Francis.

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Summary

Desde que llegó el profesor Francisco Bonilla al instituto de El Gimnasio del Pacífico, hubo un montón de eventos desafortunados, muchas chicas han sido atacadas en su vida cotidiana, sin saber el porqué, nadie conoce al responsable de estos sucesos, pero todo parece apuntar al nuevo profesor. Cada vez que el profesor Francisco elogia a una estudiante, esta le iba mal, al punto de salir herida, ¿será él el causante de todo?, ¿o será que alguien más está detrás de estos extraños sucesos?

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Complete
Chapters
8
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5.0 2 reviews
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18+

Introducción.

Ya era de noche, las tiendas están cerrando, solo queda una en la cual averiguar sobre un nuevo calzado, ahí estaban ellas, una madre con sus dos hijas, la mayor, Helena, de dieciocho años, quien se la pasaba mirando lo oscuras que estaban las calles mientras sentía que su corazón se aceleraba; la menor, Alexandra, una joven de dieciséis años, muy confiada a comparación de su hermana mayor, y también muy obstinada.

―Mamá, quiero irme a casa ―dijo Alexandra―. Necesito hacer tareas. ―Normalmente le gusta pasear, pero esta vez no se sentía muy bien.

―Alexa, es muy tarde, no me gusta que estés andando sola por ahí ―le dijo su madre mientras veía la vitrina de zapatos.

En cualquier momento, la zapatería iba a cerrar y Helena no había comprado zapatos, tenía que conformarse con unos deportivos masculinos.

―Solo me voy adelantar, ustedes me alcanzan, además, no está muy oscuro el camino hacia nuestra casa ―insistió.

Después de un rato, su madre cedió, dejó que ella se adelantara. Para que no se desviara del camino, Alexandra, como una joven que quiere demostrar que puede andar sola por la calle, se fue de la tienda, dejando a su madre y hermana mayor.

Había menos tránsito que en aquella calle, por lo menos no estaban del todo solas, aunque había un toque de queda en ciertos almacenes, así que no podría comprar algo más adelante, le hubiese gustado comprarse una dona en la panadería. Miró hacia atrás un par de veces, para ver si su madre y hermana la seguían, aunque no fue así.

«¿Estoy caminando muy rápido?» se preguntó mientras miraba a sus alrededores, le daba alivio no estar completamente sola en la calle, vio un grupo de amigas vestidas como si estuvieran a punto de entrar en una discoteca. Pasó porEl puente de las brujas, las calles estaban poco iluminadas, pero pasaban autos aún, así que prosiguió con su camino, por un momento se sintió observada, miraba atrás y no encontraba a nadie caminando en su dirección.

Avanzó mucho en su camino, al punto de que ya se le hacía extraño el que no vinieran su madre y hermana, sacó su celular y le marcó a su mamá.

―Mamá, ¿no salieron de la tienda?

―Apenas salimos, es que no encontraban la talla de Helena, así que tuvimos que comprar unos deportivos rojos.

―¿Los de hombre?

―Tu sabes que tu hermana tiene una patita ―le dijo con ironía―. ¿En dónde estás?

―En el paso-nivel.

―Guarda el celular, no lo saques por esa zona.

Ok, mamá. ―Colgó la llamada y guardó su celular.

Como siempre, aquel lugar era un desastre de tránsito, menos mal que aún había personas circulando por ahí, eso le dio tranquilidad, a pesar de que se sentía un poco ansiosa, ¿había sido buena idea salir sola por la calle? Bueno, por lo menos no se perdía como su hermana Helena, se colocó sus audífonos para sentirse más tranquila. Perdió un poco la noción del tiempo, ni se había dado cuenta de cuándo llegó a su casa.

Aguaclara es un barrio con mala fama en Tuluá, al punto de que a muchos taxistas dudaban en ir por allí. Alexandra tarareó una canción de Becky G, sacó las llaves de la puerta de su bolsillo, la insertó en la cerradura, batalló un poco, ya que la copia que le sacó a la llave estaba un poco defectuosa. Movió la mano de una dirección a otra.

Cuando iba a decir una grosería, sintió un golpe fuerte en su mano, cuando menos lo pensó, estaba sangrando y algo filoso le había atravesado la muñeca, apenas se escuchó su grito, porque el desconocido le puso algo en la boca y nariz, haciendo que sus sentidos fallasen.


Cuando Helena y su madre estaban de camino a casa, vieron pasar alrededor de tres ambulancias, ¿un accidente de tránsito? Era demasiado común que por esas zonas las personas chocaran sus vehículos, ya sea por la irresponsabilidad de algunos conductores impacientes. Elisa recibió una llamada de la vecina:

―¿Qué ocurre, señora Anna?

―Su hija fue atacada, la ambulancia viene en camino.

―¿Qué?

Elisa quedó pasmada, al punto que pensaba que se le iba a caer el celular de sus manos, Helena miró a los alrededores, un poco alerta con respecto a si alguna persona se acercara con la intención de robarles.

―Mamá, ¿qué ocurre?

Su madre colgó el celular y salió corriendo, Helena la siguió sin saber lo que estaba ocurriendo, no supieron el porqué no se cansaron, cuando llegaron a su barrio, ya había llegado la ambulancia, llevándose el cuerpo de Alexa en una camilla. Elisa se acercó a uno de los enfermeros y dijo:

―¿Qué le ocurrió a mi hija? ―le tembló la voz al preguntar.

―Señora, su hija está inconsciente, hemos detenido la hemorragia con un torniquete, será mejor que no entre a su casa, hemos llamado a la policía para que se lleve la evidencia.

¿Evidencia? Se preguntaron ambas, ansiosas, Helena se sentía fuera de lugar, no sabía cómo reaccionar, cuando miró la puerta de su casa, ver la mano cortada de su hermana casi la hizo desmayar, pero solo hizo que le diera una arcada y vomitara.

¿Por qué le hicieron eso a su hermana? ¿Por robar? Pero las llaves estaban ahí, la persona que le hizo eso estaba lleno de odio, al punto de que no se le pasó por la mente robar.

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