El viajante | The Crashing 1

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Summary

Cuando Chris llegó a Dess High School, todas las chicas se enamoraron de sus hermosos rasgos asiáticos, incluyendo a Clare, pero el chico tiene un carácter reservado que no permite acercamientos. Ahora, las cosas han cambiado. Cuando un desconocido ataca a Clare, Chris interviene para salvarla. Todo parece normal hasta que se besan... galaxias y universos inundan la mente de Clare. Sí, lo has leído bien. Chris es alienígena sexy e inaguantable. Y, por si fuera poco, ahora la vida de Clare corre peligro por el simple hecho de ser su amiga...

Status
Complete
Chapters
9
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
16+

Prólogo

Aquella noche me despertó un estruendo ensordecedor. Eran las 3:15 de la madrugada; lo supe al observar el viejo reloj que reposaba en la mesita de noche junto a mi cama. Los dígitos rojos titilaban como si tuvieran un pulso propio, lo cual me causaba cierta inquietud. Aparté la mirada de ellos y centré mi atención en el exterior. En ese instante, vi que unos segundos atrás había habido una extraña luminiscencia en el cielo. No lo había notado con precisión, pero la repentina oscuridad me confirmó que algo había cambiado instantes antes.

Siempre dejaba la ventana de mi habitación abierta, al menos durante el verano. Sin embargo, en realidad, eso no mitigaba en gran medida el calor sofocante. Vivía en una ciudad en el suroeste de Estados Unidos, en una región desértica, lo que provocaba veranos abrasadores.

Permanecí en mi cama, observando la escena exterior sin moverme. Los ladridos frenéticos de los perros del pueblo llamaron mi atención. Sin duda, algo había sucedido, aunque aún no sabía qué. Solo estaba segura de que el estruendo que me había despertado no era producto de mi imaginación.

De pronto, la puerta de mi recámara se abrió de golpe. Si no fuera por la situación, habría reprendido a mi madre en ese momento. Habíamos acordado respetar la privacidad mutua para vivir en armonía, y eso incluía avisar antes de entrar.

—¿Escuchaste el...? —empezó a decir mi madre, pero otro estruendo abrumador interrumpió sus palabras. Ahora tenía la certeza de que había visto correctamente la luminiscencia en el cielo. Era de un tono verde e iluminaba todo a mi alrededor.

—¡Dios mío! —exclamé, acurrucándome en mi cama.

—Tranquila, cariño... No te preocupes...

—¿Fue una explosión? —inquirí yo.

—Dudo que las explosiones provoquen una luz verde; normalmente sería roja, ¿no crees? Al menos eso pienso yo. —Mientras hablaba, tomó mi mano y me levantó como a una niña pequeña, lo que me hizo sentir asustada a pesar de mis 14 años.

—Ponte las sandalias, cariño, tenemos que irnos.

Yo obedecí, tomando mi teléfono y cargador al mismo tiempo. Caminamos hacia afuera con prisa, pero sin correr. En el pasillo, mi madre agarró una linterna y salimos por la puerta de la cocina hacia el amplio patio trasero.

El cielo ya no estaba iluminado, sumiéndolo todo en penumbra. Ni siquiera la luna estaba visible. En la distancia, un relámpago iluminó el cielo nublado.

Los perros continuaban ladrando histéricamente. A lo lejos, el sonido de sirenas se escuchaba, aunque no lograba discernir si eran de la policía o de ambulancias ya que sonaban distantes.

Llegamos a la entrada de un refugio. Con esfuerzo, mi madre lo abrió. Hacía años que no lo usábamos. Me dejó pasar primero, aunque yo no avancé mucho. Estaba oscuro y, en ese momento, necesitaba la cercanía de mi madre. Me sentía tan pequeña. Utilizó la linterna para iluminar bien el cerrojo, abrir la pesada puerta y cerrarla con llave. Se giró hacia mí y me tomó de la mano para descender juntos.

El aire en el refugio olía a humedad y abandono, tal como suele ocurrir en estos lugares. A pesar de ello, sabía que estaba limpio y que contenía agua, comida, una cama y otros elementos necesarios en caso de tornados, explosiones o cualquier otro evento semejante. Mi madre se había encargado de mantenerlo en buenas condiciones durante los últimos cuatro años; cada cierto tiempo, descendía para limpiar y asegurarse de que todo estuviera en orden.

A la mañana siguiente, mi madre me despertó temprano y me informó que el peligro había pasado.

—Solo fue un meteorito que cayó en las afueras de la ciudad, cariño —dijo, acariciándome el cabello.

—¿Un meteorito? —pregunté, abriendo los ojos de par en par—. Pero hubo dos estruendos, mamá.

—Así es, según las noticias, el meteorito se dividió en dos partes. No tienes de qué preocuparte, cariño.

—¿Es normal que caigan meteoritos así?, ¿aquí?

—No es muy común, pero tampoco es algo extraordinario. Probablemente haya sido una roca pequeña; en las noticias dicen que el estruendo y la luz intensa se deben al choque con la atmósfera... o algo por el estilo, no le prestes demasiada atención. Ahora levántate, tienes que ir a la escuela.

Me puse de pie y me calcé las sandalias mientras me frotaba los ojos.

—Entonces, no hay razón para preocuparse... —reiteré las palabras de mi madre. Aunque en el principio había sentido miedo al escuchar el ruido y ver la luz verde, ahora me sentía más tranquila con lo que me estaba contando.

—No es nada fuera de lo común... —dijo ella, sonriendo.

Sin embargo, ninguna de las dos tenía idea de que ese “meteorito” era, en realidad, algo fuera de lo común y completamente ajeno a este mundo.