el diario de siennael diario de sienna westbridge

All Rights Reserved ©

Summary

Sienna es la cuarta hija de la familia Westbridge. Tímida y solitaria. Ella era todo lo contrario a sus hermanos. Estaba muy lejos del estereotipo de la perfección y prefería permanecer en el anonimato todo lo que fuese posible. Pero que nadie la notara sería difícil una vez que se volviera demasiado cercana a los californianos hermanos Taylor. Ser amiga de Sam Taylor te traía un millón de problemas. ¿El más grande de todos? Su hermano mayor, Christopher Taylor. Pero no sé asusten, está no es otra historia cliché (o tal vez sí), no veremos solo el pasado del famoso chico mSienna es la cuarta hija de la familia Westbridge. Tímida y solitaria. Ella era todo lo contrario a sus hermanos. Estaba muy lejos del estereotipo de la perfección y prefería permanecer en el anonimato todo lo que fuese posible. Pero que nadie la notara sería difícil una vez que se volviera demasiado cercana a los californianos hermanos Taylor. Ser amiga de Sam Taylor te traía un millón de problemas. ¿El más grande de todos? Su hermano mayor, Christopher Taylor. Pero no sé asusten, está no es otra historia cliché (o tal vez sí), no veremos solo el pasado del famoso chico malo, sino que acompañaremos a Sienna en su viaje por la adolescencia siendo una chica autista en plenos años 80s, cuando el autismo era solo cosa de hombres. •grumpyxsunshine •referencias a taylor swift •mucha música de los 80s

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

001

"you're on your own, kid, you always have been"

—you,re on your own, midnigths


1985

Siempre me sentí con la pieza sobrante de un viejo rompecabezas, sin nunca encajar en algún lado. Dejando de lado a mi familia, yo estaba por mi cuenta, siempre lo había estado.

Siempre había sido una chica solitaria, tachada de bicho raro y apartada, como si no mereciera el amor de nadie que no tuviera la obligación de quererme porque era parte de mi familia, así que, creciendo con esa idea en la cabeza, me había acostumbrado a estar sola siempre. Aunque, si soy honesta, era fácil estar sola en un pueblo cómo Wingston, digo, no es como que tengas muchas opciones para elegir a la gente que te rodea, (sin embargo, tampoco había podido sobrevivir a los lugares donde si podía elegir).

No sabía con seguridad si eso de ser una chica tan solitaria se debía ha alguna inconsciente elección mía o fue simplemente fue una de esas cosas que se establecen solas, pero supongo que, de una forma u otra, mis pésimas habilidades sociales tuvieron mucho que ver en mi desarrollo como persona en la famosa jungla social que era la preparatoria, y, bueno, también en la vida real.

Solía caminar sola a la escuela todas las mañanas, como en este momento, y me gustaba mucho; en parte porque podía tomar aire, pensar y comenzar el día con energía... y en parte porque no era fanática de la idea de tener que compartir auto con James y los gemelos, que era el lugar que León me había asignado para el transporte.

Si subía a ese auto, me bajaría con veinte dólares menos, los tímpanos reventados y algún bicho extraño metido en la ropa. Aunque, claro, podría haberle dicho a Selene que intercambiaramos lugar, pero ella es demasiado unida a León como para hacerlo. Ni León ni Selene funcionan bien sin el otro. Había más opciones, claro, pero Edward podría morir a mitad de camino por la cantidad de ruido que mentían los gemelos. Los gemelos estaban unidos con pegamento. Y León jamas, repito; jamas, dejaría a Miranda con los gemelos juntos al cuidado de James, porque sabía muy bien que al menos uno terminaría con un brazo menos. Y probablemente es que ese fuese James.

La verdad, prefiero irme caminando sola. Más allá de que así tenía menos posibilidades de morir, me gusta pasar tiempo conmigo misma. Aprendí a ser mi propia amiga, y vivo tranquila sin tener la necesidad de complacer a nadie. Ese era el lado bueno de mi perpetua soledad; luego de pasar tanto tiempo conmigo misma, había aprendió a conocerme demasiado bien.

Lo que si, mis hermanos corrieron mejor suerte que yo, por supuesto. Todos bastante socialmente aceptados. Solo Edward y yo tenemos unos pequeños problemas para relacionarnos.

Ah, si tan solo los demás pudieran entenderlo...

—¡Cuidado!

Para cuando pude darme cuenta de lo que había pasado, estaba en el piso junto a una chica rubia y una patineta; habíamos rodado un par de metros calle abajo por el cemento, y ahora estaba de espaldas, mirando el azul cielo mañanero.

Excelente manera de empezar el día. Nótese el sarcasmo. (James dice que tengo que aprender a usar el sarcasmo para poder desenvolverme socialmente, cosa que no entiendo, partiendo porque no entiendo el objetivo del sarcasmo).

—Carajo, ¿estás bien? —me preguntó la chica que me había arrollado cuando se puso de pie.

Me acomode en el piso, acariciándome la parte de mi brazo que había detenido el impacto, y levanté la cabeza para mirarla.

Llevaba el uniforme de la escuela; la falda, la blusa blanca varias tallas más grande que la suya haciendo que le quedase muy holgada con los primeros botones desabrochados, la corbata azul floja, una sudadera negra abierta y unos converse gastados. Era rubia platinada, tenía el cabello cortado en capas. Pálida, sus ojos eran azules con mucha sombra negra alrededor de ellos, y sus labios finos estaban estirados en una sonrisa.

—Si, no te preocupes.

—Ven, ayudo —me dijo y luego me tendió una mano. Yo se la acepté y me puso de pie de un tirón. Tenía fuerza —. Sienna Westbridge, ¿verdad?

—¿Que me delata? —respondí en cambio, sacudiéndome el uniforme.

—Tomamos algunas clases juntas —me dijo relajada, tomando su skate entre sus manos —. Mi hermanastra sale con tu hermano.

Yo la miré atentamente tratando de reconocerla. No solía fijarme mucho en la gente, la mayoría del tiempo evitaba ver los rostros de las personas que me rodeaban, a menos que fueran alguno de mis hermanos, pero debía haberla visto alguna vez.

—Samantha Taylor—la identifiqué y ella asintió. Si, tomamos un par de clases juntos, solían regañarla por no prestar atención, y si no mal recuerdo, la habían suspendido un par de veces por meterse en unas cuantas peleas —. ¿Con cuál de todos? Somos ocho hermanos.

—Con el más idiota.

—Ah, James.

Ella asintió nuevamente.

—¿Quién es tu hermanastra?

—Augustine Dickens, es porrista —me dijo mientras comenzábamos a caminar hacia el colegio —. ¿La conoces? Una rubia, estereotípicamente guapa, con dos dedos de frente, medio hija de puta...

Trate de recordar a la chica. James jamás me la había mencionado, y nosotros solíamos contarnos todo, o eso creía yo al menos. ¿Augustine Dickens? Porrista, rubia, guapa... Entonces la recordé. Ella era compañera de Selene. Había escuchado a mi hermana quejándose de ella un par de veces porque siempre le tocaba hacer equipo con ella en deportes, y Augustine era muy exigente, y Selene, al igual que yo, no era precisamente atlética.

Sam decía la verdad, Augustine era linda, según los estándares de belleza del momento. Su cabello rubio era largo, sus labios simpre iba de color rosa, sus pestañas eran largas, era delgada, medianmente alta, con brillantes ojos azules y una sonrisa coqueta.

—Si, la conozco... —dije finalmente —. Parece ser a alguien con quien James saldría.

Una porrista bonita y un jugador carismático del equipo de la escuela. Parecía un buen complemento. Según las películas...

—Igual de idiotas.

—¿Por qué tanto odio hacia mi hermano? —quise saber. Hasta donde tenía entendido, James solía caerle bien a todo el mundo.

—Me atropelló.

—¿Qué? —pregunté parando en seco —. ¿Cuándo?

James me habría mencionado ese pequeño detalle. (Sarcasmo otra vez).

—Cuando se mudaron —me contó y siguió caminando como si me estuviera contando que había desayunado —. Yo iba en mi skate por el centro. Creo que él estaba aprendiendo a manejar... —dijo, y frunció el ceño, seguramente recordando el incidente —. Bueno, el punto es que no me vio y me chocó. Me quebró un brazo. Me dijo que había sido culpa mía por cruzarme y comenzamos a discutir.

No entendía nada de lo que estaba diciendo. Ni León ni James nos dijeron nada nunca respecto a eso. Además, James no se lo habría tomado tan a la ligera. Y James es mucho mejor conductor que Selene... Aunque ahora que lo recuerdo, James estuvo castigado varios meses cuando nos mudamos...

—Yo me quedé esperando su disculpa, una que claramente no llegó, porque es un egocéntrico de mierda como todos los

—Anda, dilo, ¿como todos los Westbridge? No me molesta. Es medio verdad.

Mis hermanos solían caerle bien a todo el mundo. Pero a todo el mundo que tuviera paciencia suficiente como para intentar conocerlos bien, porque eso de que eran egocéntricos era muy cierto. No solían dar la mejor impresión la mayoría del tiempo. Creo que la gente en Wingston tenían una relación amor-odio con ellos.

—Lo siento —murmuró —. Pero en mi defensa, tu hermano me atropelló y jamás me pidió disculpas, así que tengo razones para decir que es imbécil, pero no importa, cobre venganza por mano propia —dijo, con un tono dramático en la última frase —. Le rompí el skate en la espalda. No pudo jugar en el equipo esa temporada, así que estuve satisfecha. Aunque, claro, Chris no estaba nada feliz. Me habían quebrado un brazo y además tendría que comprarme otro skate. Ahora lo odia, no le hace nada de gracia que salga con Augustine.

—¿Chris? —pregunté perdiéndome en la historia.

Ella hablaba mucho.

Y muy rápido.

Era difícil seguirle el hilo.

—Mi hermano —me aclaró —. Christopher Taylor. Va un grado más arriba que nosotras... Alto, rubio, musculoso, auto genial, algo desgraciado, tiene esa clase de reputación con las chicas.

Ah, Christopher Taylor.

El también era compañero de grado de Selene, y vaya que Selene le había puesto al tanto de cuál era la reputación que ese chico tenía. No hay que malentender; Selene no es para nada un chismosa. Los cotilleos le parecen de lo más banal, no le interesa en lo más mínimo la vida de los demás. No, Selene estaba al tanto de la fama de Christopher porque una vez le habían asignado un trabajo escolar con el, y bueno, él había tratado de seducirla, y cuando le contó a sus amigas, a quienes sí le interesaban un poco más los chismes, ellas le advirtieron de la clase de chico que era.

Y Selene me advirtió inmediatamente, con mucha gravedad, que debía mantenerme lo más alejada de él que fuese posible.

—¿Eres su hermana? —le pregunté sorprendida.

—Por favor, no me digas que eres una de sus admiradoras —dijo horrorizada —, porque voy a vomitar si me dices que fantaseas con cogertelo en alguna posición extraña o una mierda así.

—Mmm... —fruncí los labios —. No, no es mi tipo.

—Chris no es el tipo de nadie —dijo —. Pero por alguna razón siempre termina cautivando a muchas chicas. Un consejo; mantente lo más alejada posible de él.

Vaya, ya van dos.

—No pareces su hermana —comente, desviando el tema.

—Me lo tomaré como un cumplido —bromeó —. Tú no pareces hermana de James Westbridge.

—Me lo tomaré como un cumplido.

—¿A qué clases vas? —me preguntó cuando entramos al colegio.

—Literatura, con mrs. Clarke.

—Genial, yo igual.

Me sorprendí a mi misma por mi capacidad de haber mantenido una conversación con una chica que no conocía, así que me di una felicitación internada.

Ella parecía ser agradable, y, a pesar de las advertencias que me gritaban que corriera en el lado contrario de la vía en la que pudiera toparme a Chris Taylor, algo me decía que yo y ella íbamos a terminar siendo muy buenas amigas.


—James Westbridge —le dije dramáticamente cuando me subí a su auto a la salida de clases. Creo que no había demostrado tanta emoción por algo desde que me regalaron un microscopio en mi doceavo cumpleaños —. Adivina que pasó hoy.

Estaba realmente muy feliz, sentía ganas hasta de sonreír y hablar, y eso no era muy común en mi. Yo solo hablaba cuando algo realmente me entusiasmaba mucho, y creo que eso lo había. Había hecho una amiga, ¿puede creerlo? Yo, Sienna Westbridge, había podido entablar una conversación con una extraña sin morir en el intento. ¿Acaso no era fenomenal?

—¿Leon te regaló otro libro sobre animales?

Frunció los labios y movió la cabeza hacia un lado. En realidad Leon si me había regalado otro libro sobre animales, uno bastante bueno a decir verdad... Pero ese no era el tema.

—Mmm... si, eso también, pero es otra cosa, ¡más grande! —dije, regresando a mi emoción.

—¡Leon te regaló muchos libros sobre animales!

—¡Ya, James! Que no entienda un par de cosas no significa que sea estúpida, sé que te estás burlando de mí —me quejé y lo golpeé con mi mochila en la cara —. Era algo importante para mi, pero ya lo arruinaste —dije, y me crucé de brazos.

Odiaba que James se burlara de mí con sus bromas sarcásticas. Odiaba que la gente pensara que yo era tonta o algo solo porque no comprendía algunas cosas. Además, en mi defensa, había progresado mucho con el sarcasmo, las metáforas e identificar los tonos de voz.

—Ya, Viena, dime que te paso —dijo James, comenzado a conducir.

Suspiré y negué con la cabeza, redimiendo ante las burlas de su hermano. También odiaba mucho que me molestara llamándome Viena en lugar de Sienna. Era una broma muy aburrida, la había hecho desde que comenzó a hablar.

—Fíjate en el camino será mejor, no vaya a ser que vuelvas a atropellar a Samantha Taylor —le dije, de manera acusadora.

—¿Y tú cómo te enteraste de eso?

—Eso era lo que te quería decir —dije y me giré hacia él, y, con mucho entusiasmo agregue —: ¡hice una amiga! O algo así...

—¿Te hiciste amiga de Samantha Taylor? —pregunto, ya tomándome en serio, tan asombrado que casi pierde el control del auto —. ¿Enserio, Sienna? De entre todas las chicas de Wignston, ¿tenía que ser justamente ella? Dios... Ella ni siquiera es tu estilo. ¿Cómo pasó? O mejor dicho, ¿por qué carajos pasó?

—¿Y tú eres el que me hace preguntas? Yo debería hacerte preguntas, como por ejemplo, ¿cómo así que la atropellaste y no le pediste disculpas?

—¡Ella se cruzó! ¿Cuántas veces debo decirlo?

Siempre me sentí con la pieza sobrante de un viejo rompecabezas, sin nunca encajar en algún lado. Dejando de lado a mi familia, yo estaba por mi cuenta, siempre lo había estado.

Siempre había sido una chica solitaria, tachada de bicho raro y apartada, como si no mereciera el amor de nadie que no tuviera la obligación de quererme porque era parte de mi familia, así que, creciendo con esa idea en la cabeza, me había acostumbrado a estar sola siempre. Aunque, si soy honesta, era fácil estar sola en un pueblo cómo Wingston, digo, no es como que tengas muchas opciones para elegir a la gente que te rodea, (sin embargo, tampoco había podido sobrevivir a los lugares donde si podía elegir).

No sabía con seguridad si eso de ser una chica tan solitaria se debía ha alguna inconsciente elección mía o fue simplemente fue una de esas cosas que se establecen solas, pero supongo que, de una forma u otra, mis pésimas habilidades sociales tuvieron mucho que ver en mi desarrollo como persona en la famosa jungla social que era la preparatoria, y, bueno, también en la vida real.

Solía caminar sola a la escuela todas las mañanas, como en este momento, y me gustaba mucho; en parte porque podía tomar aire, pensar y comenzar el día con energía... y en parte porque no era fanática de la idea de tener que compartir auto con James y los gemelos, que era el lugar que León me había asignado para el transporte.

Si subía a ese auto, me bajaría con veinte dólares menos, los tímpanos reventados y algún bicho extraño metido en la ropa. Aunque, claro, podría haberle dicho a Selene que intercambiaramos lugar, pero ella es demasiado unida a León como para hacerlo. Ni León ni Selene funcionan bien sin el otro. Había más opciones, claro, pero Edward podría morir a mitad de camino por la cantidad de ruido que mentían los gemelos. Los gemelos estaban unidos con pegamento. Y León jamas, repito; jamas, dejaría a Miranda con los gemelos juntos al cuidado de James, porque sabía muy bien que al menos uno terminaría con un brazo menos. Y probablemente es que ese fuese James.

La verdad, prefiero irme caminando sola. Más allá de que así tenía menos posibilidades de morir, me gusta pasar tiempo conmigo misma. Aprendí a ser mi propia amiga, y vivo tranquila sin tener la necesidad de complacer a nadie. Ese era el lado bueno de mi perpetua soledad; luego de pasar tanto tiempo conmigo misma, había aprendió a conocerme demasiado bien.

Lo que si, mis hermanos corrieron mejor suerte que yo, por supuesto. Todos bastante socialmente aceptados. Solo Edward y yo tenemos unos pequeños problemas para relacionarnos.

Ah, si tan solo los demás pudieran entenderlo...

—¡Cuidado!

Para cuando pude darme cuenta de lo que había pasado, estaba en el piso junto a una chica rubia y una patineta; habíamos rodado un par de metros calle abajo por el cemento, y ahora estaba de espaldas, mirando el azul cielo mañanero.

Excelente manera de empezar el día. Nótese el sarcasmo. (James dice que tengo que aprender a usar el sarcasmo para poder desenvolverme socialmente, cosa que no entiendo, partiendo porque no entiendo el objetivo del sarcasmo).

—Carajo, ¿estás bien? —me preguntó la chica que me había arrollado cuando se puso de pie.

Me acomode en el piso, acariciándome la parte de mi brazo que había detenido el impacto, y levanté la cabeza para mirarla.

Llevaba el uniforme de la escuela; la falda, la blusa blanca varias tallas más grande que la suya haciendo que le quedase muy holgada con los primeros botones desabrochados, la corbata azul floja, una sudadera negra abierta y unos converse gastados. Era rubia platinada, tenía el cabello cortado en capas. Pálida, sus ojos eran azules con mucha sombra negra alrededor de ellos, y sus labios finos estaban estirados en una sonrisa.

—Si, no te preocupes.

—Ven, ayudo —me dijo y luego me tendió una mano. Yo se la acepté y me puso de pie de un tirón. Tenía fuerza —. Sienna Westbridge, ¿verdad?

—¿Que me delata? —respondí en cambio, sacudiéndome el uniforme.

—Tomamos algunas clases juntas —me dijo relajada, tomando su skate entre sus manos —. Mi hermanastra sale con tu hermano.

Yo la miré atentamente tratando de reconocerla. No solía fijarme mucho en la gente, la mayoría del tiempo evitaba ver los rostros de las personas que me rodeaban, a menos que fueran alguno de mis hermanos, pero debía haberla visto alguna vez.

—Samantha Taylor—la identifiqué y ella asintió. Si, tomamos un par de clases juntos, solían regañarla por no prestar atención, y si no mal recuerdo, la habían suspendido un par de veces por meterse en unas cuantas peleas —. ¿Con cuál de todos? Somos ocho hermanos.

—Con el más idiota.

—Ah, James.

Ella asintió nuevamente.

—¿Quién es tu hermanastra?

—Augustine Dickens, es porrista —me dijo mientras comenzábamos a caminar hacia el colegio —. ¿La conoces? Una rubia, estereotípicamente guapa, con dos dedos de frente, medio hija de puta...

Trate de recordar a la chica. James jamás me la había mencionado, y nosotros solíamos contarnos todo, o eso creía yo al menos. ¿Augustine Dickens? Porrista, rubia, guapa... Entonces la recordé. Ella era compañera de Selene. Había escuchado a mi hermana quejándose de ella un par de veces porque siempre le tocaba hacer equipo con ella en deportes, y Augustine era muy exigente, y Selene, al igual que yo, no era precisamente atlética.

Sam decía la verdad, Augustine era linda, según los estándares de belleza del momento. Su cabello rubio era largo, sus labios simpre iba de color rosa, sus pestañas eran largas, era delgada, medianmente alta, con brillantes ojos azules y una sonrisa coqueta.

—Si, la conozco... —dije finalmente —. Parece ser a alguien con quien James saldría.

Una porrista bonita y un jugador carismático del equipo de la escuela. Parecía un buen complemento. Según las películas...

—Igual de idiotas.

—¿Por qué tanto odio hacia mi hermano? —quise saber. Hasta donde tenía entendido, James solía caerle bien a todo el mundo.

—Me atropelló.

—¿Qué? —pregunté parando en seco —. ¿Cuándo?

James me habría mencionado ese pequeño detalle. (Sarcasmo otra vez).

—Cuando se mudaron —me contó y siguió caminando como si me estuviera contando que había desayunado —. Yo iba en mi skate por el centro. Creo que él estaba aprendiendo a manejar... —dijo, y frunció el ceño, seguramente recordando el incidente —. Bueno, el punto es que no me vio y me chocó. Me quebró un brazo. Me dijo que había sido culpa mía por cruzarme y comenzamos a discutir.

No entendía nada de lo que estaba diciendo. Ni León ni James nos dijeron nada nunca respecto a eso. Además, James no se lo habría tomado tan a la ligera. Y James es mucho mejor conductor que Selene... Aunque ahora que lo recuerdo, James estuvo castigado varios meses cuando nos mudamos...

—Yo me quedé esperando su disculpa, una que claramente no llegó, porque es un egocéntrico de mierda como todos los

—Anda, dilo, ¿como todos los Westbridge? No me molesta. Es medio verdad.

Mis hermanos solían caerle bien a todo el mundo. Pero a todo el mundo que tuviera paciencia suficiente como para intentar conocerlos bien, porque eso de que eran egocéntricos era muy cierto. No solían dar la mejor impresión la mayoría del tiempo. Creo que la gente en Wingston tenían una relación amor-odio con ellos.

—Lo siento —murmuró —. Pero en mi defensa, tu hermano me atropelló y jamás me pidió disculpas, así que tengo razones para decir que es imbécil, pero no importa, cobre venganza por mano propia —dijo, con un tono dramático en la última frase —. Le rompí el skate en la espalda. No pudo jugar en el equipo esa temporada, así que estuve satisfecha. Aunque, claro, Chris no estaba nada feliz. Me habían quebrado un brazo y además tendría que comprarme otro skate. Ahora lo odia, no le hace nada de gracia que salga con Augustine.

—¿Chris? —pregunté perdiéndome en la historia.

Ella hablaba mucho.

Y muy rápido.

Era difícil seguirle el hilo.

—Mi hermano —me aclaró —. Christopher Taylor. Va un grado más arriba que nosotras... Alto, rubio, musculoso, auto genial, algo desgraciado, tiene esa clase de reputación con las chicas.

Ah, Christopher Taylor.

El también era compañero de grado de Selene, y vaya que Selene le había puesto al tanto de cuál era la reputación que ese chico tenía. No hay que malentender; Selene no es para nada un chismosa. Los cotilleos le parecen de lo más banal, no le interesa en lo más mínimo la vida de los demás. No, Selene estaba al tanto de la fama de Christopher porque una vez le habían asignado un trabajo escolar con el, y bueno, él había tratado de seducirla, y cuando le contó a sus amigas, a quienes sí le interesaban un poco más los chismes, ellas le advirtieron de la clase de chico que era.

Y Selene me advirtió inmediatamente, con mucha gravedad, que debía mantenerme lo más alejada de él que fuese posible.

—¿Eres su hermana? —le pregunté sorprendida.

—Por favor, no me digas que eres una de sus admiradoras —dijo horrorizada —, porque voy a vomitar si me dices que fantaseas con cogertelo en alguna posición extraña o una mierda así.

—Mmm... —fruncí los labios —. No, no es mi tipo.

—Chris no es el tipo de nadie —dijo —. Pero por alguna razón siempre termina cautivando a muchas chicas. Un consejo; mantente lo más alejada posible de él.

Vaya, ya van dos.

—No pareces su hermana —comente, desviando el tema.

—Me lo tomaré como un cumplido —bromeó —. Tú no pareces hermana de James Westbridge.

—Me lo tomaré como un cumplido.

—¿A qué clases vas? —me preguntó cuando entramos al colegio.

—Literatura, con mrs. Clarke.

—Genial, yo igual.

Me sorprendí a mi misma por mi capacidad de haber mantenido una conversación con una chica que no conocía, así que me di una felicitación internada.

Ella parecía ser agradable, y, a pesar de las advertencias que me gritaban que corriera en el lado contrario de la vía en la que pudiera toparme a Chris Taylor, algo me decía que yo y ella íbamos a terminar siendo muy buenas amigas.


—James Westbridge —le dije dramáticamente cuando me subí a su auto a la salida de clases. Creo que no había demostrado tanta emoción por algo desde que me regalaron un microscopio en mi doceavo cumpleaños —. Adivina que pasó hoy.

Estaba realmente muy feliz, sentía ganas hasta de sonreír y hablar, y eso no era muy común en mi. Yo solo hablaba cuando algo realmente me entusiasmaba mucho, y creo que eso lo había. Había hecho una amiga, ¿puede creerlo? Yo, Sienna Westbridge, había podido entablar una conversación con una extraña sin morir en el intento. ¿Acaso no era fenomenal?

—¿Leon te regaló otro libro sobre animales?

Frunció los labios y movió la cabeza hacia un lado. En realidad Leon si me había regalado otro libro sobre animales, uno bastante bueno a decir verdad... Pero ese no era el tema.

—Mmm... si, eso también, pero es otra cosa, ¡más grande! —dije, regresando a mi emoción.

—¡Leon te regaló muchos libros sobre animales!

—¡Ya, James! Que no entienda un par de cosas no significa que sea estúpida, sé que te estás burlando de mí —me quejé y lo golpeé con mi mochila en la cara —. Era algo importante para mi, pero ya lo arruinaste —dije, y me crucé de brazos.

Odiaba que James se burlara de mí con sus bromas sarcásticas. Odiaba que la gente pensara que yo era tonta o algo solo porque no comprendía algunas cosas. Además, en mi defensa, había progresado mucho con el sarcasmo, las metáforas e identificar los tonos de voz.

—Ya, Viena, dime que te paso —dijo James, comenzado a conducir.

Suspiré y negué con la cabeza, redimiendo ante las burlas de su hermano. También odiaba mucho que me molestara llamándome Viena en lugar de Sienna. Era una broma muy aburrida, la había hecho desde que comenzó a hablar.

—Fíjate en el camino será mejor, no vaya a ser que vuelvas a atropellar a Samantha Taylor —le dije, de manera acusadora.

—¿Y tú cómo te enteraste de eso?

—Eso era lo que te quería decir —dije y me giré hacia él, y, con mucho entusiasmo agregue —: ¡hice una amiga! O algo así...

—¿Te hiciste amiga de Samantha Taylor? —pregunto, ya tomándome en serio, tan asombrado que casi pierde el control del auto —. ¿Enserio, Sienna? De entre todas las chicas de Wignston, ¿tenía que ser justamente ella? Dios... Ella ni siquiera es tu estilo. ¿Cómo pasó? O mejor dicho, ¿por qué carajos pasó?

—¿Y tú eres el que me hace preguntas? Yo debería hacerte preguntas, como por ejemplo, ¿cómo así que la atropellaste y no le pediste disculpas?

—¡Ella se cruzó! ¿Cuántas veces debo decirlo?