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"Insomnio perpetuo fue el nombre que le dieron al mal que aquejaba a gran parte de la población mundial para 1965, producto de la devastación y las múltiples guerras que habían acabado con la esperanza. Los grandes gobernantes de los continentes, aferrados a su poder y los ideales de un mundo que no tenía como valor la paz y el respeto, hicieron oídos sordos a las numerosas protestas que se replicaban en las grandes capitales, y su total respuesta acababa en represión social.
El mundo, cansado y aquejado por el dolor, llegó a su punto de clímax cuando las naciones más poderosas se enfrentaron, y acabaron por causar un desastre ambiental y humano en el continente más explotado de aquel entonces. El horror que sus fotógrafos captaron antes de perecer por la enfermedad que los tocó, solo terminó por desolar aún más el panorama.
Una luz en medio del vorágine de caos que reinaba, fue la aparición de los monjes Kehbba, saliendo de reclusión por primera vez en doscientos años. Ellos, con la filosofía que ya habían repartido a través de sus múltiples templos en todo el mundo, ofrecieron al hombre común una nueva perspectiva desde la que podían enfocar un futuro más prometedor, donde ni la guerra, ni la enfermedad causada por la codicia, serían capaces de tocar al humano otra vez.
Prometieron públicamente trabajar codo a codo con los grandes inversionistas que se interesaron por la filosofía, buscando en conjunto todo el conocimiento sobre tecnologías para convivir en paz con el ecosistema, y al mismo tiempo gozar de las comodidades de la modernidad. Movidos por su causa, fueron muchos los convocados, quienes con sus escasas pertenencias en mano se ofrecieron a formar un nuevo mundo, donde no existiera cabida para todo aquello que los había conducido a la destrucción.
Veintidós años más tarde, y gracias a la dirección del Gran Concilio, bajo las normas unitarias de los Kehbba, se pudo concluir la primera etapa de la primera ciudad de la paz, y para ese momento, varias ciudades aledañas comenzaban a formarse en torno a esta cúspide benefactora, repitiendo sus ideales y convicciones.
'Que esta ciudad sea erguida desde los cimientos del respeto, la igualdad y el valor incalculable que posee la amplitud de una mente joven. Que los ideales de quienes viajaron hasta aquí para construir esta maravilla, sean la tierra en la que germinen las ideas de, quienes en un futuro, no vean horizontes ni límites para florecer sin miedos. Esta será Utopya, la ciudad de la eterna juventud.'
Este es el relato de la creación de Utopya, el oasis en medio del caos, que continúa perdurando con el mismo esplendor después de tantos años."
Roan terminó de leer la contraportada del libro con una mezcla de suspicacia y excitación, como cada vez que la sinopsis lograba despertar su interés al punto de saltarse varias horas de sueño con tal de acabar de leerlo.
A través de la ventana del automóvil, vislumbró el paisaje que rápidamente dejaban atrás, y los bastos campos de exuberante verde que le acompañarían por al menos dos horas. Bajó el vidrio, ignorando la charla del resto de pasajeros, para que el aire le desordenara un poco el cabello mientras leía, y lo despejara con el aroma a hierba y compost que caracterizaba el inicio de sus tan ansiadas vacaciones.