Capítulo 1 | Una mañana de tamaños
—Ah! —Un pequeño gemido escapa de mi boca.
—Ah, ay—se repite de forma menos escandalosa con mis manos sujetas en ambos extremos.
—¡Ay!
—Mmm… —Mis labios se unen ejerciendo una fuerza leve y mi espalda se arquea en el proceso.
Mi pelvis tira un poco hacia atrás, mientras trato de terminar.
—¡Ay, ay, ay! —esto es una tortura matutina que se vuelve tan desesperante y solo puedo pensar en uno más grande.
—Sí, sí, sí —ya tengo el primero, no te vayas a soltar otra vez.
—Un poco más, solo un poco más.
—Ya casi, ya casi, ya ca...
—¡Uf! —El aire sale de mis pulmones con satisfacción.
¿Acaso la secadora ha encogido mis sujetadores o es idea mía? Necesito ir a la tienda y comprar unos más grandes, aunque el torso no se adapte como me gustaría.
Volteo hacia el pequeño calendario sobre la mesa y con un cálculo inexacto puedo adivinar que se aproxima la venida del mar rojo, Andrés o mejor dicho mi periodo.
Debería de descargar una de esas aplicaciones de periodo menstrual, así estaría más segura de las fechas en las que llegará.
Mmm… puede que sean mis días de SPM, esa sería la razón por lo cual se sienten más pesados y grandes de lo normal.
Después de todo un "34F" nunca ha sido y será fácil de vestir.
He perdido la cuenta de cuántos sujetadores pierden su forma con rapidez o se rompen con facilidad, como el de la semana pasada en la oficina. No tuve de otra que usar la grapadora para tratar de pegar la cinta a la copa, aún tengo pequeños rasguños en la piel.
Ni hablar de los sujetadores de uno o dos broches, ¡No son para nada resistentes! Cuando tienes un pecho tan abultado agradeces la seguridad de tres o cuatro broches, es más seguro para mí y para mis chicas y les da mejor soporte que las varillas que se pueden llegar a salir.
Un pequeño brinco frente al espejo me lo confirma.
La alarma sobre la mesita de noche comienza a sonar marcando justo las seis de la mañana, eso me indica que en tres, dos, uno...
La pantalla del celular se enciende y comienza a vibrar, mientras sigo en la rutina de secar mi cabello para hacer un moño alto.
Señor Clarkson:
"Necesito que esté una hora antes, y prepare la sala de conferencias, tendremos visitas"
Señor Clarkson:
"Cancele mi cita con el odontólogo"
Señor Clarkson:
"Lleve cuatro expresos americanos y los periódicos de hoy"
Señor Clarkson:
"¿Puede por favor llamar a la agencia de modelos y pedir que le entreguen un nuevo catálogo para la campaña?"
Señor Clarkson:
"¿Recuerda las presentaciones que usamos hace un mes? Podrías por favor preparar unas más innovadoras con la información actual"
Mechones rebeldes saltan por los bordes, pero no hay nada que no arregle el fijador.
Señor Clarkson:
"Hoy será un buen día, que todos en la oficina den su mejor cara"
Señor Clarkson:
"Busca el contacto de un profesional en cosméticos"
Señor Clarkson:
"Convoque un nuevo diseñador gráfico, quiero ideas frescas"
Señor Clarkson:
"Señorita Flynn más le vale que todos estén listos para las tendencias de la próxima temporada"
Hoy será un día de esos caóticos, donde apenas podré sentarme.
Señor Clarkson:
"Quiero gráficas de las redes sociales con mejor captación"
Sin apartar la vista del celular subo el cierre detrás de mi falda, todo parece estar listo, solo es cuestión de colocarme los zapatos. Mi atención cae en ese hueco entre los botones, justo por encima de mis senos.
No puedo evitar soltar un bufido ¿Por qué? ¿Por qué?, compre la camisa de una talla más grande, esto no debería de verse.
El botón que parece a punto de estallar deja ver parte de mi piel y del sujetador blanco.
Señor Clarkson:
"Quiero una lista de programación"
Los mensajes siguen llegando, uno tras otro como todas las mañanas.
Señor Clarkson:
"Señorita Martín no se atreva a llegar tarde o queda despedida"
Sin tiempo de poder planchar otra camisa, y con días acumulados sin hacer la lavandería, escojo la chaqueta negra que está colgando en la silla.
Para estar usada desde hace dos días, no sé ve sucia, ni huele mal, esto y un pequeño broche sobre el pecho ayudará a disimular la apertura de la camisa.
—Llaves, celular, carnet ¡Mi bolso! —repaso la lista de cosas a llevar y para mi suerte el último está sobre el sofá. —Todo listo, así que— adiós Grundie —me despido con un beso al aire mientras el permanece dormido sobre un cojín.
Antes de salir no puedo olvidar dejar un plato con comida, al igual que una taza con agua fresca y su caja de arena limpia.