Rewrite the Stars

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Summary

Historia corta basada en dos personajes de una historia aún mas grande que llevo unos años escribiendo. Se me ocurrió este fragmento porque una canción rondaba mucho mi cabeza en torno a esta pareja y me pareció buena idea hacerlo una historia cortita para que los conozcan.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El peso de la corona siempre había supuesto un problema, lo supo cuando a sus ocho años se dijo que su carácter pasivo le impedía dar órdenes “como corresponde” a sus criados. Según su padre, los trataba como si fueran sus iguales y no personas a su merced, aquel día su padre lo abofeteó tan fuerte que tuvo que cambiar su semblante pasivo por uno firme, uno que su padre aprobara y le diera paz para vivir allí, aunque no tuviera paz interior.

A los doce años volvió a enfrentarse al peso de la corona cuando descubrió que se había enamorado de aquel chico de ojos azules, eso era un secreto bien guardado al día de hoy, uno que solo sabían él, las cuatro paredes de su habitación, las notas que escribía sobre sus sentimientos, y el crepitar del fuego que se encargaba de quemar dichas notas.

No podía arriesgarse a conservar aquellas notas y que la curiosidad de sus sirvientes terminara por exponer sus sentimientos, aunque creía en la bondad de las personas no era tan tonto para confiar a ciegas.

Y ahora se encontraba una vez más, a sus dieciséis años sintiendo el peso de la corona, y no solo eso, ahora también quemaba. Le llevó su tiempo superar aquel amor no correspondido hacia el chico de ojos azules, ¿Y cómo no iba a serlo? El muchacho fue un día presentado por su madre para enseñarle a luchar, a controlar sus poderes y cuidar de su integridad, pasaban demasiado tiempo juntos y fue la única persona desde sus ocho años con la cual pudo sentirse él mismo.

Si bien podía admitir frente a la pluma y el papel que fue su primer amor, actualmente sus sentimientos hacia el ojiazul eran muy diferentes, más similar a una admiración y compañerismo. Muchas cosas habían cambiado en el último año, desde que el su amor no correspondido trajo consigo de su último viaje a una muchacha desconocida que puso a flor de piel sus celos y provocó el cambio de mando del chico, provocando una distancia entre ambos, no le guardaba rencor a la chica, ella era muy amable, y aunque sospechara que ella descubrió su secreto, si lo hizo jamás lo contó, por lo que él se sentía muy agradecido con la chica.

Aún había algo extraño y familiar en ella, pero actualmente le provocaba risa ver al chico que amó ponerse nervioso frente a la muchacha y que ella no lo notara ¿Así se veía desde afuera un sentimiento no correspondido? ¿o sencillamente no se correspondía porque su amigo no era lo suficientemente valiente?

Escribiendo sus sentimientos en una hoja bajo la luz de la luna que ingresaba por el gran ventanal de su habitación se descubrió nuevamente pensando en él, aquel chico de ojos color miel que llegó a ocupar el lugar del ojiazul, tanto como su criado de cabecera, y entrenador como en su corazón, pero esta vez se sentía diferente, había una química especial cuando pasaban tiempo juntos, como si existiera una conexión invisible entre ellos. Esa conexión era la culpable de que su corona pesara y ardiera en estos momentos.

Dejó la pluma sobre el tintero y contempló la corona apoyada sobre el escritorio al tiempo que escuchó tres suaves golpes sobre la puerta

—Adelante —anunció sin cambiar su posición sobre el escritorio, los tres suaves golpes eran una señal

—Permiso señor —se hizo notar un joven mientras ingresaba en la gran habitación con pasos casi inaudibles —Aquí le traigo unas toallas—con un movimiento suave las colocó sobre la cómoda ubicada a escasos pasos de la puerta.

—Muchas gracias Eric ¿Si sabes que puedes llamarme por mi nombre y no andarte con formalidades cuando no hay nadie verdad? —el joven de cabellera tan negra como el carbón se levantó de la silla y tomó los papeles que había escrito, luego se paseó por la habitación en dirección a la chimenea.

—Lo se señor, pero me parece irrespetuoso que alguien como yo se dirija de manera tan informal hacia alguien como...—dejó la frase a medias al notar que el príncipe quemaba los papeles en la chimenea con una mirada perdida —¿Se encuentra bien señor? ¿Necesita un vaso con agua?

—Cierra la puerta Eric —ordenó el joven mientras volteaba a verlo, una orden con una voz tan suave que podía confundirse fácilmente con un tono de súplica.

El chico obedeció sin titubear, pero en su cabeza se pasaban mil probabilidades de por que lo enviaba cerrar la puerta, quizá había cometido un error en sus labores y recibiría un fuerte sermón por parte del príncipe. Una vez cerrada la puerta, Eric se dirigió hacia el príncipe, dejando una distancia prudente en caso de necesitar auxiliarlo, pero permitiéndole su espacio personal

El príncipe cruzó los brazos y miró fijamente al muchacho de ojos color miel mientras esbozaba una sonrisa.

—Eric ¿A qué estamos jugando? Te he pedido mil veces que no me llames señor, no soy ningún señor, incluso tengo un par de meses menos que tú.

—Lo siento —se disculpó bajando la mirada —Pero es una petición peligrosa, si luego me acostumbro a su nombre puedo llamarlo accidentalmente en el lugar incorrecto.

—Es mi nombre, no tiene nada de raro, y si alguien te castiga por eso tendrá problemas conmigo.

—No señor, no me gustaría que se metiera en problemas por...

—Eric —interrumpió —Lo estás haciendo otra vez— el príncipe descruzó los brazos y acortó la distancia entre ambos, quedando tan cerca del joven que podía escuchar su respiración agitada causada por los nervios —Te lo volveré a preguntar ¿A qué estamos jugando?

—¿Disculpe? Realmente no entiendo su pregunta. Si lo he ofendido con algo por favor hágamelo saber, pero no entiendo a que se refiere con jugar

—Por favor Eric, me refiero a esto —imploró el muchacho haciendo un gesto con la mano hacia él y luego a sí mismo.

El joven sirviente esquivó la mirada concentrándose en el fuego que crepitaba detrás de la penetrante mirada del chico que tenía enfrente, ¿Debía responder con la verdad o con lo que se supone que debía decir? tras un minuto donde solo se escuchó el ruido del papel terminando de quemarse en la chimenea, Eric habló

—Creo que ambos sabemos la respuesta, y sería deshonesto de mi parte decir que no me ocurre nada, pero admitirlo solo va a causar dolor y posiblemente mi muerte, así que lo mejor será que guarde el secreto y me perdone por estos sentimientos impropios y yo podré vivir con eso, jamás intentaré algo porque se que es un imposible.

Era la primera vez que Eric abría de esa forma sus sentimientos, y era muy arriesgado, pero no tenía sentido ocultárselo a la persona de la que se había enamorado, y aunque se tratara del príncipe, estaba confiando que su vínculo de amistad podría mantener el secreto sin consecuencias.

El chico estaba impactado, nunca creyó que una pregunta tan directa tendría tan directa respuesta, mucho menos que ésta incluyera una reciprocidad de sentimientos.

—¿Guardar el secreto? Eric ¿No te das cuenta que también es mi secreto?— confesó el ojinegro— Ser de la realeza no me ha impedido enamorarme de ti y por dios ¿Qué piensas que contienen las hojas que quemo cada noche en la chimenea?

Esta vez fue el turno de Eric de sorprenderse ante una confesión como esa. Si había sentido una conexión especial, pero había dado por sentado que simplemente era una buena amistad que habían forjado en este último año. El muchacho retrocedió lentamente a la par que el príncipe avanzaba, estaba muy impactado para articular palabra.

—Llevo meses esforzándome por ser mejor persona porque tú me ayudaste a serlo, llevo meses queriendo que me llames por mi nombre y dejes las formalidades de lado, y no, no era por simple simpatía ¿Y ahora me dices que podrás vivir con un rechazo inexistente?

Sin darse cuenta Eric terminó acorralado entre la puerta de la habitación y el cuerpo del príncipe, no podía mirarlo a los ojos, si bien era unos pocos centímetros más alto que él, desvió la mirada para no ponerse aún más rojo de lo que estaba.

—Lo siento —confesó Eric— Lamento no haberme dado cuenta antes de sus sentimientos, seguro eso lo molestó mucho.

Se volteó y abrió la puerta, pero cuando apenas se abrió, una mano apretó su muñeca libre y lo hizo voltear, empujando su espalda hacia la puerta y cerrándola nuevamente.

—Eric —lo llamó el chico —No tienes que disculparte por nada, pero por favor, para ya. No puedes confesarte, escuchar mi confesión y luego huir. Necesito que me digas si esto es real

—Si—contestó preocupado mientras miraba la mano que sostenía su muñeca contra la puerta, tenía una quemadura reciente, seguramente de quemar los papeles en la chimenea—¿No me escuchaste la primera vez? Yo también llevo meses intentando ocultar lo que siento por ti, y no sabes cuanto me alegra poder decírtelo y que no me envíes a la horca.

Se soltó del agarre de su muñeca y en cambio tomó la mano herida del muchacho quien hizo una mueca de dolor al sentir el tacto, luego su expresión se suavizó mostrando alivio. Eric estaba curando la herida con sus poderes

—Gracias, no era necesario

—Por supuesto que sí, es mi trabajo—el joven de ojos color miel le dedicó una sonrisa triste, pero no dejó de sostener su mano

—Eric, te necesito, por favor —el príncipe imploró, no le importaba hacerlo, después de todo ya su corona pesaba lo suficiente y que ahora ardiera pero gracias a un sentimiento correspondido, valía más que cualquier cosa en el mundo —Tiene que existir una forma

—Las cosas son así, Adrien —era la primera vez que decía su nombre, sonaba tan bien en sus labios—Yo soy un simple peón en todo este reino, un sirviente criado para servir, tú eres el futuro rey, criado para gobernar estas tierras y mantener la paz, está escrito en las estrellas, así debe ser.

En ese momento Adrien se abalanzó sobre Eric dándole un apasionado beso, no podía dejarlo ir así como si nada, menos después de saber la verdad. Posó sus manos en su cuello mientras Eric lo tomaba por la cintura, inseguro de sí profundizar el beso o alejarlo, de si debían o no estar haciendo eso. Cuando se separaron Adrien tomó la cara del chico con ambas manos y susurró

—¿Y si reescribimos las estrellas? Podríamos ser los primeros —sonrío al ver un pequeño brillo en los ojos del chico.

Pero el brillo se apagó al sentir unos pasos resonando a lo lejos en el pasillo, seguro los otros sirvientes se estaban dirigiendo a sus aposentos, él debía hacer lo mismo. Eric tomó sus manos y le sonrió con tristeza mientras las apartaba de su cara. Luego volteo hacia la puerta y la abrió con cuidado

—Lo siento, pero aunque me gustaría, no creo que eso sea posible —tras dirigirle una triste mirada salió de la habitación.

Adrien lo observó mientras cerraba la puerta, y solamente cuando dejó de escuchar sus pisadas se tumbó en la cama, luego sacó algo de su bolsillo y lo sostuvo sobre su cabeza contemplándolo. Era un collar en forma de flecha

—Tendrá que venir a buscarlo en algún momento— Adrien sonrió llevándose la mano a los labios, aún sentía el calor del beso.

Le alegraba saber que sus sentimientos eran correspondidos, y tarde o temprano Eric debía volver, y cuando lo hiciera Adrien ya estaba preparado para recibirlo nuevamente, su corona pesaba y estaba en llamas, pero ahora estaba dispuesto a dejar que ardiera porque valía la pena, entre dos quemaba menos sostenerla.