AMORTENTIA | KOOKMIN

Summary

❝ Porque conocerte se sintió como un hechizo de amor. Mi corazón comenzó a latir por primera vez y tus ojos me cautivaron hasta mi último aliento. ❞ Jungkook es un viajero en el tiempo y su único propósito es hacer feliz a Jimin, el consorte real del rey Jeon. 星. oneshot dividido en tres partes.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

PRIMER ACTO.

Cuando era más joven, Jimin solía pensar demasiadas cosas, desde el por qué en su castillo las personas lo trataban con tanto respeto, hasta cuestionarse cuándo podría salir de este y explorar más allá de los muros. Por muchos años, no fue capaz de conocer las aldeas cercanas, ni siquiera de bajar y correr por el montón de jardines que rodeaban la propiedad de los Park.

Su madre le repetía en varias ocasiones que era un niño muy ingenuo, también que era una pena no haber conocido su sexo desde el inicio del embarazo. Jimin no comprendía a qué se refería su madre con eso, tampoco cuando lo castigaba y no lo dejaba salir de su habitación. Con el tiempo aprendió a dejar de lado los malos tratos, las miradas llenas de desdén y el constante regaño por parte de su padre. Por sí mismo descubrió los males del mundo antes que las maravillas de este, se mantuvo siempre en pie y con la frente en alto. Sin dejarse afectar por el rechazo casi permanente en su persona; sus hermanos mayores eran probablemente los únicos que trataban de ser buenos con él.

Era el menor de cuatro hermanos, dos varones y una mujer. Y, desgraciadamente, el error inaudito de su madre. Así le llamaba en cada oportunidad que tenía ella.

—Joven Jimin, su padre le espera en el salón —un sirviente le avisó a través de la puerta, luego de pedir permiso para hablar.

—Enseguida voy.

Se puso de pie, había estado desde hace minutos observando los jardines por su ventana. Después de arreglar sus ropas avanzó por los pasillos, bajando las escaleras y llegando al enorme salón de baile, dónde sus padres y su hermana mayor le esperaban.

Pasó saliva nervioso, extrañado por la reunión tan formal y la presencia de aquella mujer.

—¿Sí, padre?

—Hijo, acércate. Tenemos algo que decirte —el hombre mayor le mostró una sonrisa, entre tensa y satisfecha. Jimin supo entonces que lo que fuesen a decirle, no iba a ser para nada agradable.

El sonido de sus pisadas se fue tan pronto como llegó, permaneció de pie frente al trono donde reposaba su progenitor. Desde la esquina de su ojo pudo observar como la sonrisa falsa de su madre se amplió.

—Dígame.

—Como lo sabrás, la fiesta en celebración de tu décimo octavo cumpleaños se acerca y también con ello otras cosas más —la voz de su padre sonó más irritable con el tono conformista, a oleadas se notaba lo feliz que se encontraba. Pero no era precisamente por su cumpleaños, Jimin estaba seguro.

—Entiendo.

Su hermana, Jihyo, le miró de soslayo, a pesar de mostrar una sonrisa cortés, en su expresión se delataba lo afligida y triste que estaba. Nada que ver con los rostros tan alegres de sus padres.

Años atrás, cuando su hermana mayor todavía no se casaba con el Lord Yang Kyung Seo, ella le protegía y le enseñaba muchas cosas. Aquellas que su propia madre no se molestaba en hacer, Jimin agradecía enormemente a Jihyo, sin ella, no sería más que un analfabeta y un saco de papas apilado a la izquierda. Su hermana le quería más que a nadie en ese castillo, casi tanto como Jimin lo hacía con ella. Al verla preocupada por él, sólo le preparó para las palabras que diría su padre, tenía que ser fuerte, lo intuía.

—Sobre esto no tuvimos la oportunidad de contarte, hijo. Pero pronto tendrás la edad suficiente para hacerlo, así que no hay nada mejor que avisarte antes de la fiesta en tu honor, ¿no es así?

Jimin mantuvo sus labios en una línea. No comprendiendo el punto.

—¿Podría ser más claro, padre? No me gusta andar con rodeos, dígalo directo. —nada más hablar, la mueca de molestia en la cara de su madre apareció.

—Bueno, Jimin. Antes de que nacieras, se llegó a un acuerdo con otro reino en el norte, donde para unir fuerzas y mantener en paz los acuerdos, se llegó a propuesta por parte de ambos clanes —habló su padre, por cada sílaba su voz aumentaba en volumen, incluso hacía mímica con sus manos—. El acuerdo consistía en que un heredero de cada clan debía unirse en matrimonio, para así solventar la paz entre ambas dinastías. Lamentablemente, en ese momento cuando se decidió todo, tú todavía no habías nacido, tu madre te cargaba en su vientre.

—¿A qué se refiere? —preguntó inquisitivo.

—Que no sabíamos si eras una niña o un varón. Meses después tu madre te dio a luz y, aunque los planes se vieron complicados, el clan Jeon no desistió en el acuerdo.

—Disculpe, padre, pero no estoy comprendiendo —insistió.

—Te casarás con el heredero del clan Jeon después de la celebración de tu cumpleaños. Él vendrá a conocerte esa velada y se dictará luego la fecha en que el matrimonio se realizará —terminó de explicar el hombre, viéndose más que conforme y sin ofrecer más detalles al respecto.

—Está diciendo que... ¿Me casaré con un hombre? ¿Está hablando en serio?

—Jimin. Compórtate. No vuelvas a elevar la voz frente a tu rey —la voz venenosa de su madre perforó en sus sienes, tan chillona y molesta como la recordaba.

—Lo siento, padre.

El silencio incómodo persistió, sin ninguno de ellos exclamando palabra, tan tenso que podía cortarse la tensión con un cuchillo.

—Padre... ¿acaso eso está permitido? —Jihyo preguntó temerosa, buscando la manera de que su hermano no tuviera que comprometerse contra su voluntad.

—No lo sé y no me interesa, acuerdos son acuerdos. Lamentablemente ni tú ni tus hermanos pueden tomar esta responsabilidad, todos están unidos en matrimonio.

—Y Jimin es el único que no está en una relación ni está casado —interrumpió la mujer mayor—. Créeme, él nunca fue la primera opción.

—Sí, querida. Así es.

—¿Eso es todo? —pronunció Jimin, manteniendo la compostura después de la anterior reprimenda—. Necesito seguir con mis deberes si es así.

—Sí, puedes retirarte.

No esperó a que ninguno de los presentes dijera algo más, salió del salón rumbo a su dormitorio. Tratando de que las lágrimas de furia no bajaran por sus mejillas. Escuchó el sonido de pasos tras él, sabía que se trataba de Jihyo, pero no le importó. Al divisar la puerta marrón de su habitación corrió hacia ella, ignorando los llamados incesantes de su hermana.

Cerró con pestillo y solo un segundo después Jihyo llegó a su puerta, llamando desesperadamente.

—Jimin, ábreme, por favor. Necesitamos hablar, ¿si?

—No pasa nada, Hyo.

—Abre la puerta, entonces —su voz sonaba amortiguada por la madera, pero la urgencia y la tristeza eran palpables.

—No te preocupes por mí, estaré bien. Vete a casa.

Mordió el interior de su boca hasta que probó el sabor metálico de la sangre, se negaba a demostrar su llanto, aunque se tratara de su hermana.

—Jimin...

—Estaré bien, Jihyo —susurró casi inaudible, sin ser capaz de aguantar los sollozos en su garganta—. Tengo que estarlo.

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El día de la celebración llegó inesperadamente más rápido de lo que Jimin hubiera querido. Había un montón de servidumbre arreglando el salón de baile y el costurero real lo molestaba en cada oportunidad. Jimin no se encontraba acostumbrado a tanta atención, solía pasar desapercibido por todo el mundo y que de la nada tuviese a cinco sirvientes tras él voló su cabeza. Quería salir y dar la vuelta por el jardín del castillo, pero ni eso le fue permitido, estaba infestado de gente corriendo y arreglando cosas aquí y allá.

Perdió la noción del tiempo, un segundo estaba observando el trabajo de decoración y al siguiente estaba preparado para bajar y recibir a los invitados.

En la primera hora de la noche, lo vio.

Observó al hombre vistiendo un traje amoldado a su gran figura, poseía un porte envidiable y era extremadamente atractivo. No fue necesario que alguien le avisara que aquel joven se trataba de su futuro esposo, él mismo se dio cuenta. En algún punto de la velada sus miradas se cruzaron, Jimin sintió que el mundo se detuvo, el latido de su corazón desbocado y un sonrojo parecido a una manzana roja en invierno se apoderó de sus mejillas.

Por su hermano mayor, Youngjae, supo que su prometido era de la edad de Jihyo, veintiocho años, era rey del clan Jeon desde la muerte de su padre y también era hijo único. No hubo más información al respecto. Jimin se sintió inseguro, su futuro esposo era demasiado mayor para su gusto, pero no podía decir nada.

No tenía voz ni voto en la discusión.

Cuando su padre por fin los presentó, el rey Jeon tomó su mano y le besó los nudillos, saludándolo con una sonrisa coqueta.

—Es un placer finalmente conocerlo, Príncipe Jimin.

—Lo mismo digo, Su Alteza.

—¿Me permitiría esta pieza? —preguntó, ofreciendo su mano y mostrando una expresión serena. Jimin aceptó de manera obediente. Al fin y al cabo, esa debería ser la actitud que tuviese de ahora en adelante.

Los preparativos para la ceremonia comenzaron pocas semanas después del baile. Con Jimin siendo cortejado por el rey Jeon, se ganó su respeto y de cierta forma también su confianza. Era un hombre honorable y dispuesto a cumplir con las responsabilidades de su reino. Le prometió un mundo lleno de amor y palabras bonitas, en el cual Jimin fácilmente cayó. Como alguna vez le llamó su madre, era un niño ingenuo.

En la llegada del otoño fue consagrado su matrimonio y cuando el primer lirio de los hermosos arreglos florales de la celebración se marchitó, Jimin se despedía de su familia.

Sin nada más que promesas vacías, se entregó ciegamente a la boca del lobo.


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