Probando la Verdad

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Summary

Solo quiero probar mi inocencia, solo quiero amar a quien me ama, es más, solo necesito que usted me crea. Queda completamente prohibida la copia y/o adaptaciones de esta novela. Todos los derechos están reservados a sus autores. REGISTRADA EN SAFE CREATIVE© bajo el código: 2212292987817 Cualquier distribución será sancionada.

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Primer error

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Al principio solo eran pequeñas miradas inocentes, pero las miradas esconden muchas cosas, en poco tiempo estas cosas salieron a la luz. La tentación era más fuerte y la resistencia más impotente.

No necesito mucha presentación, si antes no era nadie, ahora todos saben quién soy, estoy en todos las noticias. Todos hablan de cómo Julia White mató a su hijo y ahora está en la cárcel.

Pero ese es el problema de la gente, siempre creen en todo lo que los demás dicen sin pruebas que lo justifiquen.

Por eso contaré mi historia, con la esperanza de que alguien me crea, con la esperanza de que usted me crea.

Había pasado un año desde mi graduación de la universidad, era tan difícil encontrar un trabajo en la ciudad de Washington. Todas las firmas de abogados estaban ocupadas por abogados exitosos con suma experiencia, nadie quería en su firma una abogada recién graduada de la universidad.

Así que aquí estaba, sin un empleo fijo, trabajando en una cafetería haciendo licuados, había trabajado aquí desde que me mudé a esta ciudad para estudiar leyes, pensé que me iría bien, pero ha sido todo lo contrario.

Ahora solo veo a mí familia en las navidades, he pensado volver a casa pero sería un retroceso, mi madre me miraría con cara de pena, mi padre con decepción y mi hermana menor me miraría con arrogancia, toda su vida es perfecta, tiene un esposo exitoso, una hermosa niña de un año y ya está esperando un varón.

No, definitivamente no podía volver a casa, solo me quedaban las incomodas llamadas donde le decía a mamá que todo iba genial, cuando era todo lo contrario.

Tenía 25 años y solo había conseguido un pequeño departamento, mi gato Lewis y un trabajo de medio tiempo en la cafetería, el resto del día me la pasaba encerrada en mis libros.

Ya era de tarde casi noche y mi turno había terminado, pensé en comprar una sopa china e irme a casa, pero eso sonaba aburrido, así que doblé la esquina y entré a lo que solía llamar mi palacio.

Por supuesto, no lo era, pero era la biblioteca más grande de washington, con dos pisos, una pequeña cafetería y lo más importante, repleta de libros impresionantes.

Después de buscar un libro, me senté en la mesa de la esquina, en la que nadie se sentaba y me dispuse a leer. Era impresionante como se iban las horas mientras leía.

—Hola Julia —dijo una voz atrás de mí bastante conocida. La señora Helen se sentó en la mesa que estaba delante de mí —lo siento linda, pero ya es hora de cerrar.

—Está bien, ya es costumbre que me vengas a buscar cuando estás por cerrar.

—¿Qué puedo decir? eres mi clienta favorita, en serio, vienes todos los días —dijo ella con orgullo.

—Si, esa es mi manera de demostrar que no tengo una vida, literal, ya no sé que más hacer, vine aquí por un motivo que no he podido cumplir, me maté estudiando para que todo se resuma a trabajar en una pequeña cafetería —dije frustrada.

—¿Sabes? Todo tiene un propósito, creo que lo sabes, pero aún no lo crees —dijo ella como si supiera el futuro.

—Tienes razón, no lo creo —dije con cierto desdén.

—¿Te gustaría trabajar aquí como gerente principal? —preguntó la señora mayor.

—¿Pero que hay de Lucy? —pregunté sorprendida por su oferta.

—Lucy renunció porque su esposo consiguió un trabajo en Nueva York y pues, ya sabes —dijo Helen.

—Todos casándose y yo aquí estancada —dije con pena.

—Acepta el trabajo, empezarías mañana mismo, este podría ser un paso grande para tu futuro. Sabes que amas este mundo, quizás este sea tu destino —dijo ella segura de sus palabras.

—Lo pensaré Helen —dije parándome de la silla.

—Está bien, cuídate linda, te quiero —dijo ella cuando ya me iba. Era extraño pero era la primera vez que alguien me decía estas palabras desde que llegué aquí.

—Yo también —dije y le dediqué una sonrisa.

Conduje hasta mi apartamento y me preparé para dormir, a los minutos conseguí entrar en un sueño profundo.

Los ruidos de alguien tocando la puerta me despertaron, me levanté rápido para abrir la puerta.

—¿Es usted la señorita Julia White? —preguntó el oficial de policía.

—Si ¿qué pasa? —pregunté asustada.

—Tengo entendido que conocía a la señora Helen ¿algún parentesco? —preguntó.

—Si la conocía de hace cinco años cuando me mudé aquí pero solo somos amigas —respondí.

—Entiendo —dijo e hizo una pausa —la señora Helen murió esta mañana.

Me quedé mirando por unos segundos al oficial con la esperanza de que fuera una broma, pero él mantuvo el semblante duro, me llevé la mano a la boca, no era una persona que llorara fácilmente y menos delante de un desconocido, pero las lágrimas amenazaban con salir.

—Necesita acompañarme, hay unas formas que debe firmar —dijo él.

—¿Firmar? ¿el qué? —pregunté confundida.

—Si, solo venga —dijo él.

Me subí a la patrulla, jamás había estado en una, pero se sentía raro. Nos bajamos en la comisaría, adentro me recibía una oficial la cual me ofreció asiento.

—La señora Helen dejó su herencia a su nombre, necesita firma unos papeles y listo —dijo la oficial.

—¿Qué? —pregunté atónita —debe haber un error, solo eramos amigas.

—Bueno, quizás ella no tenía hijos ni nada, esto suele pasar, no es común, pero pasa. Ella dejó su casa, algunos ahorros y su biblioteca a cargo de usted, para que sean suyos solo tiene que firmar, por supuesto un por ciento va para el gobierno pero el resto es suyo —dijo ella.

—¿No hay otra persona que lo pueda recibir, alguien que sea más cercana a ella? —pregunté, cualquier persona me diría que estaba loca por rechazar esta oportunidad, pero no consideraba correcto aceptar un dinero que no trabajé.

—No tenemos ningún antecedente de un familiar de la señora Helen, además todo está a su nombre, si no lo acepta pasará al estado —dijo ella.

Tomé un suspiro ¿que tan malo sería ser la dueña de la biblioteca más grande de Washington? Después de todo Helen tenía razón, este era un gran cambio, parte del propósito de lo que ella hablaba anoche.

Firmé los papeles y me fui.

En los siguientes días me puse a arreglar todo lo del funeral, buscar un agente de bienes raíces para vender la casa, no creía en esos mitos raros pero por si acaso, renuncié a mi empleo de la cafetería, compré un departamento un poco más grande, llamé a mi familia para decirle la noticia, quienes se alegraron por supuesto.

Ya pasado casi un mes de ese suceso, me encontraba en la biblioteca organizando algunos libros. Se sentía raro ser la dueña de algo tan grande pero ya me estaba adaptando.

—Disculpe, me gustaría devolver este libro de economía —dijo la voz de un chico, cuando levanté la mirada frente a mí estaba un hombre elegante y apuesto, buen semblante y bien vestido, lucía como una persona importante, con su cabello castaño peinado hacia atrás y sus ojos miel claros.

—Claro ¿me puede dar su nombre por favor? —le pregunté tratando de disimular mi interés hacia él.

—Sebastian, Sebastian Carter, mi nombre está en el registro, vengo todo el tiempo —dijo con impecable seguridad.

—Está bien —dije y era cierto, su nombre estaba ahí.

-¿Y Helen? -preguntó él.

Lo miré por unos segundos antes de decirle lo que había pasado, él se mostró sorprendido y apenado y luego dijo -¿quieres ir por un café?

-Aquí vendó café -le dije inmediatamente.

-Si pero no venden helado y ese es tu favorito -dijo con seguridad.

-¿Cómo sabes que es mi favorito? -pregunté confundida.

-Bueno, te he estado espiando por un año -dijo y luego se rió al ver mi cara de horror -solo bromeaba, el helado es el favorito de todos.

-Tienes razón -dije avergonzada por creer que era un acosador.

-¿Qué dices? ¿Vienes? -dijo él.

Antes hubiera dicho que no a alguien que acababa de conocer, pero quería cambiar, quería seguir el consejo de Helen, así que acepté.

Pero ese mis queridos amigos fue mi primer error, el error que empezó todo, el error que detonó la bomba.

Para no cansarlos con aburridos detalles sobre lo que pasó después, solo me resta decir que después de un año nos casamos.