Siempre nos quedará Londres (Supernova 1)

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Summary

«Solo somos dos almas rotas destinadas a encontrarse». Abril solo tiene clara una cosa en su vida: no quiere saber nada de chicos. Pero el destino le tiene preparada una sorpresa cuando decide hacer un viaje a Londres junto a su inseparable amiga Miriam. Andrew, un británico que quiere hacerse un hueco en el mundo de la música, ha tenido tan mala experiencia con las chicas que no quiere saber nada de ellas. Sin embargo todo cambia cuando se encuentra con la chica de ojos color avellana. Dos caminos distintos que se unen en uno solo. Dos almas rotas que tendrán que aprender a curar sus heridas. ¿Serán capaces de vencer a sus propios demonios o dejarán escapar la oportunidad de ser felices?

Genre
Romance
Author
Sanwitch_
Status
Ongoing
Chapters
59
Rating
4.5 2 reviews
Age Rating
16+

1. Abril

¿Alguna vez has pensado qué habría pasado si hubieses tomado otras decisiones en tu vida?

Siempre he vivido en un constante ¿y si…? ¿Y si hago esto? ¿Y si no me va bien? ¿Y si me tomo un año de descanso?

¿El destino existe? ¿O son nuestras decisiones que marcan nuestro futuro?

Quizá si no hubiese tenido un año sabático, aquel día de verano no habría quedado con mis amigas. Si no hubiese quedado con mis amigas, no habría visto aquel cartel de la escuela de idiomas. Sino hubiese visto el cartel, no habría ido a Londres. Y si no hubiese ido a Londres…

Pero como diría Jack el destripador: vamos por partes.

Ser una persona indecisa conlleva muchos problemas, la gente se desespera contigo y tú misma te sientes como un estorbo. Sin embargo la indecisión se lleva mucho mejor cuando compartes esa pequeña tara con tu progenitora. Mi madre Lourdes era igual de indecisa que yo, sobre todo cuando se trataba de decisiones importantes. Nunca nos poníamos de acuerdo y tenía que ser mi hermana Sofía quién decidiera por las dos. A pesar de que a veces discutíamos bastante, las tres habíamos formado un buen equipo.

Nuestro padre nos abandonó un año después de que mi hermana naciera, a mi madre la destrozó, pero un mes después lo mandó todo a la mierda y decidió que aquel hombre no merecía ni una lágrima más. Mi madre era toda una luchadora, una valiente que no se dejaba hundir por ningún hombre y eso era lo que me encantaba de ella.

A los dieciséis empecé a salir con chicos, mi primer novio fue a los diecisiete y solo duramos cuatro meses juntos. Mi amiga Miriam siempre me recordaba que aquel chico fue lo peor que había visto en su vida y eso que ella había visto a muchos idiotas. Aquel chico, al que llamaré Imbécil, fue lo peor que me encontré; me hacía sentir inferior, me anulaba y aunque jamás me puso una mano encima, me sentía desprotegida con él. Por suerte el Imbécil se tuvo que mudar y se fue al otro lado del país dos años atrás y no supe nada más de él. Me estresó tanto estar con aquel chico que tenía millones de dudas respecto a mi futuro, no sabía qué hacer ni a qué me quería dedicar.

***

Suspiré delante del ordenador por millonésima vez repasando los cursos que podrían interesarme y de repente recibí una llamada de Miriam.

—¡Abril! —exclamó tan alto que tuve que separar el teléfono de mi oído—. ¿Qué te parece pasarte por la facu? Carlota y yo vamos a ir a comer y estaría guay que vinieras con nosotras.

Miriam estaba estudiando criminología en la Universidad de Barcelona mientras que Carlota, que estaba en la misma universidad, estudiaba biología. Así que sus facultades estaban muy cerca la una de la otra y se veían muy a menudo.

—Pues me parece genial —contesté—, porque me estoy aburriendo como una ostra. Os veo a la una del mediodía en el restaurante de siempre, ¿vale?

—¡Genial! Nos vemos en un rato, ¡hasta luego!

Cuando colgué el teléfono me levanté en seguida y abrí el armario, cogí lo primero que vi, ya que cuando salía con mis amigas nunca le prestaba nada de atención a mi aspecto; de hecho, nunca me arreglaba demasiado.

Una vez lista, me despedí de mi madre y salí a la calle. Ya estábamos en mayo y hacía un calor de mil demonios, empecé a sudar con tan solo poner un pie en la calle adoquinada. Maldita humedad del verano barcelonés.

Bufé cabreada y aceleré la marcha para entrar en el metro, dentro de los vagones hacía más fresco y conseguí que mi temperatura bajara unos pocos grados. Paseé la mirada por el vagón y observé a la gente, suspiré algo triste al ver que todas las personas tenían las cabezas agachadas observando sus teléfonos móviles. Deseaba ser como esas personas que no podían dejar de prestar atención a sus teléfonos. Una parte de mí deseaba tener decenas de amigos para poder hacer miles de planes; pero otra parte de mí, algo más racional, agradecía tener pocos amigos. Dos de ellos eran mis amigos de la infancia, los conocía desde que éramos unos bebés llorones y sabía que aunque no hablásemos mucho, siempre los tendría en mi vida. Las otras tres las conocí en el instituto y son Miriam, Carlota y Núria. Cada una de ellas era un mundo diferente pero que sin embargo, nuestros mundos encajaban a la perfección. Miriam era la más alocada del grupo, le encantaba hacer miles de cosas a la vez pero muchas las dejaba sin acabar. Carlota era algo más racional, siempre bromeábamos con que era la mami del grupo, pero sabía divertirse y tenía ese toque de locura que te llenaba la vida de color. Y Núria, era quizá con la que menos conectaba, era mucho más seria que nosotras, siempre estaba hablando de cosas que no nos deberían interesar hasta tener sesenta años y también estaba el añadido de que su novio era insoportable, ninguna de nosotras lo soportaba pero hacíamos buena cara solo por ella.

Al salir del metro, la humedad barcelonesa me dio una buena bofetada otra vez y noté como se me empezaba a mojar de sudor el cogote, por si fuera poco, las mejillas empezaron a sonrojarse por culpa del maldito calor sofocante, y eso que solo estábamos en mayo. Odiaba el calor, lo mejor para mí era la temperatura de invierno, frío, jerséis calentitos… acurrucarse en el sofá con una manta y una taza de chocolate era lo mejor del mundo. Pero por desgracia, el invierno no duraba todo el año.

Fui caminando por la sombra de los edificios mientras me dedicaba a adelantar a algunas personas que iban más lentas que una tortuga coja. Me cabreaba la gente así, que va andando por la calle a tan baja velocidad y además ocupando toda la acera. Al final llegué al restaurante resoplando y agobiada por el calor, por suerte estaba el aire acondicionado encendido, así que cerré los ojos un momento disfrutando de aquel fresquito y entonces paseé la mirada por el local hasta que mis ojos se toparon con el pelo rosa de Miri, ella, tan discreta como siempre. A su lado estaba Carlota con su nuevo corte de pelo y se retorcía, distraída, un mechón rubio.

Me acerqué a ellas sonriente y cuando me vieron se apresuraron en levantarse y darme dos besos mientras me abrazaban con fuerza. Me senté justo delante de Miri y mientras miramos qué íbamos a pedir, me di cuenta de que mi amiga se mordía el labio y aquello solo podía significar que algo le pasaba.

—Miri, ¿estás bien?

Ella me miró y entonces hizo una mueca de disgusto mientras se recostaba pesadamente en la silla.

—Lo he vuelto a dejar con David, otra vez.

—Anda, ¿cuántas van ya? —preguntó Carlota—. ¿Cuarenta?

—No… creo que esta ya es la número cien.

—¿Cien? Es verdad, ya debe ser la número cien.

—¿Os queréis callar? —se rio—. Esta vez ya es definitivo, no quiero saber nada más de él.

—Claro, hasta que venga a pedirte perdón, tú le perdones y dentro de un mes volváis a discutir —puse los ojos en blanco y seguí mirando la carta.

Miriam y David llevaban tres años juntos, aunque habían pasado más tiempo separados que juntos. Discutían tantas veces y habían vuelto tantas veces que las chicas y yo habíamos perdido la cuenta. Al principio pensábamos que eran peleas de enamorados pero pronto nos dimos cuenta de que en aquella relación no había amor, es imposible estar con una persona con la que discutes cada día. Aquello no era nada sano y Miriam lo sabía, pero David le gustaba demasiado y le costaba dejarlo ir.

—Vamos a tener la fiesta en paz —replicó ella—. Nuestra relación no va a ninguna parte, sé que he tardado mucho en darme cuenta pero…

—Nunca es tarde —interrumpió Carlota—. Bueno, ¿y tú qué? ¿Ya has encontrado algo que te interese para estudiar?— desvió sus ojos verdes hacia a mí.

—No sé —susurré—, veo muchas cosas que me interesan pero no me acaba de convencer nada.

—¿No te gusta la fotografía? Puedes hacer un curso.

—Sí ya, me gusta, pero no sé si tiene mucho futuro…

—¡Qué le den al futuro! —exclamó Miri —. ¿Te gusta la fotografía? Pues lo haces, total, ¿qué puedes perder? Nada. Y estarás estudiando algo que te gusta, así que pienso que vale la pena.

—Sí pero Miri, también hay que pensar en si hay muchas salidas profesionales. —Continuó Carlota.

—Pues que se busque otra cosa mientras está estudiando fotografía, somos jóvenes, tenemos diecinueve años y toda una vida por delante. Así que vale la pena estudiar lo que más te gusta y después ya habrá tiempo para buscar otra cosa.

—Claro que sí y de repente te encuentras con treinta años y te das cuenta de que lo que has estudiado no te ha servido para nada y te cuesta horrores encontrar un trabajo decente.

—Chicas… ya vale —interrumpí viendo que Carlota se estaba empezando a encender—. Las dos tenéis razón, hay que hacer algo que te guste pero también pensar en el futuro. No os preocupéis que estoy segura de que al final encontraré algo que me llame, y si es la fotografía bien y si no también.

La comida transcurrió mucho mas tranquila, no se volvió a tocar el tema de mis futuros estudios y Carlota se había relajado. Ella era la más racional del grupo y siempre estaba preocupada por el futuro, por eso ya tenía muy claro a los trece años que quería ser bióloga. Siempre la he envidiado un poco por tener tan claro su futuro a tan temprana edad, aunque por otro lado creía que no podía ser sano estar tan pendiente de ello. También hay que saber vivir la vida, ser feliz con lo que hagas y no pensar tanto en las cosas.

Carlota volvió corriendo a clase mientras yo acompañaba a Miri a su facultad porque se había dejado unos apuntes en clase, cuando entramos en el edificio me fijé en el tablón de anuncios que estaba lleno de papeles de colores anunciando diferentes cosas. La gran fiesta del jueves, alumnos ofreciéndose para dar clases particulares… y detrás de un papel verde fosforito, había un anuncio que me llamó la atención. Se trataba de una oportunidad para poder estudiar inglés en Londres durante dos meses, el precio era de trescientos euros y estaba incluida la escuela, la residencia y el viaje. La verdad es que era una ganga. El viaje era a principios de julio hasta finales de agosto. Casi todo el verano en Inglaterra, con el fresquito que hacía allí, así que me llamó mucho la atención poder estar dos meses lejos del calor agobiante del mediterráneo. Pero no quería ir sola, necesitaba tener compañía para aquel viaje y en mi cabeza solo aparecía el nombre de Miriam. Carlota se iba a pasar todo el verano trabajando en un chiringuito de la playa y a Núria la descartaba del todo porque entre ella y yo no había mucho feeling y no me veía capaz de pasar dos meses con ella tan lejos. Así que cuando vi llegar el pelo rosa de Miri empecé a sonreír como si no hubiese roto ningún plato.

—¿Por qué me miras con esa cara de falsa inocencia? ¿Has visto a algún buenorro que te interese?

Rodé los ojos. Miri y su insoportable manía de querer emparejarme con cualquier bicho viviente.

—He visto la oportunidad de nuestras vidas para este verano.

—¿Un crucero por las islas griegas? ¿Un millonario busca jovencita para regalarle su herencia?

—Joder Miri —le estampé el anuncio en la cara—. No, nada de eso. Vamos a ir a Londres para estudiar inglés durante dos meses.

—Pero tú ya sabes inglés —replicó observando con el ceño fruncido el anuncio.

—Sí bueno, pues para perfeccionarlo. ¿Vamos? Porfa, necesito salir de aquí y despejarme. Además a ti te irá genial para separarte de David y olvidarle.

Aquello pareció llamar la atención de mi amiga porque levantó los ojos del papel y esbozó una pequeña sonrisa.

—¿Qué se ha hecho de la Abril indecisa que no se atrevía a dar un paso adelante?

—Necesito empezar a cambiar tía, no puedo seguir siendo tan indecisa y tan… tan así. —Bufé—. Por favor, ven conmigo, es el pequeño empujón que necesito, estoy harta de dejar pasar oportunidades.

—Si quieres cambiar empieza por teñirte el cabello este que me llevas, el castaño oscuro es de lo más soso.

—Pues seré una sosa hasta que me muera porque no me lo pienso teñir y menos de estos colores tan chillones que llevas tú. Venga Miri por fa… ven conmigo a Londres.

Le hice pucheros y ella no tuvo más remedio que aceptar.

—Está bien, te acompañaré. Iremos a fiestas, ligaremos, haremos turismo…

—Y estudiaremos, recuerda que lo principal es aprender inglés.

—El inglés se puede aprender de muchas formas y no tiene porqué ser en un aula.

Levantó las cejas divertida y le di un puñetazo en el hombro mientras nos encaminábamos a la salida riéndonos sin parar. Así que estaba hecho, nos íbamos a Londres.