Introducción a la tragedia
¿Alguna vez han visto Sex Education? Espero que si, pero si no es así, se los explico.
Un chico virgen, la matona del colegio y el mejor amigo gay del chico virgen montan un muy extraño negocio en unos viejos baños públicos donde dan consejos sexuales a adolescentes. Una maravilla a mi parecer, aunque el verdadero fan de esa serie es mi excéntrico amigo Daymond, el único hombre en el cual confío luego de mi padre, y al cual le debo el comienzo de mis desgracias.
Bueno, no nos desviemos de lo importante. Hace cinco meses comencé con un negocio inspirado al de esa serie, solo que yo me dedico a la parte interesante Consejos para complacer a tu chica.
Básicamente las almas en pena de los niños inmaduros del instituto llegan a mí pidiendo consejos de como hacer que su novia llegue al orgasmo, o dónde se encuentra el clítoris.
Desgastante, en serio. Desearía estar ocupada intentando aprobar el semestre, pero soy bastante buena prestando atención en clase. Así que no me es tan necesario matarme estudiando. Pero lo que sí necesito, y con urgencia, es dinero para tomar el curso de pintura al otro lado del país. Con lo que gano cuidando al demonio de mi vecina de vez en cuando, el trabajo de la panadería del señor Tom algún fin de semana, la mesada que me da mi padre dos veces al mes, y mi negocio con los chicos, las cosas deberían ir bien, ¿no es así?
No había nada que pudiera malir sal, solo era cuestión de cumplir con las reglas, dar los malditos consejos, cobrar el maldito dinero y no volver a ver las malditas caras de esos malditos idiotas. Pero yo nací maldita por la mismísima muerte y nada salió como malditamente debería.
Ashton Carter es el cliché personificado. Un sexy chico popular, que juega a todas esas mierdas de deportes, está más bueno que comer pollo con la mano y podría derretir la antártida si se lo propusiera. O al menos eso comentan, porque en realidad ese papucho que calienta más que el sol de verano, no tiene idea de como tocar a una mujer.
Un gusto, mi nombre es Lúa Foster, detesto a los hombres, soy adicta al baile improvisado que me monto en mi habitación, cocino un agua hervida que te mueres... y si, soy la consejera sexual de Ashton Carter.