You're going to bite me, alpha
Me despierto asustado, ¿dónde carajos estoy? Está no es mi habitación. Lo último que recuerdo es haber estado en el bar de Liam, bebiendo un par de cervezas, cuando esté omega de ojos grises se me acerco ofreciéndome otra. Era lindo, aunque no buscaba diversión con nadie se la acepte porque una charla no parecía del todo mala. Supongo que el maldito me drogo, porque no sé cómo he terminado en este… ¿sótano? ¿Bodega? No hay ninguna jodida ventana, no hay ninguna luz. No puedo ver ni siquiera si hay puerta. Me encuentro atado a una silla, no veo nada pero siento las sogas en mis muñecas tras la espalda y los pies me es imposible separarlos.
¿Qué quiere ese omega? ¿Me trajo aquí él solo? ¿Trabaja para alguien? Yo no tengo enemigos, ¿quién podría querer hacerme esto?
10: 30 am
Abro de nuevo los ojos. No sé en qué momento me he vuelto a quedar dormido. Mi mente sigue muy confusa, sigo sintiéndome drogado pero a pesar de estar prisionero no siento miedo, no todavía. Aunque si muchas preguntas y solo un nombre en la mente. Louis. Mi omega. Hace un par de semanas que nos separamos, todo por culpa de un malentendido. No he querido marcarlo todavía y él cree que es porque le soy infiel. Si tan solo me escuchara, no tengo ojos para nadie más… lo único que quiero es hacer las cosas bien. Pedir permiso a sus padres, quizá antes hacer una linda ceremonia. Los lobos no acostumbramos a casarnos, pero sería lindo poder verlo con un traje blanco y nuestros amigos reunidos con la familia, celebrar nuestra unión con ellos. No quiero solo tomarlo, como hacen los demás alfas con sus omegas, porque Louis no merece eso. Louis merece que lo adoren de mil maneras…
11: 23 am
Alguien ha llegado. Escuche una puerta abrirse pero ninguna luz llega a mí. ¿Qué horas serán? ¿Cuánto tiempo llevo aquí? Siento que ha pasado una eternidad… ¿Habrá pasado ya una eternidad? ¿Para qué me tienen aquí?
Hay pasos acercándose a mí y es tanta la oscuridad que no puedo distinguir nada, pero no hace falta porque el aroma a manzanas verdes que de pronto llena el sitio yo podría reconocerlo entre mil aromas diferentes, incluso en un sitio abarrotado de lobos.
Cuando su mano pequeña me toma de la barbilla para mantener firme mi cabeza suelto un suspiro. Dos semanas sin él me han parecido una eternidad y estoy tan aliviado de sentirlo que por el momento no pienso en preguntar porque me ha mandado traer aquí. Sus ojos azules relucen en la oscuridad, es lo único que hay en está, dos zafiros luminosos que me atraviesan.
— ¿Tu madre nunca te dijo que no debes aceptar bebidas de extraños? ¿O es que a los alfas no les advierten eso en casa?— su voz suena cargada de burla pero me reconforta extrañamente.
—Lo hacen, sí. Pero nunca creí que mi loco omega me mandaría secuestrar poniéndome de anzuelo una cerveza en manos de otro— respondo. Siento mis manos picar por tocarlo, necesito que se acerque más a mí pero no lo hace, en lugar de eso suelta mi barbilla.
—A decir verdad no creí que fuera tan fácil, una parte de mí pensó que negarías la bebida— su voz se vuelve más aguda cuando se siente afligido. Hago una mueca que no estoy seguro de que pueda ver.
—Omega… no— niego con la cabeza, repetidas veces. Lo que sea que está pensando, no es así, no es bueno—. No la acepte porque quisiera algo con él. Solo quería charlar con alguien.
—No importa, Harry— susurra bajito—. No importa.
Pero sé que si lo hace.
12: 33 pm
Louis me volvió a dejar solo. Siento un pinchazo en el torso y las muñecas me comienzan a arder, me pican. Me duele el trasero, también. Llevo horas en está incómoda posición. Necesito un jodido baño pero a mi omega parece no importarle ninguna de mis necesidades. ¿Cuánto tiempo me ha tenido aquí? Mi vejiga explotará, no creo aguantar más horas.
01: 17 pm
Abro de nuevo los ojos cuando siento que me está quitando las sogas de los pies. Sin decir nada, me ayuda a levantarme y me guía en la oscuridad, luego escucho el abrir de una puerta y vuelve a guiarme hasta que siento algo chocar con mis rodillas. Louis con sus movimientos me insta a sentarme, es una superficie dura e incómoda pero no le digo nada. El silencio que nos rodea es tan espeso que no quiero cortarlo por temor a su reacción.
En mi pecho siento su aflicción. Mi alfa se muere por tomarlo en brazos y acurrucarlo contra mí.
—Voy a bañarte— murmura, alejándose de mí para encender un par de velas.
La nueva iluminación no es mucha, pero me permite ver su bonito rostro. Tiene ojeras muy marcadas pero estás no opacan sus preciosos zafiros que atraviesan mi alma.
—Puedes hacerme lo que quieras, omega— digo con sumisión.
Los alfas de todo el mundo estarían retorciéndose de oírme. No importa. No importa nada. Pertenezco a este loco omega que sigo sin saber cómo hizo para secuestrarme.
02: 23 pm
Louis me ayuda a vestirme luego del baño más silencioso y largo de mi vida. La ropa que me pone es muy simple, un pantalón de chándal y una playera que reconozco como míos. Después me lleva otra vez a través de la oscuridad hasta sentarme de nuevo en la silla de antes.
— ¿No podrías desatarme, omega?
—No— responde tajante, ajustando de nuevo mis muñecas atadas tras mi espalda.
—Pero no voy a hacerte nada, ¿por qué no me desatas?
—Porque no tienes permitido tocarme aún.
Sonrío ante su respuesta, soltando un suspiro cuando lo siento acariciar mis bíceps con sutileza al terminar su trabajo. Ahí donde toca, mi piel arde.
—Voy a alimentarte ahora— me informa, alejándose de mí.
Escucho una puerta abrirse y cerrarse y luego nada, aunque no pasa mucho tiempo para que Louis vuelva con una bandeja en manos. Sobre esta, hay una vela pequeña que ilumina lo suficiente para que él vuelva acercarse a mí sin tropezar en la oscuridad. Distingo entre la poca luminosidad una pequeña mesa portable que Louis acerca a mí luego de depositar en ella la bandeja de comida.
— ¿Qué es eso?— pregunto, no puedo evitar sentir un poco de desconfianza. Sé que él no planea matarme, así que no podría envenenarme pero… ¿y si me vuelve a drogar con tal de dormirme?
—Pasta, alfa. Y un poco de jugo de manzanas.
— ¿Nada de drogas?— pregunto para asegurarme.
Louis suelta una risa ante mi comentario. Tapa su boca rápidamente para esconderla, porque se supone que tiene un papel de secuestrador que mantener. Mi omega tan loco. Tan hermoso. Anhelaba oír su risa, ver su risa.
—No, alfa, nada de drogas— responde con una risa reprimida.
03: 58 pm
El tiempo pasa y Louis no vuelve a irse. Aún no me dice porque me tiene aquí o dónde estamos y yo no trato tampoco de descubrirlo. Estoy con él, nada malo podría pasar.
04: 20 pm
Pregunto por curiosidad la hora cuando siento que necesito usar el baño de nuevo. Louis se ha mantenido en silencio sentado lejos de mí luego de haberme dado de comer, pero su mirada no me deja en ningún momento. Me lleva al baño y me ayuda en todo pues no me desata; su tacto sobre mí es sutil y me vuelve loco.
—Faltan cuarenta minutos para las cinco— responde, sentándome otra vez en la silla.
— ¿De la mañana?— pregunto confundido.
—De la tarde.
— ¿Cuánto tiempo me has tenido aquí?
Pero eso no lo responde.
05: 36 pm
No estoy seguro si han pasado horas o minutos cuando él vuelve a salir del cuarto.
Y no regresa.
10: 19 pm
Abro los ojos desorientado cuando siento un peso extra encima de mí. Louis me toma el rostro con sus manos, ejerciendo fuerza, y simplemente me mira sentado sobre mis piernas.
— ¿Me amas, alfa?
Frunzo el ceño ante la pregunta.
— ¿Lo dudas?
—Esa no es una respuesta.
—Omega loco, te amo con todo mi jodido ser. Eres mi vida.
Siento su sonrisa cuando presiona sus labios con los míos. Respondo ansioso el contacto y él ríe suavemente, alejándose demasiado pronto para mí gusto.
—Desátame— pido frustrado.
—No todavía, alfa— me acaricia el rostro con sus suaves manos—. Aparte, dijiste que podía hacer contigo lo que quisiera. Y quiero tenerte atado aún.
—Eso no tiene sentido, omega.
—No debe tenerlo— se ríe, bajando de mí—. ¿Quieres que ponga música?
—Con lo aburrido que estoy sería mejor una película— bufó, haciéndole reír bajito.
—Está bien, una película será.
Estoy algo sorprendido cuando acerca a mí su iPad, iniciando sesión inmediatamente en Netflix.
10: 54 pm
Después de un capítulo completo de Disjointed, mis tripas gruñen haciendo a Louis apartarse de su asiento sobre mí. Han sido los treinta minutos más largos de mi vida, sintiendo su tibio peso encima de mis piernas con su cuello tan cerca de mi rostro, desprendiendo ese delicioso aroma a manzanas, vibrando completo con cada risa que suelta taladrando deliciosamente mis oídos.
—Voy a darte de comer, alfa— anuncia poniéndose de pie, yéndose y llevando el iPad con él.
Unos cuantos minutos después regresa, con la misma bandeja que uso anteriormente, alumbrándose el camino con la vela. Deja todo en la mesita, acercándola de nuevo a mí.
— ¿Es más pasta?— pregunto, frunciendo el ceño ante la bandeja.
Está vez hay dos pequeños platos de unicel cubiertos, un mini bowl de ensalada, otro con pan y dos vasos. Reconozco el jugo de manzana.
—No, compre lasagna en el restaurante que tanto te gusta— me sonríe con calidez.
Mi alfa ronronea ante la sonrisa. Se siente bien que me consienta, incluso si me tiene atado.
Cenamos tranquilamente, con otro capítulo de Disjointed amenizando la cena. Cuando empieza uno nuevo y va un poco avanzado, decido preguntar:
— ¿No vas a decirme porque estoy aquí?
—No— responde, mordiendo un trozo de pan—. ¿Quieres más jugo?
—Sí, y que me digas al menos que hice para ganarme estar aquí— pido.
—Mhmm, déjame ver— contesta con una sonrisa, levantándose con mi vaso de jugo. No tarda mucho en volver con el vaso lleno, sin derramar nada en la tenue luz—. Aquí tienes— lo acerca a mis labios y, mientras bebo, dice—. Creo que tú sabes bien que has hecho, alfa.
— ¿Estoy aquí porque no quise marcarte en tu celo pasado?— pregunto confundido cuando aleja el vaso de mis labios, lo veo asentir—. ¿Y por eso te fuiste casi tres semanas a Londres con Lottie?
—Tenía que pensar muchas cosas, alfa— se encoge de hombros, dejando el vaso en la bandeja y alejando la mesa de nosotros antes de sentarse en mis piernas, otra vez—. Y planear esto.
—Estás loco, Louis— suspiro, besando su hombro que está tentadoramente a mi alcance. Él también suspira cuando siente mis labios sobre la fina tela de su camiseta y yo repito la acción dos, tres, cuatro veces más.
— ¿Por qué no quisiste marcarme, alfa?— pregunta afligido, abrazándose a mí.
Mi dulce omega entierra su rostro en mi cuello, aspirando mi aroma a profundidad. Sus labios rozan suavemente mi yugular, erizándome la piel por completo.
—Porque quiero hacerlo especial— respondo rendido ante la sensación que me causa.
—Pero es especial porque somos nosotros— se aleja de mi cuello, mirándome a los ojos—. Hasta mis padres esperan que me marques y tú no lo haces. Es sospechoso.
— ¿Sospechoso porque razón?— frunzo el ceño.
—Creen que después de dos años juntos no me has marcado porque no estás seguro de quererme— se encoge de hombros como si no fuera de importancia, pero su voz refleja que también él lo ha llegado a pensar—. Tenemos más de veintitrés años, debería estarte dando cachorros y no peleando para que te enlaces conmigo.
—Yo todo lo que quiero es hacerlo especial, planearlo— discuto con un suspiro cansado—. Sé que los lobos no acostumbran las bodas como los humanos pero me gustaría poder celebrar por todos los aires nuestro lazo. Lamento pensar así y no tomarte mientras enloquecías por el celo.
—Enloquecido o no por el celo estaba seguro de querer tu mordida— resopla, poniéndose de pie con enojo—. Nunca he querido una boda o una jodida fiesta, lo que necesitaba era tus dientes atravesando mi maldita piel.
— ¿Y ya no lo necesitas?— pregunto sintiéndome alterado. Mi alfa gruñe por levantarse y tomarlo y sentarlo de nuevo en mi regazo.
— ¿Por qué otra razón estarías aquí?
12: 14 am
Le pido un poco más de jugo a Louis luego de nuestra pelea. Después de su última pregunta, tan misteriosa, me dejo solo por un rato. Cuando volvió lo primero que hice fue pedírselo, totalmente sediento.
—Se acabó el de manzana, hay de mango— se encoje de hombros, con el vaso en mano.
—Sabes que no me gusta el jugo de mango— hago una mueca—. ¿No tienes agua?
—No, ¿quieres el jugo o…?
Lo acepto con un suspiro de resignación.
Maldito error.
02: 13 am
Abro los ojos desorientado.
Lo primero que noto es que ahora estoy acostado en un colchón blando, mis muñecas siguen atadas pero está vez frente a mí y el cuerpo cálido de mi omega se abraza al mío por mi espalda.
Lo segundo que noto es un mareo terrible y unas ganas incontrolables de orinar.
—Louis, Louis— le llamo, tratando de girarme entre su abrazo para estar boca arriba y no de costado—. Louis, necesito ir al baño— digo un poco desesperado y ante su falta de movimiento levanto un poco más la voz—. ¡Louis, baño!
—Mhmm— se suelta de mí, restregando sus ojitos.
Eso es lo tercero que noto. La habitación tiene luz, poquísima pero tiene, la suficiente para mirarlo a él y las cobijas que nos cubren. Son las mismas que tengo en el departamento que comparto con mi mejor amigo Mitch. ¿Él le habrá ayudado a traerme aquí?
Seguramente sí. ¿Qué otro alfa habría estado de acuerdo? Estoy seguro de que incluso él le consiguió la maldita droga que me dio en la cerveza y ese jodido jugo de mango que me mando a dormir sin mi consentimiento.
—Ven, ven— me ayuda a ponerme de pie.
Es un poco complicado considerando mi mareo.
—Me volviste a drogar— le acuso, sintiéndome atontado.
Mis pasos son torpes junto a los suyos. Louis no responde, me guía a través hasta una puerta de madera que ahora identifico como la puerta del baño.
—Tenía que hacerte dormir, perdón— dice pero no hay arrepentimiento en su voz.
— ¿Qué me diste? Estoy muy mareado— me quejo, dejándome bajar el chándal. Está vez él no tiene que ayudarme a orinar porque tengo mis manos al frente—. Me siento como enfermo.
—Vamos a acostarte otra vez— es todo lo que dice, subiéndome el pantalón cuando termino.
Me lava las manos y las seca antes de llevarme otra vez a la cama. Le presto vaga atención mientras intenta hacerme sentar. No es muy alta y tiene una cabecera de barrotes de metal en la que me apoyo con mis manos amarradas para evitar que me siente.
—Estoy harto de dormir, omega— replico, bufando molesto—. Y harto de estar amarrado.
—Duerme— me empuja otra vez.
Y aunque no quiero, tengo que ceder y vuelvo a hacerlo.
Puto Mitch y sus drogas.
04: 23 am
Un pinchazo de calor infernal me provoca abrir los ojos.
—Louis— gruño en cuanto me doy cuenta de la situación.
No sé si fue la droga o qué razón, pero estoy entrando en celo y eso no tendría que pasar hasta en al menos una semana más. Estoy entendiendo el maldito plan de mi omega.
O al menos eso creo cuando noto que mis manos están esposadas a la cabecera. Mis pies están libres, milagrosamente. Y estoy jodidamente desnudo, mi erección alzada en toda su gloria.
—Omega— vuelvo a llamar ante su ausencia, reprimiendo el instinto de usar la voz.
Miro alrededor desesperado, buscándolo. En la mesa dónde me sirvió comida está encendida la lámpara del escritorio de mi habitación, que me permite ver lo reducido del espacio. La cama siempre estuvo detrás de mí cuando estuve sentado en la maldita silla borratraseros. Me doy cuenta, además, de que si hay ventana. El vidrio está teñido de negro, impidiendo la maldita entrada a luz exterior.
Y hay dos puertas de madera, no una. Si una es la del baño la otra debe de ser una cocina, de dónde él estuvo trayendo mis alimentos. ¿Pero qué es exactamente este sitio? Mejor aún, ¿de quién jodidos es? ¿Y dónde maldita sea está mi omega? Lo necesito ahora.
— ¡Omega!— grito, haciendo uso de la voz.
Está vez si aparece. La puerta que identifico ahora como la cocina —o la que al menos lleva a está— se abre con timidez y Louis asoma la cabeza, mirándome con sus ojos de par en par y su labio inferior entre sus dientes.
—Ven aquí, Louis— le pido, mi respiración acelerada y una mueca de dolor en mi rostro cuando siento otra ola de calor recorrerme al llegarme su dulce olor.
— Ya comenzó— sonríe de oreja a oreja, como el maldito Cheshire*.
Entonces entra, cerrando la puerta y abriendo mi boca a la vez con rapidez. Lleva un jodido baby-doll color índigo. Además de abrirme la boca me ha quitado la respiración. Se ve exquisito.
Me deleito con la vista de sus curvas suavemente cubiertas por esa tela semitransparente; sus clavículas lucen apetitosas pero no tanto como sus pezones adornados por el pecho de encaje del baby-doll. Lo mejor de todo, es que trae puesta una braga también de encaje que luce húmeda ahí donde aprieta a su miembro ya erecto.
Mi alfa aúlla en mi interior, enloquecido con semejante vista y el contoneo de sus caderas cuando camina hacia la cama, trepando con rapidez.
—Te ves delicioso— digo sin aliento.
— ¿Tanto como para morderme, alfa?— pregunta con voz dulce, sentándose a horcajadas sobre mis piernas. Peligrosamente cerca de mi miembro pero a la vez dolorosamente lejos.
—No— gruño con los dientes apretados.
—Respuesta incorrecta, alfa— gruñe también, cruzando sus brazos sobre su pecho.
—No voy a morderte— digo molesto, alzando mis caderas para moverlo. Mi acción lo sorprende, haciéndolo bajar sus brazos y posarlos en mi pecho, acercándolo más a mi erección. Sí—. Desátame.
—Márcame— replica, acercando su cuello a mi rostro.
Su vena carótida queda justo en mi boca. Es una jodida tentación para mi alfa, mucho más cuando estoy en celo. Él lo sabe, maldición, lo sabe.
Si es un plan.
—Todavía no estoy tan enloquecido para acceder— gruño, moviéndome otra vez.
Necesito jodida fricción.
—Lo estarás— dice sonriendo, alejándome su cuello solo para alzarse de nuevo sobre mí, con sus manos en mi pecho para malditamente moverse.
—Joder, sí— suelto un gemido al sentir la tela de su braga rozarme cuando alinea su perineo con mi miembro, moviéndose con un gemido ahogado en busca de fricción para ambos.
—Vas a morderme, alfa— dice con un gemido, friccionándose tortuosamente. Su lubricación natural está humedeciendo toda la braga.
—Muévete más rápido— ordeno, ignorando sus palabras.
Louis se ríe, deteniéndose en lugar de hacerme caso. Suelto un gruñido cuando se alza sobre sus rodillas, pero él solo mueve la diminuta braga hacia un lado con su mano izquierda tomando mi miembro con la otra.
— ¿Qué haces?— pregunto con un jadeo.
—Complacerte— responde con falsa inocencia, penetrándose a sí mismo con mi miembro.
—Maldición— digo con un gemido ronco, sintiendo la calidez envolverme—. Te preparaste— le acuso al notar que no hace ninguna cara de dolor, está deliciosamente dilatado para mí.
—Solo para ti— jadea, mi polla enterrada en él hasta el fondo. Delicioso.
—Muévete— pido, resistiéndome de alzar las caderas para embestirlo. Necesito que sea él el que haga el primer movimiento, necesito estar seguro de qué está bien.
—Alfa mandón— replica juguetonamente, moviéndose circular y suavemente.
Pero pronto eso no es suficiente para ninguno y lo tengo brincando sobre mí, impulsándose con sus pequeñas manos en mi pecho. El calor del celo es abrasador, ahí donde mi piel choca con la suya siento fuego. Su aroma a manzanas está en todo el cuarto igual que sus gemidos que son música celestial para mí.
Me muero por tocarlo. Las jodidas esposas me hacen daño. Mi alfa está frustrado.
—Ah, ahh… Mhmm, alfa— gime, llevándose las manos bajo la lencería para acariciarse el pecho.
—Sí me solta-ras podr…— empiezo a renegar, entre gemidos, frustrado de mirarlo tocarse como yo quiero tocarlo.
—Sí me mordie- mordieras— replica cortándome, con una mano pellizcando un pezón y la otra en mi abdomen, sin dejar de rebotar.
Estoy comenzando a frustrarme de verdad, también me siento un poco enojado. Louis no piensa ceder y yo no quiero ceder, pero a este paso…
Flexiono mis rodillas para encontrarlo en medio de un rebote, sorprendiéndolo. Me basta ese movimiento para dar correctamente con su punto dulce, haciéndolo jadear.
Yo también puedo jugar a esto de enloquecernos.
— ¿Te gusta eso, omega?— pregunto, moviendo mis caderas otra vez con el mismo movimiento, haciéndole temblar y que caiga contra mi pecho, su miembro aprisionado entre nosotros y su rostro sudoroso frente al mío. Busca mis labios rápidamente, dándome un beso desordenado mientras se mueve a mi nuevo ritmo—. Mhmm, responde omega.
Louis se aleja de mí viéndome con ojos brillosos. Sus mejillas están sonrojadas y luce tan hermoso que me pican las palmas de las manos por no poder tocarlo.
—Márcame, alfa— me pide con un lloriqueo necesitado, acercando su cuello a mis labios.
Aunque he estado tratando de contenerme en todo momento, a pesar de los calores del celo, mi alfa reacciona ante la cercanía y mis colmillos se asoman. Beso su cuello, acercándome al lóbulo de su oreja para tomarlo entre mis labios, ignorando la salida de mis colmillos.
No dejo de embestirlo en ningún momento, cada vez más desesperado por buscar mi liberación y hacerlo callar. No quiero marcarlo así. Pero todo parece en mi contra, incluso mi alfa.
—Desátame— digo en cambio.
Louis niega con la cabeza y se aleja de mí mirándome con su bonito rostro enojado. Me toma por la barbilla con una mano, apretándome.
—Te dije que no hasta que lo hagas— gruñe, dando un salto sobre mi polla que me hace bajar las piernas débilmente.
Sonríe triunfante, brincando de nuevo sobre mí con un ritmo enojado. Encuentra su próstata fácilmente, mordiendo sus labios con fuerza para no gritar. No está tocando su miembro y dudo que haga falta, a mí tampoco me falta nada para correrme. La vista que me regala este Louis rebotando furioso sobre mí, con ese maldito baby-doll —que en otro momento ya habría arrancado de su piel—, es suficiente para hacerme llegar al límite en cuestión de segundos.
Mi loco omega jadea cuando lo sorprende mi descarga. Apretándome las mejillas para hacerme fruncir los labios me da un beso duro, ahogando un grito cuando se corre también, manchando mi abdomen.
Gruño mientras siento mi nudo formarse dentro de él y su pequeño cuerpo relajarse con eso, volviendo el beso más suave y desordenado, quedándose quieto sobre mi pecho.
—Estás loco— digo suavemente contra sus labios, mirándolo con adoración.
— ¿Quieres agua?— pregunta con una sonrisa boba, sacando mi polla de su interior cuando baja mi nudo.
—Por favor— asiento.
—Eres un buen alfa, incluso cuando estás en celo— me dice cariñoso, pero hay algo más en su afirmación que me hace fruncir el ceño.
No puedo decir nada, porque baja de la cama acomodando su braguita en el proceso, caminando con rapidez fuera del cuarto para ir por el agua.
— ¿Es malo que sea un buen alfa también cuando estoy en celo?— es lo primero que pregunto cuando vuelve, confundido todavía.
—No es malo, solo me complica las cosas— responde con una risa dulce, acercándome el vaso de agua a los labios. Me ayuda a alzar la cabeza lo suficiente para beber sin ahogarme.
—No quiero marcarte así, Lou— digo después de beber, negando con la cabeza.
—Entonces pasaras este celo amarrado— se encoje de hombros, alejándose de mí.
Él simplemente vuelve a salir de la habitación, dejándome solo.
Solo espero que el siguiente calor tarde un poco.
06: 19 am
Para cuando me llega el siguiente calor he tenido tiempo suficiente para pensar.
— ¡Omega!— grito, decidiendo dejarle el control total de la situación a mi alfa.
No tarda mucho en aparecer. Sigue con el baby-doll puesto pero su rostro está somnoliento, aun así sonríe emocionado cuando me ve, dirigiendo su mirada a mi polla erecta.
— ¿Listo otra vez?— pregunta con fingida inocencia, cerrando la puerta.
—Ven— ordeno.
Louis pega un brinquito cuando vuelvo a usar la voz. Se apresura hacia mí, subiendo rápidamente a la cama para sentarse a horcajadas sobre mí.
—No, desátame— gruño.
—No— lloriquea, negando repetidas veces con la cabeza. Lo miro temblar, nunca he usado mi voz de esta manera con él. Jamás le haría daño, pero necesito que me suelte de una jodida vez.
—Hazlo— ordeno.
Mi omega frunce el ceño, mirándome con ojos llorosos, molesto.
—Deja de hacer eso— dice con un lloriqueo, sus manos temblando. Me mira fijamente, sus ojos reflejan su molestia—. Márcame, alfa— niego con la cabeza y él suelta un gemido desesperado, sollozando—. Márcame y hacemos una maldita fiesta después— suplica.
Me le quedo viendo con la boca abierta ante eso. Es un puto momento de clarividencia para ambos cuando me mira a los ojos luego de decir eso.
—Suéltame— le pido con voz suave.
Louis sonríe, refregándose su ojitos antes de asentir rápidamente. Baja de mí, caminando hacia la mesita donde está la lámpara encendida. Regresa a mí con un par de llaves y sin preámbulos, me quita el par de esposas.
En cuanto estoy libre, me muevo para tomarlo en brazos y arrastrarlo a la cama conmigo, tumbándolo debajo de mí.
—Voy a comerte entero— gruño antes de besarlo con fuerza, presionando mi erección contra su muslo desnudo.
Adentro mis manos bajo la tela semitransparente, acariciando con avidez la suave piel de su abdomen. Louis suelta un suspiro ante mi toca, temblando. Subo por su torso, hasta llegar a sus pezones que pellizco entre mis dedos, mordiendo a la vez sus labios con suavidad.
—Alfa— suspira contra mis labios, retorciéndose debajo de mí.
Me separo, tomándolo de las caderas para elevarlo. Louis se deja hacer, sumiso ante mi toque, haciendo gemir de gusto a mi alfa.
—Ponte sobre tus rodillas e inclínate— le pido, ayudándole a voltearse.
Asiente con rapidez, haciéndome caso. Cuando lo tengo como quiero, arranco del camino su pequeña braga, haciéndole gritar.
— ¡Harry!— se queja molesto, girando el rostro para mirarme enojado—. ¡Era nueva! ¿Por qué hiciste eso, animal?— está realmente molesto, tanto que quiere levantarse pero se lo impido, mordiendo una de sus nalgas, palmeando la otra.
—Quieto— le ordeno, masajeando la zona que he palmeado. Me mira molesto pero me hace caso, le sonrío—. Quise arrancarla desde que te vi con ella, lucía muy molesta.
—Maldito alfa— murmura enojado. Le vuelvo a palmear, ganándome un gruñido de protesta que se convierte en jadeo cuando entierro mi rostro entre el pliegue de sus nalgas, buscando con la lengua su tierno agujero.
Le doy una larga lamida empezando desde el perineo, adentrando la lengua en su agujero lubricado. Saboreo el rico jugo, moviendo mi lengua en círculos que le hacen soltar gemidos rápidamente. Aprieto entre mis manos sus glúteos, masajeándolos mientras me muevo probándolo. Siento sus fluidos incrementar en mi boca y pronto está moviendo sus caderas, buscando follarse más duro con mi lengua.
Aunque las olas de calor me están llegando con más fuerza, no le prestó atención todavía a mi polla, más ocupado en follarlo con la lengua. Mi omega tiene un sabor exquisito que no cambiaría por nada del mundo.
—Ah, ahh… alfa— gime, alargando la última vocal. Pega el pecho al colchón, elevando su redondo trasero mucho más para mí. Le doy una nalgada suave, apreciando el cambio.
— ¿Te gusta, amor?— pregunto alejándome un momento, solo para adentrar uno de mis dedos.
Louis suelta un largo gemido ante la intromisión, enterrando el rostro entre las almohadas. Asiente frenéticamente, jadeando cuando toco su próstata. Saco el dedo solo para meter dos, volviendo a presionar en el mismo lugar. Él lloriquea un poco ante eso.
Siento mi polla punzar en necesidad, así que me acomodo detrás de él sin dejar de mover los dedos. Subo la tela del baby-doll, acariciando su espalda con la mano libre.
—Voy a follarte tan bien, omega— digo con un suspiro de adoración, sacando con suavidad mis dedos de su interior.
—Por favor, por favor hazlo, alfa— pide gimiendo, meneando su trasero en alto para mí.
Paso mis dedos otra vez entre sus nalgas, tomando de sus jugos para lubricar mi miembro y así enterrarme en él, rápido y profundo de un solo movimiento.
Él grita de gusto, moviéndose al instante. Tomo sus caderas con fuerza, guiando los movimientos. Salgo de él para volver a enterrarme, fuerte.
—Mhmm alfa— suelta gemidos de gusto, moviendo su rostro hacia un lado para buscar mi mirada.
Conectamos miradas mientras lo embisto con rudeza y él lo acepta todo, como el buen omega que es para mí. Llevo una de mis manos bajo su cuerpo, abrazándolo por el abdomen para alzarlo. Me siento sobre mis piernas flexionadas, formando una silla humana en la que él se puede empalar perfectamente.
Acaricio su vientre mientras da pequeños saltitos sobre mí, gimiendo dulcemente con la cabeza echada hacia atrás recargada en mi hombro. Su cuello queda perfecto a mi alcance, embriagándome con su dulce aroma.
Esta vez cuando mi alfa saca los colmillos no me alejo de la tentación. Los paseo por su suave piel, haciéndolo sentirlos. Lo siento estremecerse, soltando un gemido mezclado con un suspiro.
— ¿Quieres mi mordida, omega?— pregunto en su oído.
—Sí, sí, sí alfa— asiente frenéticamente, buscando pegar más su cuello a mis labios, desesperado.
—Vamos a hacer una maldita gran fiesta cuando salgamos de aquí— gruño, besando su cuello sin dejar de embestirlo. Un beso, una embestida, otro beso, otra embestida más dura—. Vamos a invitar a to- todos nuestros jodidos conocidos— digo, casi como advertencia, pero él solo asiente con el cuerpo vibrando sobre el mío—, en especial a Zayn y a Niall para que le puedas presumir tu mordida a ese maldito omega irlandés— chupo ahí donde irá mi mordida, haciéndole gemir muy alto.
—Hazlo, hazlo— dice enloquecido.
Mi alfa está tan enloquecido como él. Paseándose de un lado a otro anticipando el momento, saboreando su cuello deliciosamente a mi merced.
Tomo su miembro en mi mano derecha bombeándolo a la par de mis embestidas, buscando su liberación y la mía. Cuando siento mi nudo empezar a formarse, le digo:
—Si te muerdo, voy a correr a Mitch del maldito departamento para llevarte conmigo y me vas a dar cachorros pronto. Vamos a volver su habitación la jodida habitación del bebé.
Mi omega suelta un jadeo sorprendido, gimiendo muy alto cuando ataco su punto otra vez.
— ¡Ah, ahh alfa!— acaricio la punta de su pene, pasando mi dedo sobre su hendidura como sé que le gusta—. Quiero tu marca y quiero tus cachorros, alfa.
Y solo necesito eso para liberarme, sintiéndolo a él correrse también.
Suelto su miembro para subir mi mano a su pecho llevando la otra a su cuello, sujetándolo con suave firmeza antes de encajar mis colmillos en su piel. Mi omega lloriquea ante la sensación, sumándose a su incomodidad mi nudo hinchándose en su interior.
Con su sangre brotando en mis labios, siento también el lazo formándose. Fuerte e irrompible. Todas y cada una de sus emociones me embargan, comenzando por la duda de mi amor por él ya disipada hasta su amor por mí, inmenso y puro, loco y apasionado. Sé que ahora siente todo lo que yo, todo el amor que le he tenido siempre.
—Ya, ya amor— susurro al separarme, lamiendo la herida abierta para tranquilizar su ardor y sus suaves sollozos. Lo abrazo con fuerza contra mi pecho, impidiendo que se mueva, besando y lamiendo la reciente mordida—. Te amo tanto, omega. Te amo, te amo.
—Alfa— solloza, totalmente hipersensible.
En cuanto siento mi nudo disminuir salgo con suavidad de él, ganándome un gruñido bajito que me hace sonreír. Mi dulce y loco omega se ha quedado flojito por completo entre mis brazos.
—Vamos a dormir, amor— murmuro en su oído, acostándolo en la cama. Él se deja hacer, sus ojitos mirándome soñolientos y brillosos, totalmente encantados—. ¿Estás bien?
—Sí, ¿y tú?— pregunta con un suspiro, acurrucándose contra mi cuerpo cuando me acuesto junto a él. Lo abrazo con fuerza, dejándolo reposar su cabeza en mi pecho, acariciando su cuello superficialmente para no tocarle la mordida y hacerle doler.
—Lo estoy, omega— contesto contra su cabello.
—Gracias, alfa— murmura en medio de un bostezo, le miro confundido y él dice—. Por ceder, sé que tú querías hacer mejor las cosas pero terminaste haciendo lo que yo quise.
—Como siempre— digo divertido, paso mi brazo por encima de mi pecho hasta alcanzar su costado y acariciarlo—. Ya te mordí, pero ahora de una gran celebración no te salvas.
—Cuando salgamos de aquí— accede con una sonrisa, cerrando sus ojitos luego de dejar un beso ahí donde sus labios me tocan el pecho—. Te amo mucho, alfa.
Sonrío ante sus palabras, sintiendo su respiración cambiar rápidamente cuando queda dormido, volviéndose más suave. Acaricio su mejilla y su boquita entreabierta, totalmente enamorado.
—Voy a hacer que te cases conmigo, omega— prometo antes de dormirme también.