Enamorado de un fantasma

All Rights Reserved ©

Summary

La línea entre lo paranormal y nuestro mundo es muy delgada. Dos dimensiones diferentes coexistiendo en una misma realidad, tratando de encontrar un equilibrio, aunque realmente puede que haya ninguno. Louis, Allison y Kate han vivido su vida como tres amigos y adolescentes normales, ajenos a todo lo que el mundo espectral implica, hasta que un incidente los obliga a ver las cosas de otra manera. Las dudas acerca de su cordura incrementan, y todo lo que parece real puede que no lo sea. Pero, ¿hasta qué punto?

Status
Ongoing
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

“Injusticia”

Louis


—¿Louis? —es una voz femenina la que dice mi nombre con cautela cuando atiendo la llamada.

—¿Kate?

—¿Estás en tu casa? —pregunta en el mismo tono, confirmando mis sospechas sobre si era ella, lo que me pone intranquilo. Me siento en la cama para poner más atención en lo que dice, ya que el volumen de su voz es muy bajo.

—Sí, ¿por qué me llamas de un número desconocido?

—Por favor, ven a buscarme —solloza, e inmediatamente después se escucha como si ahogara el sonido—. Tengo miedo.

—¿Dónde estás? —pregunto, temeroso.

—No lo sé exactamente —hace una pausa de unos pocos segundos, que se me hacen eternos, en los que puedo escuchar su respiración entrecortada—, me estaban siguiendo y solo corrí.

—Por favor, trata de recordar algún lugar por el que hayas pasado.

—Salí de mi casa hacia el instituto por los ensayos de la obra escolar, sentía que me estaban siguiendo y corrí, no me fijé hacia donde, solo quería escapar, estoy cerca del instituto, pero me da miedo salir de aquí. Creo que es la única cabina telefónica que hay por esta zona.

—Voy para allá.

Tomo las llaves del auto, subo a él y salgo a toda velocidad en dirección al instituto haciendo un repaso mental de todas las calles que están cerca para ir descartando las que no tienen la única pista que ella me dio.

Disminuyo la velocidad unas calles antes, mirando todo con prisa en busca de algún punto rojo. Muevo los dedos en el volante con desespero, frustrado por no poder conseguir la puta cabina.

Avanzo unas tres calles más, y siento un poco de alivio al ver ese rojo característico. Cruzo y avanzo lo más sigiloso que puedo ir con el auto, rogando que ella se encuentre allí.

Pero no es así.

Mi mente comienza a pensar lo peor y freno de golpe, las ruedas chirriando levemente sobre el asfalto. Rebusco a mi alrededor, afinando la vista lo más posible a la espera de encontrar su silueta. Es de noche y es una calle poco concurrida, los turistas no suelen pasar mucho por la zona del instituto, ya que no hay nada interesante para ellos allí, lo cual resulta mejor para nosotros.

Pero en este preciso instante desearía que la calle estuviese atestada de gente, sólo así habría menos probabilidades de que a ella le suceda algo.

Sigo moviéndome en el auto por las calles aledañas, y el alma me vuelve al cuerpo cuando la veo caminando apresuradamente a lo lejos, seguida por una silueta que no conozco de nada. Tres segundos después ya no veo a ninguno de los dos.

Me acerco lo más rápido posible hacia esa dirección, maldiciendo en voz alta cuando noto que no puedo seguir en auto por esa calle.

Sin pensarlo dos veces, me bajo y me adentro, tratando de mantener mi respiración y mis pasos lo más sigilosos posible para escuchar cualquier cosa que haya a mi alrededor.

Un grito ahogado un poco más adelante de donde estoy llama mi atención, corro hacia allí lo más rápido que puedo y, al cruzar en otra calle igual de estrecha, veo cómo un tipo le tapa la boca con la mano y forcejea con ella, obligándola a caminar.

Kate le muerde la mano, según lo que puedo observar mientras me acerco apresuradamente, logrando zafarse. Ella corre, huyendo de él, y de nuevo los pierdo de vista.

Mi mente comienza a pensar lo peor, y empleo mis años de entrenamiento futbolístico para correr más rápido de lo que alguna vez lo he hecho en mi vida. Un sonido seco y ahogado me paraliza el corazón por unos instantes, casi perdiendo el equilibrio si no fuera porque logro apoyarme en el alféizar de la ventana de una casa y detener las piernas.

«No, no, no, no, por favor, no.»

Tomo una respiración profunda como impulso antes de volver a correr. Al cruzar en la esquina donde los vi desaparecer, choco contra alguien e inmediatamente reboto hacia atrás.

Nos observamos rápidamente, mi instinto enciende todas las alarmas y la adrenalina fluye por mi sangre a la velocidad de la luz, aprovecho estos escasos segundos para colar mi mano en el bolsillo y sacar las llaves del auto lo más disimulado posible, es lo primero que se me pasa por la mente.

Todo sucede en cámara lenta.

Miro detrás del tipo lo equivalente a una fracción de segundo, notando algo amarillo tendido en el suelo. El color abandona mi rostro y lo miro de nuevo a él, quien reacciona intentando abalanzarse hacia mí.

Lo esquivo a duras penas, retorciendo varios pasos para evitar que sus manos me golpeen. Va armado, y yo sólo tengo unas llaves para defenderme... sólo espero que todo esto no termine peor de lo que ya está.

Empuño las llaves en mi mano, dejando la parte metálica expuesta como una especie de punzón, y lanzo golpes en su dirección, apuntando hacia el pecho o la garganta, lo primero donde pueda darle, rogando que no saque su arma. Hemos intercambiado posiciones, por lo que ahora él tiene ventaja sobre mí, prácticamente me ha acorralado sin mucho esfuerzo pues, entre esquivo y esquivo, fui moviéndome hacia donde no debía.

—¿Qué sucede aquí? —escucho la voz de un hombre y casi es música para mis oídos.

Escucho dos puertas abrirse simultáneamente y varios pares de pasos acercándose. Noto que el tipo lleva una de sus manos hacia la cintura del pantalón y me alarmo.

—¡Está armado! —grito para avisar a quienes sean que han salido de sus casas.

—¡Manos arriba! —vocifera alguien, y el tipo frente a mí se queda inmóvil en el acto—. Ahora.

Alguien tose detrás de mí, recordándome por qué estoy aquí. El miedo se va y la ira arremete contra mí. Alzo la mano donde tengo las llaves del auto y lo apuñalo justo en el pecho antes de que se le ocurra reaccionar. Golpeo a la altura del esternón, haciendo que se incline hacia adelante, dejándome ver al hombre detrás de él, que lo había estado apuntando con otra arma.

Miro la pistola y luego al tipo, quién me hace un movimiento de cabeza, señalando detrás de mí.

—Ve con ella —aprovecha que el atacante principal está en desventaja para desarmarlo—. ¡Corre! —me grita, y reacciono en el momento en que otro hombre se acerca para mantener al tipejo derribado.

Corro hacia Kate y me arrodillo frente a ella, apartando el pelo de su rostro y conteniendo las ganas de llorar por verla así. Tiene el rostro levemente contraído, y su mano presiona el costado derecho de su abdomen.

—Kate —murmuro con la voz entrecortada—. Por favor, resiste.

—¿Estás bien? —articula con dificultad.

—No me hizo nada. Te llevaré al hospital —coloco un brazo detrás de sus rodillas y el otro en su espalda para cargarla.

Doy media vuelta para irme por donde vine, viendo cómo los dos hombres mantienen al tipo inmovilizado en el suelo.

—Hemos llamado a la policía —me informa uno de ellos cuando paso por su lado.

Les dirijo a ambos un asentimiento de cabeza en agradecimiento por haberme ayudado y centro toda mi atención en dirigirme al auto lo más rápido posible.

—Louis —Kate tose levemente—. No me olvides.

—¿Qué? —digo de forma automática, negándome a creer lo que acabo de escuchar. Un enorme nudo se forma en mi garganta. Se está despidiendo...

—No te olvides de mí, y no quiero que te sientas culpable por algo —como puedo, abro la puerta trasera del auto y la acuesto en el asiento con sumo cuidado.

Cierro esa puerta y rodeo el auto para abrir la del otro lado, buscando su rostro.

—Te amo —le digo con tono firme—. Lo sabes, ¿no? —ella asiente levemente—. Y te vas a poner bien—beso sus labios suave y amorosamente, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no llorar frente a ella.

Conduzco más allá del límite de velocidad, maldiciendo a todo el que se cruce por mi camino, en este momento lo único que me interesa es ella, de unas cuantas infracciones me puedo ocupar después.

Luego de unos pocos, pero eternos minutos, llegamos al hospital. La alzo de nuevo en brazos y entramos a urgencias.

—¡Por favor, ayúdenme! —grito.

Una enfermera que iba pasando casi frente a mí se detiene a verme, luego mira a Kate y sale corriendo en busca de una camilla.


Los padres de Kate y los míos llegan poco después de haberlos llamado, al igual que Allison.

Ella y yo hemos sido amigos desde que iniciamos la primaria, incluso me ayudó a tener una relación oficial con Kate y, cuando eso sucedió, ellas se volvieron mucho más cercanas.

Allison Hobbes, o Ally, es una chica de estatura relativamente baja, ojos azules y cabello castaño claro que le llega a media espalda. No es la persona más sociable del mundo y es feliz con eso, es reservada y solo revela su verdadera personalidad con aquellos con los que se sienta cómoda. También debo añadir que es una cerebrito, en el buen sentido de la palabra.

Horas después de que Kate entrara a emergencias, nos dan la peor noticia que podíamos recibir: había fallecido.

Su madre inmediatamente rompe en un llanto desgarrador, dejándose caer en brazos de su esposo, quien niega que lo que dijo el médico es verdad.

Siento la mano de Allison frotando mi espalda mientras las lágrimas inundan mi rostro; me giro para abrazarla fuertemente al mismo tiempo que las últimas palabras que intercambié con Kate vienen a mi mente. Mi hombro poco a poco se va humedeciendo por las silenciosas lágrimas de Ally cayendo sobre él.

Una cálida mano se posa en mi espalda. El abrazo de mi amiga se afloja y giro para ver a la señora Cooper, quien no duda en abrazarme como queriendo darme consuelo, pero sé que ella está mucho peor.

Allison y el señor Cooper se quedan a nuestro lado. Ella se abraza a sí misma, frotando sus brazos y la mirada en algún lado del piso. Deja caer sus lágrimas libremente por su rostro hasta que llegan a su mentón y se pierden más abajo.

Amablemente me salgo del abrazo de la señora Cooper para ir de nuevo con mi amiga, ella hunde el rostro en mi pecho, descargando la tristeza.

—Ahora vuelvo —avisa James, el papá de Kate, sin ninguna emoción en su tono, dejando a su esposa en brazos de mi madre.

Nadie pregunta nada, y no hace falta. Durante el tiempo que estuvimos esperando el diagnóstico de Kate, les había contado a todos lo sucedido desde que ella me llamó, así que es seguro que va a ir hacia esa calle.

Permanecemos un rato más en el hospital, esperando que la mamá de Kate se estabilice un poco para llevar a cabo todo el procedimiento antes de poder irnos. No tenemos más nada que hacer aquí.

Al día siguiente en la tarde es el entierro. El lugar está lleno de compañeros de clase y algunos profesores a los que Kate llegó a tratar más, además de nuestras familias a excepción de los niños.

Todos nos reunimos alrededor de la urna. Allison coloca sus manos en mi brazo y lo levanto para abrazarla por los hombros, a la vez que ella me rodea la cintura.

—La voy a extrañar —murmura.

—Todos la extrañaremos —siento sus manos aferrarse a mi camiseta a medida que el personal del cementerio desciende el féretro por el enorme orificio en la tierra.

Hunde su rostro en mi pecho y siento como comienza a llorar, acaricio su cabello con la intención de consolarla, pero yo estoy en el mismo estado sentimental que ella, o incluso un poco peor.

Allison era su amiga, yo era su novio. La quería y ella a mí, y manteníamos una buena relación a pesar de los altibajos normales, hasta que ese malnacido vino a arruinarlo todo. Ni siquiera tenía un motivo para hacer lo que le hizo, si bien Kate tenía un carácter fuerte, no buscaba problemas con nadie.

En mi mente no cabe la idea de qué lo llevó a hacerle eso, no lo entiendo. Ella sencillamente iba de camino al instituto a ensayar una obra que se llevaría a cabo la semana siguiente.

Minutos después de que hayan finalizado de verter la tierra, la mayoría de los presentes les dan el pésame a los padres de Kate antes de retirarse, dejándonos a la familia de Kate, la de Allison y la mía allí.

La señora Cooper se coloca de cuclillas frente al montoncito de tierra para colocar una rosa roja en el lugar donde está la cabeza de su hija y murmura unas cosas ininteligibles para nosotros.

—No es necesario que se queden —nos dice el papá de Kate, acercándose a nosotros—. Ya vieron suficiente.

—Ella era nuestra amiga —responde Ally—. Nos quedaremos hasta que ustedes se vayan.

El señor Cooper asiente para luego irse con su esposa, ayudándola a ponerse de pie. Ella lo abraza fuertemente, con la cara escondida en el pecho de él.

—¿Por qué tuvo que irse? —la escuchamos sollozar—. ¡¿Por qué él tuvo que hacerle eso?! ¡¿Ella qué le hizo?!

—Me encargaré de hacerle la vida imposible allí donde está —gruñe James, dándome la impresión de que capturaron al tipo.

—¿Segura que te quieres quedar? —le pregunto a Ally.

—¿Tú no? —inclina su cabeza hacia atrás para mirarme y asiento.

Es un día muy lindo para una situación como esta. El sol brilla, algo que es relativamente raro aquí, pues Londres no se caracteriza por ser precisamente soleado. Un pequeño pájaro amarillo aterriza frente a nosotros, sobre la tierra recién colocada, buscando qué comer.

—El color favorito de ella —Ally sonríe sin muchas ganas.

Es cierto, el amarillo era el color favorito de Kate. El vestido que usaba la noche anterior era de ese color.

De reojo noto que Logan, el hermano menor de Kate, se acerca al lugar dónde está el pajarito, éste huye volando antes que el niño se acerque lo suficiente. Pero el objetivo de Logan no era espantar al ave, sino acercarse a su hermana, besa su mano y luego la deposita sobre la tierra.

—Te quiero mucho, hermanita —dice—. Te voy a extrañar demasiado, ya no tendré con quien jugar por las tardes y me voy a aburrir mucho. No sé por qué tuviste que irte, pero espero verte otra vez para que juguemos. Eres la mejor hermana, y te amo por eso —acomoda la flor que había puesto su madre minutos antes.

—Él me hará llorar aún más —articula Ally, conteniendo el aliento.

—Sé exactamente cómo te sientes —froto su brazo con cariño, observando a Logan.


—¿Puedes venir con nosotros? —le pregunto a mi amiga cuando su familia y la mía toman caminos separados, yendo a los respectivos autos. Tomo su brazo para evitar que se siga alejando—. Por favor.

Mira a sus padres y a sus dos hermanos por unos instantes antes de asentir con la cabeza.

—Déjame avisarles.

El resto del día lo pasamos juntos, tratando de distraernos viendo televisión o jugando con mis hermanos menores, pero cada cinco segundos había algo que nos recordaba a Kate.

Los tres hacíamos todo juntos, incluso los trabajos que nos ponían en las distintas clases, a pesar de que compartíamos todas las materias… o esa era la intención, pues siempre nos distraíamos y terminábamos de hacer los deberes cada quien en su casa y en su habitación ya entrada la noche.

Entre ambas me ayudaban con mi promedio no sobresaliente, pero decente, y era divertido verlas burlarse de mí por tener el cerebro en los pies y no en la cabeza.

Definitivamente Kate nos hará muchísima falta.