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Los eternos malditos

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Summary

En un mundo habitado por crueles vampiros, los humanos luchan por sobrevivir, conscientes de la fragilidad del Tratado de Paz que mantiene a salvo su reino. Cuando Wendy es abandonada a su suerte, sabe que la muerte le aguarda. Sin embargo, un misterioso vampiro la encuentra y la transforma para salvarla. Desde entonces, sus destinos se entrelazan y ella tratará de averiguar por qué vive oculto en el reino humano y desentrañar lo siente por él. Pero su destino no es el único que se ve truncado. Elliot, heredero de un poderoso duque, cae víctima de una seductora vampira que lo condena a la inmortalidad. El joven lo pierde todo y jura vengarse, pero no será fácil, pues deberá dejar atrás lo que conoce y evitar que los cazadores lo encuentren. Ninguno sabe que sus actos harán peligrar la paz entre humanos y vampiros. Pronto, la sangre volverá a teñir de rojo las tierras de ambos reinos.

Status
3yrs ago
Chapters
10
Rating
5.0 (1 review)
Age Rating
18+

Derecho de pernada

Una gota de agua se escurrió entre las ramas de los árboles y cayó sobre Wendolyn. Y después otra, y otra. Cada salpicadura era como ácido en su cuerpo, herido y maltrecho. La lluvia arreció, parecía que el cielo lloraba por ella las lágrimas que se habían secado sobre su rostro.

El agua se mezcló con la sangre y tiñó su vestido blanco de un rojo deslavado. Rosa, como las flores que aún adornaban su cabello cobrizo. Su madre las había entrelazado con sus rizos antes de su boda. Pero ya no podía recordar sus manos suaves y cálidas sobre su pelo, solo los dedos rudos enredados en él, la respiración repugnante y los gritos en su oído cuando se negó a ser suya.

Había luchado con todas sus fuerzas, pero estas no fueron nada contra un hombre fornido como él. Nadie había acudido en su ayuda a pesar de que los guardias escucharon sus chillidos desesperados. Eran fieles a su señor, sin importar el crimen que cometiera.

Pero el derecho de pernada ni siquiera se consideraba un crimen. Aunque se trataba de una práctica en vías de extinción, todavía existían rincones remotos del reino donde se realizaba. De acuerdo con ello, el señor podía desvirgar a las jóvenes que se casaban con sus súbditos.

Nadie avisó a Wendy de esa práctica, tampoco había escuchado de otra mujer en su aldea que la hubiera padecido. Mucho menos esperaba que fuera su marido quien la entregase.

Philip ni siquiera parpadeó al abandonarla con su señor sin darle, al menos, una advertencia. Cuando comprendió la situación, estaba atrapada.

En su forcejeo con el barón Lovelace y para evitar ser sometida, Wendolyn recibió golpes. El peor de todos fue al mismo tiempo su salvación y su condena.

El señor del castillo la empujó y su cabeza fue a dar contra uno de los postes de la cama. La madera crujió al chocar con su cráneo y ella se desplomó en el suelo. Su melena se desparramó sobre la piedra, tiñéndola de rojo junto con la sangre que escapaba de su herida.

El ataque cesó y el barón convocó a sus soldados. A sabiendas de que nada podía hacerse para salvar su vida, les ordenó librarse de ella.

La sacaron a hurtadillas del castillo, con la oscuridad como aliada, y la cargaron sobre un caballo. En el gran salón, los invitados aún disfrutaban del banquete de su boda sin echar de menos a su anfitriona. Moribunda, no pudo gritar para llamar a su familia.

Nadie acudió a salvarla y fue abandonada en lo más profundo del bosque para que los lobos la devoraran.

Pero la sangre fresca no solo atrae a animales salvajes, también invoca a los monstruos.

Cuando uno de los seres que poblaban las pesadillas de todo el reino se cernió sobre ella, a Wendy ya no le restaban fuerzas para aterrarse. En cambio, sus labios se curvaron en una amarga sonrisa porque al fin su sufrimiento terminaría.

Pero cuando él se quitó la capucha, no se encontró con el semblante de un monstruo. No tenía grandes colmillos, tez cadavérica ni oscuridad que rezumaba por sus ojos. Todo lo que podía ver era un rostro de labios carnosos, pómulos pronunciados e iris ambarinos que brillaban igual que una fogata en la oscuridad. Era pálido, mas no como un muerto, sino como alguien que no había visto la luz del sol en años.

Se inclinó sobre ella mientras el cabello largo y oscuro se deslizaba por sus hombros. La observó sin emoción y extendió el brazo para tocarla.

Wendy se estremeció y una respiración estertorosa sacudió su pecho.

«¡No me hagas más daño!».

El joven palpó su cuerpo, pero no de forma lasciva o brusca, sino delicada. Su mirada la recorría sin el brillo lujurioso que vio en el barón; lo hacía de manera analítica, como si evaluara sus lesiones.

Los labios del desconocido chistaron, contrariados. Acababa de descubrir la herida en su cabeza y sabía tanto como ella que era mortal. ¿La ayudaría a descansar?

—Mírame —dijo con voz grave y aterciopelada.

Wendolyn lo intentó. Dirigió sus ojos grises hacia él, pero por momentos su rostro se desenfocaba y no era capaz de moverse, no tenía fuerzas.

—Mírame —repitió el joven y, esta vez, guio su barbilla con los dedos—. ¿Qué deseas?

¿Acaso no era obvio? Deseaba que el dolor terminara. No podía soportar ni un minuto más esa agonía. Sufrir una muerte lenta era la última crueldad a la que aquel oscuro mundo la sometía. Sin embargo, cuando reunió la fuerza para contestar, no rogó por su muerte:

—Venganza —se sorprendió al escuchar su propia respuesta.

En ese instante, se percató de que había algo que la quemaba, algo incandescente alojado en su corazón: odio.

—¿Y qué estarías dispuesta a entregar a cambio?

—Todo.

Sí, todo lo que le quedaba a cambio de la posibilidad de llevarse consigo a su verdugo.

Los labios del joven sonrieron, pero no parecía feliz, solo satisfecho con su respuesta.

Como si fuera de cristal, pasó sus brazos con delicadeza bajo su maltrecho cuerpo y la alzó en vilo con la misma suavidad. La pegó a su pecho y la cubrió de la lluvia con su capa negra.

Wendy cerró los ojos y se dejó llevar.

Cuando volvió a abrirlos, la oscuridad se había tornado impenetrable, pero ya no llovía. Parecía que estaban en una cueva; ella continuaba entre sus brazos. Alzó la vista y se encontró con sus ojos, los cuales titilaban como el fuego y la observaban.

—Tu alma es el precio a pagar para llevar a cabo la venganza que ansías, ¿aceptas?

Wendy creyó que ya no le quedaban fuerzas para contestar y apenas logró asentir antes de desfallecer. Pero el monstruo ya tenía su respuesta.

Se inclinó sobre ella, quien notó su aliento cálido sobre su mejilla, y bajó un poco más. Wendy gimió de dolor cuando sintió dos punzadas en su cuello.

Era cruel que todavía pudiera sufrir, pero se distrajo cuando notó algo cálido que humedecía su piel; no adivinó que se trataba de la boca del desconocido hasta que lo oyó succionar su sangre.

La joven quiso gritar, pero ningún sonido escapó de su ser, tan solo una respiración estertorosa. Intentó luchar, pero no podía moverse. Al cabo de un momento, el dolor disminuyó y se adueñó de ella un agradable sopor. Se sintió como si flotara en una nube de placer.

Envuelta en aquella deliciosa sensación, no se percató de que el hombre se había separado de su cuello. Y, cuando ella gimió de gozo, él aprovechó para agarrar su mandíbula y acercar la muñeca a su boca abierta. Un líquido denso y caliente atravesó sus labios y se introdujo en su garganta. Paladeó su sabor y jadeó, horrorizada: era sangre.

Quiso resistirse, quiso escupirla; pero las manos firmes de aquel ser se lo impidieron mientras continuaba vertiendo el fluido de sus venas en su boca.

El placer que la había envuelto hacía unos segundos desapareció, y una horrible sensación se extendió por todo su cuerpo. Era como si decenas de serpientes se colaran en su interior. Mordían su carne desde dentro y esparcían el veneno a su paso. Avanzaron hasta invadir su torrente sanguíneo y sintió un frío tan helado que quemaba. En su delirio, imaginó que estaba pereciendo tras su paso ondulante.

Era tan horrible que, incluso moribunda, se retorció en un intento por apartarse. Un grito escapó de su garganta a pesar de que sentía que las culebras reptaban por ella.

¿Por qué no cesaba su agonía? ¿Acaso no había sufrido suficiente?

Suplicó ayuda, pero el hermoso monstruo se limitó a depositarla sobre el frío suelo de la cueva. Con el rostro impasible, la contempló mientras ella se retorcía de dolor.

Aquel pequeño infierno la devoró en tan solo unos minutos que, para Wendolyn, fueron una eternidad. Su corazón bombeó con fuerza y se aceleró como las alas de un pájaro. Sus sentidos se nublaron, pero aún logró escucharlo:

—Cuando hayas culminado tu venganza, te buscaré.

Después, él se marchó y Wendolyn quedó sola, abandonada en medio de la oscuridad, por segunda vez en esa noche infernal.

Un dolor, agudo y repentino, atravesó su corazón y lo detuvo.

Estaba muerta.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Compelling Plot

Great Character

1

Great Character

Strong Dialog

1

Strong Dialog

author

Me encanta esta historia. Hay demasiado misterio y secretos por descubrir

3 years
author

qué finaaaalll

3 years
author

Qué capítulo tan intrigante

3 years
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