Rosa y anhelo

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Summary

Víctor Cunningham fue convertido en vampiro luego de perder a su familia en un incendio. Cuando la vida no tiene un fin las cosas pueden ponerse un poco complicadas, sobretodo cuando tienes la tarea de mantener en secreto tu naturaleza y una niña se empeña en descubrir hasta el último de los secretos de tu mansión, acompañada de la mujer que pone en duda todo lo que creías saber.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

Las llamas no pidieron permiso para envolver la casa familiar con su calor, y las paredes que solían estar llenas de recuerdos ardieron con el castigo del infierno. Víctor Cunningham gritaba con desesperación buscando una salida, pero cada vez que encontraba una no tardaba en llenarse de fuego, y sus brazos ya se estaban cansando por el peso de la niña.


—¡Déjenlas ir a ellas! ¡se los suplico!


La furia de los campesinos era terrible, había escuchado de ella, pero jamás imaginó que sería su víctima. Apenas cumpliría un año de casado con Ivanna, pero los rumores lo alcanzaron mucho antes, cuando su tía murió de esa forma tan extraña y lo dejó como único heredero de su fortuna. Estrechó entre sus brazos a Camila, la pequeña hermana de su esposa, y sintió el deseo de mentir y decir que todo estaría bien, pero no era tan cruel. Afuera no paraban las acusaciones de la gente que reclamaba su sangre con la idea de vengar a unos muertos que no eran suyos.


—¡Yo no hice nada! ¡cometen un error!


Una viga cayó del techo, Ivanna la esquivó por poco. Camila estaba tan asustada que ni siquiera podía llorar, y ya comenzaba a toser.


—Se acabó cariño mío, ya no pelees en vano.


Podía ver el pánico en sus ojos, el temor a la muerte. Ivanna siempre estaba sonriendo, tenía un corazón hermoso y lleno de bondad para todas las personas, nunca hacía distinción. A Víctor lo mató la culpa antes que las llamas, si no se hubiera atrevido a luchar por su amor ella se habría casado con su amigo de toda la vida, y por la mañana solo le habrían llegado las noticias de que su antiguo pretendiente fue asesinado por la gente que lo acusaba de ser un vampiro. Era verdad que tenía actitudes extrañas, era curioso y siempre estaba hablando sobre temas que los demás consideraban obra del diablo, pero nunca pensó que unas pocas palabras sobre los misterios del mundo fueran suficientes para concluir en que había matado a quince personas. Los muertos fueron hallados cada dos días sin gota de sangre en el cuerpo, tiempo en el que la bestia sentiría sed de nuevo e iría por alimento. Víctor era esa bestia según lo que decidieron creer.


—Perdóname mi vida, perdóname.


Camila se desmayó, y las lágrimas comenzaron a salir y cruzar mejillas. Se abrazaron a la pequeña, y afuera se celebró su rendición.


—Te amo, te pertenezco solo a ti.


Ivanna tosía y cada vez se volvía más difícil respirar, pero usó sus últimas fuerzas para escuchar sus palabras.


—Mi vida entera, mi corazón, lamento no haber sido capaz de cumplir mi promesa de darte una vida feliz.


El fuego estaba tan cerca, salvaje, que la piel ardía incluso sin haber sido tocada por el. Ivanna sintió la inconsciencia llegar.


—Tú me hiciste feliz, la más feliz…


Cerró los ojos. El mundo entero se desmoronó a su alrededor, y dejó de luchar, ya no había motivos para estar despierto. Estrechó a su pequeña familia contra sí, y le pidió a Dios que lo dejara acompañarlas en el camino que les quedaba por delante.

El fuego se comió la mansión, y la multitud regresó a sus casas y tabernas celebrando la muerte del chupasangre.



Un grito rompió el silencio de la noche. Lo primero que Víctor sintió al despertar fue el frío, luego llegó el dolor. Abrió los ojos, color rojo sangre, y se enderezó en lo que más tarde identificó como el mausoleo de su familia. Tenía la piel tan pálida que alcanzaba a ver sus venas, algunas azules y otras verdes, y llevaba puesta la misma ropa. Unos pasos se escucharon, y la sombra que emergía de la oscuridad poco a poco reveló a un hombre que arrastraba a otro, herido en la cabeza.


—Despertaste al fin, debes tener hambre.


Aventó al hombre frente a sus pies, e hizo un ruido que debía ser un grito, pero que se callaba en un simple quejido. Lo reconoció, él estaba adelante de la turba enfurecida y fue el primero en arrojar la antorcha a su casa.


—¿Quién eres? ¿Estoy muerto?


Debía estarlo, su casa se prendió fuego. El hombre lo miró a la cara, nunca antes había visto tanto miedo en unos ojos.


—No estás muerto… o quizá lo estás, no creo comprender como funciona esto, no es muy importante de todos modos.


El desconocido paseaba alrededor del mausoleo y pasaba las manos sobre el mármol.


—Bonita construcción, debiste tener mucho dinero.


El otro quiso arrastrarse lejos, pero fue un intento inútil. Un cuchillo se clavó en su pierna, y el extraño contempló la sangre fluir con éxtasis.


—Que descortés, me presento— sacó el cuchillo de un solo tirón y sonrió. El granjero se retorció de dolor— soy Bont.


—¿Bont?


Observó la sangre, algo despertó en él. Bont tenía el cabello rubio hasta los hombros, la piel blanca como la de un muerto, y las ojeras moradas bien marcadas.


—Sin apellido, no lo necesito y tampoco me acuerdo cual era.


Apartó la mirada.


—¿Por qué estoy vivo? ¿Dónde está mi familia?


Había evitado el tema, esperando que él le dijera primero que Ivanna y Camila estaban bien y solo estaban dormidas en algún lado, pero mientras más lo pensaba más ridículo le parecía. Se le oprimió el pecho al escuchar la respuesta.


—¿Tu esposa y la niña? Lo siento, ya era tarde.


Se dobló hacia el frente y escondió la cabeza entre sus piernas para reprimir el grito, pero lo dejó salir cuando no pudo desahogar en llanto. Bont esperó pacientemente a que se recuperara, haciendo pequeños cortes en los brazos y en la espalda del tipo, al que le había arrancado la camisa para que no hiciera estorbo.


—Ya no tienes lágrimas— le explicó al ver su confusión— todo duele como siempre, pero llorar ya no es una opción.


—¿Qué me hiciste?


Bont se pasó el cuchillo por el brazo. La piel se abrió y él incluso apartó las dos solapas con la mano, pero no salió una sola gota de sangre. Miró estupefacto como la carne se unió hasta cerrar la herida, dejando en su lugar una pequeña cicatriz que seguro acabaría por desaparecer.


—Te di una oportunidad.


—¿Por qué?


—Creerás que no tengo derecho, pero diré que fue justicia.


—¿Justicia?


—Eres un hombre inocente que pagó por mis pecados— agarró al hombre por el cabello y le dio la vuelta para que lo viera— ¿Lo escuchaste? Masacraste a una familia inocente y rezaste a Dios mientras se quemaban. Tienes que saberlo, fui yo quien mató a esas personas, y seré yo quien lo siga haciendo.


Víctor pestañeó varias veces. Las nubes se apartaron de la luna llena, y su luz fue suficiente para hacer brillar los ojos rojos de Bont.


—Te lo he traído para que tomes una decisión— lo obligó a ponerse de pie, pero tuvo que sostenerlo como a marioneta porque el dolor le quitó la fuerza— repito, debes tener hambre, pero si no estás listo lo haré yo.


Entendió que lo que tenía era hambre, era eso lo que le provocaba la sangre escurriendo de sus heridas. El hombre lo veía con súplica, tenía la misma mirada que su amada Ivanna cuando supo que la muerte se la llevaría. Una furia desconocida lo llenó, y se lanzó sobre el hombre para desquitarla. No solo deseaba su sangre por sed, desgarró, cortó, y disfrutó cada grito que soltó por él. Cuando la vida se escapaba de sus ojos se pegó a su cuello, y con una sola mordida succionó toda la sangre que pudo. Bont lo tomó de la camisa y lo jaló para que soltara el cuerpo.


—Cálmate, aprende a mantener el control.


—¡¿Por qué no sacaste a mi familia también?!


Bont no se inmutó por su reclamo.


—Te quedaste despierto hasta el final, esperaste a que se fueran primero— lo dijo con tanta calma que casi podía pasar por algo normal— si no te hubieras resistido tampoco te habría salvado a ti, pero seguías vivo cuando llegué a la casa, y te saqué.


—Y me convertiste en esto.


—Te estabas muriendo, fue la mordida la que te trajo de regreso.


Señaló el mausoleo.


—Les di una tumba digna, pero tuve que usar otros nombres, no me habrían dejado ponerlas en el cementerio con los suyos.


Bont agarró el cuerpo, o lo que quedaba de él, y se lo echó en el hombro.


—Me encargaré de esto, no te muevas de aquí.


Se perdió en la oscuridad, dejando un rastro de sangre tras de si. Víctor vio el mausoleo, vio la sangre que él había derramado al matar a ese hombre, y al final paró en su camisa que solía ser blanca, hecha jirones y color carmesí. Se la quitó como si la tela le quemara y la tiró lejos, después entró a la tumba familiar, se sentó en silencio, y se pasó la noche intentando llorar, pero era verdad que no tenía lágrimas.


Bont regresó antes del amanecer con ropa limpia y boletos para un barco. Víctor no preguntó cual era el destino, se subió obedientemente y no dijo palabra durante todo el viaje.

Bont le pasó un brazo por los hombros y lo atrajo fraternalmente.


—Ve esto como una oportunidad, no dejes que se convierta en un castigo.


Cerró los ojos, dorados de día y rojos de noche, y dejó que el sol le calentara la piel. Tenía miedo de seguir adelante, pero lo haría por Ivanna y Camila, sacaría el máximo provecho de la segunda vida que le fue otorgada.