un regalo para usted.— abre sus ojos observándome con esa mirada cargada de deseo.
Malditas sean mis ganar de besarlo.
—¿Sí?— pregunto interesado.— ¿Qué es?
—No puedo decirle.— dice alejándose.— tendrá que ir a mi habitación para averiguarlo.— toma la charola con los bocadillos y me guiña un ojo.— Cuando Jeonghan vaya a dejar a su madre a casa, y estemos solos, a la medianoche.
Sale de la cocina y yo quiero ir tras él y decirle que no podemos, pero incluso si le repito eso mil veces, él no dará su brazo a torcer y yo ya no puedo negarme.
Deseo tanto que llegue la medianoche y poder estar a solas con él, besar sus labios al fin, morder su piel y hundirme entre sus piernas.
Mi ex sigue hablado cosas absurdas de Jimin, ¿Cómo es que puede odiar tanto a alguien? Peor aún, ¿quién puede odiar a Jimin? Se me hace imposible creer el hecho de que existan personas que lo odien.
Él parece un ángel, pero uno muy pervertido, Dios se apiade de mí ahora que he caído en las redes del maligno.
—Te compré algo.— me dice mi ex extendiéndome una pequeña caja.
Había olvidado que en estas fechas se dan regalos, yo no compré nada para ellos, pero sí para Jimin, es una lastima que no pueda dárselo enfrente de todos, tendré que esperar hasta la medianoche.
—Gracias.— le digo algo avergonzado.— Pero yo no te compré nada.
—No te preocupes, sé lo olvidadizo que eres.— sonríe.
Veo de reojo a Jimin removerse en el sofá. Cómo quisiera estar a su lado en este momento.
Escuché una vez a un predicador hablar sobre los diez mandamientos. Aquella parte en la que habla sobre no codiciar a la mujer del prójimo, en este caso sería hombre. Me sentí mal, porque era exactamente lo que estaba haciendo, lo que estoy haciendo, porque en ese entonces Jimin acababa de aparecer en la vida de mi hijo y en la mía.
Luego me acerqué a otro predicador, nadie en el vecindario lo quería porque siempre decía la verdad, y estaba en contra de las cosas absurdas que las inglesias imponían a sus feligreses. Así que supuse que me daría una respuesta capaz de tranquilizar mi atolondrado corazón. Él me dijo que los diez mandamientos no estaban dirigidos a los judíos ni gentiles, únicamente al pueblo de Israel.
Eso me alivió un instante, porque luego agregó que la iglesia de Dios iba más allá de los diez mandamientos, porque todo se centraba en el corazón, si yo he deseado hacerle daño a alguien, en mi corazón ya lo hice. Entonces al desear al novio de mi hijo tanto como lo hago, el pecado ya está impuesto sobre mi.
Luego recordé que no soy parte de la iglesia, pero aún así, ya estoy condenado, así que, si eso va a suceder, al menos debo probar el fruto prohibido, para no condenarme en vano.
Mi ex y su novio se despiden de mí, aunque ninguno de los dos se interesa por darle un adiós a Jimin, me molesta eso, porque él es tan importante como yo en esta casa. Malditos sean.
Mi hijo también se despide, prometiendo regresar pronto, besa los labios de Jimin y yo tengo que apartar mi vista para evitar ver más. Siento mi boca reseca, debería tomar un trago de tequila para relajarme.
—Saludes a tu abuela.— le digo porque sé que irán a ver a la señora antes de llevar a su madre a casa.
Él asiente con la cabeza, Jimin se marcha a la habitación para evitar contacto con mi ex, y lo comprendo completamente, luego mi hijo y su madre se marchan, gracias a Dios.
Suspiro con tranquilidad, es un alivio que se hayan ido.
Tomo la caja pequeña con el presente que le pienso entregar a Jimin y camino hacia su habitación, parado frente a la puerta doy tres respiraciones pausadas y toco la puerta. Espero con paciencia sintiendo mi cuerpo ligeramente tembloroso.
El personaje de mis fantasías aparece frente a mí, lo miro y él sonríe. Trato de respirar adecuadamente pero al verlo vestido así no logro recordar cómo se respira. Esta vez sus bragas son rojas, hacen un matiz perfecto con su piel nívea, su cuello es adornado con un collar del mismo color, agregándole un pequeño cascabel que tiene como adorno.
Me acerco a él y lo tomo de la cintura, es fina y suave, mis dedos encajan a la perfección.
Quiero besarlo.
—¿Qué es eso?— pregunta viendo mi mano.
—Es para ti.— le digo entregándole la caja de regalo.
Él la toma y sonríe, unas medialunas perfectas, muestra sus perlados dientes como si mi regalo fuese el mejor que ha recibido en toda su vida.
Lo abre y sonríe mucho más. Va a matarme si sigue riendo de esa manera.
—Es precioso.— me dice.
Un collar de oro fino con un diamante rojo en el centro, tan bonito como él, no, la belleza de Jimin no puedo compararla con un simple diamante.
Me acerco a él y lo tomo del mentón para que me mire, y lo hace, aunque le toca ver hacia arriba por la diferencia de estatura. Es perfecta para mi porque lo puedo cargar o empotrarlo en cualquier rincón.
Acaricio su nariz con la mía, él sonríe ante el acto. Y lo besó, al fin, sus labios suaves atacan los míos, y el sabor no lo puedo describir, es tan glorioso y magnífico, si el paraíso existe, entonces yo debo estar en el justo en este momento. Adentro mi lengua a su boca y la suya me recibe con deseo, ambas bailan friccionándose deliciosamente produciendo un chasquido. Es demasiado excitante.
Lo tomo del cabello y me separo de él a regañadientes, solo para asegurarme.
—¿Realmente quieres hacer esto?— también debería hacerme esta misma pregunta a mí, aunque sé la respuesta.
—Sí, lo deseo tanto.— me dice y me vuelve a besar, luego dice:— Lo he deseado desde que lo vi.
Sé que la culpa me atacara después, pero por ahora prefiero ignorar ese sentimiento extraño. Lo veo colocar mi regalo sobre la mesita de noche y se vuelve a acercar a mi.
—Venga.— me dice, yo lo sigo.— siéntese acá.— hago lo que me dice.
Él se hinca frente a mí y sé a lo que va. Abro mis piernas y espero su próximo movimiento. Siempre me ha gustado llevar el control, pero solo por esta vez, dejaré que él haga lo que quiera.
Suspira y baja la bragueta de mis pantalones, sus ojos brillan con ansias. Mi pene está duro, y él lo acaricia sobre la tela de mis bóxers. Muerdo mis labios con anticipación.
—¿Puedo?— me pregunta.
—Claro que sí.
Le digo y le acarició su hermoso cabello. Lo veo acomodar sus rodillas en el suelo, luego mete sus manos entre mis bóxers y toma mi falo. Contengo la respiración hasta que él lo casa por completo. Se relame los labios y me mira sonriendo.
Saca su lengua y con la punta juega con mi glande dibujando círculos sobre el, saca toda su lengua y lame mi pene lentamente. La mejor imagen. Encierra todo mi falo en su boca y sintiendo como la punta de mi miembro topa en su garganta. Sus ojos se tornan llorosos pero no deja de meter y sacar mi falo de su hermosa boca.
No quiero que siga porque no voy a dura mucho.
—Basta.— le digo y él se sorprende, me mira con miedo y sé a qué le teme. Relajo mi semblante y me acerco a su rostro para brindar un casto beso.— Si sigues me voy a correr.— Él asiente comprendiendo.
—Está bien.— relame sus labios y se pone de pie.
Su hermoso cuerpo me saluda, coloco mis manos sobre su cadera y lo atraigo a mí hasta apegar su piel a mi pecho. Sus pezones quedan perfectamente frente a mí, succionó despacio uno de ellos y él gime. Estoy en la gloria.
Acaricia mi cabello mientras yo sigo succionando y lamiendo su precioso pezón.
—Hmmm.— lo escucho.— Esto se siente bien.— susurra y yo no puedo sentirme más feliz.
Es tan delicioso, su piel erizandose por mi toque. Su pene acariciando mi pecho, y su boca liberando preciosos gemidos.
— Siéntate sobre mis piernas.— pido y él obedece.
Muevo hacia un lado sus bragas rojas y meto mi mano entre su culo, busco con mis dedos su exquisita entrada y me doy cuenta de lo mojado que está ahí, lo miró buscando respuesta.
—Ya me preparé.— menciona entendiendo mi mirar. Me extiende el bote de lubricante y yo lo tomo.
El lubricante está alrededor de su entrada y eso no hace más que encenderme. Con mi otra mano acaricio su muslo firme y desnudo. Recorro con mi lengua su cuello, hasta donde el collar me permite.
Me levanto con él aún sobre mí pero lo pongo de pie.
—Pon tu pecho sobre el colchón pero deja tu culo disponible para mi.— le digo y él comprende.
Se acuesta boca abajo colocando su pecho sobre el colchón de la cama, debido a que la cama es muy alta la parte inferior de su cuerpo queda colgando y tiene que usar la punta de sus pies para empinar su culo. Me acerco y le proporciono una fuerte nalgada, veo como su piel se enrojece de inmediato. Me coloco tras él y meto mi pene entre sus nalgas, me muevo muy lentamente. Él estira sus brazos extendiéndolos sobre la cama y arrugando la sábana ente sus manos.
—¡Métela ya!— me dice exigente.
Le doy otra nalgada y él gime. Echo lubricante sobre mi pene y lo tiro a la cama.
—Guarda silencio.— le digo, no es que quiera prolongar nuestro encuentro porque no tenemos mucho tiempo.
Alineo mi pene en su entrada y meto muy lentamente la punta, su abertura es muy estrecha así que debo hacerlo muy lentamente para no provocarle más dolor. Mi falo está entrando poco a poco, veo la mitad de su cuerpo ya adentro de Jimin, solo con verlo siento que exploto, debo contener mi orgasmo más tiempo.
Mi pene entero está adentro.
—¡Dios mío!— Gime— Hmmm... esto... aah... esto se siente... muy bien.
Ni siquiera me he movido.
Me acomodó bien y empiezo a salir lentamente hasta que vuelvo a ver la mitad de mi miembro y me incrusto a él hasta la raíz.
—Oh, Jimin.— No puedo reprimir mis gemidos.— Eres tan delicioso aquí atrás.
Él gime en respuesta, y empiezo a arremeter con dureza en él, desde mi altura puedo ver como su culo se come por completo mi pene, tan delicioso, la forma en la que su entrada lo debora.
Dios, perdóname por disfrutarlo tanto, pero si así es como se siente el pecado, entonces bendito sea el pecado.
Meto mis manos por su abdomen y recorro con mis manos su pecho, lo obligo a levantarse y topar su espalda contra mi pecho. Lo levanto y él aprovecha para hincarse en la cama. Cada vez que mi pene entra en él, el pequeño cascabel en su collar emite un sonido que acompaña nuestros gemidos.
Sus rodillas y manos se hunden en el colchón buscando algún soporte, mientras yo doy todo lo que tengo incrustando mi estaca en él.
—Necesito...— trata de hablar.— que se quite... la ropa.
Sé que quiere verme desnudo, y yo también quiero sentir su piel contra la mía, sin ningún impedimento.
Detengo mis movimientos y salgo de él. Gime en desacuerdo pero se relaja al ver que me quito la camisa. Se da completamente la vuelta para observarme. Me desnudo bajo su vista. Él se muerde el labio inferior y acaricia su pene.
—Eres tan hermoso.— me dice, pero no creo que exista alguien más hermoso que él.
Me acero y él abre sus piernas y deja caer su cabeza hacia atrás, sus brazos le sirven de soporte para no caer completamente sobre el colchón. Lo beso tomando su nuca con una de mis manos para mantenerlo presionado a mis labios, y en el proceso tomo mi falo y se la meto hasta lo más profundo, gime en mi boca.
Empiezo a arremeter con fuerza dentro de él, y su cuerpo tiembla, fexiono mis rodillas sobre el colchón casi sentándome y atrayendo a Jimin, sentándolo sobre mis muslos, sus pies le sirven de resortes cayendo con ímpetu sobre mi pene, el cascabel rebotando violentamente, como puedo muerdo su pecho.
—Aah..ah.— me toma del cabello y me lo jala hacia atrás.—¡Así!— repite una y otra vez.— ¡Má-Más!
Si mi hijo nos viera.
Su rostro se contrae y luego siento un líquido cálido caer sobre mi pecho, él tiembla y detiene sus movimientos. Su cabello está pegado a su frente debido al sudor.
—No-No duré mucho.— me dice ocultando su rostro entre mi cuello.
—Déjame terminar a mí.— le pido y él asiente.
Lo levanto y lo dejo caer otra vez sobre mi pene, empalándolo tan exquitamente bien, pero esta vez más lento, lo que me permite succionar la piel de su cuello hasta provocar marcas. Me gustaría que todos lo vieran, que mi hijo viera las marcas, o mejor aún, que abriera la puerta en este instante y me viera penetrando con saña a su novio, a su novio que ahora me pertenece. Me gustaría que lo viera a él brincando sobre mi pene, pidiendo más, suplicando por más.
Me aprieta tan deliciosamente y siento mi piel erizar, mi estómago se contrae en excitación y mi esencia sale disparada de su interior llenando completamente la entrada de Jimin, sus paredes se contraen en acuerdo.
Suspiro aliviado al liberar mi carga en él.
—Eres exquisito, Jimin.— le digo con sinceridad.
Él me besa de manera tierna y yo cierro mis ojos grabando cada sensación que este hombre me hace sentir para recordarlas cada mañana al despertarme.
Intento sacármelo de encima pero él se aprieta más a mi, siento como mi esencia está saliendo de su interior buscando una escapatoria. Mojamos la cama pero no me preocupa eso.
—No quiero que la saque.— me dice refiriéndose a mi falo en su interior.— Se siente bien tenerla adentro.
Quiero negarme pero no puedo. En cambio beso su cuello percatándome de las marcas bastante visibles que he dejado.
—Él las verá.—le digo.
—No importa.
—¿Qué le dirás cuando él pregunte?
Él me mira desde su posición y yo le sonrío.
—Que su papi me las hizo.— dice sobre mis labios.— mientras metía su verga en mi culo.
—Jimin.— advierto.
No me molesta que hable así, el problema es que me excita demasiado.
—No se preocupe, inventaré algo.
Yo asiento.
—Deberías asearte, Jeonghan seguro no tarda en venir.
—Que nos vea, no me importa.
—Escucha.— me acomodo—Te haré una pregunta y quiero que me respondas con sinceridad.— Él asiente.— ¿Dejarías a mi hijo por mí?
—Sin dudarlo.
—Entonces dame unos días para resolver esto.— le digo y él vuelve a asentir esta vez efusivamente.— He comprado una casa en Tokyo, y allá tengo amigos que me pueden ayudar para conseguir un nuevo trabajo.
Él frunce su ceño sin comprender.
—¿Qué quiere decir?
—Quiero que vengas conmigo, ¿dejarías todo por mi?
Me asusta el no recibir respuesta inmediata, y la idea de que desista de estar conmigo me golpea el pecho.
—Si es por usted, estoy dispuesto a todo.
Me relajo al escucharlo.
—Pero usted, ¿es capaz de dejar a su hijo por iniciar una vida conmigo?
—Soy capaz de todo, nunca desee tener a alguien tanto como te deseo a ti.— le digo.— Quiero que seas solo mio, y quiero ser solo tuyo.
Dicen que los hombres se vuelven cursis en el sexo, pero yo... siempre lo he sido, y nunca he estado tan decidido como lo estoy ahora.
—Solo dame dos semanas, y yo resolveré todo.
—¿Debo terminar con su hijo?
—Sí, hazlo mañana.— lo beso.— y ven a verme después.— Él asiente. Soy el peor padre del mundo.— Ahora debes asearte, ¿sí?— acaricio con mi nariz su cuello.—Y mañana quiero que te despidas de mí con un beso.
—De acuerdo.
—Recuerda, Jimin, ahora eres mío.
—Soy suyo desde antes de que usted me conociera.
Nos besamos por última vez tratando de alargar más el tiempo.
Lo dejo solo en la habitación y me marcho a la mía.
Escucho a mi hijo llegar, miro el reloj y son las dos de la madrugada. Él entra a su habitación y yo salgo de la mía. Con cautela me acerco a la puerta de la habitación de mi hijo para escuchar lo que ocurre en el interior.
—Ven aquí y montame como la puta que eres.— mi hijo dice. Siento mi sangre hervir y lucho internamente para no tirar la puerta con rabia.
—No quiero, déjame en paz.— me tranquiliza escuchar a Jimin.
—Vamos, quiero coger contigo ahora.
—Pero yo no quiero.
—¿Quieres que te agarre a la fuerza? ¿eh?
No voy a permitir que eso ocurra, me preparo para tocar la puerta.
—No te atrevas.— advierte.— O voy a gritar para despertar a tu padre.
Escucho a Jeonghan moverse y sé que se acerca a Jimin.
—Más te vale no gritar.— le dice furioso.— porque soy capaz de pegarte.— amenaza y yo no puedo soportarlo más.
Toco la puerta dos veces con fuerza. Empuño mi mano enojado. No voy a permitir que alguien le ponga un dedo encima a Jimin, incluso si se trata de mi hijo.
Jeonghan abre la puerta y me sonríe nervioso, yo lo miro molesto.
—¿Sucede algo?— me pregunta. Veo a Jimin al fondo de la habitación.
—Fui a la cocina por un vaso con agua y no pude evitar escuchar.— le digo respirando con dificultad.
—Aah, no pasa nada.— rasca su nuca con incomodidad.
— Jimin, puedes usar la otra habitación, ven, te llevo.— le digo.
—No es necesario, papá, dormiremos juntos.
—Jimin.— vuelvo a llamar.
Él me obedece y sale de la habitación siguiéndome y tras nosotros viene mi hijo. Le abro la puerta de la habitación.— Es más pequeña que la otra.— le digo.
—Es perfecta para mí.
—Bien. Ponle llave a la puerta.— digo y él asiente. Cierra la puerta y yo me encamino a la habitación.
—Papá, no sé hasta dónde escuchaste pero nunca le haría nada a Jimin.
No puedo creerle, sería un completo idiota si lo hago.
Lo ignoro y me adentro a mi habitación. Esperando que el día de mañana pueda resolver todos los asuntos que tengo pendiente y mudarme del país llevando conmigo a mi, ahora, chico.
Al día siguiente recuerdo que tuve una buena navidad, pero lo mejor fue la llegada de la medianoche.
Linda navidad que nunca voy a olvidar.
🎄
Agregaré un especial de fin de año la próxima semana, probablemente el 30 o 31.
Mil gracias por leer y espero tengan una muy feliz navidad. 💜