Aurora

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Summary

A Aurora no le gusta el sexo... o eso ha concluido después de varias relaciones fallidas. Tras confesárselo a su viejo amigo, Calhoun, con quien comparte un complicado pasado y un deseo latiente, él decide ayudarla a encontrar el placer pero manteniéndose como amigos, ya que no cree ser suficiente para ella. Los dos descubrirán que están equivocados... ni ella es tan indiferente al sexo, ni él es tan capaz de mantener sus sentimientos bajo control. Aurora © 2023 by Cassandra Owens is licensed under CC BY-SA 4.0

Status
Complete
Chapters
26
Rating
4.9 10 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

- La verdad, no me gusta el sexo.

De las muchas cosas que Calhoun imaginó que Aurora podía haberle dicho en ese punto, definitivamente esa era una confesión que nunca habría considerado. Cuando la joven doctora le pidió salir a por unas bebidas, imaginó que necesitaba a alguien de confianza con quien charlar sobre sus problemas, como tantas veces habían conversado sobre los de él.

Se encontraron en un pequeño bar muy conocido en Midtown, Houston; al que solían ir tiempo atrás, antes de la última relación de la chica. El lugar, llamado Nouveau Antique, no era ruidoso y tenía un ambiente vintage acentuado por las luces cálidas y las numerosas lámparas de mesa y pie que colgaban del techo y decoraban nichos en las paredes. Como de costumbre, la chica ordenó una piña colada baja en alcohol, mientras que él pidió una copa de vino para mantener sobriedad y seguirle la conversación a la inteligente mujer sentada frente a él.

Y mientras se detenía a procesar lo que aquella hermosa chica apenas en sus 30 años le acababa de confiar, se recordaba que le debía la vida y que habría de estar allí para ella, no importaba a dónde los llevara la conversación. Calhoun siempre fue para Aurora un hombro confiable en el que llorar, y ahora, después de otra relación fallida, imaginó que ella necesitaba desahogarse un poco al respecto.

Sin embargo, Cal se recordó que Aurora nunca había derramado (al menos en público) una lágrima por ninguna de sus parejas: sus preciosas lágrimas estaban reservadas para las almas de las caridades y refugios en los cuales pasaba su poco tiempo libre.

Cal, a sus 48 años, habría pensado que los problemas que esta hermosa y madura joven podía tener con un hombre serían de otra índole. Aurora era una trigueña de 30 años, de estatura mediana y cuerpo bien formado. El cabello castaño medio que solía llevar cortado en un estilo bob un poco por encima de la nuca le daba una apariencia mucho más joven.

Esa noche en particular, Calhoun la encontraba hermosísima en esa blusa rosa pálida que dejaba al descubierto sus hombros ligeramente bronceados y esos jeans negros hasta la cintura que pronunciaban sus caderas redondeadas. Los aretes en forma de flores de cerezo eran un lindo toque que la hacía ver como una diosa de la primavera, al menos a los ojos del hombre que siempre se conformó con adorarla en secreto.

Impidiéndose continuar mirándola embobado, y regresando a la confesión que los había traído aparentemente a aquella noche, Cal pensó que en realidad, Aurora era demasiado fuerte e independiente en sus relaciones, y esto la haría evitar naturalmente meterse en una relación si no le gustaba el sexo.

- Bueno, el sexo no lo es todo en una relación… y hoy en día existe ya mucha aceptación con respecto a la asexualidad – él se lo propuso, intentaría apoyarla a como diera lugar, pero por un momento su corazón se disparó cuando el propio subconsciente lo traicionó al dejarle expresar – ¿Has intentado salir con personas que no necesiten demasiado sexo en una relación de pareja?

Por un par de segundos que parecieron una eternidad, Calhoun inspeccionó su reacción en busca de algún signo de alarma. Pero ella no mostró señal alguna de haberlo notado, así que se calmó un poco.

- Al principio pensé que era solo porque quizás estaba con la persona equivocada… Creí que tal vez ellos no tenían la experiencia necesaria para darme la clase de placer que necesitaba para sentirme satisfecha, o que eran demasiado experimentados como para preguntarme qué era lo que yo quería. Pero luego descubrí que en realidad no necesito demasiado placer… Verás, me gustan los hombres físicamente, pero no lo suficiente como para querer tener sexo tantas veces como ellos lo necesitan.

- Bueno, eso suena a que quizás tengas poca libido.

- Puede ser… Verás Cal, yo disfruto del sexo… en ocasiones, pero incluso así es algo que no me atrae – ella lo miró con una media sonrisa que no llegaba a extenderse a sus ojos, los cuales mezclaban preocupación y algo de tristeza. Luego bajó la mirada al tiempo que jugaba con la pajilla de su cóctel.

Mientras él también miraba su elección de bebida habitual, comentó algo que siempre rondó la cabeza:

- Aurora, yo siempre pensé en ti como una persona muy pura, quizás demasiado pura como para que te preocupase el sexo... – Cal reconoció la expresión que la joven hacía cada vez que se sentía avergonzada. Ella era 18 años más joven que él, pero no solo se veía más juvenil por su apariencia, sino que sus reacciones acentuaban aún más ese aire de ninfa – La forma en que ayudas a tus pacientes, la compasión tan inmensa que sientes por los animalitos en el refugio, tu manera de vez la vida que contagia de esperanza a aquellos que ya no ven sentido a continuar… Siempre pensé que eras demasiado buena para cualquiera de tus parejas…

- Por favor, no actúes como los hombres en mi familia – Aurora transformó de repente su expresión, había pasado de tener un aire de vulnerabilidad a una mirada seria y llena de determinación. Por supuesto, era imposible que Cal no idealizara a Aurora como una chica de corazón puro, lo que era en parte cierto, pero esa misma idealización era la que hacía que a la familia de la chica le disgustaran todos los hombres con los cuales había salido.

Por supuesto, conociendo el temperamento de Aurora (una cualidad que solo aquellos que abusaban de su bondad, actuaban con desdén o cuestionaban sus valores llegaban a conocer), todos en su familia eran lo suficientemente educados como para no expresarlo; pero ella era lo suficientemente inteligente como para notarlo, y aún así no le importaba:

- Siempre he aprendido algo de mis parejas, si no sobre la naturaleza humana y de los hombres, acerca de mi misma. Y esa experiencia es algo de lo que siempre estaré agradecida.

Formas de pensar como esa hacían a Calhoun estar seguro de que Aurora estaba destinada a la grandeza, ella solía derramar su verdad sobre sus palabras como un río que sanaba los oídos de quienes la escuchaban. Y su altruismo, aún si en ocasiones lo ocultaba con sarcasmo o humor negro, siempre salía a relucir si acaso su esencia era cuestionada. Esa fue una de las cosas que siempre le hicieron admirar a la joven y contra la que pocas mujeres que él conociera podrían competir.

- ¿Por qué me cuentas esto ahora, cariño? ¿Puedo ayudarte en algo? ¿O es una cosa de la que simplemente quieres hablar con un amigo?

Años de conocerse y experiencias compartidas habían hecho que Calhoun se abriese lo suficiente con ella como para saber que aunque la tratase con dulzura, e incluso le ofreciera un cálido agarre a sus frías y pequeñas manos en ese momento, era totalmente capaz de controlarse y no arruinar su amistad por una tonta fantasía suya.

Incluso sabiendo que Aurora posiblemente aún sentía algún tipo de atracción por él, la adoraba demasiado como para soportar perderla cuando ella se diese cuenta de que merecía mucho más.

Ni siquiera permitiría que aquella declaración de la joven le diera esperanzas, pues según Calhoun el hecho de que él estuviese en una silla de ruedas, y fuera por su paraplejia un candidato perfecto para una persona con una libido casi inexistente, no era suficiente para que él creyera que tenía una oportunidad con aquella chica excepcional.

Sin embargo, todas sus creencias se desplomaron como un castillo de naipes cuando la joven lo miró a los ojos con una expresión solemne y, tras respirar profundamente, expresó:

- Me he estado preguntando si podrías considerar tener una relación conmigo…