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Una primavera llamada Asher

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Summary

En el mundo de Dominick Decker, la marca de flor con la que naces lo es todo, por lo que él, siendo un desmarcado, no puede más que sentirse excluido, al fin y al cabo, la popularidad y el valor están definidos por aquello que no tiene. Con el pensamiento de que su futuro ya está trazado, pasa sus días alejando a otros, pero cuando Asher Sellards, aquel chico que ha traído la primavera a su vida, no se va como el resto, entiende que ningún destino está escrito y que lo que verdaderamente importa no se encuentra en una marca

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Lirio



Vivir en un mundo donde se nace con una etiqueta es complicado. Seguramente, jamás podría entenderlo.

Desde pequeño me enseñaron que las cosas se dividen en blancas o negras como el día y la noche, pero a medida que crecí me di cuenta de que los seres humanos somos variaciones de grises, algunos más claros y otros más oscuros.

Así era la realidad, incluso si éramos conscientes de ello, existía una etiqueta más importante, una que nos categorizaba a todos apenas nacíamos: una pequeña y difusa mancha que crecía hasta convertirse en una marca de flor.

Al final todo se reducía a eso: si tenías una bella flor, podías formar parte del grupo de los populares, los envidiados; si no, eras un perdedor sin vida social.

Y por último estaba yo: un desmarcado.

Aquella mancha que definía la popularidad y el estatus social de cada individuo me había sido negada al nacer.

A los doce años busqué en rincones menos visibles: mi espalda, la nuca, incluso la parte interna de mis muslos. Al final el resultado fue siempre el mismo: no tenía una marca.

A los catorce entendí por qué no era algo que otros debieran saber. Se generaban muchos rumores sobre las personas que no teníamos marca. Éramos vistos como bichos raros, incluso había quienes recurrían a marcas artificiales para evitar ser señalados por los demás.

Mi caso no fue mejor, muchos me excluyeron simplemente por no ser como ellos. Se burlaron de mí cuanto pudieron e hicieron de mi último año de secundaria una verdadera pesadilla.

Maldije el momento en que decidieron que una marca podía definir quién eras porque a raíz de eso mi vida se desmoronó.

Y así comienza la historia, con un par de bravucones quienes, atentos a las debilidades de los demás, se enteraron de mi secreto.

Era el final de las clases, cuando el bullicio de los pasillos comenzaba a disminuir y los estudiantes se apresuraban hacia la salida, me encontraba en el lugar donde solía refugiarme: detrás de la escuela.

Fue justo en ese rincón olvidado donde ambos matones me encontraron, dispuestos a mostrar por qué no tener marca era un defecto imperdonable.

—Mira al perdedor sin marca, ¿quién crees que eres para estar aquí? —me gritó Saul con voz cargada de desprecio.

—Así que se enteraron.

Traté de mantener la calma, de no mostrarles cuánto me afectaba la posibilidad de repetir lo que había sucedido hacía dos años en mi escuela anterior.

—No perteneces a este lugar, eres un parásito insignificante —agregó Andrew con una expresión maliciosa.

Deseaba huir, pero me esforcé en mostrar una fachada de indiferencia. No les iba a dar el placer de verme quebrado.

—Menos mal, mezclarme con ustedes me reduciría aún más de categoría —afirmé, desafiándolos con la mirada.

Saul se acercó, con su rostro contorsionado por la rabia. Sus ojos ardían con malicia mientras alzaba el puño.

—¿Qué te crees, idiota? —Su palma impactó en mi mejilla con tal fuerza que volteó mi rostro—. Espera a que toda la escuela lo sepa.

Tragué saliva, forzando una sonrisa desafiante a pesar de la inseguridad que me invadía. Sentí el sabor metálico de la sangre en la boca, pero me negué a mostrar debilidad.

—No se confundan. La verdad, prefiero estar solo que mezclarme con personas tan mezquinas como ustedes.

Mis palabras parecieron sorprenderlos por un instante, pero rápidamente recuperaron su arrogancia.

—El que te desmarcó debió aprovechar y desaparecerte de este mundo.

Sí, uno de los rumores más conocidos era que la marca se desvanecía si la persona sufría un abuso. Obviamente no era mi caso, pero a ellos no les importaría.

—La perdí en un trío con sus madres, yo habría jurado que era consensuado.

Aquel comentario fue mi esfuerzo por aparentar fortaleza, y aunque logró descolocarlos, al final se tradujo en una golpiza aún peor.

Andrew me agarró del cuello de la camisa y me arrojó con violencia. Sentí cómo mi cuerpo golpeaba el suelo áspero y seco, mientras luchaba por recuperar el aliento.

—Oye, creo que va a desmayarse por el dolor —comentó Saul, riendo sádicamente—. Maldito niño de cristal.

Sus voces burlescas resonaban en mis oídos como un zumbido, pero pronto se volvieron más y más distantes.

Hay personas que no saben cómo pedir ayuda. Yo era una de ellas.

No lloré cuando un puñetazo nubló mi visión, ni siquiera me inmuté al percibir la tierra mancharse con gruesas gotas rojas, pero la rabia y la frustración que se habían acumulado estallaron en un amargo llanto una vez que me quedé solo.

Ahí, en el suelo, hecho un ovillo y lleno de sangre seca y tierra, maldije como nunca ser yo.

Si las diferencias nos hacen ser quien somos, ¿por qué el resto no podía amarlas? Bah, todo el mundo siente que es único y diferente, pero cuando conocen a alguien que realmente lo es, lo rechazan.

Tomé mi bastón y comencé a dar pequeños pasos. Un traumatismo de mi infancia me obligaba a usarlo, así que los bravucones tenían de dónde escoger para molestarme.

Dominick Decker era todo un fenómeno.

«¿Cuánto tardaste en darte cuenta?», preguntó mi propia voz interna con hosquedad.

A medida que caminaba, noté el cielo cubierto de grises matices que parecían reflejar mi propio estado de ánimo.

Llegué al baño de chicos, horrorizado al ver mi reflejo en los cristales. Era la primera vez que llegaban tan lejos, quizás porque la parte detrás de la escuela resultó ser un lugar perfecto: sin profesores y apenas visitado por unos pocos estudiantes ocupados en sus prácticas.

Lavé mi rostro como pude, evitando el contacto visual con cualquier otro alumno que se acercara.

Un torbellino de emociones se agolpaba en mi mente, alimentado por la reciente golpiza y la sensación de exclusión que había marcado mi vida. Sentía una mezcla de tristeza, rabia y frustración, preguntándome por qué era tan malo ser un desmarcado.

Las manchas oscuras se movieron frenéticamente ante mis ojos y el respirar se volvió pesado. Mis rodillas flaquearon y, de no ser por el bastón, habría caído.

«No puede estar pasando»

Fue en ese preciso instante cuando mis pensamientos tumultuosos se vieron interrumpidos por una suave presión en mi hombro. Sobresaltado, me volví bruscamente, con el corazón martilleando precipitado, pero me detuve al mirar al chico frente a mí.

Sus ojos esmeraldas me miraron con una intensidad tranquila y comprensiva. Aunque mi primera reacción fue la de alejarme, algo en su presencia me hizo dudar.

Por un instante mi consciencia se perdió en su rostro, en los mechones rojizos que caían por su frente y combinaban con la marca de rosa roja en su mejilla izquierda, en sus lunares y en la curva de sus labios intranquilos.

—¿Estás bien? —preguntó con sinceridad.

Sus palabras resonaron en lo más profundo de mí, tocando una fibra sensible. No pude evitar apartar la mirada, temeroso de exponer mi vulnerabilidad ante él.

—Sí, lo estoy.

Él soltó un audible suspiro, y sentí que era capaz de ver a través de mi máscara de valentía forzada y captar la tristeza que se ocultaba detrás de ella.

—No hay manera de que crea eso. Estás herido. Y estás llorando.

Froté mis ojos con el antebrazo e intenté con todas mis fuerzas reprimir un sollozo, aunque mi cuerpo no dejaba de temblar.

Sin esperar mi respuesta, quitó la bufanda que llevaba y me la extendió.

—Toma, puedes usarla.

No supe cómo reaccionar. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien se mostró amable conmigo.

Justo en ese momento, otro chico se acercó apresuradamente, interrumpiendo nuestro breve encuentro.

—¡Apresúrate o empezaremos sin ti! —gritó, llamándolo.

Él me miró, preocupado, y luego dirigió su mirada al chico que lo llamaba.

—¡Iré en un minuto! —respondió y luego regresó su atención a mí—. Si hay algo que necesites estaré en el campo del equipo de rugby. Espero que te sirva.

Mientras envolvía mi cuello con la bufanda, una sensación cálida se apoderó de mí. Por primera vez en mucho tiempo, sentí una chispa de esperanza brillando en mi interior.

—Espera, se va a ensuciar si me la quedo —dije, preocupado de causarle molestias.

Pero él solo sonrió suavemente y asintió.

—Está bien, puedes devolverla la próxima vez que nos veamos —respondió, antes de partir para unirse a sus amigos.

Y mientras pronunciaba aquellas palabras era como si se llevara pedacitos de mi acostumbrada soledad.

Pero lamenté ni siquiera haber sabido su nombre.



Hola, solecito ❀ gracias por estar aquí y leer este primer capítulo, ojalá te haya gustado lo suficiente como para continuar la historia. ¡Déjame saber si es así, yo estaré encantado de leerte!

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

1

Strong Dialog

author

Oye, que buen primer capítulo. Bonita narración, Me gustó Dominick. Seguiré la lectura. ¿Cada cuánto actualizarás?

3 years
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