Prólogo
Empecemos hablando un poco sobre la vida.
Algo totalmente maravilloso para ojos de algunos. Algo tan valioso que no puedes perder tan fácil como si fuera un simple juego de ludo. Es algo que tienes que valorar con todas tus fuerzas y amar tan fuerte como lo harías con alguien. No es cualquier cosa sin importancia que podrías volver a tener unas 500 veces, aunque también se cree en el renacimiento, pero si no existe, sigues teniendo nada más una oportunidad de vida y así te quedas.
Son puntos de vistas de ciertas personas. Otras tienen uno muy diferente.
No sirve, no te trae nada bueno, y solo quieres suicidarte cuando ves la oportunidad. Pensamientos de aquellas personas que no le dan ni un poco de interés a su vida, pero que también tienen sus razones. Peleas, bullying, acoso, violaciones... Todo lo feo que podrías imaginarte para tener ganas de morir. De no querer seguir respirando el mismo oxigeno que inhala la gente con maldad en sus venas.
Yo no soy la que piensa ni en una ni en la otra. Estoy en mi punto medio el cual disfruto y sufro. Hay altas y bajas. Nunca nos dieron un papel con una advertencia diciendo que la vida sería difícil, que tendrías que ser fuerte y hacer lo mejor que puedas. Hay camino fácil, eso sí, pero ese camino con el tiempo se vuelve caótico y termina empeorándote la vida. Tampoco al nacer nos dieron un manual de cómo hacer las cosas bien sin cometer ningún error, ni mucho menos diciéndonos que pasara cada día de tu existencia.
Por eso cuando nos pasa una situación nueva, aprendemos, sea malo o bueno. Y con el tiempo también aprendes a sobrellevar las cosas mejor que antes.