Parte 1:
Mi respiración es pesada y errática, trato de calmarme, trato de que el aire entre con normalidad. Esto me está consumiendo. Tengo que soltarte de una buena vez.
Inhalo todo el oxígeno que puedo acumular en mis pulmones, lo hago hasta que ambos lados de mi corazón queden entumecidos, hasta que el dolor empiece a hacer presencia, esperando a que me ayude a distraerme.
Sin embargo, lo dejo salir, dejo salir el aire que me oprime, hasta que siento que no queda nada en el interior. No puedo continuar haciéndolo, ya no más.
¿Está bien si me quedo sin aire cada vez que te veo? ¿O tan solo escuchar tu nombre? Nadie puede culparme si me siento así por ti. Absolutamente, nadie sabe lo que siento ahora.
Está bien cometer errores a veces, porque cualquier persona puede hacerlo, todos podemos hacerlo. Todos podemos mejorar. De cualquier manera, mi elección no se revertirá.
A pesar de que me dicen que está bien sentir esto, que tan solo es algo que pasara y olvidaré, son nada más que palabras muy usadas. Muy repetitivas, que me sé dé memoria.
Una vez más, contemplo tu espalda. Te veo recoger tus cosas y dejarme solo en esta triste habitación de hotel.
¿Tan poco valgo para ti?
¿Tan poco valgo para mí como para pensar así?
¿Qué me has hecho?
Quiero gritar que no te vayas, que a mi lado serás feliz. Pero sé que es imposible. Tú no me amas, tú amas mi cuerpo y lo que sé hacer con este, no a mí, no a mis sentimientos silenciosos.
Cuando estas tú, a mi lado, todo el dolor que siento se va, mi corazón ingenuo cree que te quedaras. Todo de mi espera que me correspondas, que veas lo que soy realmente. Quiero que me desnudes por completo, te lo pediría si tan solo tú te tomaras el tiempo de escuchar.
Recuerdo y recuerdo, el día en el que te conocí, el que te vi por primera vez y me dejaste hechizado. Estabas solo, sentado y apoyado sobre la barra, tomando un trago amargo.
Cada cierto tiempo, tus ojos, cuál imán, se perdían en mí y cuando yo te devolvía la mirada bajabas la cabeza, escondiéndote de mí. Eras tan tímido, tanto, que cuando me acerqué casi caes al suelo, ¿por el susto? No sé la verdadera razón aún.
Recuerdo lo avergonzado que estabas. Como te enderezaste en tu asiento y no levantabas la cabeza. Luego te encogiste en tu asiento con los hombros tensos, casi temblando. Tus orejas se habían coloreado de un rojo vivo, delatándote. No soporte tu dulzura por mucho tiempo y me reí lo más bajo que podía para no hacerte sentir aún peor, aunque parecías haberme escuchado, empeorando tu situación y la mía.
Te pregunté si te encontrabas bien y me afirmaste que si, te encare y la vergüenza te atacó de nuevo. Bajaste un poco la cabeza, pero luego con un ceño adorablemente fruncido me invitaste un trago como disculpa por si me sentí incómodo por tu comportamiento. Te dije que no era así, no había problema, que aceptaba el trago con mucho gusto.
Al principio no soltaste muchas palabras, así que tuve que hablar solo por un tiempo, no fue hasta que empezaste a agarrar confianza que la conversación paso de ser unilateral a coqueta. Quedé completamente embelesado contigo. Eras un caballero nato, demasiado tímido, pero un caballero con todas sus letras y bien puestas.
Después de mucha charla, toqueteos sutiles y algunos tragos terminamos enredados en tu departamento. Sabías que era lo que yo hacía en ese lugar, porque me preguntaste algunas cosas, te dije que eso lo arreglaríamos al final. No había prisa alguna. Teníamos toda la noche.
Empezamos con un beso tierno y sencillo, palabras dulces y miradas brillantes. Pensé que el sexo sería suave por tu comportamiento, pero me sorprendió el desenlace de nuestro camino hacia la cama. Terminamos teniendo sexo de esos que son inolvidables, de esos que te dejan en un estado anestésico y el cuerpo de espasmos placenteros de lo bien que estuvo. Te volviste otra persona cuando te pedí que seas menos suave. Eras un “animal” en la cama, tanto que pudiste hacerme temblar de placer como ninguno. Tanto que no pude sacarte de mi cabeza. Tu olor, tu sabor, tu tacto, nada se iba.
Realmente disfrute esa primera vez contigo, me sentí diferente, te sentí muy profundo.
Luego llego la segunda vez, luego la tercera, la cuarta, y así hasta hace varias semanas que cambiaste de actitud. Comenzaste a ser tajante conmigo, ya no me llenas de palabras bonitas como antes, siento que te estoy perdiendo —lo que es absurdo. Aunque, como diría tu padre, no debería dolerme, ni en lo más mínimo, después de todo soy solo un juguete muy usado, que en algún momento te cansaras de ver y te conseguirás otro más bonito y brillante. Uno que no esté manchado.
Tu padre es muy cruel. Me amenazó con lastimarte si yo no dejaba de verte, por eso ahora mis lágrimas son interminables. Pensar que tu indiferencia seria de gran ayuda, pero nada es lo que parece. Aun cuando tú me tratas diferente, yo no puedo quitarte de mi cabeza, ni de mi corazón.
Me levanto, seco mis lágrimas y me doy una ducha rápida. Cambio mi ropa a una más cómoda, mi jornada acabó con Jungkook, así que no había problema si me cambio con las prendas más holgadas que tenga. No tengo que provocar a nadie, no por ahora.
Suspiro, peino mi cabello que está volviéndose largo, termino y salgo hacia la salida del hotel. Mis ojos por lo menos ya no están hinchados después de llorar tanto, la ducha ayudó mucho para desaparecerlas.
El viento está muy fuerte así que me apresuro a conseguir un taxi, mi cabello aún está mojado y el frío está calando muy fuerte en mí.
Ingresando a mi habitación me lanzo directamente hacia cama y recapitulo lo que paso con Jungkook hasta el momento, tengo que dejarlo ir, eso lo tengo presente. No creo que le moleste, él puede conseguir a la persona que quiera sin siquiera mover un solo dedo. Una mirada suya es suficiente para caer a sus pies, yo no tengo un espacio en su vida. No más.
Cierro los ojos, cansado de todo, de mi vida, del estado patético en el que esto logra crear en mí. De mi trabajo. De Jungkook. Todo.
Es madrugada cuando el timbre de mi casa suena insistente. Molesto por la hora y un poco sorprendido me dirijo hacia la puerta. Abro lentamente y me encuentro con Jungkook, permanece cabizbajo y apoyado en el marco de la puerta, parece borracho, pero no huele a alcohol. Me trae muchos recuerdos verlo de nuevo, pero los aparto rápidamente.
—¿Qué haces aquí? —Pregunto inseguro, tratando de tapar lo más que pueda mi cuerpo semidesnudo con la bata de seda que traigo.
Él levanta la mirada y sus ojos están rojos e hinchados. ¿Ha llorado? ¿Qué mierda paso?
—Jungkook, ¿algo está mal? —le hablo un poco alto tratando de que deje de mirarme tan fijamente, me está poniendo muy nervioso. —Primero, entra ¿sí?, está lloviendo muy fuerte.
Él asiente y entra, se dirige al sillón que se encuentra en la sala y se sienta bruscamente, sus manos van hacia ambos lados de su cabeza y apoya sus codos en sus rodillas en una posición encorvada. Parece abatido. Lo que no comprendo, porque en la tarde todo estaba bien, su rostro no lucia lo demacrado que sé ve ahora.
Por favor, dime lo que te pasa, ¿por qué estás así?
Mordiendo mi labio inferior me dirijo hacia él y me siento a su lado. Pongo mi mano en su cabeza y acaricio lentamente, peinando su sedoso cabello y mojado hacia atrás tratando de quitárselo de la cara.
—Jungkook, —mi voz es baja, casi un susurro —¿La señora Jeon, está bien? ¿Le pasó algo? ¿Los doctores dijeron algo?
Aparento tranquilidad, ¿pero si verdaderamente algo le paso a la señora Jeon? Empiezo a angustiarme por mis propios pensamiento, de igual manera espero su respuesta.
Jungkook sigue cabizbajo mientras acaricio su cabello, mis dedos en el proceso rozaban con los suyos. Inclina un poco más la cabeza cuando llego a su nuca. Me acomodo mejor en el sillón y paso saliva, sintiendo mis labios demasiados secos. O solo estoy demasiado nervioso.
—Mi madre está bien, ella está muy bien, está mejorando y… —Su voz es ronca y baja. —Pregunta por ti.
Me sorprendo por eso, él realmente ha estado llorando. Y parece haber gritado, lo escucho afónico.
—Me alegro de que la señora Jeon esté estable, ¿Entonces? ¿Qué te tiene así? —Trato de hacer que la conversación no muera, mis nervios están demasiado encendidos, por eso trato de distraerme también, aunque solo hablemos.
Sentir ansiedad y preocupación a la misma vez no es una buena combinación.
—Tú.
Wah... Como siempre en mi mente se veía mejor.
No se si hacerlo historia completa o solo de algunos capítulos, pero ahí veré que hago.
Hasta aquí mi reporte, me despido con mucho love.
—Anaeu