El Origen De Dareph (Oscuridad)

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Summary

Después de ser abandonado por su padre, Daren decide entrar al escuadrón celestial, para así convertirse en uno de los mejores guerreros, pero el comandante, Zadkiel, no está muy de acuerdo con eso. Cada que Daren se mete en problemas, su vida parece ir en picada directamente hacia el abismo, sin embargo, eso cambia cuando conoce a Seph. Un chico atemorizado con la vida, el cual su único objetivo es proteger a su hermano menor, pero Zadkiel ve en él un destino diferente.

Genre
Fantasy/Drama
Author
LyH
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

La noche había llegado y el bosque se hundía en un oscuro y expectante silencio, Selene caminaba con tal cautela que esperaba que ninguna de las criaturas del bosque la escuchara. Miró al cielo y suspiro. Ver la luna le traía tanta paz; sin embargo, sabía en el fondo de su corazón que ese poder tan deslumbrante no era más que suyo. Un don peculiar para alguien como ella.

—Debemos irnos —, su Guardián y mejor amigo, sonrió al verla.

Tenía que sacarla de ese lugar lo antes posible, lo sabía, pero Selene le había pedido un favor que no podía negarle.

A pesar de que ya habían dejado atrás los robles, aquel sitio en donde la oscuridad y las bestias salvajes se reúnen para cazar y devorar todo lo que se encuentre en su paso. Estaba inquieto, no le gustaba la tranquilidad que sentía a su alrededor.

Y de cierta manera, tampoco le agradaba la idea de subestimar a las criaturas del bosque, al fin de cuentas los espectros no tenían piedad.

—Solo un poco más... —dijo Selene recargándose en el tronco de un árbol.

Esa caminata le hizo recordar cuando era niña. En aquel entonces, le gustaba escaparse de casa para poder explorar el bosque y sentir ese ligero viento sobre su cara. Estar ahí le traía tanta serenidad, tanta calma, que con sus propios padres no tenía, su relación con ellos era complicada.

Ahora solo tenía permitido ir al bosque en compañía de un Guardián; aunque no le molestaba en absoluto, le desagradaba tener que volver al pueblo antes del atardecer.

Acarició su vientre abultado con tanto cariño que el Guardián tuvo que desviar la mirada. No estaba acostumbrado al afecto y al amor que los humanos sentían por sus seres queridos. Era algo especial que de alguna manera sentía cierta curiosidad.

Un anhelo extraño que le recordaba que él era un ángel, un ser de luz, un ser divino destinado solo a luchar.

Selene se sentía tan cansada y no por el hecho de pelear contra la oscuridad; más bien porque su pequeño estaba a punto de nacer y ya solo le faltaban un par de lunas para eso.

—Necesito fortalecer el escudo... —Su voz se quebró de repente.

No por un dolor cualquiera.

Fue un golpe desde adentro.

Seco e inesperado.

Una pequeña patada.

Su hijo.

Un sollozo escapó de sus labios al darse cuenta de la realidad; por más que deseara mantenerlo a salvo, no podría protegerlo para siempre. Tarde o temprano, su pequeño tendría que enfrentarse a la oscuridad por sí mismo. Era parte de su destino.

—No estás en condiciones para eso —la voz del arcángel que había estado evitando desde la mañana la sacó de sus pensamientos. Era de esperarse, al fin y al cabo, él era el padre del niño. —Además creí haber dado la orden de permanecer en la cabaña —, miró al Guardián quién alzó las manos en forma de inocencia.

—Yo le pedí que me trajera —intervino Selene con un tono frío.

Se alejó del árbol y siguió su camino sin comprobar si quiera que ambos la seguían. Quería mantener la mayor distancia posible del arcángel, pero no pudo dar ni un paso más porque Nithael se lo impidió.

—Te dije que yo me haría cargo.

Selene soltó una risita burlona.

—¿Ah, si? —Preguntó con curiosidad. —¿Cómo? —Nithael frunció el ceño. —Sabes muy bien que Celesty necesita de mi protección y la verdad es que dudo mucho que tú y tus hermanos tengan el poder suficiente como para hacerlo. —Nithael se cruzó de brazos, ofendido. No entendía si su comportamiento se debía a la discusión que habían tenido la noche anterior o era por otra cosa que no quería decirle.

—Estás poniendo la vida del bebé en riesgo, Selene —Nithael señaló su vientre con enfado. —Y la tuya también, ¿acaso no te importa? —No pudo decir más porque Selene se acercó a él con tanta molestia en su rostro que el valiente Guerrero tuvo que retroceder.

—Han pasado tres días desde el último ataque de esos malditos espectros —musitó Selene. —¡No voy a permitir que mientras yo este dando a luz, esas cosas ataquen a mi pueblo y asesinen a mi familia! —Gritó tan fuerte que incluso el Guardián se estremeció.

—¿Y crees que ir a Celesty ayudara? —Nithael arqueó una ceja.

—El escudo de ese lugar se esta debilitando... —Selene hizo una pequeña pausa y luego dijo: —Lo siento en mi corazón.

—Mis hermanos pueden cuidarse solos, Selene —El Guardián miró a Nithael como si se hubiese vuelto loco.

Cuando los ángeles cayeron, la oscuridad se extendía por toda la tierra sin control alguno, volviéndose tan poderosa y abrumadora que parecía imposible derrotarla. Ni siquiera las Espadas Celestiales le hacían el más mínimo rasguño.

Y la mayoría de los ángeles sucumbieron ante ella, perdiendo así mismo la esperanza.

No fue hasta que hubo rumores de un escudo protector capaz de alejar a la oscuridad:

De entre los mortales surgirá una belleza sin igual, hazte su aliado o te destruirá.

Tiempo después Selene llegó a sus vidas de una manera muy inesperada.

Ella prometió protegerlos, si los ángeles luchaban a su lado contra la oscuridad y así paso. Ganaron batallas que parecían perdidas.

Y para él pensar que Selene no los cuidaría como siempre lo hacía, solo porque Nithael se comportaba como un egoísta, queriendo cuidar a quién no lo necesitaba, le partía el corazón.

Sabía que Selene tenía una determinación admirable.

Y no podía ni imaginarse esa lucha entre el bien y el mal.

En esa batalla que sin duda alguna, muchos de sus hermanos podrían morir.

Y aunque la mayoría de ellos la despreciaban por ser humana, nunca dejaba de protegerlos, de cuidarlos con esa bondad suya, con ese corazón puro y mortal.

—Sí, claro... —soltó Selene sacándolo de sus pensamientos.

—Selene... Vamos a casa...

—¡No! —Gritó ella.

Nithael parpadeó un par de veces sorprendido.

—¿Por qué...?

—¡Jamás lo vas a entender porque no eres un mortal, Nithael! —Selene lo miró con ojos llorosos. —Solo quieres mantenerme alejada de Celesty porque Dargan está ahí...

—¡Sabes muy bien lo que hizo Dargan! —musitó Nithael. —Ese bastardo... Lo mataré cuando lo vea.

—¿¡Ves!? —le dijo señalándolo. —¡A ti no te importa nada más que la maldita guerra! Es más, ni siquiera sé que haces aquí.

Nithael no respondió. Su expresión no cambió, pero algo en su mirada se endureció.

Eso no era cierto.

A él solo le importaba una cosa y era ella.

¿Acaso no se había dado cuenta de eso?

La estaba tratando de llevar a casa para mantenerla a salvo, de alejarla de la oscuridad.

Apretó los puños con fuerza, listo para decir algo, pero el Guardián lo interrumpió.

—No es por meterme ni nada... —Nithael sabía que eso no era cierto, el Guardián quería intervenir desde un principio, pero no lo hizo y más le valía.

Selene se limpió las lágrimas que habían comenzado a caer y le mostró una mueca en lugar de una sonrisa a su Guardián. Él ni siquiera lo mencionó. Las cosas a su alrededor ya estaban demasiado tensas como para decir algo.

—Creo que es mejor que nos vayamos, están viniendo —dijo posando su mano en la empuñadura de su espada.

Selene frunció el ceño, girando la cabeza para observar aquello que su amigo contemplaba con tanta tensión en sus hombros. Abrió los ojos de par en par ante la escena que se desplegaba frente a ella.

Una manada de lobos cubiertos de oscuridad los estaban acorralando y uno de ellos parecía tener algo en el hocico. Una mano esquelética que saboreaba con tanto placer.

—Carajo... —musitó Nithael, quiso tomar la mano de Selene, pero esta se la apartó. Y no porque no quisiera tocarlo, más bien porque se apresuró a sacar su Daga Lunar que posaba en su cadera en un improvisado cinturón de cuero. El arma destelló con el brillo de la luna.

—Son demasiados... —dijo el Guardián. —¿Alguna idea? —miró de reojo a Nithael, quién evaluaba a cada uno de esos intrusos.

—Sí... —contestó Nithael, tomando del brazo a Selene y echó a correr.

—¡Idiota! —Gritó el Guardián furioso antes de seguirlos.

Ya había avanzando un par de kilómetros cuando uno de los lobos fue contra él, se agachó al instante al sentir el peligro. Se giró sobre sus talones, blandiendo una y otra vez su espada, mientras que Nithael escondía a Selene detrás de uno de los robles.

—Ya sabes como usar eso —señaló la daga con la cabeza. —Asegúrate de darles una paliza —Selene sonrió con orgullo, lo haría sin duda.

Nithael no dudo ni un minuto más y se unió al Guardián en la batalla, hacían un buen equipo.

Mientras uno luchaba con firmeza, el otro se aseguraba de cubrir su espalda con firmeza, atento a cada movimiento a su alrededor para repeler cualquier amenaza que intentara alcanzarlos.

—Selene... —Selene quién había estado luchando contra un espectro. Una bola irregular, con dientes muy afilados. La había tomado un poco de sorpresa mientras ella observaba los movimientos de los ángeles, cuando sintió un escalofrío recorrer su espalda. Se dio media vuelta y ahí estaba el mal en persona. Retrocedió lo más que pudo y se agachó al ver las garras listas para cortar.

—¡Selene! —La voz preocupada de Nithael la hizo mirarlo por el rabillo del ojo. El arcángel luchaba con tal ferocidad que la impresionó.

Selene hizo girar la daga que tenía en la mano antes de lanzarla hacia el espectro, quién dio un par de pasos de manera vacilante y aprovechó esa oportunidad para correr.

—Ve... —No supo si esa palabra fue dirigida a ella o a su Guardián, pero cuando el ángel la alcanzó, lo entendió de inmediato. Nithael quería mantenerla a salvo, incluso si él arriesgaba su vida con esos lobos infernales.

Cuando llegaron a la cabaña, el Guardián tuvo que asegurarse de que ninguno de esos lobos los hubiera seguido, aunque al principio parecía que no. Al final tuvo que matar a un par de ellos.

—¡Entra! —le ordenó a Selene cuando le cortó la cabeza a una de esas bestias feroces.

Y así lo hizo.

Selene cerró los ojos para concentrarse, usó su poder para cubrir la cabaña con la protección de la luna y al mismo tiempo enviar lo que quedaba de ella a Celesty. Un Escudo más fuerte que antes, lo que la hizo sentirse un poco mareada, débil, pero no le tomó importancia.

Tiempo después de que se enteró de que era la princesa de la luna, aprendió a pelear y a forjar armas con el don de la luna, sin embargo, ahora que tenía un bebé dentro de ella le era un poco complicado y eso era muy agotador.

—Debemos ir a buscarlo —dijo Selene por cuarta vez, mientras miraba la puerta principal. Su Guardián ni siquiera la escuchaba estaba más ocupado quitándose la armadura contaminada. Dejó salir un suspiro de alivio al darse cuenta de que en su cuerpo no había ni una gota de oscuridad.

—Nithael sabe cuidarse solo, Selene —dijo mirando al cielo, esperando, tener un poco más de paciencia.

—Ya han pasado horas, Yadhriel —se cruzó de brazos.

El Guardián entrecerró los ojos al escucharla, Selene no usaba su nombre a menos de que estuviera enojada con él.

—Seguro están en Celesty —se encogió de hombros. —Tengo entendido que anoche fue llamado a una reunión —la miró. —Los miembros del consejo no han estado muy contentos con él, ya que siempre está ocupado como para hacerse cargo de sus deberes —sonrió.

—El consejo y sus reuniones...

—¡Eh...! —Yadhriel la señaló. —No lo culpes, tiene que hacerse cargo, no por nada se volvió el líder del consejo, lo resolverá.

—Eso espero...

—¿Sabes que Azariel quiere despojarlo de su título? —le preguntó Yadhriel haciendo que Selene frunciera el ceño.

—Ese tonto...

Yadhriel soltó una carcajada ante la inesperada respuesta de Selene y luego negó con la cabeza, divertido. La cual fue interrumpida por el toque de la puerta lo que hizo sonreír a Selene.

Se apresuró a abrir con el corazón latiendo con fuerza que creyó que se saldría del pecho. Estaba feliz de que Nithael hubiera regresado con vida. De que él siempre cumplía con sus promesas de volver a su lado.

Por instinto, Selene acarició su vientre con emoción.

—Es papá...

Sin embargo, no imagino que lo que aguardaba del otro lado no fuera su amado si no un espectro que le sonrió de una manera siniestra que la hizo estremecer. Había atravesado su protección y ni siquiera se dio cuenta del peligro que se aproximaba. Era extraño porque de alguna manera presentía cuando todo iba mal.

Apenas sus ojos reconocieron a la criatura, hizo el ademán de darse la vuelta y advertirle a su Guardián, pero el espectro se abalanzó sobre ella y, sin darle oportunidad de reaccionar, le desgarro el brazo con una violencia brutal, arrancándole así un grito desgarrador que alertó al Guardián, quién se apresuró a ayudarla, sin embargo, la oscuridad ya tenía demasiada ventaja que por un instante vio el cuerpo inerte de Selene.

—¡Selene! —Para sorpresa de todos, Nithael llegó con las alas desplegadas y con la espada cubierta de la pureza de la luna. Estar en Celesty la fortalecía de alguna manera. Aunque siendo un arma Celestial y Lunar era de esperarse. Ambos mundos se conectaban sobre ella, tan fuertes como un choque nebular.

Cuando el espectro cayó al suelo muerto, Selene estaba hecha un ovillo, protegía con desesperación la vida de su hijo, mientras que su cuerpo temblaba por el dolor y el miedo.

Nithael y el Guardián la levantaron con cuidado, pero en cuanto se incorporó, una punzada intensa le atravesó el vientre. Su respiración se quebró y sus manos se posaron a su abdomen de manera instintiva. Las contracciones habían comenzado, implacables y cada vez más cercanas.

—No, no... —Negó con la cabeza presa del pánico. —Todavía faltan un par de lunas...

—Selene... Cariño... —Nithael sostuvo su rostro entre sus manos, colocando su frente con la suya. —Todo va a estar bien...

El Guardián observó con atención la herida que había en el brazo de Selene, eran tres líneas irregulares que no solo sangraban, burbujeaban y eso no era buena señal. Tragó saliva.

Selene no solo tendría que luchar contra la oscuridad que estaba entrando a su cuerpo, también debía proteger a su hijo, alejarlo de esa maldad.

Nada de eso estaba bien.

Ambos iban a morir si no hacían algo.

—Nit... —La mirada que le dio el arcángel lo obligó a quedarse callado.

Nithael ya se había dado cuenta de la gravedad de la herida.

Sabía que si intentaba curarla, la agonía la haría enloquecer y aún así no iba a poder salvarla, y esa impotencia ardía cada vez más dentro de él. Le desgarraba el alma de una manera que le pareció aterradora.

—Quédate aquí —le dijo Nithael.

—Pero... —Empezó a decir Yadhriel, pero no dijo nada más porque vio tristeza en sus ojos.

Nithael llevó a Selene a la habitación, teniendo sumo cuidado de no lastimarla.

Yadhriel apretó la empuñadura de su espada con fuerza, sintiéndose culpable por no haber sido él quién abriera la puerta. Por no haber sido él quién estuviera en esa situación.

Tal vez el corazón le dolería menos.

Cuando el gritó de Selene desgarró el aire, se apresuró a llegar a la habitación, pero no se atrevió a cruzar la puerta. Aunque tuvo el impulsó de hacerlo, no tuvo el valor. No quería ver como su mejor amiga era consumida por la oscuridad. No quería ver como moría.

—Selene... Puedes hacerlo, cariño —escuchó la voz rota de Nithael.

En ese instante supo que Nithael también estaba luchando, estaba peleando con el nudo que se le había formado en la garganta.

Otro gritó salió de los labios de Selene, estaba vez más fuerte que el anterior antes de que se escuchará el llanto de un bebé.

—Ya esta... —Seguro que ahora mismo Nithael le entregaría su hijo a su madre y se encargaría de curarla. —Ahora... Déjame... —Pero no pudo terminar la frase porque un gritó de dolor salió de sus labios. —¡Selene!

Y aquella noche en vez de alegría porque hubo una nueva vida, solo hubo llanto: El Guardián había perdido a una amiga... Y con ella, una parte de sí mismo. Y así, por fin, comprendió lo que significaba que una persona le importará.

Y en la habitación estaba un hijo que anhelaba el calor de una madre que ya no estaba. Mientras que el último y el más desgarrador, la pérdida de una amada. Nithael tenía que aprender a vivir en un mundo donde ella ya no respiraba.