PRÓLOGO
– En algún momento sabíamos que esto podría pasar, y aún así hacíamos lo imposible para retrasarlo, sabemos que nada fue suficiente para detenerlo, para retrasarlo, lo siento tanto pero él debería morir – dejo de escuchar todo, esto duele y me quema por dentro ; jamás estaremos juntos en un futuro, cercano o lejano; simplemente se fue.
– Ella es hermosa, es inteligente, comprensible, empática, lo es todo ya la vez no es nada pero es lo mejor que me pudo pasar – ya no sabía qué hacer para convencerlo de dejarme verla – te juro que me duele que ni siquiera me dejara hablarlo con ella, y estoy tan jodido sin ella a mi lado...
Por primera vez, un sollozo estaba escapando de mí, y las lágrimas vuelven difíciles mi visión.
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Estaba ahí, frente a mí, para mí, justamente como siempre se lo pedí, él nunca me dejó sola en todo este viaje ajetreado; no pude evitarlo, lo abracé y llore sin inhibición alguna.
– Te extrañé tanto — no iba a soltarlo jamás, ya no – siento haberme ido, pero fue bueno regresar y saber que estás aquí.
– Aquí estaré siempre — sonaba tan seguro de sus palabras – recuérdalo, Tú no te vas, yo no me voy.
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La luna iluminaba la noche, y un pequeño rayo de su luz entraba por la ventana de la habitación; y justo frente a la ventana estaba él, sentado en su silla predilecta mirando a través del cristal y escribiendo en un cuaderno un poco desgastado. No lo dude dos veces, me fui acercando a él lentamente y entonces pude detallarlo mejor, nunca nada había lucido tan bien ante la luz de luna, no de la forma en que lo hacía él.
Cuando estuve lo suficientemente cerca alce la voz por primera vez en todo el dia.
– ¿Qué escribes en ese cuaderno? – no pude evitar el sonreírle.
Sonrió notando mi presencia a sus espaldas – Son notas, relatos, son mis anécdotas, todas las escribo para algún día dejarlas plasmadas en un tipo de libro o algo similar no lo sé aún – fue directo a mí y me abrazo, fue uno de esos abrazos que curan el alma.
– Y yo ¿puedo leerlo? – sabía que era privado pero tenía curiosidad después de todo sabía que él era un gran escritor – solo un poco, prometo no husmear de más.
– Sin problemas, todo tuyo – me agujereó el cuaderno y sin dudarlo lo tomé entre mis manos – espero te agrade leer lo que hay ahí, cielo.
– Si tú eres el autor claramente me gustará lo que hay aquí – no mentía era un grandioso escritor.
– Te amo demasiado ojos bonitos – siempre amaría ese apodo, lo juro.
– Yo te amo más sonrisa bonita – jamás imaginé que tengas tanto, en tan poco.