Capítulo 1
Lena
Al llegar a casa de mi tía, me recibió, Edgar, su mayordomo. Ella ni siquiera estaba esperándome, pero no podía esperar otra cosa de esta familia. Se suponía que yo venía a cuidarla y ella se había ido a un spa con sus amigas y dejó instrucciones para que me dieran la habitación de huéspedes.
Me sentía exhausta por el largo viaje. Estaba por abrir mi maleta cuando alguien tocó a la puerta de la habitación. Edgar venía acompañado de una joven que debía tener unos veinte años, era pelirroja, de ojos color café.
— La señorita Victoria, ha venido a darle la bienvenida.
No entendía por qué me daba la bienvenida alguien que yo ni conocía, pero me esforcé por sonreír.
— Gracias.
Edgar se retiró y la chica ingresó en la habitación.
— Mi madre es amiga de tu tía y me pidió que viniera a recibirte, ellas se fueron juntas — explicó la chica.
— Te lo agradezco mucho, no tenías que molestarte.
— No es molestia, si deseas te llevaré a dar un paseo por la ciudad.
Aunque estaba cansada, me sentí tentada por su invitación, puesto que debería vivir en un lugar desconocido, sería bueno socializar. Sin embargo, sabía que al día siguiente tenía una entrevista y no podía perder la oportunidad de trabajar en el proyecto para el que Milo me había recomendado, y no era un trabajo como cualquiera, sino la restauración de una aldea completa. Además, Milo y Janis eran mis amigos, y no quería decepcionarlos.
— Creo que estaría bien dar un paseo — acepté pensando que aún era la tarde y podría regresar para la hora de la cena.
***
Aike
Luego de una ardua jornada, llegué a mi casa en la ciudad en la noche. Al día siguiente tendría una entrevista con una arquitecta que trabajaría en la restauración de la aldea de mi manada, Pleinelune, enviada por Milo, mi querido amigo y alfa de la manada Fuego Eterno, y no deseaba hacer un viaje largo en plena mañana.
Luego de darme un baño y cenar, me acosté e intentaba quedarme dormido cuando la música de un lugar cercano me provocó un sobresalto. Malditos humanos.
Observé la luna llena que se asomaba por el ventanal de mi habitación. Después de un rato me levanté y decidí investigar la zona, este era el motivo por el cual jamás me quedaba en la ciudad, vecinos demasiado ruidosos para los sensibles oídos de un lobo.
No tuve que andar mucho, puesto que el lugar estaba solo a la vuelta de la esquina, las paredes insonorizadas de mi departamento me habían hecho creer que estaría más lejos. Apenas estuve en la calle transversal un dulce aroma me cautivó. Mi lobo se revolvió dentro de mí intentando tomar el control, aunque su voz no se hacía presente desde hacía tiempo, en este momento podía sentirlo.
Me acerqué a la casa con cautela, era una fiesta de universitarios con las puertas abiertas. Aunque no se notaba mi edad, tampoco me veía tan joven como para estar allí, por lo que mientras todos bebían y saltaban sin sentido, al son de una estridente y tamborileante melodía, yo escudriñé el lugar en busca de la portadora de aquella maravillosa fragancia, mi pareja destinada.
No necesité entrar más de unos pasos porque ella misma chocó contra mi cuerpo mientras intentaba salir.
— Lo siento — se disculpó y se apresuró hacia la salida, ella ni siquiera me miró.
La seguí hasta que estuvimos fuera y la tomé por la mano llamando su atención hacia mí. Ella se giró y quedó por unos momentos en silencio, estudiándome con sus grandes ojos azules. Era para mí increíblemente bella, alta y esbelta, de curvas suaves. Tenía un rostro delicado y su cabello se esparcía en ondas rubias tocando sus hombros.
— Mía — resonó la voz áspera de mi lobo.
— Te equivocas, yo... — no la dejé continuar y abalanzándome sobre ella, la levanté y la besé vorazmente. La preciosa rubia tardó un momento, pero respondió, cruzando sus brazos alrededor de mi cuello.
***
Lena
Cuando acepté salir a dar un paseo con Victoria, jamás imaginé que terminaría en una fiesta. Luego de una hora de ver gente hacer tonterías, recordando que yo las había hecho y analizando lo mal que me habría visto, decidí marcharme. Me costó un poco atravesar el tumulto que se agolpaba en la puerta, pero finalmente logré respirar el aire fresco del exterior.
El aroma era de hierbas y flores del bosque. Una mano grande y fuerte tomó la mía haciendo que me volteara. Quedé automáticamente atrapada por unos ojos oscuros, frente a mí había un hombre alto y moreno, en extremo atractivo.
— Mía — su voz fue aterciopelada y me cautivó, sentí incluso que me costaba pensar.
Quizá me confundía con alguien.
— Te equivocas, yo...
Su beso me sorprendió por un instante. Él me había levantado del piso pegándome a su cuerpo y yo instintivamente lo abracé. No entendía qué me pasaba, si bien no era una inexperta ni mojigata, tampoco acostumbraba a estar con desconocidos, al menos no tan desconocidos. Pero este extraño, me estaba besando de una manera que yo no podía resistir y me entregué a ese beso sin ningún prejuicio.
No me di cuenta de que habíamos avanzado hasta que dobló la esquina.
— Espera — dije separándome de sus labios.
— Eres mía — murmuró contra mi cuello y un intenso calor llenó todo mi cuerpo.
Él volvió a besarme.
Cuando mis pies tocaron el piso estábamos entrando a una casa.
— Espera, esto no está bien — dije, más para convencerme a mí misma que para él, me estaba metiendo en la casa de alguien que acababa de conocer.
— No te haré daño — susurró en mi oído cuando ya estábamos dentro, como si leyera mi pensamiento.
— No se trata de eso — respondí apartándome un poco para mirar sus ojos cautivadores. — Yo no soy así.
— Lo sé — sonrió y mi corazón pareció enloquecer. — No tengas miedo.
Sus palabras me sonaron arrulladoras y tuve ganas de hundirme entre sus brazos sin pensar en nada más.
Nos miramos un momento, apenas pude vislumbrar un resplandor amarillo en sus ojos y volvió a lanzarse sobre mí.