El Hijo del Duque

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Summary

Argumento: Lady Eloísa Parker había sido prometida al Duque de Ainsworth. Un hombre mucho mayor que ella, el cual ya había enterrado a tres esposas. Obediente y sumisa, nadie esperaba que huyera durante su fiesta de compromiso. Lord Dereck Hertford, fue designado para traer de vuelta a la novia rebelde y entregarla a su padre para el casamiento. Sola y sin nadie a quien acudir, no sería difícil encontrarla.

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Capítulo 1 "La huida"

CAPÍTULO 1:

La Huida

— Milady, alguien se acerca — la advirtió el jardinero al ver los caballos atravesar el prado hacia la casa.

Lady Emma levantó la vista del parterre donde había estado trabajando toda la mañana y se centró en las dos siluetas que se acercaban en la distancia, podría jurar que una era Lady Marian, pero no acertaba a reconocer a quien la acompañaba.

Se quitó los guantes y el delantal que usaba para proteger su vestido y fue hacia el camino de entrada para recibirlas.

Miró hacia la casa, los golpes de los obreros que trabajaban en su restauración la acompañaron hasta la puerta de entrada, se cruzó al otro lado del camino tratando de amortiguarlos con la distancia.

Sus visitantes se acercaban, fijó su mirada en ellas, pudo confirmar que una era Lady Marian, tal y como se imaginaba, abrió los ojos con asombro al reconocer que quien la acompañaba, era Lady Eloísa Parker, hermana mayor del Marqués de Lexdan, responsable de su estado como Vizcondesa de Braynning y todo lo que sucedió. Gracias a su indiscreción con su tío, el Conde de Moreland, la última persona que esperaba llegara a las puertas de su casa.

Tomo una larga respiración, tratando de recomponerse de la sorpresa y los malos recuerdos que había traído a su mente su presencia.

Compuso una suave sonrisa en su cara para saludarla.

— Lady Marian, es un placer verte — saludó a su amiga — he debido olvidar que habíamos quedado.

En ese momento un mozo apareció de la nada, acompañado de otro sirviente que transportaba el cajón para ayudarla a descender del caballo.

— No has olvidado nada — la aseguró — ha ocurrido algo y necesitamos tu ayuda — dijo volviendo la mirada hacia su acompañante — ¿Recuerdas a Lady Eloísa?

— Por supuesto — la aseguró volviéndose hacia ella — bienvenida a mi hogar — inclinó la cabeza a modo de saludo — me temo que no esté en condiciones óptimas para recibirla como es debido — se disculpó por el aspecto de abandono y las obras de restauración que ofrecía la casa y sus alrededores.

— No, por favor, soy yo quien debe disculparse, por invadir así su hogar sin haber sido invitada.

Lady Eloísa sintió como sus mejillas se coloreaban, no era partidaria de haber venido en primer lugar, su instinto le decía que no sería bienvenida, dado el papel que su hermano jugó en la desgracia de la Vizcondesa, pero Lady Marian había insistido, “si alguien podía ayudarla, esa era Lady Emma”, pero ella no estaba segura de su colaboración.

Y haberse presentado así sin avisar, cuando era más que evidente que la propiedad no estaba en condiciones de recibir visitas, no iba a allanar el camino a favor de su causa.

— Deja ya de preocuparte, Eloísa — la regañó por enésima vez Lady Marian — Emma nos ofrecerá un té, mientras la ponemos al corriente de la situación — se volvió hacia su amiga con la mejor de sus melosas y ensayadas sonrisas, estaba segura de que no las defraudaría.

— Por supuesto, si me acompañáis, daremos un paseo hasta la casa — y echó a andar por el camino de grava — podéis ponerme al día mientras paseamos — dejó entrever la curiosidad que sentía.

— Es un tema muy delicado — la aseguró Lady Marian — esperaremos a estar acomodadas en el saloncito antes de sacarlo a la luz.

Emma entendió perfectamente el mensaje que transmitían las palabras de su amiga y no insistió en el tema. Se volvió para mirar a Lady Eloísa, que caminaba cabizbaja un paso por detrás de ellas, se la veía tan abatida y apenada, pero a la vez en sus ojos había una nota de decisión y valentía que no recordaba haber visto antes.

Se apiadó de ella y esperó que llegara a su lado para entrelazar su brazo con el suyo.

— Temo que mi humilde hogar pueda defraudaros, por su sencillez — se disculpó — con las obras no podemos alojarnos en la mansión, por lo que decidimos trasladarnos al pabellón de cristal junto al lago que domina la propiedad.

— Algo totalmente inadecuado para unos vizcondes — intervino Lady Marian, imitando a Emma al otro lado del camino — podíais haber venido a Halftead con nosotros — se quejó de su negativa a ello.

— O podíamos haber optado por mi casa en la aldea — la recordó suavemente — pero deseábamos quedarnos en la propiedad para supervisar los trabajos de restauración — concluyó tajante, dando por terminada la disputa.

— Viviendo en ese lugar y en esas condiciones — contraatacó, Lady Marian no dándose por aludida.

— No es tan malo — intentó hacerla comprender que ellos eran felices allí y no lo cambiarían por otro ningún otro sitio que no fuera la mansión.

Ni Collins ni ella habían vivido siempre rodeados de todas las comodidades en una gran mansión, con cientos de sirvientes que se ocupaban de todas sus necesidades.

Por lo que pasar una temporada viviendo en el pabellón de cristal, junto al lago, no les suponía ningún problema, es más, lo echarían de menos cuando se mudaran, ahí habían comenzado su matrimonio, ese sitio siempre sería especial para ellos.

Cruzaron los árboles que delimitaban el camino y la construcción apareció ante ellas.

— Es precioso — observó Lady Eloísa al verlo y contemplar las vistas a su alrededor.

— Nadie ha dicho lo contrario — comentó Lady Marian — pero del todo inapropiado — aún la costaba no tener a Emma para ella sola, aceptar que se había casado y ahora tenía un marido al que atender, era su prioridad. Si al menos vivieran en Halftead, todo sería más fácil para ella, se lamentó en silencio por enésima vez.

Llegaron a la entrada y Emma abrió la puerta para que pasaran.

— Bienvenidas.

Lady Eloísa miró a su alrededor, no sabía qué se iba a encontrar por sus comentarios, pero estaba segura de que eso no.

El pabellón contaba con una única estancia, era grande como dos veces el salón de baile de su casa en Londres.

Dominada por una gran chimenea, a un lado se había instalado una cocina y una gran mesa de madera maciza, para seis comensales.

Lo que parecían ser cómodos sofás, rodeaban la chimenea, llenos de cojines y mantas tejidas a mano, con una mesa baja en el centro.

Al otro lado de la chimenea, unos grandes biombos, daban algo de intimidad a lo que se ocultaba tras ellos.

La otra mitad de la estancia parecía una gran biblioteca, con estanterías desde el suelo hasta el techo, repletas de libros.

Dos escritorios de madera de roble, salpicados de papeles, cómodos sillones y divanes donde poder disfrutar de un gran libro y la gran cristalera, que daba nombre al lugar, tras la cual aparecía una terraza con unas vistas extraordinarias del lago y los bosques que le rodeaban.

Puede que no fuera el típico hogar de un vizconde, pero Eloísa pudo sentir el reinante confort entre esas cuatro paredes y se enamoró perdidamente de él, ojalá ella pudiera contar con algo así, donde poder refugiarse del mundo y estar en paz.

Pero nunca podría disfrutar de algo como eso, dadas las circunstancias, tendría suerte si podía cobijarse bajo el techo de una humilde casa en alguna aldea remota, perdida y olvidada de la mano de dios.

Por primera vez, se replanteó su decisión y se preguntó si no hubiera sido mejor someterse a los deseos de su hermano.

Emma notó la tristeza que embargo a la joven.

— Prepararé el té, ¿por qué no ponéis la mesa mientras lo hago? — trató de aliviar su pena haciéndola sentir útil.

— Junto a los ventanales — sugirió Lady Marian.

— Me parece bien, ya empieza a hacer fresco como para sentarnos en la terraza. — sugirió Eloísa, caminando hacia una de las mesas.

— Además de que nos aseguramos de que aquí nadie nos oiga mientras hablamos — les recordó Marian el motivo de su visita.

— Entonces no soy bienvenido — saludó Collins desde la entrada — será mejor que me marche y os deje solas a las damas.

— Al contrario, tu gran sabiduría nos vendrá muy bien en esta situación — respondió Marian acercándose a él para saludarle.

Collins sintió un escalofrío recorrerle de arriba abajo, buscó con la mirada a su esposa, pero por su actitud diría que estaba tan a oscuras como él, en cuanto a lo que la dama deseaba.

Tenía la impresión, que fuera lo que fuera que estuviera tramando, de haber sido cazado por la joven dama.

— Lady Eloísa, es un placer veros en mi humilde morada — caminó hacia ella para escapar de las garras de Lady Marian, esta se rió a carcajadas al comprender su gesto de huida y se acercó a la alacena a recoger otra taza.

— El té ya está listo — anunció Emma uniéndose a ellos — si sois tan amables de sentaros os serviré — dijo a nadie en particular.

Comenzaron una conversación intrascendente sobre el tiempo tan agradable del que disfrutaban a pesar de encontrarse en los últimos días de septiembre.

— Bien, suficiente, ¿qué hacéis aquí?, y ¿qué necesitáis de nosotros? — les cortó Emma yendo directamente al grano.

— Lady Eloísa se ha fugado durante su fiesta de compromiso y necesita de nuestra ayuda para ocultarse de su hermano por unos días — les informó Lady Marian sorprendiéndoles a todos.

Collins no puedo evitar atragantarse con el té al oírla, apenas tuvo tiempo para apartarse y no rociar a las damas con él en la cara.

Emma se quedó mirando fijamente a Lady Eloísa, se la veía bastante avergonzada, era como si fuera a salir corriendo en cualquier momento, podía imaginarse el bochorno por el que estaría pasando en esos momentos, teniendo que recurrir a unos extraños en busca de ayuda.

— ¿Por qué haríais tal cosa? — la preguntó colocando una mano sobre su falda, tratando de infundirla el ánimo que necesitaba para hablar y evitar que saliera huyendo.

Lady Eloísa la miró a los ojos, buscando la repulsa por sus actos, pero solo vio una tranquilidad serena, Lady Emma no la juzgaba, busco en Braynning y tampoco encontró ningún signo de rechazo hacia ella por lo que había hecho.

— Ante todo deseo pedirles perdón por invadir así su casa — trató de disculparse por su intromisión — yo no deseaba involucrarlos en mis problemas, pero Lady Marian insistió en ello.

— Halfted está en Londres, para arreglar no sé qué papeles de mi contrato de matrimonio con el marqués y mi dote — les informó justificando así su presencia.

— Has hecho bien en venir aquí — la alabó Braynning su decisión — sabes que siempre puedes recurrir a nosotros para lo que sea.

— Por supuesto que si — la confirmó Emma, mirándola con todo el cariño que la profesaba, desde que se conocieron en la Escuela, ella siempre había podido contar con la protección de Halfted y la amistad más sincera de su hermana.

Lo cual pudo comprobar tan solo un mes antes, cuando ella misma tuvo que huir de su tío, el Conde de Moreland.

Se volvió de nuevo hacia Lady Eloísa y la apretó suavemente las faldas infundiéndola ánimos para que continuara su historia.

— No sé por dónde empezar, la verdad.

— Por el principio — la contestaron tres voces al mismo tiempo.

— Por favor, podremos ayudarla mejor si conocemos toda la historia — la explicó Braynning aclarándose la garganta.

— Todo ha ocurrido tan rápido, que apenas puedo creer que me encuentre envuelta en este lío. — dijo más para sí misma que para la audiencia — Apenas la semana pasada, estaba en Colchester disfrutando de la feria del pueblo que da comienzo al otoño y ahora estoy aquí. Completamente arruinada y sin ningún sitio a donde ir — su voz había ido descendiendo hasta convertirse en un susurro — ¿qué voy a hacer? — se preguntó llevándose las manos a la cara para tapar sus lágrimas.

— Confía en nosotros algo se nos ocurrirá — colocó la mano sobre su brazo tratando de infundirla un poco de seguridad hacia el futuro, una seguridad que ella misma no sentía, tuvo que reconocer para sí misma — ya verás cómo todo termina bien y el futuro no es tan negro como lo ves ahora — la aseguró Marian.

Sintió como sus palabras calaban en su corazón, infundiéndola esperanza, se apartó las manos de la cara y se secó las lágrimas con su pañuelo.

— Discúlpenme, por tener que presenciar mi desdicha — trató de disculparse ante sus anfitriones.

— No hay nada que disculpar — la aseguró Braynning — todos necesitamos llorar en algún momento, no hay porque ocultarlo.

Una tímida sonrisa trató de adornar su hermosa cara en forma de corazón, al escucharle, puede que Lady Marian tuviera razón y si alguien podía ayudarla serían ellos.

Teniendo en cuenta su reciente escándalo, nadie había previsto un final así, con sus reputaciones apenas salpicadas, salvo por los más estrictos defensores de las normas de la aristocracia, gracias a dios, cada día había menos de ellos en el mundo.

La sociedad estaba cambiando, sobre todo para las mujeres, pero tan lentamente, se lamentó en silencio.

— A principios de esta semana, Lexdan, regresó a la finca familiar desde Londres, anunciando que había concertado mi matrimonio con el Duque de Ainsworth y el viernes se celebraría una fiesta para anunciar nuestro compromiso y próxima boda, prevista para el domingo en la capilla de Colchester — les dijo antes de acobardarse de nuevo.

Collins y Emma intercambiaron una mirada de incomprensión entre ellos, eso no era nada extraordinario entre los miembros de la nobleza, los matrimonios concertados estaban a la orden del día.

— No le conocía, nunca me lo habían presentado, ni había oído hablar de él antes, por lo que no encontré ninguna objeción al compromiso. — les indicó — Le pregunté a mi madre por él, pero aparte de decirme que era más mayor que yo, pero de una familia con un linaje intachable, con medios más que suficientes para mantener mi estilo de vida y más, no debía olvidar que sería su Duquesa. Una gran dama entre nuestros pares, además esa conexión entre nuestros apellidos aportaría grandes beneficios a nuestra familia.

— Lo típico entre esta sociedad, donde las mujeres no somos más que un instrumento para traer riquezas a nuestros progenitores varones y buenas conexiones. — bufó Marian, contraria a ese tipo de prácticas y vejaciones hacia las mujeres —. Doy gracias al cielo porque Halfted no sea uno de esos decrépitos mentales y valore mi opinión y mis sentimientos por encima de las conveniencias.

— Cada vez somos más los que lo hacemos — se defendió por enésima vez en los últimos meses ante ella.

— Aunque no es de extrañar que Lexdan no se encuentre entre ellos — aseguró Emma — después de lo poco que le he conocido, no tengo ninguna duda al respecto.

— Yo no he dicho que lo fuera — se defendió Collins ante las acusaciones veladas de su esposa.

— Entre vosotros siempre lo hacéis y más siendo amigos desde la escuela — le atacó Marian.

— Conocidos — la corrigió — y después de lo ocurrido, como podéis pensar que puedo seguir siendo amigo de tan vil canalla, disculparme milady — se apresuró al recordar que estaba en presencia de su hermana.

— Tranquilo, sabemos que más bien es tu enemigo, al igual que el de Halfted y Alister — le sonrió Emma con cariño para calmarle.

— Pero deseábamos que Lady Eloísa viera por ella misma cuál es vuestra postura ante su hermano — se disculpó a su vez Marian por la pequeña emboscada que le había tendido.

— No serviría con que la asegurásemos que no irías corriendo a delatarla ante el Marqués, debía convencerse por ella misma que no sería así — le explicó Emma.

— Entiendo — Braynning fijó su mirada en Lady Eloísa — tiene mi palabra de caballero de que nada me haría más feliz que trastocar los planes de Lexdan en este casamiento — le prometió.

— Le creo milord.

— Bien, pues ahora que ya están aclaradas nuestras posturas frente a tu hermano, porque no continúas contándonos lo ocurrido — la animó Emma, sirviéndose una nueva taza de té, a este paso tendría que hacer otra tetera, pensó sopesando su contenido.

— Y bajo esas circunstancias llegó la fiesta de compromiso — pausó un momento tratando de ordenar todos los sentimientos que esto la produjo. Yo esperaba conocerle antes de que empezara y tuviéramos tiempo para hablar, pero no tuve esa oportunidad — comentó, entristecida por ello — lo que no me esperaba era oír los comentarios que hacían sobre el Duque y lo que opinaban otras damas sobre ello — exclamó compungida — incluso los caballeros.

Tomó su taza de té y la vacío, de un solo sorbo, sentía la garganta seca.

— Al principio no les hice mucho caso, incluso me alejaba de quienes comentaban, solo son habladurías, pensé, tienen envidia porque voy a ser su duquesa, cualquiera de ellas estaría encantada de ocupar mi lugar — les confesó, las manos comenzaron a temblarla visiblemente, sintió a Lady Emma colocar su mano sobre la suya, su tibio contacto consiguió que se controlara y pudiera seguir hablando.

— Hasta que escuché a mi madre hablar con otras matronas en la salita de descanso — les dijo recordando el momento. Yo había salido un momento del salón de baile que estaba abarrotado, al pasillo para respirar y tratar de calmar mis nervios, al pasar por la salita, la puerta estaba entreabierta y las oí hablar — pausó un momento para tomar una larga respiración antes de continuar.

— Oí a mi madre hablar sobre las anteriores esposas del Duque y defender que todas sus muertes fueron accidentales, que los rumores sobre la crueldad del Duque eran injustificados — recordar esas palabras en boca de su propia madre la causaban un dolor intenso en el corazón, se sentía traicionada hasta lo más hondo de su ser.

— Las otras damas no compartían su opinión, defendían que ese casamiento solo tenía un propósito, que, si fracasaba, correría la misma suerte que ellas y moriría a manos del Duque. — no podía seguir allí sentada.

Me levanté y caminé hacia la cristalera, me quedé allí de pie, parada, mirando sin ver hacia el horizonte, durante unos minutos, necesitaba recomponerme antes de seguir, ahora no era el momento de flaquear, si deseaba obtener la ayuda que tanto necesitaba para escapar del Duque y de Lexdan.

“— Eso no ocurrirá, mi hija le dará al Duque lo que desea — enfatizó su madre — y esta conversación ha terminado, es hora de que volvamos al salón.”

Repitió textualmente las palabras grabadas a fuego en su mente.

— Me moví rápido y logré doblar la esquina antes de que me vieran, oí sus pasos alejarse hacia el salón de baile, pero no las seguí, tenía mucho en lo que pensar, por lo que subí a mi habitación por la escalera de servicio sin ser vista. — recordó el remolino de sensaciones que la atravesaban en ese momento —. Como una hora después mi doncella llamó a mi puerta para anunciarme que el Duque había llegado y solicitaban mi presencia abajo — pausó un segundo — me recompuse como pude y bajé para recibirle.

Volví a mi asiento despacio desde la ventana, todo dependía de sus próximas palabras, así que se tomó su tiempo para elegirlas con cuidado.

— Estaba de espaldas al pie de la escalera, Lexdan y otro joven al que no reconocí, le acompañaban, vi a mi hermano señalarle mi presencia y se volvió hacia mí. — suspiró, sabía que su cara reflejaba a la perfección todo el estupor que sintió al ver por primera vez a su prometido —. No sé cómo conseguí continuar bajando las escaleras, pero lo hice, no me detuve y seguí caminando hacia la puerta principal y luego directa a los establos, tomé mi caballo y me marché de allí.

Tomé la tetera para servirme un poco más de té antes de continuar.

— Oía a la gente que me llamaba detrás de mí, pero no me detuve hasta llegar a la cabaña del guardabosque, donde he pasado la noche, pensando en lo que estaba a punto de hacer. — les confesó —. Estoy decidida a no casarme con ese carcamal, viejo verde, asesino, antes prefiero estar muerta — les aseguró —. No me importa la ruina que pueda caer sobre mi persona, ni el escándalo, ni renunciar a mi familia, después de lo que me han hecho — tomó una respiración profunda —. No sé a dónde iré, ni que será de mí, pero cualquier cosa será mejor que ese matrimonio.

— No me casaré con él — enfatizó decidida.

Todos se quedaron en silencio sopesando sus palabras.

— Esta mañana se ha presentado en mi casa y hemos venido directamente aquí.

— Y habéis hecho lo correcto — las aseguró Collins — sopesando las consecuencias que eso podría tener — parece que no os han seguido, lo cual es bueno, ahora solo tenemos que pensar cuál será vuestro próximo paso.

— Podría quedarse aquí, no creo que a Lexdan se le ocurra buscarla en Braynford — sugirió Lady Marian, Lady Eloísa, se volvió hacia él esperanzada y temerosa al mismo tiempo.

— Es poco probable — la confirmó Braynning — pero muy arriesgado, somos unos de los pocos nobles de la zona a los que conoces, por lo que es lógico que mande a alguien a comprobarlo.

— Collins tiene razón — intervino Lady Emma — podríamos enviarla a Cambridge con los Dickens — sugirió — ellos estarían encantados de adoptarla como una hija. — la aseguró.

— Sí, esa es la mejor solución dada su situación — estuvo de acuerdo Braynning con su esposa — no tendrás todos los lujos a los que estas acostumbrada, pero no te faltara de nada, los Dickens te trataran con respecto y cariño.

— Allí podrás rehacer tu vida y quien sabe lo que ocurrirá.

— O a quien conocerás — observó Marian ilusionada — no todo está perdido.

— Gracias, algo así es más de lo que me atrevería a soñar — les confesó permitiéndose sentir un poco de esperanza desde que salió de Colchester — al final parece que si ha sido una buena idea venir hasta aquí a pedirles ayuda — manifestó — gracias por todo lo que están haciendo por mí — sonrió en ellos agradecida.

— No nos las des, aún no estás allí.

— ¡¡¡Collins!!! — le regañó Emma — mira lo que has hecho — señaló a Lady Eloísa, a quien se la volvía a ver completamente abatida de nuevo.

— ¿Qué?, solo digo que no podemos enviarla a Cambridge en estos momentos — trató de defenderse — conozco al Duque y a Lexdan, ambos querrán encontrarte, cueste lo que cueste y créeme, no escatimaran en gastos para hacerlo — las aseguró— esto no es como la batida que organizo Moreland para buscarte, ellos tienen medios y poder para encontrarla.

Lady Eloísa sintió como la desolación se adueñaba de ella hasta en lo más profundo de su ser, todo estaba perdido, no había ninguna esperanza para ella.

— Entonces que hacemos — preguntó Marian — me niego a devolverla a Lexdan o al Duque.

— Y mucho menos abandonarla a su suerte. Habrá algo que podamos hacer — insistió Emma a su esposo.

— Y lo hay, pero dejarme pensar un momento como podemos organizarlo — en esta ocasión fue él quien se levantó de la mesa y salió a la terraza, el aire fresco le ayudaría a aclarar las ideas, era muy importante que todo saliera bien, el futuro de una buena joven estaba en sus manos.

Mientras en la casa, las tres jóvenes damas le observaban en silencio con la esperanza de que encontraría una manera de mantener al Duque y a Lexdan lo suficientemente lejos como para hacer fracasar sus planes.

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