0.5 — Prefacio
Prefacio
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Narrador omnipresente
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Las corrientes de aire helado ondeaban el cabello rizado de la joven que, con una expresión imperturbable admiraba la vista desde el balcón.
¿Alguna vez has estado en una morgue?
¿Has sentido el aire helado con hedor a muerte calar hasta tus huesos? ¿No? Ciertamente ese era el ambiente habitual en el inframundo, la desesperación presente en cada ráfaga de viento.
¿Sucedia algo? Los murciélagos se notaban inquietos.
El ambiente pesado la asfixiaba y aunque no lo demostrase en lugar de estar preocupada la joven sentía entusiasmo, emoción e intriga.
Lo sabía, lo presentía, algo se acercaba.
De un momento a otro la manada de murciélagos que se encontraba en la punta de la torre abrió vuelo, todos al mismo tiempo casi sincronizados, la salvajes y velocidad con la que desaparecieron en el cielo sólo confirmaban las sospechas de que un nuevo dolor de cabeza se avecinaba.
Sin más la joven entró nuevamente a la habitación del comedor donde los esclavos preparaban la mesa, que ya se encontraba repeleta de una gran variedad de platillos.
Vasija y cubiertos de oro blanco se utilizaban en el castillo.
Con cuidado de no arrugar su elegante vestido la misma tomó asiento y comenzó a comer. Algunos minutos pasaron hasta que el sonido de tacones resonaron a lo largo del pasillo, la joven respiro hondo reconociendo su tormento avecinarse. La chica pelirroja entró a la habitación con total libertad, su cabellera iba suelta y le llegaba ya a lo bajo de su espalda, con un chasquido de dedos ordenó retirarse a los esclavos, quienes rápidamente desaparecieron tras las puertas
—Señorita Raven – Reconoció la chica pelirroja. Rápidamente se aproximó al puesto de la mencionada arrodillándose a sus pies como muestra de respeto – He vuelto señorita mía, estoy a sus ordenes su alteza.
—Ya veo, ¿Resolviste el problema?
—Si, mi divinidad. Todo está bajo control
— Bien. Sirveme vino Harume – Ordenó y rápidamente la chica se puso de pie acatando la orden de su ama, la joven sostuvo su copa mientras Harume servía su vino – Puedes volver a tu puesto, no te necesito más por hoy – Ella siguió comiendo, más Harume desobedeciendo no se movió del lugar –
La joven enarco una de sus cejas hacia la chica pelirroja, cuestionando su comportamiento, pues normalmente Harume era como un rayo a la hora de acatar ordenes: Rápido y destructivo.
—¿Por qué sigues aqui?
Eran contadas las veces que Harume cuestionaba o desobedecía las ordenes de su ama, ningún individuo no importa el rango que tuviese se atrevía a llevarle la contraria a, la joven pelinegra que se encontraba en ese mismo instante cenando sin ninguna preocupación.
—Lamento desobedecerla su alteza, pero es mi deber como su consejera guiarla a tomar las desiciones acertadas por el bien del reino – Expresó la pelirroja quien se encontraba frente a la joven con la cabeza gacha y sin mantener contacto visual, ya que estaba prohibido – Estará consciente de mi rango y entenderá que como cualquier demonio por encima de la clase elite siento todo está energía oscura rodeando los alrededores del castillo, me gustaría que usted me confiara información sobre la situación y pasos a seguir así para serle de utilidad, señorita.
La pelinegra no se inmutó ante la petición de la consejera. Bebió lo que quedaba de vino en su copa y se levantó quedando así frente a Harume quien se mantuvo en su posición rogando no haber despertado la ira de su ama. Con toda la tranquilidad del mundo la joven tomó el colgante que Harume llevaba en su cuello, el mismo que la identificaba como servidora de la familia real y bruscamente lo halo hasta que el rostro de la consejera se encontraba a pocos centimetros del suyo.
Los ojos de la joven escrutaron el rostro de la pelirroja, que seguía sin dirigirle la mirada, buscando algún indicio de temor, porqué algo que repudiaba eran los cobardes. Al parecer su búsqueda no dio resultados ya que aflojó solo un poco su agarre en el colgante y con una sonrisa burlona surcando su rostro advirtió:
— Te recomiendo que no te pases de lista conmigo Harume, no me importa quién seas ni cual es tu jodido deber. Si digo que no te necesito es porque mierda como tú, a mi alrededor no me apetece ¿Lo entiendes?.
Se derrochaba arrogancia en las palabras de la joven pelinegra, la misma abandonó de un todo su agarre en el colgante y pasó por un lado de la consejera como si está última no existiese. O siendo más claros: no le importaba en lo absoluto.
El vestido negro se ajustaba a cada una de las curvas pronunciadas en el cuerpo de la joven. El escote en forma de V que realzaba su busto no dejaba demasiado a la imaginación y la diminuta abertura en uno de sus costados te dejaba ver solo una pequeña parte de las piernas largas y esbeltas que sin duda alguna; cualquier chica envidiaría.
El vestido era mangas largas, así cubriendo sus brazos y dejando sólo sus delicadas manos a la vista, sus largos dedos estaban decorados por uñas intimidadoramente afiladas de un color negro que no era debido a ninguna pintura; si no a su propio organismo. Su cabello negro ondulado, fácilmente podría ser un manto de obscuridad cubriendo toda su espalda. Estiletos a juego con su vestido y cabello cubrían sus pies, pero para su comodidad estos portaban un tacón bajo.
Pocos eran los que no sucumbian ante los encantos de la joven, un aura de superioridad y seguridad siempre la rodeaba y ha de admitir que a muchos le atraía su forma arrogante y ególatra de ser. Más el temor de ser destruidos por la pelinegra les ganaba a todos a la hora de pretenderla, o al menos eso creían los que desconocían la historia de pasión y lujuria de la misma.
Sus ojos eran como dos agujeros negros esperando por absorber todo de ti, intimidantes y sorprendentes; ya que a la mitad de uno de estos casi como una grieta se apreciaba una linea no recta de color blanco palido.
Muchos decían que era como un rayo proveniente del mismísimo Zeus impactando en su iris negro como la penumbra.
Tentando a su suerte la consejera no se movió del lugar, en cambio la joven se dirigió hasta la pequeña licorera que había en una de las esquinas del gran salón, que solo servía como comedor principal y dejando de lado el vino blanco que le habían servido junto a la cena, llenó una copa de champán con wiski y sin perder el tiempo se la llevó a los labios ingiriendo el líquido que a otros le hubiese quemado a su paso, pero para ella se sintió como una leve caricia.
Las leyes dictaban que el deber de un consejero real era instruir y servir a la monarquia en la toma de desiciones respectivas al futuro del reino, pero para desgracia de Harume le había sido confiada a una joven altanera que ignoraba hasta las ordenes de los antiguos reyes, entre esos incluido su padre.
La joven Raven, una entidad que fácilmente podria ser descrita con la palabra: Perfección e igualmente rebeldía.
La pelinegra sostuvo la copa con más fuerza de la debida, pues sabia que si se dejaba llevar acabaría con la maldita pelirroja que ya la tenia harta y que luego de eso tendría que soportar la agonía de un regaño por parte de los
Antiguos
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— ¿Señorita?..– Raven no se percató de la cercanía de Harume hasta que la susodicha la llamó, estaba a solo unos pasos de ella. La joven no volteó a verla; su silencio debía ser una clara respuesta: Lárgate – Si usted no quiere decirme nada, me comunicare con su padre...
Se trató de controlar, eso nadie podía negarlo, más Harume era tan insistente, metiche y controladora que toda la paciencia de Raven se fue a la mierda luego de que la muy canalla, al no obtener información por parte de la pelinegra, optara por llamar al antiguo Rey; mismo padre de Raven.
Raven no entendía que clase de acuerdo mantenían su padre y la consejera, ya que aparte de metiche: chismosa. Capa paso que Raven daba se le era informado a su padre, para su disgusto claro está, al principio pensó en los demonios que la rodeaban pues eran de la confianza del antiguo rey, más con el tiempo les hizo saber de la peor manera, a esos individuos que ahora la jefa era ella y no su progenitor. Con eso solo le quedó una rata en la mira y las sospechas resultaron ciertas.
No lo soportaba, de por si ya le caía mal la pelirroja, todo empeoró cuando se enteró que era una sapa. «¡¿Llamar a mi padre?!. !¿Que se cree esta maldita?!» Pensó Raven.
Harume estaba tentando a su suerte y de no ser por su rápida acción, al activar el campo de fuerza a su alrededor, fuese quedado tuerta ya que la copa que antes sostenía Raven, había sido lanzada por la misma, en dirección a Harume. La copa siguió su trayecto como si de un cohete se tratara, la velocidad con la que atravesó la distancia entre las dos entidades en ese salón fue impresionante. Harume no se lo esperaba pero para su suerte y desgracia de la joven, el campo de energía maldita a su alrededor impidió que la copa se incrustara en su ojo derecho.
—Vaya suerte la que tienes...– Raven no demostró su decepción, en cambio, su típica mascara indiferente hizo su aparición –
— ¡Guao! Creo que llego en mal momento, ¿Otra vez peleando con Harume, hermanita? — La consejera dio un respingo al reconocer la voz proveniente de la entrada, puso sus ojos en blanco y se dispuso a retirarse. Por muy fuertes que fuesen las ganas de cumplir su deber, Harume prefería un siglo de tortura a convivir con el demonio que ahora entraba al salón con una sonrisa burlona en su perfilado y estúpido rostro– A papá no le gustara eso.
—Que bueno que a mi me vale mierda lo que él piense – Zanjó Raven tomando asiento de mala gana en la mesa de roble – Lárgate antes de que termine lo que empecé – Esta vez se dirigió a Harume y a diferencia de siempre, su tono si mostró emoción. Para ser mas exactos: repulsión – Y si vas de sapa con el rey dile que ni si le ocurra aparecerse por aquí.
Con una reverencia tensa Harume abandonó el salón. Ya vería que escusa le crearía al rey.
- ¿Y ahora por qué peleaban? - Cuestionó el demonio a Raven, quien se encogió de hombros con indiferencia y fastidio -
- Creo que la verdadera pregunta es ¿Por qué no peleariamos?.
-Buen punto, hermanita.
-Deja de llamarme así, me dan ganas de vomitar.
-¿Te he dicho alguna vez cuanto me encanta tu sinceridad hermanita? - Se burló la entidad -
- Patetico - El chico puso los ojos en blanco sin perder su sonrisa burlona - ¿Y qué mierda haces aqui? ¿No ibas a
Seattles
con el antiguo rey?
— No, papá decidió ir con Rhay, Aunque tampoco tenia muchas ganas de ir. Que.
Raven hizo un pequeño sonido como señal de que lo escuchó y luego de eso la habitación quedo en silencio por cuatro minutos con cincuenta y un segundos exactos, pues la joven llevaba el tiempo poniendo en prueba cuanto tardaría el chico en hacer esa pregunta con la que todos la tenían tan estresada.
— Y entonces...¿Qué ha pasado con el caso Togen?.
La joven sopesó muy bien su respuesta antes de darla, por primera vez en más de cinco mil años tenían que cuidar muy bien el sitio donde hablaban y los temas que se discutían, ya que al estar el escándalo de la traición de un guerrero tan reciente se sospechaba que existía más de un infiltrado en el castillo. El antiguo rey siempre les decía a sus hijos:
»Este castillo ha estado a nuestra disposición desde el inicio de los tiempos, infinidades de demonios han padecido dentro de estos muros, sus almas rondan de vez en cuando por los pasillos, aunque eso no es alarmante ¿Por qué temerle a unas cuantas almas? ¿Por qué temerle a los muertos? Deberíamos temer a los vivos, a aquellos que se esconden detrás de la pared a escuchar y analizar conversaciones con el único objetivo de perjudicar a los demás»
Más que temerle deberíamos eliminarlos. Pensó Raven.
—Decidi cerrar el caso, sinceramente me importa muy poco lo que recomienden lo
Antiguos
y mucho menos como quiera proceder el antiguo rey – La entidad a su lado abrió los ojos como platos y la incertidumbre se plasmó en su rostro. Ignorándolo, Raven siguió hablando – No estaré persiguiendo a nadie.
—Entiendo la parte de que no perseguiras a nadie pero, tienes muchos más guerreros a tu disposición – Refutó la entidad – Sinceramente que Togen esté suelto haciendo de las suyas es algo inquietante.
—Creo que olvidas con quién estás hablando, ¿Realmente crees que Togen me llega siquiera a la planta de los pies? Claro que no –Zanjo con un toque de molestia en su voz –
La entidad estaba lista para debatir y tratar de convencerla de cambiar de opinión, pero casi como si de un gato sustadizo se tratara, Raven se puso de pie sorprendentemente rápido y se dirigió a una de las esquinas del gran salón, dejando así a la entidad con las palabras en la boca.
El chico no entendía que le pasaba a su rara hermana, solo estaba allí con la vista fija en la pared »Se habrá molestado? ¿Es esta alguna clase de indirecta para que me largue?»
Se lo preguntó seriamente, pues era conocedor de que Raven era capaz de ignorarlo olímpicamente de manera casi profesional.
— ¿Raven? – El chico se puso de pie y sonó sus dedos con pereza, no despegaba la mirada de la espalda de su hermana quien fácilmente podría ser confundida con una estatua – Si quieres que me vaya solo tienes que decirlo, no hace falta...
Y como si de una revelación divina se tratara, y de forma casi aplastante comprendió la actitud tan rara de Raven. Su cuerpo se paralizo y sus sentidos se agudizaron ante tal muestra de poder.
»¿De donde viene tanta energía oscura? ¿Proviene de Raven? No. Es una fuerza exterior, omnipresente, extraña.»
A su alrededor ahora eran visibles los rastros de energía oscura que inundaban la habitación, la fuente al parecer se encontraba justo en el lugar donde la joven permanecía de pie con su típica mascara de indiferencia. Ni siquiera demostraba estar perturbada por esa inesperada situación.
— ¿Raven? ¿Qué es...
La pregunta no pudo ser terminada ya que de un momento a otro el aire se hizo tan pesado que le costaba respirar, observo en cámara lenta como Raven levantaba dos de sus dedos creando un ritual que élaaa ya conocía de memoria. Rápidamente una barrera de energía oscura aislaba al viejo salón del resto del castillo, el punto donde se concentraba todo esa energia oscura parecía inestable y cada vez se hacia más y más grande, casi como un agujero negro apunto de tragarse toda la habitación.
A paso rápido se posicionó al lado de su hermana que analizaba atenta la fuente de poder frente a ellos, no parecía preocupada en realidad, ni siquiera tenia una expresión clara en su rostro.
Tomándolo por sorpresa al medio del "agujero negro" como la entidad decidió llamar a la misteriosa fuente de poder, de forma horizontal apareció una grieta bastante inquietante. Raven dio un paso atrás y tomando su ejemplo el chico hizo lo mismo al preciso instante en que de la ya no tan pequeña grieta sobresalía una mano, pronto un brazo, le siguio una pierna y tras eso un cuerpo hizo aparición frente a ellos. El cabello negro le llegaba por debajo de las orejas y los ojos azules como el cielo no perdieron tiempo en examinar todo el perímetro. Era...Era un...
— ¿Un humano?
Continuara...
Nota de la autora:
Holis :}
Espero se encuentren muy bien, les agradezco la oportunidad que le están dando a esta nueva historia, espero les guste y me perdonen si hay errores ortográficos, aún soy nueva en esto.
Les agradecería mucho sus me gustas y comentarios.
♡