Chapter 1— El principio del camino al infierno.
PRÓLOGO
JACKSON
Salió de la cama para ponerse sus tejanos mientras sentía la mirada de la hermosa pelirroja sobre él. Dolida. Indignada. Sintiéndose denigrada.
La ignoró y siguió vistiéndose como si nada. Había hecho con ella lo que tenía que hacer y claro, según el chico tenía otras cosas pendientes.
Los incesantes sollozos de la pelirroja hicieron que rodara sus ojos. Y volvió a pensar que la mayoría de veces no entendía qué pasaba con las chicas. Querían estar con él y cuando lo estaban... malo. Jack pensaba que hiciera lo que hiciera nunca las conformaba con nada y eso lo enfurecía porque empezaban a reclamarle y sinceramente... el pelinegro no nació con el don de la paciencia.
Y no es que no las satisfacía en la cama, no. Al contrario, lo buscaban para repetir, era solo que el pelinegro tenía una forma muy... ¿rara? ¿poco usual? Llámenle como sea, pero sacaba su frustración en el sexo y era justo eso, lo que molestaba a las chicas. Las lastimaba.
—No quiero volver a hacer eso, Jackson. —dijo entre sollozos—. Así que es la última vez que me haces hacer algo así, es mejor que no vuelvas...—
—Vamos a aclarar algo, Nena... —la interrumpió Jackson enseguida. Se giró lentamente para enfrentarla y casi rodó sus ojos al ver las lágrimas correr por sus mejillas—. Tu no me ordenas nada ¿Okey? Porque aquí el que da las órdenes, el que dice que se hace y que no, soy yo, así que tú, grábate eso en la cabeza y más te vale que cuando te vuelva a llamar respondas enseguida ¿si, mi amor? Sabes que odio que me hagan esperar.
Se inclinó hacia ella, movió su mano a su rostro, pero la chica se atrevió a abofetear su mano y retrocedió un poco, temiendo que volviera a hacerle daño, la mano del chico quedó extendida. Ella lo miró con enojo, sin embargo, ya fastidiado, Jackson la tomó del cabello y del mentón de manera brusca para acercarla a él, la pelirroja soltó un quejido de dolor.
—No juegues conmigo, Brie —entre dientes le dijo, muy cerca de sus labios—. No quieres verme enojado... eres mía y cuando yo lo quiera vas a estar conmigo las veces, y en la forma que yo pretenda; y se termina cuando yo lo desee ¿si estamos?
La chica lloró y tembló aterrada mientras con una de sus manos, intentaba quitar la del chico de su mentón.
Jackson no entendía por qué las chicas eran sensitivas, tan delicadas. A él le gustaba ser un poco brusco, no las azotaba o algo parecido, no tenía ese fetiche, pero si le gustaba ser brusco en el sexo, o que hicieran algo para él que muchas veces hacían sentir denigradas a las chicas con las que estaba, le encanta hacerlo. Buscaba su satisfacción. Aunque la mayoría solía quejarse y terminaban llorando.
Algunas, como la chica en la cama, pensaban en alejarse de él. No sabiendo que desde que Jack ponía sus ojos sobre ellas, no tenían más opción, no sabía lo que les esperaba con él... de saberlo, huirían lejos. Que se quisieran alejar lo enfurecía demasiado. Muy pocas veces de niño le dijeron que no, no obstante, ella sí lo hizo y juró que nadie más lo haría ¿Cómo es posible que una chica lo hiciera? ¿Cómo fue posible que ella lo hiciera?
Que lo rechazaran, provocaba que una ira incontrolable se apoderara de él.
Físicamente, Jackson Jones era muy atractivo, su cuerpo estaba en muy buenas condiciones y la marca en su cuello, llamaba la atención de las chicas, tal vez era porque nadie creía que fuera una marca sino un tatuaje, pero sí lo era. Y lo extraño de esto, era porque parecían venas resaltadas, negras, que se desplazaban desde la parte de atrás de su oreja hasta la mitad de su cuello.
Ni siquiera él sabía de por qué tenía esto, pues ni su padre ni su madre las tenían, a pesar de eso, no lo consideraba algo raro, pero al parecer las chicas sí y les resultaba una característica más para acercarse a él.
Jack sabía lo que podía causar en una persona con tan solo verlo, razón por las que las chicas no podían resistirse a él, pudo tener el mundo a sus pies si así lo hubiese querido. Y él lo sabía. No obstante, lo único que quería a sus pies, estaba tan cerca de él como a la vez lejos.
—Pregunté que si estamos...
—Sí, sí Jack —respondió a duras penas Brie.
—Mmm chica buena... no me tientes, no lo hagas porque soy capaz de deshacerme de tu estúpida existencia. —la pelirroja asintió varias veces ante la amenaza del pelinegro, él acarició su mentón aun sin soltar su melena—. ¿Sabes? creo que mereces un premio por ser tan obediente. —dejó un beso en la comisura de sus labios y sin quitarle la mirada de encima, quitó la mano de su mentón y la llevó al botón de sus tejanos para desabrocharlo y después bajar la bragueta mientras poco a poco acercó a la chica a él, ella no se resistió pues sabía lo que tenía que hacer.
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STACY
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Caminaba hacia el estacionamiento, pavoneando sus caderas, obteniendo la mirada de cada chico que pasaba por su lado, chicos que sin importar que estuviesen con su novia tenían el descaro de verla a ella, posar su mirada en su cuerpo o en las partes más impresionantes de este.
Ella sabía lo que generaba en los chicos y no le importaba en absoluto que sus novias estuviesen ahí, lo único que le gustaba era la atención que le daban. Le fascinaba que incluso las chicas, muy en el fondo desearan ser ella, aunque dijeran que la odiaban o ni siquiera le ponían atención.
Lidiaba con un enorme dolor de cabeza, producto de la falta de sueño, pues la chica perfecta ante todos ocultaba algo. Y de eso jamás nadie debía enterarse.
Escuchaba el parloteo de su grupo de amigos que caminaban a su lado. Cruzó mirada con el nerd, pero hermoso chico de informática quien enseguida se sonrojó por obtener la atención de esa chica.
Stacy mordió su labio inferior sin dejar de ver al pelirrojo al solo recordar esos momentos de pasión desenfrenada que tuvieron en el laboratorio de informática, fue un pequeño sacrificio para sacar información... Vaaale, ni ella misma se creyó eso, la verdad era que el chico estaba muy bueno, o eso pensaba ella y una de sus amigas, pues no era un secreto para nadie que detrás de esas gafas había un chico muy sexi, sin embargo, era uno de los invisibles, marginados del instituto y si se destapaba la efímera relación que tuvieron, mancharía su reputación perfecta.
Se obligó a alejar la mirada de él cuando un par de chicas se plantaron frente a ella de forma abrupta.
—Hola... Stacy —le sonrío ampliamente. La castaña estaba muy nerviosa mientras que la otra chica de cabello azul, miraba hacia sus zapatos.
—¿Te conozco? —preguntó Stacy, en un intento por sonar amable, cosa que no funcionó y enarcó una de mis cejas.
—No, es que... yo... quería, bueno... queremos unirnos, al equipo y... —
—Te voy a detener aquí, preciosa... no me interesa, para eso se les dio un formulario que si no aprovecharon... lo siento mucho.
Trató de avanzar, pero no pudo ya que ambas chicas no se movieron.
—Es que si... lo tomé, pero...
—Bien, entonces si les llego a dar la oportunidad de presentarse a las pruebas lo sabrán en cuatro días. Ahora, no me estorben. —casi entre dientes respondió.
Escuchó las risitas de sus amigos acompañadas de un "lo siento" que iba cargado de burla. Esperó impaciente a que se alejaran, pero no lo hicieron.
—Yo... es que... si tomamos un... pero —la castaña bajó su cabeza y le extendió un par de hojas de papel, las cuales no tomó. Casi no le gustaba recibir cosas de gente que no eran cercana a ella. Miró sobre su hombro y Betty en seguida las tomó—. No estábamos segura de... entregarlo...
—Bien —zanjó y arrebató el papel a Betty—. Pues están de suerte, cariño. No van a esperar hasta ese día para saber si se presentan o no, ya que ya mismo les diré —sonrió fingiendo amabilidad.
Las chicas alzaron su cabeza con la emoción dibujada en sus rostros.
—¿Si?
—Así es —sin despegar la mirada de ellas, alzó un poco las hojas y las rompió—. Ni se les ocurra si quiera asomar la nariz... —el rostro de ambas chicas se contrajo en sorpresa y decepción y sin perder tiempo, la pelirroja dio un paso hacia ella y les aventó a los pies los restos de la hoja—. Háganse un favor y vayan a casa, mírense al espejo, no tienen lo que se necesita para ser una QUEENS. Pónganse a dieta. Y por favor, eviten cruzarse en mi camino. Ahora quítense.
Sin más, con lágrimas en los ojos, las chicas obedecieron. Les dio su más amplia sonrisa y siguió su camino hacia el auto.
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JACKSON
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Sentado en el cómodo sofá de la acogedora sala de casa de su tía, fulminaba con la mirada a la mujer frente a él. Esta evitaba mirarlo a los ojos, pues ella sabía que su presencia lejos de agradarle, le molestaba a niveles que ni él mismo lograba entender. No sabía qué carajos hacía en ese lugar. Debería estar lejos.
—Cariño, la comida está casi lista —la castaña se asomó por la puerta de la cocina, Jack siguió sin apartar la vista de ella—. Taylor, puedes ayudarme y así seguimos con la conversación.
—Por supuesto —respondió enseguida, quería huir de la mirada fulminante de su primogénito.
Taylor no sabía por qué, pero en muchas ocasiones le temía a su hijo.
Jackson la siguió con la mirada mientras negaba y casi soltó una risa.
«Como siempre huyendo de mí» se dijo en sus adentros. Sus ojos grises, adosados, se pasearon por todo el lugar ornamentado con lujosos detalles.
«Mmm Hermione no ha cambiado nada» pensó.
Siguió observando hasta que se detuvo en un cuadro empotrado a la pared, se puso de pie y se acercó a este.
Un par de niños haciendo un castillo de arena, la pequeña en su traje de baño mientras comía una paleta y el niño, observándola con esa mirada que era todo menos inocente. Era increíble como nadie lo había notado hasta ese día.
Sonrió de lado mientras que, con una mirada enferma, recorría el cuerpo de la niña en la foto y el recuerdo de ese día no tardó en invadir su mente, y en seguida sintió que su miembro se ponía duro. No pudo alejar el recuerdo exacto de ella comiendo esa paleta. La observaba con descaro y de forma indiscreta. Y es que la manera en la que Stacy comía su paleta le hicieron imaginarse que era su miembro y las ganas de que fuera así, lo volvían loco.
Se alejó e imaginarse como seria si ella tuviese en la boca su miembro e hiciera esa misma acción de cuando lamia esa paleta, le fue inevitable.
«¿Cómo será? Debo saber cuan buena es usando su boca, claro que sí» pensó con una sonrisa oscura.
A simple vista, era un chico tranquilo e introvertido, para su familia o la única que tenía cerca y conocía —Hermione— al menos era así. No tenían ni la menor idea de los pensamientos, deseos insanos y lascivos que lo albergaban. Hermione no era capaz de siquiera suponer que muchas veces, Jackson se había masturbado de solo imaginarse entre las piernas de su hija. Imaginarla de rodillas frente a él mientras su miembro estaba en la boca de la pelirroja.
Abrió sus ojos y se observó en el pequeño espejo ovalado que estaba aún lado de la puerta. Sonrió socarronamente al ver que su apariencia no tenía ningún parecido a lo que en realidad era.
Su cuerpo trabajado estaba enfundado en unos tejanos azabaches, adornados con una cadena, un jersey cuello alto, botas de combate y su ya icónico gorro negro que cubría esa brillante mata de pelo azabache ¿Cómo podrían imaginar que detrás de esa imagen, había una mente con pensamientos tan viles?
El sonido de la puerta abriéndose, captó su atención. Se giró de inmediato para ver quién era y..., y la miró a ella.
La chica que ha sido la dueña de su atención desde hace muchos años.
Era ella.
Su cabello rojizo y brillante bajaba hasta sus hermosas caderas, de estatura media, un cuerpo excitantemente hermoso. La guapa pelirroja se adentró más a la sala, fue cuando notó la presencia del pelinegro y lo observó directamente, con sorpresa pues no lo esperaba.
Los labios de Jack se entreabrieron, reconoció que no haberla visto por casi año y medio le pasó factura. Atónito, la observó con esa fascinación que solo él en su mente retorcida podía expresarle.
Era preciosa, realmente preciosa. Perfecta como solo ella podía ser. Sus enormes y radiantes ojos azules lo observaban aún con sorpresa. Su piel era tan blanca, lechosa. Hermosa como la más bella porcelana. Toda ella destilaba debilidad para Jackson. Sabía que su mente era un desastre y la ayudaba a ser, y verse vulnerable. Saber esto hacían que Jack deseara corromperla y dañarla más de lo que ya estaba. Romper más su alma, terminar de hacer trizas su interior. Eso quería más que nada y que se diera cuenta que era el único, que podía amarla y cuidarla sin importarle el desastre que fuera. Que solo él estaría a su lado cuando todos la abandonaran.
Una estúpida bola de pelos, hizo que Jackson saliera de toda esa ensoñación. Jackson, odiaba mucho los animales, sobre todo a los gatos.
—Hola, pequeño... —saludó Stacy al felino mientras este centraba su atención en Jack, como si lo estuviera juzgando pues le generaba desconfianza—. ¿Al igual que yo estas sorprendido? Es de entenderlo, ha pasado mucho.
Dijo esto más para él que para su gatito.
—Así es, pero al parecer te quedarás con ese horrendo gato y no saludarás a tu primo favorito —habló y esta vez no se molestó en ocultar la forma en la que estaba viéndola. Esa mirada que la desnudaba, que decía que quería tenerla completamente desnuda, con él en su interior justo en ese momento.
La pelirroja se sintió un poco incomoda, pero hizo caso omiso a las alarmas de se activaron en su interior, pues era su primo, se suponía que estaba segura ¿no?
«Debo dejar de ser una completa paranoica» Pensó mientras se acercaba al pelinegro con una enorme sonrisa.
—Lo siento..., no esperaba verte si te soy sincera.
Sin más, la abrazó. Se dio la libertar de aferrarse a su cuerpo, a respirar su aroma, aspirando como un adicto que moría por inhalar esas sustancias que le daría esas sensaciones excitantes, pasó su mano por su cabello y lo notó tan sedoso
«¿Qué otras partes de su cuerpo serán así de suaves? Joder, me muero por averiguarlo» volvió a pensar.
—Pues al menos logré mi cometido..., te sorprendí —alejó un mechón de cabello rojizo del hermoso rostro de su prima, ese que estaba adornado con hermosas pecas. Sus labios rellenos y en ese rojo carmesí le incitaban a probarlos, a morderlos. Quería ver que su esencia se derramara por ellos.
—Oh cariño, que bueno que ya viniste —Hermione se asomó de nuevo desde la puerta de la cocina, interrumpiéndolos—. Espero que te haya gustado la sorpresa.
—Puedes jurarlo —respondió la pelirroja, verdaderamente feliz.
—Este muchacho que no avisa, le hubiésemos preparado algo ¿o no, mi amor?
—Ya te dije que no era necesario, tía, pero gracias —respondió antes que Stacy, sin dejar de mirar la maravillosa vista frente a él. La exquisitez de la pelirroja.
—Bueno, vengan... Taylor también está aquí, ven a saludar, mi amor.
—Voy en un segundo, mami.
Respondió sonriéndole ampliamente. Miró de nuevo al pelinegro y le sonrió como solo ella solía hacerlo.
—Como ya estás aquí, ni creas que te desharás tan fácilmente de mí —enganchó su brazo en el del chico—. Me debes el haberte desaparecido así y haberme pasado al olvido.
—Por favor, jamás lo haría, Nena, créeme.
—Más te vale... somos tu y yo contra el mundo, nunca lo olvides.
Y fueron justamente esas palabras, las que Stacy soltó sin imaginar que fueron el más grande error que pudo cometer en la vida.
Jackson le dio una sonrisa enorme, sonrisa que escondía una miscelánea de emociones que claramente, la pelirroja no supo descifrar.
Y ese fue uno de sus más grandes errores. Jamás debió siquiera suponer estar al lado de Jack así fuese de una manera inocente. El chico estaba intrigado con ella, estaba ensimismado en corromperla de formas inimaginables. Si la pelirroja que se sentía segura a su lado, hubiese sabido que justo en ese momento empezaría su cruzada, hubiese corrido lo más lejos de Jackson, pero Stacy nunca pensó que su primo, ese niño con el cual creció, escondía una oscuridad, su mente poseía una maldad y que la haría pasar el peor infierno de su vida.
Stacy Jones no imaginó que ese día, sería el comienzo de sus problemas. El principio del camino al infierno.